Orosio, Pablo
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Biografía GER
Historiador y apologeta hispano-latino del s. V, contemporáneo del saqueo de Roma de Alarico (v.).Vida y actividad literaria. Se desconocen las fechas de su nacimiento y muerte. Tampoco es seguro su lugarde origen; hoy se piensa que n. en Braga, ciudad en la que vivía como sacerdote, según se desprende de una carta de Avitus, obispo de esta ciudad. La autenticidad del praenomen Paulus, citado por primera vez en un pasaje de Iordanes y luego en un ms. del s. viu, ha sido puesta en duda. Los escasos datos biográficos que conocemos de O. proceden de sus propios escritos, de la correspondencia de S. Agustín, S. Jerónimo y Avitus de Bracara y del testimonio de Genadio (v.), que dice de él: "el presbítero Orosio, de origen hispano, hombre elocuente y conocedor de la historia, escribió siete libros contra los que se quejan de los cristianos e injurian su nombre, haciendo recaer sobre la doctrina de Cristo la responsabilidad de la caÍDa del Imperio Romano... vivió en los últimos años del emperador Honorio" (De Vir. III. 39). Su estancia en África, junto a S. Agustín, y el viaje a Palestina, del que regresó en el a. 416, son los hechos mejor conocidos de su vida. Ambos están relacionados con cuestiones doctrinales: O. fue a África buscando el consejo de S. Agustín sobre las cuestiones dogmáticas suscitadas por los priscilianistas (v. PRISCILIANO). Cuando el obispo de Hipona lo presenta por carta a S. Jerónimo hace una descripción de su carácter y disposiciones: "... de espíritu despierto y palabra fácil, apasionado, deseoso de ser instrumento útil en la casa del Señor" (Ep. 166,2). No es de extrañar que este joven sacerdote, ardoroso y elocuente, empeñado en el servicio de la verdad, se viera en Oriente envuelto en discusiones con motivo de las doctrinas de Pelagio (v.). Vuelto a Occidente, no llega a entrar en la península: pasó de Menorca a África, donde redactó su Historia.El conjunto de la obra literaria de O. comprende dos escritos polémicos: Commonitorium de errore priscillianistarum et origenistarum, escrito después de consultar a S. Agustín, impulsado por el mal que los errores priscilianistas estaban causando en España. Redactado en forma de carta a S. Agustín, proporciona algunos datos y observaciones de interés sobre las doctrinas combatidas. El Liber apologeticus contra Pelagium lleva el subtítulo "de arbitrii libertate"; se tiene por falsa la atribución a O. de una Epistula Orosio presbyteri ad Augustinum episcopum de haeresibus, transmitida por un códice del Museo Británico. Pero la obra que ha hecho a O. mundialmente conocido es su Historia.La "Historia" de Orosio: descripción y apología. El conjunto publicado bajo el nombre Historiarum libri septent es un ambicioso intento de Historia Universal, escrito con intención apologética. Abarca la historia de la humanidad, desde Adán hasta los acontecimientos contemporáneos, concediendo papel de evidente primacía a la Historia de Roma. No en vano las fuentes en que O. podía buscar información eran las proporcionadas por la cultura latina, de la que él mismo es partícipe y heredero: de los grandes historiadores romanos -Tito Livio, Tácito, Suetonio- toma datos para su narración; la postura providente ante la historia, conectada con el pensamiento de S. Agustín, es aportación personal (cfr. Hist. 1,1). O. establece una sincronía entre la historia que conoce por el Antiguo Testamento y la historia profana. El punto de partida para la fijación cronológica es la fundación de Roma: los años se cuentan "ante urbem conditam" (antes de la fundación de Roma), "ab urbe condita" (a partir de la fundación de Roma).La mirada de O. tiene presentes, junto a la contraposición entre Imperio Asirio-Babilónico e Imperio Romano -tema ya tradicional en la exégesis bíblica-, dos imperios intermedios: el cartaginés y el macedonio, aunque la alusión a estos últimos es más breve y tiene un cierto carácter artificioso: O. completa con ello la disposición simétrica de los cuatro imperios, referidos a los cuatro puntos cardinales (cfr. Hist. VII,2). Además de las fuentes ya citadas, O. debió utilizar la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea (v.) a través de la traducción de Rufino; al parecer no conocía la Historia escrita por Sulpicio Severo (v.) hacia el a. 400; debió servirse para las narraciones de los acontecimientos más recientes de datos transmitidos por tradición oral.El mayor mérito literario de la obra de O. está en la ordenación del material, en la que se conjugan narración y comparación; el tono apologético, especialmente acentuado en el libro séptimo, multiplica los recursos efectistas característicos de una obra retórica. Como ha hecho ver J. Fontaine, el tópico de la consideración de la Historia de O. como un dossier anejo a la Ciudad de Dios agustiniana es ya hoy cosa pasada; en la misma línea de trabajo se sitúa Coster, que, basado en observaciones de Mommsen (v.), señala la divergencia entre los puntos de vista de ambos autores; aunque los dos pretendían refutar la teoría que ve en el cristianismo la razón profunda de la decadencia de Roma, sus caminos son diversos: en la concepción de O. las desgracias que afligen al mundo irán disminuyendo a medida que la idea cristiana penetre en él; hace por eso hincapié en la coincidencia entre el nacimiento de Cristo y la paz de Augusto. S. Agustín no se detiene en esta consideración. La fuerte individualidad de la obra de O. es un hecho innegable; desde él a S. Isidoro no se produce en España ninguna obra de envergadura semejante.Orosio y la posteridad. La Historia causó impacto en el mundo medieval; prueba de la popularidad alcanzada es el número desusado de ms. que de ella se conservan (casi 200); la concepción orosiana de los cuatro imperios penetra en la tradición literaria: es la que siguen, entre otras, la Crónica de S. Isidoro (v.) y la de Beda (v.). Otra muestra de la difusión de la Historia es la traducción reelaborada hecha al anglosajón por orden de Alfredo el Grande y la traducción árabe realizada en el S. X en la corte de Abderramán III.El núcleo de la obra de O. está en la declaración de inocencia a favor del cristianismo, frente al intento de hacer recaer sobre los cristianos la responsabilidad de las desgracias ocurridas al Imperio romano; intento que ha encontrado eco en parte de la historiografía moderna y que corría ya en boca de los contemporáneos de Tertuliano. Entre los historiadores actuales cada vez se va abriendo paso con mayor claridad la idea de que la crisis interna del Imperio romano -social, política, militar, económica- es ajena a la expansión del cristianismo y esconde sus raíces en la llamada crisis del s. III.El mismo carácter polémico de la Historia orosiana ha dificultado el juicio sereno de la posteridad: al entusiasmo con que se le acogió en los ambientes medievales ha sucedido una postura que ve en O. solamente un historiador que no hace historia sino apología y, por tanto, parcial; opinión que tampoco puede considerarse justa. Una lectura desapasionada de la Historia descubre en ella sin esfuerzo una mentalidad amplia, universal: "entre los romanos, como he dicho, romano; entre los cristianos, cristiano; entre los hombres, hombre. Me dirijo a cristianos y romanos, yo que soy romano y cristiano" (Hist. 5,2). Para él "toda la tierra es como mi patria, porque la verdadera patria en la que tengo mi amor, no está en la tierra" (ib.). Junto a la consideración en defensa de los cristianos, el convencimiento de que Dios tiene en sus manos los hilos de la historia y de que la propia historia está al servicio de la Redención constituyen el nervio de la obrade O., que es -además de narración y defensa- un intento de teología de la historia (v. HISTORIA VI).CARMEN CASTILLO.
BIBL.: Ediciones: PL 31; Historia y Apologeticus, ed. C. ZANGEMEISTER, en CSEL 5, Viena 1882; Commonitorium, ed. G. SCHEPS, en CSEL 18, Viena 1889.
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