Orozco, José Clemente
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Biografía GER
Uno de los creadores de la pintura mexicana contemporánea. Menos influido que Diego de Rivera (v.) por las corrientes europeas, aunque en su obra puedan señalarse algunos contactos con la vanguardia, su arte puede decirse que fue moderno precisamente por esto. Sin limitarse a realizar una versión provinciana de las tendencias renovadoras de su tiempo, sin caer en la mera imitación que se aprecia en sus contemporáneos, O. fue uno de los creadores del lenguaje artístico de nuestro siglo. Para ello partió de unos condicionantes y de una sensibilidad vernácula. Puede decirse que la modernidad de su pintura radica en que este pintor no partió de soluciones formales ya propuestas, ni que se limitó a la creación y resolución de una serie de problemas puramente estéticos, sino que tomó como punto de partida de su pintura la misma realidad. Para ello, O. estableció una relación, plenamente contemporánea, entre la vida del hombre, del pueblo, con el arte y la forma. Pero esta actitud podría haberse visto teñida del sello académico con que se vieron mediatizadas las creaciones de este tipo del S. XIX o del llamado realismo social. A diferencia de esto, O. creó un arte pleno de fuerza y originalidad, cuya novedad se articula en la funcionalidad a que somete la forma en favor de un contenido.Como Diego Rivera, y como, salvando las distancias, hará Cándido Portinari (v.) en Brasil, su pintura se mueve en una dimensión épica. No ha faltado quien, al referirse al arte de estos pintores, haya hecho referencia a la fuerza y vitalidad de un arte que podría estudiarse bajo la denominación de realismo épico. Y, en efecto, la pintura de. O. es un canto al trabajo, al pueblo, al hombre mexicano, descrito y entendido como una verdadera gesta. La monumentalidad de su pintura, la escala grandiosa de sus composiciones, el impacto que producen, obedece a los elementos significativos y temáticos mencionados. En este sentido, es interesante notar cómo la forma se adapta plenamente al contenido, cómo la fuerza y vitalidad de su pintura se hallan al servicio de la exaltación de ese mundo por el que nuestro pintor luchó toda su vida hasta convertirlo en la razón de su existencia como hombre y como artista. Esta espontaneidad, esta tendencia a acudir a las fuentes mismas de la vida es lo que hace de la pintura de O. una manifestación renovadora, que figura dignamente al lado de las creaciones de vanguardia de nuestro siglo. De esta manera, México se incorpora a la pintura moderna sin renunciar a los propios condicionantes históricos y sociales del país; es más, cuando unos pintores como O. y Rivera centran su atención en ellos es cuando puede hablarse de una pintura que es esencialmente mexicana por una parte, y moderna por otra. La temática y carácter de la obra de O. no se explican si no es atendiendo a esta vinculación con los problemas del pueblo mexicano, como consecuencia de una actitud ideológica que se había venido gestando a lo largo del S. XIX; su modernidad se justifica en función de la simplificación formal y en contacto con la relación -mejor identidad- que establece nuestro pintor entre forma y contenido.En relación con la pintura mexicana anterior, O. rompe con las soluciones académicas y tradicionales; hace una pintura nueva y espontánea que exprese la vitalidad de un pueblo sin recurrir a un sistema plástico tradicional, pero sin derivar hacia la vertiente puramente formalista de buena parte de la pintura de nuestro siglo. O. fue un pintor que puso la pintura al servicio de sus ideas políticas; si politizó la pintura, consiguió una nueva poética, un canto lírico del hombre mexicano. Para ello realizó una importante serie de frescos, aspecto éste que se explica atendiendo a las funciones y significado que tuvieron sus obras. El mural tiene unas posibilidades de comunicación mucho mayores que el cuadro de caballete; por otra parte, es el medio más idóneo para un pintor que posee una importante carga ideológica y una preocupación por la plasmación de toda una épica. Y lo que es importante, esta dimensión aparece después traspasada a sus cuadros, grabados y dibujos.O. n. en Ciudad Guzmán el 23 nov. 1883, y m. el 7 sept. 1949 en la ciudad de México. Tras su relación con el campo y como proyectista de arquitectura, pasa a estudiar a la Acad. de S. Carlos de México. Con motivo de la revolución de 1913, hace caricaturas y se relaciona con Rivera y Siqueiros; pero muy pronto ejecuta una serie importante de murales. En ellos las formas se hacen elementales y esquemáticas. Podrían verse ecos de la depuración cubista convertidos a un lenguaje directo, vitalista y privado del carácter experimental de aquella tendencia. También algunos críticos han querido ver, quizá con un prurito nacionalista, su inspiración en fuentes vernáculas mexicanas. Es probable, pero por encima de todo está su temática, la integración de las formas al contenido de la pintura, la espontaneidad y fuerza de la misma, lo que le hace un pintor esencialmente mexicano. Lo esquemático de sus figuras, el tratamiento de los volúmenes de manera sintética, con fuertes contrastes de luces y vivacidad de color, crean ese arte realista y épico a la vez que hemos mencionado, sin que esté ajeno a un cierto primitivismo, buscado intencionalmente. Con ello la intención del artista se cumple de una manera integral. 1,i por un lado su pintura renuncia al mero esteticismo, a la atención exclusiva por la forma, consiguiendo con ello una valoración del contenido, su primitivismo, la fuerza y pureza de los elementos de su lenguaje, subrayan su arraigo en lo mexicano y la idea de que a través de lo esquemático y primario de la forma se llega a las raíces esenciales de lo popular.Esta actitud se manifiesta en sus principales obras. En 1922-27, colabora en la realización de los frescos de la Escuela Preparatoria de México; entre esos años, en 1925 realiza la decoración de la Casa de los Azulejos, y en 1930 ejecuta los frescos con el tema de Prometeo en el Colegio de Pornona (California). La década de los a. treinta se ve cumplimentada por una serie de obras de primer orden; es el momento en que nuestro pintor, en posesión de un lenguaje propio, lleva los postulados estéticos al límite de sus consecuencias. En 1931 pinta en Nueva York para la New School of Social Research, y tresaños más tarde en el Palacio de Bellas Artes de México; en 1936 decora el anfiteatro de la Univ. de México. En 1940 realiza los seis paneles móviles del Museo de Arte Moderno de Nueva York y después vuelve a hacer obras en México como la decoración con el tema del Apocalipsis del Hospital de Jesús en México (1942-44).En todas estas obras, O. ha dejado una lección de los propósitos, fines y aplicaciones de la pintura. Pocos artistas de nuestro siglo han conseguido hace¡ de la pintura mural un medio de expresión contemporánea; a través de sus pinturas murales, O. ha puesto de relieve la necesidad de que la pintura acentúe sus posibilidades de comunicación, aun cuando para ello sea necesario renunciar a la experiencia estética de laboratorio.VÍCTOR NIETO.
BIBL.: A. REED, Orozco, México 1955; L. CARDOZA, Orozco, México 1959.
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