Orellana, Francisco de
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Biografía GER
Conquistador español del S. XVl, cuya hazaña de navegar por primera vez el río Amazonas (v.) le coloca entre los grandes descubridores españoles en América. Su figura, su personalidad y su misma gesta son objeto de numerosas polémicas, que se han sucedido desde la descripción que de él hicieron los primeros cronistas. Traidor de los Pizarro -de los que era pariente- según unos, y amigo y servidor de ellos según otros, lo mismo se le acusa de despotismo y malos tratos a sus compañeros de viaje, que se le señala como persona noble y generosa. Pero todos coinciden en afirmar que tenía un espíritu joven e impetuoso y que poseía un amplio conocimiento de las lenguas indígenas gracias a vocabularios que él mismo construía.N. en Trujillo en 1511 y allí vivió hasta 1527, año en el que pasó a Sevilla con objeto de embarcarse para el Nuevo Mundo. Partió probablemente en la expedición de Alvarado, pues en 1528 se encontraba en Panamá. Muy pronto se trasladó a Perú con Pizarro, al que ayudó en sus conquistas en las que perdió un ojo. Probablemente, llegó a reunir riquezas, ya que tomó parte en el reparto del botín del Cuzco, pero nunca llegó a ser rico, pues invirtió mucho dinero en el sostenimiento de sus hombres. Intervino en numerosas campañas: con Gonzalo de Olmos fundó la nueva ciudad de Puerto Viejo después de las rencillas habidas entre Pacheco y Benalcázar en el antiguo emplazamiento de la misma; también junto a Olmos acudió a romper el sitio de la ciudad de Lima y a pacificar a los indígenas en el Cuzco. Luchó a favor de los Pizarro contra Diego de Almagro, demostrándoles una vez más su lealtad. Más adelante, en 1539, fundó la ciudad de Santiago de Guayaquil después que fracasó el primer intento de Benalcázar. En ella permaneció dos años, hasta que fue llamado por Gonzalo Pizarro para que le acompañara a su proyectada expedición al país de la canela.Es difícil describir el ambiente del Perú en esta época, desde donde continuamente salían expediciones que volvían con tesoros o con noticias de ellos. Los hombres de entonces vivían impregnados de un espíritu renacentista donde tenían favorable acogida todos los mitos de la Antigüedad y otros nuevos surgidos con los descubrimientos geográficos.Al llegar O. a Quito para reunirse con Pizarro, se encontró con que éste ya se había marchado sin esperarle. Emprendió no obstante la marcha con 20 hombres por el accidentado camino que había seguido su compañero y, después de cruzar los Andes tras incontables penalidades, se reunió con el resto de la expedición. Establecieron un campamento cerca del volcán Bumaco. O. fue elegido lugarteniente de Pizarro. Parece que en realidad se trató de una división de poderes, encargándose Pizarro de la parte bélica, y O., dada su facilidad para entenderse con los indígenas, de la administración interna. Desde Zumaco salieron para encontrarse un caudaloso río, el Coca, adonde llegaron el 26 jun. 1541. Por sus orillas buscaron un sitio a propósito para vadearlo; así conocieron a los indios omagua, cuyo jefe les sirvió de guía. Como la canela que habían hallado hasta entonces en la región de Zumaco era escasa y no parecía que hubiera riquezas por aquellos parajes, Gonzalo Pizarro decidió no volver a Quito fracasado y propuso construir un bergantín para aligerar la marcha en la misma dirección que llevaban y alcanzar de esta manera el buscado mar del Norte. O. no se mostró partidario de esto y se inclinaba más a volver a las sabanas de Pasto y Popayán e ir en busca de Eldorado, pero acató las órdenes de Pizarro.Por las noticias que adquirieron de los indios, se avecinaba una región muy despoblada. La marcha con el bergantín continuaba igual de penosa, por lo que Pizarro ordenó que O. se adelantara con algunos hombres en el barco para ganar tiempo y llegar antes a lugares poblados que les facilitaran vituallas. Los hechos fueron muy distintos a como esperaban, pues la confluencia del río Coca con el Napo ofrecía un terreno cenagoso sin más habitantes que una gran cantidad de caimanes. La corriente les arrastraba con gran fuerza, por lo que siguieron adelante hasta la desembocadura del Aguarico, donde encontraron ya los primeros habitantes. Aquí se le planteó a O. el gran dilema. La lealtad a su jefe, le imponía la vuelta en su busca, pero las circunstancias a lo largo del viaje determinaron la situación. Quizá empujado por sus hombres, que consideraban imposible la vuelta contra corriente, o quizá por propia iniciativa, O. realizó el mismo acto legalista que antes había utilizado Hernán Cortés para hacerse con el mando: renunció a su cargo de lugarteniente y fue nombrado jefe por sus hombres, decidiendo continuar hacia adelante.Pensaron construir en esta región un nuevo barco y esperar por si llegaba Pizarro con el resto de los expedicionarios, pero las relaciones con los indios se iban enfriando, por lo que decidieron seguir. El P. Gaspar de Carvajal, cronista de la expedición que acompañó a O. En todo su recorrido, describe la navegación por el Amazonas; habla de la ferocidad de los indios que vivían a lo largo de este río, de sus flechas envenenadas, de su antropofagia, de su costumbre de usar como trofeos de guerra las cabezas de sus víctimas y de la existencia de mujeres guerreras, que según noticias de los indios eran administradoras de un país habitado sólo por ellas. Por fin llegaron al delta del Amazonas donde los indios más pacíficos, acostumbrados a la visita de otros expedicionarios españoles y portugueses, les recibieron bien. Desde la desembocadura del Amazonas a la isla Margarita tardaron 15 días; el viaje finalizó en septiembre de 1542. El Consejo de Indias absolvió a O. de su posible traición a Pizarro, y en reconocimiento a sus méritos le concedió el título de adelantado de la Nueva Andalucía y permiso para preparar otra expedición. Salió nuevamente de España en 1546, con mala fortuna, pues de cuatro barcos que llevaba sólo se salvó uno, en la travesía hasta América. Con él intentó remontar el río, pero murió de fiebres al poco tiempo, en brazos de su esposa Ana de Ayala, que le acompañó en este viaje.E. VILA VILAR.
BIBL.:. G. DE CARVAJAL, Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que descubrió por gran ventura el capitán Francisco de Orellana, transcripción y est. crítico J. T. MEDINA, Quito 1942; H. PÉREZ DE LA OSSA, Orellana y la jornada del Amazonas, Madrid 1935; G. MILLAR, Orellana descubre el Amazonas, Santiago de Chile 1957; L. GIL MUNILLA, Descubrimiento del Marañón, Sevilla 1954; R. FINCH, Down the Amazon with Orellana, Londres 1948.
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