Oratoria I. Estudio General.
Categoria:
Varios
Noción y clases. Se denomina o. al arte de hablar con elocuencia. Así considerada, la o. es tanto una facultad del hombre como un hábito que se puede adquirir mediante el ejercicio de una técnica adecuada. A esta técnica se la designó con el nombre de retórica (v.).Si de una manera teórica podemos establecer tan tajante división, la verdad es que los términos se han confundido siempre a lo largo de la Historia: los recursos técnicos son, en muchas ocasiones, enumeraciones de los aciertos observados en los oradores, y la descripción del arte de la o. se identifica con la de los artificios retóricos. Por otra parte, la pieza que intenta persuadir, deleitar o conmover por medio de la palabra hablada tiene en sí misma un principio de estructuración propio: se emite sobre una base de primera persona gramatical y se dirige a un auditorio, o sea, es una estructura lingüística de predominante formalización monologal y función apelativa. Ello lleva a que la o. sea considerada como un género literario en todas las épocas "clásicas". Así lo encontramos una y otra vez, junto con la Historia, el género didáctico y la novela, en la enumeración de los "géneros en prosa".Las normas que llevan a ser perito en la o. empiezan a transmitirse desde los albores de la civilización helénica, al mismo tiempo que su praxis. La profundidad de Aristóteles (v.) ha hecho quizá de la Retórica el más importante de este género de tratados en griego, si bien no alcanza el rigor ni la amplitud de su Poética. En Roma, Cicerón (v.) es el gran orador que deja impronta hasta el punto de darle nombre a un estilo, escribe diversas obras sobre la materia y su De Oratore y Orator son otras dos piezas maestras de la teoría sobre o. en la Antigüedad. El talante predominantemente científico, sistematizador y didáctico de Quintiliano (v.) resume en sus 12 libros De Institutione oratoria todo el saber sobre la cuestión, en un compendio cuyas líneas esenciales permanecen vigentes y se repiten hasta nuestros días. Los libros de Quintiliano abarcan los siguientes aspectos: 1) Antes de la Retórica (doctrina de pedagogía infantil). II) Elementos y naturaleza de la Retórica. III-VII) Invención y disposición. VIII-IX) Elocución, memoria y acción. X-XI) El artista u orador. XII) La persona del orador en cuanto a sus costumbres.Toda esta doctrina sobre o. vale tanto para la judiciaria (profesión específica del abogado o función judicial), como para la extrajudiciaria, que se divide en demostrativa ("epidíctica"), cuando se refiere al pasado para elogiar o censurar, y deliberativa, cuando propone y aconseja para el porvenir. Casi íntegramente se ha aplicado también después la división más moderna de o. religiosa, política, forense y otros géneros menores como el académico o subdivisiones como el panegírico.Preparación y partes del discurso. La técnica de la preparación de un discurso requiere el cuidado de una serie de elementos que tradicionalmente se han dividido en inventio (invención), dispositio (disposición), elocutio (elocución), memoria y actio (acción). La invención consiste en la investigación y estudio de los materiales que han de manejarse y también en el conocimiento de los medios que para ello se precisan. La disposición atiende al plan del discurso, de forma que esté construido con el debido rigor epistemológico y que, según el asunto, se empiece, siga y termine por el principio, medio y fin; cuestión que puede parecer trivial, pero que en realidad no es fácil. La elocución, entre otros factores, analiza los instrumentos del artista en el lenguaje. Siendo la parte que conserva más virtualidad, se considera como disciplina lingüística (v. RETÓRICA). La memoria (v.) es cuestión relacionada con la o., pero que no pertenece propiamente a la técnica. No se consideró al principio y fue discutida su inclusión en el Renacimiento, pero la autoridad de Quintiliano ha pesado siempre para mantenerla en la clasificación. Aquí entraría la mnemotécnica y otros procedimientos semejantes. La acción se refiere al acto mismo de la palabra y mira a sus diversos aspectos: pronunciación, recitación, presencia, ademanes, gestos, etc.En profundidad, cada una de estas partes corresponde predominantemente a diversos enfoques del hecho: metodológico (inventio), lógico (dispositio), lingüístico (elocutio) y psicológico (memoria). Sólo la última (actio) es privativa del discurso hablado y se sigue practicando en las escuelas de Arte Dramático y centros similares. Recientemente, diversos aspectos de la actio son también objeto de las ciencias semiológicas que analizan el código gestual (v. SEMIOLOGÍA). En la práctica, la suma de partes que se presentaban como preparatorias al discurso supone un riguroso inventario de las técnicas pedagógicas para iniciar en la investigación y potenciar la expresividad lingüística.Aunque Quintiliano se refiera al género judicial, en todo discurso podemos reconocer más o menos delimitadas las partes que señaló, a saber: exordio, narración, digresión, confirmación, refutación y peroración. Exordio es una introducción previa al tema, que fundamentalmente tiene por objeto disponer al auditorio a una situación -de atención. No es indispensable, pero sí conveniente. Además, las convenciones sociales lo han hecho inevitable en forma de saludo a autoridades, agradecimientos, etc. Narra-ción: exposición del caso, centrada ya en el argumento que se quiere desarrollar. Digresión: puesta a continuación de la narración, porque al ser ésta la parte central y habitualmente más larga es donde suele utilizarse más; en realidad, aparece intermitentemente a lo largo del discurso y es un recurso de los oradores para descargar la tensión del público antes de que aparezcan síntomas de fatiga. Confirmación: pone de relieve la coherencia lógica y las razones que demuestran la precedente exposición. En la retórica clásica se hablaba de pruebas en un sentido mucho más amplio, de modo que Quintiliano incluye en las de tipo técnico, no sólo las citadas, sino también la meteorología, la consulta a augures, etc., y como extratécnicas habla de documentos, recurso a la tortura, etc. Todo ello no es ajeno a la persuasión judicial en nuestro mundo, pero sí se consideraría hoy fuera de la disciplina o. Refutación o confirmación por la negativa, donde se prueba la falsedad de la tesis contraria a la expuesta. Peroración: conclusión en que se pretende condensar de modo impresivo y concluyente los supuestos asentados a lo largo del discurso.Principales oradores a lo largo de la Historia. En la Grecia clásica se le rinde un verdadero culto a la palabra, las instancias democráticas obligan a esmerarse en la perfección de los argumentos para mover a obrar en un determinado sentido a un público con criterio independiente, aunque la misma palabra es causa de la pérdida de libertad cuando por su seducción se arrastra a la masa y el orador se convierte en conductor del pueblo (demagogo) y tirano.Entre los oradores griegos destacan: Pericles (v.), del que Tucídides nos ha conservado varios discursos; Lisias, demócrata desterrado durante el gobierno de los treinta tiranos; Isócrates (v.), autor de un bello discurso en elogio de la ciudad; y sobre todo Demóstenes (v.). La tradición presenta a este último como ejemplo máximo de lo que puede la voluntad humana. Le falta de todo para ser orador: carece de voz, dicción, dominio del lenguaje, preparación legal y cultural, naturalidad. Todo este conjunto de imprescindibles cualidades no le hacen desistir del propósito y se entrena en la soledad, perseverantemente hasta alcanzar su objetivo. Si hemos de creer a Esquines, Demóstenes no puede articular palabra en presencia de Filipo cuando forma parte de una embajada que debía negociar con el caudillo macedonio. Fuera o no así, sus Filípicas le convierten en verdadero dictador de la plebe que rechaza todo posible entendimiento con Filipo. Incluso el pueblo de Tebas, convencido por Demóstenes, se alía con Atenas frente a Filipo y participa del resultado catastrófico de esa oposición. El otro gran campeón de la elocuencia griega, Esquines (v.), ha pasado a la Historia con el triste papel de opositor de Demóstenes. En su vida, tampoco este papel le favoreció: al fracasar ruidosamente en el proceso de Ctesifonte, abandonó la ciudad para siempre.El arte de la o. se ejerce en Roma en el Senado, depositario de la voluntad popular, y en los Comicios o asambleas populares. De entre todos los oradores, Marco Tulio Cicerón destaca de manera incomparable. Algunos trozos de sus Catilinarias siguen siendo obligados en todas las antologías del género. En la era cristiana, no cambia desde un punto de vista técnico la concepción de la o. La propagación del Evangelio se hace fundamentalmente a través de la predicación (v.), y la o. religiosa se convierte en el repertorio sin comparación más extenso de todos los géneros. Así, los sermonarios de los grandes predicadores nos han dado muchas de las más altas cimas de la o.La o. política encuentra un desarrollo irregular en los distintos pueblos a través de la Historia, pero cuando la estructura social lo permite surgen por doquier oradores insignes, capaces de electrizar a las masas con la palabra y el ademán. Entre los testimonios que sobresalen, reseñaremos el de los artífices de la o. política del s. XVIII inglés, los líderes de la Revolución francesa y las voces de la independencia política del mundo hispánico.La gran o. parlamentaria inglesa es del s. XVIII. Tras los discursos y arengas de la revolución en el reinado de Carlos I de Inglaterra, la época de los grandes oradores políticos ingleses se centra en el reinado de Jorge III, rival de -Carlos III de España. Los rebeldes americanos son causa de conmoción popular. Es entonces el momento en que brilla en los debates parlamentarios el conde de Chatham, William Pitt (v.), considerado durante mucho tiempo como el más famoso orador británico. Éste sería el de una enorme explosión de oradores notables, entre los que se cuentan: Burke (v.), Fox, que reúne no sólo profundidad, sino una gran fuerza en su raciocinio; el agresivo Sheridan y Windham, defensor de las grandes causas. Finalmente, Pitt (v.; llamado el joven para distinguirlo de su padre, el conde de Chatham) cierra el brillante s. XVIII, conduciendo con su palabra el Estado, a través de las intrigas políticas de su tiempo que en el Parlamento suscitan una oposición implacable y tenaz. Todos ellos son los padres de un estilo "británico" de elocuencia, exenta de toda chabacanería o ataque personal y expresada en un tono mesurado y práctico que con el correr del tiempo se va imponiendo por todas partes, tras los excesos declamatorios del s. XIX.La sesión inaugural de los Estados Generales bajo la presidencia de Luis XVI ’es el comienzo de la o. parlamentaria francesa. El 5 mayo 1789 se inician una serie de sucesos que llenan los últimos años de la Francia del s. XVIII. Al día siguiente del discurso de apertura que hace el Rey, el "brazo popular" se declara en franca rebeldía y se constituye en Asamblea Nacional. El conde de Mirabeau (v.) es el campeón indiscutible de elocuencia en los Estados Generales y en la Asamblea Constituyente francesa, donde es diputado por Aix. Su talante moral no responde en verdad a la integridad que se le pedía al orador en la Antigüedad clásica, pero los equilibrios oratorios ambivalentes de Mirabeau (paladín de la revolución y subrepticiamente amigo del rey) son formidables. Tras la destitución de Luis XVI, la Convención abriga tres años de discursos incendiarios en que no se habla sino de conjuras, traiciones, cómplices y patíbulos. En esta situación, Danton y Robespierre (v.; ambos guillotinados sucesivamente en 1794) llenaron con su exaltada elocuencia (inferior, desde luego, a la de Mirabeau) todo este periodo.La independencia política obtenida por los pueblos de Hispanoamérica, después de la invasión napoleónica de la península Ibérica en 1808, es causa de un gran florecimiento de la o. en aquellos países. La nómina extensísima de oradores hispanoamericanos cuenta con nombres como el del argentino Sarmiento (v.), cuyos discursos son un claro ejemplo de la o. de la época, ampulosamente llena de exclamaciones e interrogaciones; el también argentino Belisario Roldán, en cuyos discursos cabe destacar las notas de delicadeza, humanismo y ternura servidas por una expresión diáfana; Bolívar (v.), el Libertador de Venezuela, trasunto en su vida y palabra del romanticismo exaltado; y Rafael María de Labra, en Cuba, de largos, pero jugosos discursos.Formación del orador. La preparación para la o. es desde siempre un ejercicio fundamentalmente práctico. Se recomienda la lectura y audición para la adquisición de una cultura progresivamente más amplia, la imitación de los grandes maestros hasta fijarse un estilo propio, las redacciones frecuentes y cuidadosas en el planteamiento de los temas, la propiedad de las palabras y el ritmo de la composición, las continuas revisiones ’y correcciones, etc.El orador debe ejercitarse en lograr una comunicación con su auditorio, potenciar su memoria (Cicerón recomendaba las asociaciones visuales), cuidar la voz, el rostro y los ademanes. En los libros modernos se recogen estas recomendaciones con escasas variantes, a no ser las matizaciones impuestas por los nuevos medios de ampliación del sonido y de comunicación como son el micrófono, la radio o la televisión. Con ellos pierde importancia lá potencia de la voz, y la gana la modulación.V. t.: RETÓRICA; GRECIA XII. Para la o. sagrada, v. PREDICACZóN; HomILÉTICA; y los artículos de las figuras de relevancia que tienen voz en la Enciclopedia, como BosSLET; FÉNELON; JUAN CRISÓSTOMO, SAN; etC.M. A. GARRIDO GALLARDO.
BIBL.: Ediciones de clásicos: a) Teoría. ARISTÓTELES, Retórica, ed. bilingüe de A. TOVAR, Madrid 1953; M. F. QUINTILIANO, Institutionis Oratoriae. Libri XII, Oxford 1970 (muy buena edición); versión castellana algo incompleta de I. RODRÍGUEZ Y P. SANDIER, Madrid 1942; M. T. CICERÓN, El Orador, ed. de A. TOVAR y A. R. BUJALDUI, Barcelona 1967. b) Discursos. Las piezas principales de Demóstenes y de Cicerón están editadas en diferentes vol. de la col. "Les Belles Lettresu (bilingüe) de la Fundación Budé.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.