Oratoria Il. en España.
Categoria:
Varios
El género oratorio ha tenido en España manifestaciones eminentes en todos sus aspectos, pero su estudio sistemático apenas ha progresado en amplitud y visiones de conjunto desde las obras clásicas de los s. XVIII y XIX (Mayáns y Siscar, v.; Capmany), más doctrinales y teóricas que históricas, hasta el punto de poder afirmar que no poseemos de él la idea clara de otros grandes géneros, como el teatro o la novelística. Las referencias a la o. que se hallan dispersas son muy abundantes, y además, los estudios de Retórica, promovidos con carácter académico desde el Renacimiento y prolongados durante los siglos posteriores en ciertos ambientes escolares hasta casi nuestros días, obligaban a manejar tratados y antologías de piezas o. según los viejos esquemas de la triple división demostrativa, judicial y deliberativa. (Una división más moderna abarcaría la o. religiosa, política y forense, con la adición de algunas variantes menores).Hasta el siglo XVIII. Algunos trabajos monográficos revelan la fortuna seguida por la o. religiosa (con sus inmensas lagunas) frente a la escasez de atención para las otras dos. También hay que destacar las circunstancias externas que han favorecido, al azar, un tipo determinado de o. La religiosa ha sido más viva en los periodos de intensa religiosidad (p. ej., Contrarreforma), en tanto que la política ha florecido en los de lucha política y parlamentarismo (el s. XIX, desde 1810; y buena parte del XX). La o. forense y la académica, menos vitales que las otras, han permanecido en los mismos niveles en cualquier época, por dirigirse comúnmente a auditorios restringidos.La o. sagrada y política española, poco importante en la época medieval en lengua castellana, alcanzó especial relieve en el mundo catalán. Ya en el s. XIII, fray Pedro de Aragón, conde de Ampurias y Ribagorza, alcanzó merecida fama por sus sermones. En dicho siglo abundan los anónimos redactados en latín o en catalán; a veces, se simultanean ambas lenguas. El s. XIV, decisivo para la historia catalano-aragonesa, vio brillar la o. política, y Pedro IV el Ceremonioso llegó a ser un verdadero maestro. Su discurso ante las cortes de Monzón (1383) puede servir de ejemplo. El rey D. Martín, celebrado por dos importantes discursos, el de Zaragoza (1398) y el de Perpiñán (1406), continuó la tradición de la o. política. La o. sagrada contó con dos figuras de excepción: Felip de Malla, famoso por los sermones pronunciados entre 1408 y 1414, y S. Vicente Ferrer (v.), cuyo verbo dotado de un especial vigor pasaba de la más exaltada fantasía al más delicado de los sentimientos.Después del periodo erasmista y de los primeros reformados españoles (cuya predicación es poco conocida), la o. sagrada en los s. XVI y XVII se divide, según Herrero, en cinco épocas, que abarcan los reinados de Felipe II a Carlos II. En la primera, hay que comenzar mencionando, por su influencia en toda la literatura religiosa posterior, al P. Granada (v.), ilustre, no sólo por sus sermones, sino por sus seis libros de Retórica en latín, típicamente ciceronianos, como todo su estilo, al que siguen Alonso de Cabrera (v.), Terrones del Caño, Agustín Salucio, el maestro Juan de Ávila (v.), Hernando de Sevilla, Baltasar Pacheco, Diego de la Vega y Alonso de la Cruz. En la segunda época, hay una plenitud que elimina todo primitivismo y titubeo: Hernando de Santiago, Diego Murillo, Fonseca, Pedro de Valderrama, Martín de Peraza y Basilio Ponce de León, autores de Cuaresmas; Diego de Arce, Baltasar Arias, Pablo de la Cruz y el precursor barroco Ángel Manrique, autores de gran número de sermones de riquísimo léxico y gran libertad estilística. En la tercera, empieza a manifestarse el barroquismo, encarnado en la figura singular de H. Félix a Paravicino y Arteaga, trinitario, el más famoso orador sagrado del Siglo de Oro (v.), acompañado de nombres como jerónimo de Aldovera, Andrés Pérez y el antigongorino Diego Niseno. La cuarta tiene oradores tan interesantes como Manuel de Nájera, Diego Malo de Andueza, Gonzalo de Arriaga y, en el Perú, brillaron Juan Caballero de Cabrera y Gaspar de Villarroel. La quinta y última, de decadencia, muestra todavía grandes predicadores: M. de Guerra y Ribera, Melchor de Fuster o Barcía y Zambrana, aún admirados, imitados y traducidos.La gran cantidad de cuaresmas, advientos y santorales, así como el cúmulo de sermones sueltos (impresos en España o Indias) dificultan el haber obtenido una panorámica completa de la o. sagrada en sus mejores momentos, muestrario de estilos, de escuelas e individualjdades, y a la que no faltaron gran cantidad de tratados preceptivos. En el s. XVIII, domina una gran decadencia, empiezan a circular, traducidos, sermones franceses. La amarga crítica contenida en Fray Gerundio, de José Francisco de Isla, es buena prueba de ella (v. PREDICACIÓN II).Del siglo XIX en adelante. La oratoria política española, en los tiempos modernos, se inicia con las Cortes de Cádiz, donde se agrupan y revelan oradores de muy diversa procedencia. Agustín Argüelles, quizá el más destacado, había pasado en Londres los últimos años del reinado de Carlos IV y, si no importó a España la escuela inglesa, sus contemporáneos hallaron gran semejanza entre la severidad de los británicos y la sencillez y mesura españolas, al menos en estas primeras Constituyentes (v. I). Diego Muñoz Torrero, antiguo rector de Salamanca y eclesiástico; Pedro Inguanzo Rivero, Antonio de Capmany, tratadista de retórica y orador; Torrero (el Cura de Algeciras,), con resabios de predicador; Aner, José María Calatrava, Joaquín Lorenzo Villanueva e Isidoro Antillón fueron las más famosas voces de Cádiz, modestos, medianamente retóricos y de gran lisura en la expresión. Mucho más elevado fue el nivel oratorio de las primeras Cortes liberales (1820-23), con Francisco Martínez de la Rosa (v.), duque de Alcalá Galiano (v.), Álvaro Flórez Estrada (v.), Flores Calderón, conde de Toreno (José M. Queipo de Llano), Garelli y Juan Romero Alpuente. Tras el absolutismo fernandino, con las Cortes moderadas y las sucesivas, ordinarias o constituyentes, entramos de lleno en el s. XIX: Joaquín María López, Salustiano de Olózaga, Francisco Castro y Orozco, Manuel de la Cortina, Alejandro Pidal, Antonio Ros de Olano, Juan Donoso Cortés (v.), José de Posada Herrera, Antonio de los Ríos Rosas, Cándido Nocedal, Antonio Aparisi, Práxedes Mateo Sagasta (v.), Antonio Cánovas (v.), Emilio Castelar (v.), etc.Liberales, conservadores, tradicionalistas, todos tienen rasgos comunes: verbosidad, ampulosidad, viveza en la réplica, fáciles cabalgadas históricas, toques sentimentales, etc. La gran figura de Emilio Castelar parece haber sintetizado toda la o. política del siglo. En realidad, fue un elocuente artista de la palabra, con demasiada vehemencia torrencial, muy típica de su época, tan contagiada de retoricismo en toda su prosa.Durante el s. XX, en la época parlamentaria, la o. se extiende a grandes masas, pero no acaba de perfilarse un estilo o estilos nuevos, adecuados a la evolución de la prosa en otros géneros (novelas, ensayo). Mientras que otras manifestaciones verbales (la o. académica y forense, la conferencia. docta) y aun géneros o especies verbales nuevas, como la charla, se encuentran más acordes con la tónica de la nueva prosa, la o. política persiste en una línea arcaizante, más prendida al formalismo latino que al informalismo anglosajón, que no desdeña la sequedad de los datos o los hechos, junto a los reposos de la anécdota, la cita e incluso el rasgo de comicidad. De entre una interminable nómina, en ocasiones más ideológica que política, citaríamos a Juan Vázquez de Mella (v.), Antonio Maura (v.), y José Antonio Primo de Rivera (v.) como figuras bien representativas.En la o. forense del s. XIX citaremos a Pacheco, los Silvela, Luis Cobefia, Muñoz Rivero, y entre los académicos, a Alberto Lista (v.), Agustín Durán, Núñez de Arenas, Sánchez de Castro y Leopoldo Alas (v. CLARÍN).V. t.: Los artículos de figuras de relieve, como VICENTE FERRER, SAN; MAURA, ANTONIO, etc. Complétese la o. sagrada en PREDICACIÓN II.A. SORIA ORTEGA.
BIBL.: Tratados e historias generales de la elocuencia: G. MAYANS y SISCAR, Rhetórica, Valencia 1757; A. CAPMANY, Teatro histórico-crítico de la elocuencia española, 5 vol. Madrid 1786-94.
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