Opio, Guerra Del HIST.
Categoria:
Historia
El conflicto armado entre China e Inglaterra conocido con el nombre de guerra del O. fue la consecuencia de dos factores primordiales: la expansión comercial inglesa y la decadencia del Imperio chino, iniciada en el reinado de Tao Kuang (V. MANCHÚ, DINASTÍA). Los europeos eran compradores, ante todo, de té y seda, comercio que empezó a ser mucho más beneficioso cuando se halló una mercancía de poco peso, fácil transporte y elevado precio, cuya introducción en China producía cuantiosas ganancias. Este producto era el o., procedente de la India. China conocía el o. (fu cheu kao, goma de felicidad y larga vida) desde el s. XIII, pero lo usaba casi exclusivamente con fines medicinales. Los mercaderes portugueses empezaron a generalizarlo como artículo de placer; pero fue la Compañía Británica de las Indias Orientales la que, en el s. XVIII, inició la importación masiva del o. a China, y desde 1800 la droga constituía el primer artículo de cambio para los ingleses que comerciaban en Oriente.En 1838, el o. que entraba de contrabando en China, sólo por Cantón, suponía un valor de más de 30 millones de taels de plata: para un país como China, que nunca había permitido que su moneda traspasara las fronteras, esta repentina sangría tuvo efectos desastrosos. El alza de la plata contribuía a empobrecer cada vez más a los campesinos, gravados con nuevos impuestos, y la salud física y mental del pueblo empeoraba.El Emperador, decidido a adoptar medidas encaminadas a proteger el país contra la droga, aprobó la petición de uno de sus ministros que proponía la sustitución de los castigos vigentes, 100 azotes y tres años de trabajos forzados, por la pena de muerte. Para su inmediata aplicación se nombró gobernador de Cantón, único puerto abierto al comercio con los europeos, a Lin Tso-siu, hombre enérgico que exigió del cónsul inglés la entrega del o. que se hallara en poder de los mercaderes. En una impresionante ceremonia se destruyó una tonelada de la droga en las playas de Kuantung. Seguidamente, Lin construyó un sistema de defensas en la costa, y reforzó la vigilancia. A raíz de un incidente entre marineros, en que resultó muerto un chino, el gobernador prohibió el comercio con los ingleses. La situación era insostenible, y, a principio de verano de 1840, 15 barcos de guerra británicos bombardeaban Cantón e intentaban el desembarco, que fue impedido por las defensas construidas por Lin. Los ingleses se dirigieron al S del Yang Tse-kiang y ocuparon varias ciudades. La corte, aterrada, destituyó a Lin y nombró a Ki Chan, que desmanteló las defensas costeras y firmó la paz, en condiciones tan humillantes que el Gobierno la rechazó. Reanudadas las hostilidades, los ingleses ocuparon Cantón, Amoy y Shanghai. El bombardeo de Nankín movió a la corte a firmar la paz.Por el tratado de Nankín (1842), China cedía Hong Kong a Inglaterra; pagaba 15 millones de dólares por gastos de guerra y como indemnización a los comerciantes perjudicados; abría al comercio los puertos de Amoy, Fuchou, Ningpo, Shanghai y Cantón; las aduanas eran puestas bajo el control de los cónsules extranjeros; se suprimía el monopolio de los mercaderes chinos, con lo cual el o. siguió entrando en China, pero el Estado no percibía ninguna renta; y se incluía, a favor de Inglaterra, la cláusula de "nación más favorecida", por la cual China debía dar al Reino Unido todas las ventajas que concediera a otra nación. Tratados semejantes fueron firmados en 1844 con Francia y los Estados Unidos. La guerra había puesto de manifiesto que China, desprovista de flota, era vulnerable, y que sus medios de defensa eran inferiores al armamento europeo. La corte, aferrada a los rígidos moldes confucianos, no supo aprovechar la lección y consideró el desenlace de la guerra como una victoria de su diplomacia; pero el tratado de Nankín iniciaba la interminable serie de tratados justamente llamados "desiguales" y abría un periodo de infortunio en el que China se convertiría gradualmente en semicolonia de las grandes potencias occidentales.C. L. DE LA VEGA Y LUQUE.
BIBL.: R. PELISSIER, La Chine entre en scéne, París 1963 (especialmente en p. 33-57); A. WALEY, The opium war through Chinese eyes, Londres 1958.
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