Op-art ARTE
Categoria:
Arte
Tendencia plástica actual, de carácter experimental, dedicada a un ejercicio de pura visualidad en la que los elementos geométricos recurrentes y multiplicados sin cesar quedan acordados mediante ritmos compositivos continuos y directivos. Se trata de una de las consecuencias últimas y más radicalizadas del arte abstracto (v.), al mismo tiempo que, en cierta proporción, resulta ser una reacción desencantada contra el aformalismo y, desde luego, contra el pop-art (v.). La denominación op alude al ejercicio óptico que estimula y que no debe limitarse a tal si la realización comporta emociones estéticas, siempre posibles. Si éstas no siempre acuden al espectador, ello se debe principalmente a la poca calidad de la obra o bien al menosprecio suscitado por la elementalidad de los medios empleados, que a menudo parecen embrionarios.Si bien la historia de este movimiento es reciente, sus orígenes deben buscarse en determinados conceptos suprematistas del artista ruso Kasimir Malevitch (18781935), quien investigó los valores estéticos de módulos geométricos muy sencillos, pero de grandes posibilidades ulteriores de explotación. Pero estas posibilidades apenas serían usadas en la directriz que nos importa ahora hasta la obra de Victor Vasarely, n. en 1908 en Pécs, Hungría, e instalado en París a partir de 1930. Parece, a partir de tal año, haberse interesado por los valores dinámicos del arte, desnudando éste progresivamente hasta de sus menores reminiscencias románticas y de cualquier residuo de figurativismo (v. FIGURATIVO, ARTE). Naturalmente, tanto formas como colores habían de quedar reducidos a una estrecha signografía de total intemperie ascética, en tanto que los principios de la misma podían ser aplicados tanto a la pintura como a la escultura, y, aún más, a un sistema mixto que sus seguidores se ocuparían de perfeccionar. Nos referimos al montaje de proyectores de movimiento continuo que, mediante la rotación de varios, o sólo dos, discos de colores y formas primarias, pueden dar al espectador la sensación de una fastuosa y cambiante fiesta óptica (lo que, en fase posterior, se ha complicado con una superposición de sonidos producidos similarmente). A ello puede argüirse, con razón, que tales procedimientos, por sí mismos complicados, no guardan ya ninguna relación con las modalidades tradicionales de la pintura y la escultura, respetadas en sus modalidades externas hasta por el informalismo (v.).En verdad, y pese a la belleza creada por muchos de tales mecanismos, en los que se interfieren desagradablemente la condición de espectáculo preparado como tal y la mecanización de su sistema, la reacción primera es la de su total rechazo. Si éste no suele producirse, se debe a que, dado que varios museos -entre ellos el de Arte Moderno de París- han acogido el procedimiento, ya queda investido de cierto prestigio cultural. De todas suertes, la seducción visual, primarísima por una parte, purísima por otra, que puede despertar el op-art con medios compositivos de depurada elementalidad tiene el inconveniente de su radical ausencia de emoción, y parece corresponder al esquema de una sociedad deshumanizada a la que todavía, por fortuna, no hemos desembocado. De ahí que hayamos comenzado por incluir en la definición su carácter experimental. Y, más bien, podría ser prudente no osar tan siquiera definirlo, ya que, en determinados artistas, la explotación de los elementos visibles se complica con fórmulas muy dentro del realismo fotográfico del pop, por lo que es imposible predecir qué será de este movimiento.Otro daño amenaza, demasiado prontamente, al op-art, y es la desmedida, exagerada cantidad de pintores que acuden a sus filas, por lo común, sin la específica sensibilidad que precisa su realización y tan sólo por tratarse de una moda. Razón más que suficiente para que eludamos dar ni siquiera una nómina restringida de sus ya excesivos cultivadores. Una excepción procede, y es la del que creemos más convencido y original, en este aspecto, de los op españoles: es Eusebio Sempere, n. en Onil, Alicante, en 1924, y ya ventajosamente conocido en muchos lugares del mundo. Hace indistintamente pintura, escultura y arte luminoso, y se ha cuidado mucho de que sus realizaciones se conserven libres de cualquier nociva o exagerada extravagancia. De todas suertes, el porvenir del op-art nos parece tan comprometido como incierto.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: V. VASARELY, Sempere, Madrid 1960.
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