Onomasiología LIT.
Categoria:
Literatura
1. Semasiología y Onomasiología. El vocablo onomasiología deriva del griego onomasion, nominación, y logos, tratado. La O. es la rama de la Lingüística que se ocupa de determinar los significantes que corresponden a un significado dado. El lugar que ocupa la O. dentro del concierto de la Lingüística lo aclara perfectamente Baldinger: "La Semasiología, ciertamente, considera la palabra aislada en el desarrollo de su significación, mientras que la Onomasiología examina las designaciones de un concepto particular, es decir, una multiplicidad de expresiones que forman un conjunto" (Sémasiologie et Onomasiologie, "Rev. de Linguistique Romane" 28, París 1964, 250). Así, pues, Semasiología y O. se nos presentan como dos métodos de investigación semántica, entendiendo ésta como la "ciencia del contenido del lenguaje" (v. SEMÁNTICA); en este aspecto, la investigación semasiológica busca los diversos contenidos de una palabra, y la onomasiológica todos los nombres con que se puede conocer un concepto. A partir de esta situación que hermana ambas disciplinas se comprende que pueda existir un paralelismo entre ellas: las dos tienen como fin determinar una estructura, que en muchas ocasiones tendrá idéntica configuración en ambos casos: un nudo central, concepto o palabra, en torno al cual se desarrollan otros elementos polarizados objetiva o afectivamente.Partiendo del triángulo de Ogden y Richards REFERENCIA SÍMBOLO REFERENTE ha quedado establecido que la O. parte del concepto para llegar a la forma o nombre, es decir, su campo de actuación es el de las designaciones; su estructura estará basada en la sinonimia, y su perspectiva, la del hablante, o elemento emisor. Por el contrario, la Semasiología parte de la forma para llegar al concepto, su mundo es el de las significaciones, su estructura se funda en la polisemia y su enfoque parte siempre del oyente.Independientemente de estas diferencias hay que admitir que tanto sincrónica como diacrónicamente ambas estructuras se entrecruzan; ya hemos visto cómo en el propio acto de la comunicación, hablante y oyente utilizan métodos onomasiológicos y semasiológicos, respectivamente. En el plano sincrónico podemos comprobar que al cambiar una palabra cualquiera su contenido semántico, se produce un cambio proporcional en ambas estructuras, lo cual es causa de que éstas se encuentren en una continua inestabilidad. Un buen ejemplo de lo que acabamos de exponer nos lo ofrece la voz senior, que en latín designaba al más anciano de una familia, pero al producirse el cambio semasiológico que le llevó a emplearse como tratamiento de cortesía, dejó un hueco en la estructura de los nombres familiares que fue cubierto onomasiológicamente por el afectivo aviolus. Más tarde, el derivado fonético de senior "señor" invadió el campo de dominus cuando esta última voz pasó a utilizarse, en su forma sincopada, como tratamiento de cortesía, de donde procede la sinonimia entre dueño y señor; la explicación es idéntica a la anterior: al producirse un cambio en el contenido semántico do dominus, entre los nombres que figuran en el campo onomasiológico del concepto de poseedor o dueño de algo, figura el derivado de senior señor; lo cual no fue obstáculo para que el derivado de dominus dueño alcanzase la significación correspondiente a su antepasado latino.2. Onomástica. Dentro de la O. vamos a ocuparnos de la Onomástica, entendida como rama de la Lingüística que estudia los nombres propios; dentro de ella podemos establecer dos apartados: Antroponimia y Toponimia.3. Antroponimia. Se ocupa del estudio de los nombres de persona. Sus métodos de investigación actuales se formularon en el primer Congreso Int. de Onomástica, que bajo la presidencia de Albert Dauzat (1877-1955) se celebró en París en 1938, y al que asistieron personalidades como Ekwall, Melich y Menéndez Pidal (v.), quienes impulsaron los estudios onomásticos en sus diferentes países. La investigación antroponímica se centra en la filiación de los nombres, adentrándose en sus formas antiguas y en la localización geográfica de los mismos, en la tipificación y en la identificación de su valor como apelativos; todo ello sin olvidar que esta investigación requiere como base una adecuada parcelación diacrónica. En este sentido es de destacar, en lo que a España se refiere, la labor desarrollada por M. Dolg, M. Palomar Lapesa y J. Piel como redactores de artículos sobre Antroponimia en el t. 1 de la Enciclopedia Lingüística Hispánica, que hemos utilizado como fuente de ejemplificación. Sobre la importancia de estos estudios dice A. Dauzat: "La antroponimia afecta al léxico, a la semántica y a los diversos modos de expresión: epítetos, metonimias, metáforas. El examen de estas designaciones pone en juego la psicología popular, la mentalidad social en la época de formación de los nombres o motes: se ha podido decir (no sin parte de exageración) que los nombres de personas reflejan el alma de un pueblo" (Les noms de famille en France, 2 ed. París 1949, 9).Ciñéndonos a la antroponimia hispana vamos a comenzar exponiendo una síntesis histórica de los elementos que se han integrado en ella. Como en toda diacronía románica, en Antroponimia hemos de establecer la división entre antes y después de la romanización; antropónimos prerrománicos indoeuropeos, de origen céltico, pueden ser el de Viriato y el de Argantonio, el primero de los cuales derivaría de una raíz uei- con significado de volver, torcer; y el segundo de arg- "brillante", "blanquecino", que unida a -nt- dio en céltico y en itálico argentum "plata"; este antropónimo tiene como formaciones paralelas en la toponimia peninsular Arganda, Argandoña, Arganzuela. Como fenicio-cartaginés se cataloga Aníbal < < Hanan-Baal, "Baal es benéfico". Dentro de los noindoeuropeos debemos destacar los nombres vascos como supervivientes de las antiguas hablas ibéricas; nombres como Aránzazu < vasco ara-antz-a-zu, cuya significación es "sierra de abundantes picachos", o Hernani, derivado del topónimo vasco, con valor de "lo alto de la colina despejada", o el apellido Aguirre < ager-agir, con significado de "manifiesto, patente". Nombres de procedencia ibérica como Iñigo y García han sobrevivido al proceso de cristianización de los nombres de pila, del que nos ocuparemos más adelante.Superada por razones de población la etapa en que un solo nombre era suficiente para la identificación de la persona, nos encontramos con un sistema trinominal de una perfección inusitada hasta entonces: el romano. Consistía en un nomen gentilicio que aludía a la estirpe del individuo, un cognomen que aludía a la familia o rama dentro de la gens, y que solía contener alusiones, metafóricas o no, pero siempre irónicas, a la persona; a ellos se añadía un praenomen, al que los romanos concedieron muy poca importancia como lo demuestra, de una parte, el que lo abreviaran siempre que seguían los otros dos, y de otra la poca imaginación que demostraron al ponerlos, pues era muy frecuente emplear ordinales: Primus, Octavus, de donde el gentilicio Octavius.Este procedimiento de nominación pasó a las provincias junto con los colonizadores, produciéndose en el caso de España una fusión tal con lo ibérico que, no siempre es posible precisar el origen de algunos apellidos de esta época. La mejor fuente para el conocimiento de los nombres hispanorromanos son algunos topónimos derivados del gentilicio correspondiente al antiguo dueño del lugar: el caso de Sabiñánigo < Sabinianicus, y éste a su vez de Sabinius, puede servirnos como ejemplo.Con la llegada del cristianismo todo este sistema de nominación se viene abajo mediante la institución del nombre de pila, para el cual se adoptan nombres de procedencia bíblica, apostólica, de mártires, e incluso de la mitología pagana. En la Península, las comunidades cristianas primitivas se usaban nombres como: Servgndus, Amator, Constantius, cuyo origen es claramente paradigmático, junto a otros como Porcarius, vinculado a la humildad cristiana, o Eusebius de origen griego, e incluso de animales o plantas como Leo y Margarita.M. Dolg, en su trabajo Antroponimia latina (Enciclopedia Lingüística Hispánica, 1,389-419), ha establecido la siguiente tipificación de los antropónimos latinos que se conservan actualmente: a) Antiguos antropónimos latinos y nombres personales o prenombres convertidos en apellidos: Marco, Sánchez, Sainz, Maximiliano. b) Formaciones patronímicas acabadas en -z, derivadas de nombres de pila; son las primeras típicamente hispanas, y tras un proceso de latinización en -i calcado del genitivo latino clásico, pasan al portugués con -es y al valenciano con -is: López, Pérez, Sanchis, e incluso se llegó a propagar a nombres vascos como Iban, de donde Ibáñez. c) Nombres de origen geográfico como: Fuentes < fonte, Lomba < lumbus, Selva < selva, y los étnicos sustantivados como Navarro, Gallego, Soriano; nombres de frutos y árboles como: Mora, Olmos, Manzano, Oliva; designaciones eclesiásticas y títulos nobiliarios: Aparicio, Domínguez, Samper, Abad, Maestre, Escolano, Escudero, Baile, Escribano. d) Nombres que reflejan el estado o cualquier característica social del individuo: Sobrino, Nebot, Nieto, Suárez, Herrero, Pastor. e) Apodos, en toda su gama de particularidades físicas o morales, nombres de animales: Ros, Rubio, Bru, Moreno, Seco, Gallardo, Bueno, Lobo, Aguilar, Cuervo, Cervantes.La antroponimia germánica se impuso a la latina por el prestigio que tenían los invasores ante los hispanorromanos, hasta el punto de hacer causa común entre ambos pueblos. Lo usual en la antroponimia germánica, como ha señalado J. M. Piel (cfr. o. c. en bibl.) era el empleo de nombres compuestos de dos elementos, como Teodorico, con significado de "pueblo poderoso"; los monotemáticos resultaron de la pérdida de uno de los dos elementos, o de la deformación de los bitemáticos, caso de Menéndez < Hermenegildo, nombre que ha sido estudiado por Menéndez Pidal en un trabajo que ha quedado como modelo de investigación antroponímica (Menendus, "Nueva Rev. de Filología Hispánica" 4, oct.-dic. 1949, 363-371). Antropónimos germánicos son: Gonzalo, "genio del combate"; Romualdo, "el que gobierna con gloria"; Álvaro, "todo prudente"; Fernando, "atrevido en la paz"; Elvira, "lanza amable"; Enrique, "príncipe de la casa"; Gerardo, "audaz con la lanza"; Odón, "dueño de señorío".Para la tipificación de los apellidos vamos a seguir a E. de Tovar, que establece las siguientes 16 agrupaciones: 1) Patronímicos: López, Martínez. 2) Nombres de santos: Sanmartín, Santacruz. 3) Modos de subsistir: Tejedor, Herrero. 4) Jerarquías o dignidades: Coronel, Abad. 5) Motes y alcuñas: Rubio, Rico. 6) Cualidades morales, grados de parentesco: Cortés, Nieto. 7) Basados en naciones, provincias, ciudades: Alemán, Madrid, Soriano. A este tipo de apellidos ha dedicado un magnífico trabajo Grace de Jesús C. Álvarez (Topónimos en apellidos hispanos, Garden City 1968) en el que expone los dos posibles tipos de relación entre un apellido y el topónimo: a) topónimo -) antropónimo; b) antropónimo -) topónimo, según sea uno u otro el primero en aparecer; al mismo tiempo ofrece una categorización formal de estos nombres: a) Formados por adjetivos gentilicios: Gallego. b) Lugar de origen precedido de la partícula "de": Luis de León. A éstos ha dedicado un buen trabajo J. Bastardas Parera (Antropónimos condicionados por topónimos, "Rev, de Filología Española" XXXIX, 1955, 61-79), en el que estudia el paso de estos apellidos a nombres de pila. c) Topónimos sin "de": Alcalá. d) Los de nombre, apellido, la partícula "de" y el topónimo: Gonzalo Petri de Madrigal. e) Procedentes de topónimos extranjeros: Guillermo Scoto. Í) Topónimos religiosos o hagiográficos: José de Santa Cruz. 8) Referentes a plantas: Rosales, Lechuga. 9) Referentes a animales: Águila, Cuervo. 10) Alusivos a señores de pan y labranza: Labrador, Quintero. 11) Referentes a los astros o fenómenos meteorológicos: Luna, Rayo. 12) Referentes a objetos agrestes: Roca, Montes. 13) Formados por agrupación de palabras: Villaespesa, Buendía. 14) Histórico-burlescos, hoy en declive: Pagano. 15) Alcuñas de nacimiento: Duque, Conde. 16) Alusivos a la historia: Navas, Villegas. (De la inextricable selva de los apellidos, "Bol. de la Acad. Argentina de Letras", XII, 1943; 443-458).Como ejemplo de las nuevas tendencias en la investigación antroponímica tenemos la labor de P. Boyd-Bowman al estudiar diacrónicamente las variaciones en el empleo de nombres de pila en México, y las razones que las motivaron (Los nombres de pila en México, "Nueva Rev. de Filología Hispánica", XIX, I, México 1970, 12-48).4. Toponimia. Se define como la rama de la Onomástica destinada al estudio de los nombres de lugar. Su investigación debe empezar siempre por la búsqueda de la etimología del nombre, intentado la explicación de los cambios fonéticos habidos, teniendo en cuenta la posible derivación de un locativo latino, la expresión románica del lugar mediante una preposición, e incluso la falsa separación de la primera parte de una palabra por tomarse como una preposición, y la etimología popular. Veamos unos ejemplos: Barcelona < Barcinone, presenta una disimilación de n-n muy usual; restos del locativo-ablativo latino encontramos en Aix < aquis; Sorribas < sub-ripas, nos muestra la incorporación de la preposición al nombre para formar el topónimo; de Turris Augusti la etimología popular ofreció el actual Torres del Oeste; la fusión del nombre con el artículo aparece en el topónimo catalán Sabarera, cuya inicial corresponde a un sa- < ipsa, muy usual como artículo en la región; el navarro Cadreita < cataracta es una evolución dialectal, mientras que el burgalés Caderechas presenta la evolución castellana. Con ser importantes los problemas a los que acabamos de aludir, las mayores dificultades vienen planteadas por el hecho de olvidarse muy frecuentemente del significado, con lo cual el investigador se encuentra con el apoyo exclusivo de la forma, lo que facilita mucho los errores, una atenta consideración del contenido, lo mismo que el conocimiento del lugar, puede aclarar las dudas suscitadas por el mero estudio formal de las palabras.Los nombres de lugares pueden aludir bien a la forma en que se originó el pueblo: Castejón, Castellón; bien al comercio o las comunicaciones del lugar: Alcántara, Bañuelos < balneolus; pueden hacer referencia a la vida y economía rurales como: Robledo, Espinareda o Villa Fáfila, alusivo este último al dueño de la tierra. Mención aparte debe hacerse de los hagiotopónimos, o nombres de lugar tomados de voces religiosas, a los que L. López Santos ha dedicado su artículo Hagiotoponimia (Enciclopedia Lingüística Hispánica, I, 579-614), a quien seguimos. Los hagiotopónimos pueden referirse a casas, edificios, lugares u objetos de culto: Grijalba, Grijota, Elajabeitia, todos ellos compuestos de ecclesia; Chavela < capella; Monistrol < monasterium; Celanova < cella. Relacionados con las órdenes Militares tenemos: Órdenes, Hospitalet, Montesa. Derivados o compuestos de apelativos personales son: Villafrades, Aldehuela de la Fraila, Fuentelmonje, Aldeabad, Villaobispo, La Aparecida, Valdeinf Terno. Muy abundantes son los apelativos con título de santidad, como Creus, Miracruz, Oterocruz, compuestos todos ellos de Cruz; La Sangra y Fonsagrada < sacris. Hagiotopónimos basados en nombres de santos también son frecuentes, en cualquiera de sus cinco posibilidades: 1) Forma plena constituida por un nombre común (A) seguido de "san" (B), y del nombre propio del santo (C), como: Nava de Santullán, Robledo de San Cristóbal; 2) constituido por los elementos BC: Sahelices, Sahagún, Santander; 3) sólo quedó A en cualquiera de sus formas y con los determinantes ya vistos; 4) al quedar solamente el elemento B tendríamos: Santelos, formado sobre un diminutivo, Santo, Los Santos; 5) quedando sólo el C: Fiz, La Magdalena.La importancia de la investigación toponmca viene dada por su valor como exponente de las condiciones históricas de una lengua, a través, p. ej., del establecimiento de unos límites de colonización, o los informes sobre la naturaleza de una población determinada.Los topónimos a través de la historia española. Nombres prerromanos son: el discutido Iliberri, hoy Elvira, con significación de "villa nueva"; Aspe, emparentado con el vasco "aitz-" "peña"; Javierre; Aranjuez; Palencia, relacionado con el indoeuropeo "pel-" "fluir"; Rosas y Ampurias, de origen griego; Adra y Cartagena, de origen fenicio-púnico.De la época romana podemos citar: Orihuela y Orense, relacionados con "aurum"; Junquera, Salcedo, Fresneda, Sandoval, Agrolongo, Pascuales, Aguilar, Buitrago, vinculados a la actividad agrícola y ganadera de los hispanorromanos; Cofiñal, Piedrahita, Dego, Simancas, Quintanar, relacionados con los límites y los itinerarios; Llobregat, Llanos, Villoslada, Espluga, Palos, Murcia, Fontenova, Montijo, Peñarroya, Jumpudia, Hontoria, Pozuelo, Somport, descriptivos de lugares, ríos, montes y fuentes, que aluden a alguna de sus características más destacadas; otros muchos recuerdan a generales victoriosos: Pamplona, Cáceres, Astorga; Denla hace alusión a la diosa Diana. Los nombres compuestos se resolvieron de cualquiera de las tres formas siguientes: a) manteniéndolo, caso de Badajoz < Pax Augusta; b) dejando el adjetivo: Cáceres < Norma Caesarina; c) dejando el sustantivo: Elche < Augusta Ilice.Independientemente de algunos nombres como Revillagodos, Viilatoro, Godones, Andalucía, Suevos, que aluden a los propios invasores, la fuente más importante para el estudio de la toponimia germánica está constituida por los nombres de los propietarios. Una forma típicamente norteña para la expresión de la propiedad es la integrada por el sustantivo "villa" y el nombre propio: Villariz, Villabálter, Vilagude. Las formas sufijadas tienen ya una mayor extensión en la Península: Fafián, Atán, Villasandino.La toponimia árabe de España ha sido magníficamente estudiada, entre otros, por Asín Palacios, quien divide los topónimos desde el punto de vista semántico: Alquerías, Sueca, Alcántara, Almunia, se refieren a los núcleos de población y sus comunicaciones; Alcudia, Almodóvar, Silla, Almagro, Mazarrón, Azagra, aluden a las características y accidentes del suelo; la vida agrícola está presente en Alfoz, Almarcha, Balazote; la preocupación por el agua es la base de otros como Albufera, Alberca, Biar, Gibraleón, Alhama; en los casos de Almansa, Roda, Alcalá, Alcolea, Calatayud, Alcázar, Alcañiz, Rábida, se muestra la organización social, militar o religiosa de una comunidad; Benidorm, Beniaján, Benicarló, Abucaderas.Zeneta, Albornoz, Mequinenza, aluden al parentesco, la familia y los pueblos árabes asentados en España.Las especiales circunstancias de una reconquista dejaron también su huella en la toponimia peninsular, ya con voces de clara índole militar, como los numerosísimos casos de Torre o Castillo, con sus equivalentes árabes. Topónimos de este tipo pueden ser: Rebate, La Guardia, Espíel, Almería. Desde un punto de vista social, la Reconquista exigió la repoblación de numerosos territorios, lo que originó nombres como: Villagallegos, Bascuñuelos, Navarros, Sevilla la Nueva, Valdefrancos; en otras ocasiones la toponimia refleja el nombre propio de los repobladores: Garcigalindo, Bonibáñez, Pedro Muñoz, Puebla de Sancho Pérez, Villavicencio; Calzada de Calatrava, Higuera de Calatrava, nos hablan de su defensa por una Orden Militar; por último, Chiclana, Aldeaseca, Arcos y Morón todos ellos seguidos por la especificación "de la Frontera" nos muestran los límites efi un momento dado de la historia.V. t.: SEMÁNTICA.J. MUÑOZ GARRIGÓS.
BIBL.: El mejor estudio de O. es el de B. QUADRI, Aufgaben und Methoden der Onornasiologischen Forschung, Berna 1952. Para la Antroponimia, aparte de los ya citados, en la Enciclopedia Lingüística Hispánica, 1, Madrid 1960 hay buenos trabajos: M. PALOMAR LAPESA, Antroponimia prerromana, 347-387; I. M. PIEL, Antroponimia germánica, 422-444. Fuera de ella, tenemos: G. TIBóN, Diccionario etimológico comparado de nombres propios de persona; México 1956. Para Toponimia, en la citada Enciclopedia tenemos: J. HuBSCHMm, Toponimia prerromana, 447-493; L. LóPEZ SANTOS, Hagiotoponimia, 579-614; F. MARSÁ, Toponimia de Reconquista, 615-646; A. MONTENEGRO, Toponimia latina, 501530; J. M. PIEL, Toponimia germánica, 531-560; J. M. SOLÁ SOLÉ, Toponimia fenicio-púnica, 495-499; I. VERNET, Toponimia arábiga, 561-578. Fuera de ella: R. MENÉNDEZ PIDAL, Toponimia prerrománica hispana, Madrid 1952; J. CoRomiNAs, Estudis de Toponímia catalana, Barcelona 1965; íD, Tópica Hespérica, Madrid 1972; A. UBIETo, Toponimia aragonesa medieval, Valencia 1972; J. BERNAL, Topónimos árabes de la provincia de Murcia, Murcia s. a.; M. AsíN PALACIOS, Contribución á la toponimia árabe en España, 2 ed. Madrid 1944; CH. ROSTAING, Les noms de lieux, París 1969. Como obras generales de consulta: R. MENÉNDEZ PIDAL, Orígenes del español, 6 ed. Madrid 1968; R. LAPESA, Historia de la lengua española, 6 ed. Madrid 1962; W. MEYERLOBxÉ, Lingüística románica, Madrid 1926; J. BALARI, Orígenes históricos de Cataluña, Barcelona 1899 (de los topónimos extrae voces " fosilificadas" para explicar palabras actuales).
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