Numidia GEOG.
Categoria:
Geografía
Con el término N. se designan tres hechos históricogeográficos no superponibles: el geográfico-físico (reacuñado sobre el término antiguo de modo inexacto), el reino de N. con su expansión tras la tercera Guerra púnica (v.), y las provincias romanas, no equivalentes, posteriores a la guerra de Yugurta y a la reforma de Diocleciano (v.), sólo unidas bajo Constantino.Por N., en geografía física, se entiende (E. F. Gautier) la zona montañosa, dividida desigualmente por las actuales fronteras entre Túnez y Argelia, del macizo del Aurés y situada al N de la línea de los chotts (lagos salados de las mesetas argelinas) Melghir y Djerid. Estas mesetas constituyen una zona de transición entre las tierras mediterráneas, agrícolas, y las desérticas del Sur. El nomadismo, el pastoreo y en ciertas zonas la agricultura han sido las manifestaciones económicas básicas de este territorio. Históricamente podría reducirse a un área triangular cuyos vértices serían sobre el Mediterráneo, Rusicade (Skicda) y Tabarga (Tabarga) y al Sur Capsa (Gafsa). El reino de Yugurta parece corresponder (J. van Ooteghem) únicamente al sector tunecino. El límite O de las provincias romanas correspondía en su primera. parte al cauce del Rhumel y comprendía la totalidad del Aurés y su zona sur, más allá del chott Melghir, aproximándose, aunque sobrepasándolo, al actual concepto geográfico de N. Historia. En época histórica, el pueblo númida es idéntico al mauritano (V. MAURITANIA ANTIGUA) y de carácter beréber. La base económica principal, más que nómada, es la trashumancia. Algunos practicaron la agricultura. Hasta la tardía introducción del camello, los númidas son considerados como excelentes jinetes. Sin poblados fijos, trasladan sus cabañas, o mapalía, montadas sobre ruedas. En su organización tribal aparecen pronto príncipes hereditarios, que ocasionalmente extienden su autoridad a varias tribus. Cartago reclutó mercenarios entre los númidas. Paulatinamente, el uso de la escritura púnica se unió, aunque no lo sustituyó, al del líbico. En el s. II a. C., N. exportaba trigo al Oriente griego.Durante la segunda Guerra púnica, un príncipe númida, Masinisa, era gobernador de Cádiz (207 a. C.). De acuerdo con Escipión el Africano (V. ESCIPIONES, FAMILIA DE LOS), estableció la alianza entre Gades (Cádiz) y Roma. Tras la batalla de Zama, Masinisa, bajo la protección de Roma, dejó de ser feudatario para constituir un Estado númida que se extendía desde el Muluya hasta las proximidades de Cartago. Su larga vida de jefe militar le había hecho conocer los Estados helénicos sobre cuyo modelo organizó el reino de N. Mantuvo numerosas relaciones comerciales con Rodas, Delos y Atenas e intentó formar un Estado único en el norte de África.En la propia Cartago vencida existía un partido númida que deseaba esta unión, lo cual provocaba los recelos de Roma. Una guerra entre Cartago y N. provocó la intervención de Roma y la tercera Guerra púnica. Masinisa, aunque aliado de Roma, acogió a los prófugos cartagineses y amplió sus Estados con los despojos del territorio cartaginés, aparte la zona costera, de Tabarqa a Thénia, que constituyó la provincia romana de África, o Proconsularis.Muerto Masinisa, el reino fue distribuido entre sus hijos, pero Micipsa consiguió reunificarlo. Aliado de Roma, envió tropas númidas al sitio de Numancia (134-133) a los órdenes de su sobrino Yugurta. Fallecido Micipsa (118a. C.). tuvolugar una nueva partición:Yugurta recibió la zona occidental; Adherbal, la oriental inmediata al territorio romano. Pronto estalló la guerra entre ambos reyes. Desaparecido Adherbal, Roma intervino en la guerra de Yugurta (111-105), en la que brillaría el genio militar de Mario (v.) y Sila (v.).N. fue dividida entre el mauritano Bocchus y el númida Gauda. La intervención de Juba 1 en favor de Pompeyo (v.) y en contra de César (v.) concluyó con la independencia de N. (batalla de Thapsus, 46 a. C.). El territorio de N. a occidente de Hipona (Bona) fue asignado al rey de Mauritania, aliado de César, el resto formó la provincia romana de Africa Nova. Su primer gobernador fue el historiador Salustio; la capital, Zama.Augusto, unió las dos provincias cediéndolas al Senado (27 a. C.). El gobernador fue un procónsul; el cargo, uno de los más distinguidos de la carrera senatorial, inferior sólo al proconsulado de Asia. La capital pasó a ser Cartago. Con Calígula el mando de la legión III Augusta, acuartelada en Lambese. N. pasó a ser independiente y se constituyó en distrito militar gobernado por el legado de la legión. La razón de ello debe verse en la inseguridad de su frontera sur y el recuerdo de la rebelión de los mucsulamii a las órdenes de Tacfarinas, durante el reinado de Tiberio. Sin embargo, la reorganización de N. como provincia propiamente dicha sólo fue emprendida por Septimio Severo. Diocleciano la dividió en dos sectores: el Norte, Numidia Cirtensis, y la militar del Sur, Numidia Militiana, con centro de Lambese.Reunificada bajo ’Constantino, Cirta tomó el nombre de Constantina y fue gobernada por un consularis sometido más tarde a la autoridad del comes Africae. Ya antes de la invasión vándala (v.) del 429, el dominio al S del Aurés debió reducirse al delegarse la autoridad romana en los praefecti de las tribus indígenas. Aunque en el 442 los vándalos restituyeron N. al Imperio después del 455 Roma no pudo seguir atendiendo su defensa ni tampoco los vándalos, que acuartelados en las ciudades costeras se ocuparon de la zona sur. Bajo Justiniano, en el 534, las autoridades romanas trataron especialmente con los príncipes de las tribus indígenas frente a la penetración de grupos nómadas, zenetes, de camelleros; unos y otros opondrían durante el s. vu una tenaz resistencia a los guerreros islámicos.El desarrollo de la agricultura preconizado por Masinisa, y cuyos resultados eran ya visibles en tiempo de Yugurta, se asentó durante el Alto Imperio. Hasta el Aurés se extendieron los cultivos y la vida ciudadana (Teveste, Mascula, Baga¡, Timgad y Lambese). Trigo, olivo y frutales fueron los principales cultivos. Poco a poco se llegó al latifundismo y aparecieron los grandes propietarios. Ya a mediados del s. I era fama que seis propietarios eran dueños de la mitad de las tierras cultivables de la provincia de África. No fue difícil para sus pobladores conseguir la ciudadanía romana No sucedía lo mismo en el campo. S. Agustín, númida, atestigua que en el s. v aún se hablaba el púnico y, durante casi toda la época imperial, se escribió el líbico. La defensa del Sur nunca fue fácil; frecuentes envíos de tropas y refuerzos atestiguan la existencia de una guerrilla casi continua.A fines del s. I, Mactar era una ciudad totalmente indígena, aunque se romanizó rápidamente durante el s. II (fue colonia de Marco Aurelio). Mientras duró el apoyo militar romano, los agricultores, indígenas o veteranos como los palimirenos y osroenos, progresaron hacia el Sur y expulsaron a los nómadas. El caso de Apuleyo no es único y explica los numerosos senadores y équites de Cirta. En este ambiente se explica la difusión del cristianismo.La penetración romana alcanzó su máxima expansión bajo los Severos: construcción de castellum Dimmidi (198-240) en el desierto. En el comedio del s. 111 se multiplicaron las incursiones nómadas. El reverso de la medalla de la brillante urbanización de N. se halla en el contraste siempre creciente entre ciudad y campo, entre propietario y campesino que no puede ser reducido al étnico romano-beréber, o númida, y cuyas bases eran eminentemente económicas. En la N. cristianizada del s. lv las pertinaces tendencias rigoristas del cristianismo africano se manifestaron en la herejía donatista (v. DONATO), que movilizó el apoyo de los desheredados, circumcelliones, que al movimiento inicial religioso unieron el de protesta y lucha social de modo no menos efectivo que la bagauda gala o hispana. Esta oposición sería sofocada con la represión, pero no resuelta al intentar modificar las causas que la producían.ALBERTO BALIL.
BIBL.: E. F. GAUTIER, Le passé de I’Afrique du Nord, París 1952; F. MILLAR, L’impero romano e i popoli limitrofi, Turín 1968; J. VAN OOTEGHEM, Caius Marius, Bruselas 1964; P. ROMANELLI, Storia delle protince romane dell’Africa, Roma 1959; G. y C. PICARD, La ciailisation de l’Afrique Romaine, París 1959; W. H. C. FRIEND, The Donatist Church, Oxford 1952; CH. COURTOIS, Les Vandales et l’Afrique, París 1955.
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