Números, Libro de los REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Nombre y contenido. Se denomina libro de los Números (Num) al libro cuarto del Pentateuco (v.) y deriva su nombre de la versión griega de la Biblia; quiere reflejar su contenido en cuanto en 61 se hallan numerosos censos ylistas que le confieren un sentido de precisión numérica. En hebreo se le designa por una de sus primeras palabras lVayyedabber o bammidbar. El libro de los N. ha sido siempre admitido por la Iglesia entre los libros inspirados y canónicos del A. T. (v. BIBLIA II). En realidad el libro consta de una serie de relatos que continúan la historia del libro del Éxodo (v.), entremezclados con otra de prescripciones legales. Estas leyes son preponderantemente de carácter sacro y pertenecen al documento sacerdotal (V. PENTATEUCO), con lo que el libro de los N. viene a resultar un complemento del Levítico (V.), núcleo principal de dicho documento. No constituye, pues, una unidad aparte, sino que se integra como una parte más, dentro de los documentos o fuentes del Pentateuco. El núcleo principal y el encuadramiento general le viene del documento sacerdotal, como lo revelan las características literarias y el interés cúltico de su estilo; pero se constata además la presencia de fragmentos pertenecientes a las otras tradiciones literarias, la yahwística y la elohística. Junto a estos documentos básicos hallamos una serie de fragmentos arcaicos, sobre todo poemas épicos antiguos que han sido integrados en el curso del relato. Para unificar todo este material heterogéneo, el libro utiliza frecuentemente un procedimiento literario que es la anécdota etiológica, que sirve para fijar en el tiempo y el espacio la reglamentación de un uso o una ley. Estos recuerdos históricos suelen estar construidos sobre la base de una murmuración o rebeldía del pueblo, que motiva una intercesión de Moisés (v.) y se termina con un castigo parcial de aquél, que explica el curso de los acontecimientos. Teniendo en cuenta estos elementos, el complejo del libro se puede clasificar en dos partes: un marco histórico y un contenido legal que mira sobre todo a la organización del pueblo. Éste es el verdadero sujeto del libro, entendido como comunidad sacra en marcha hacia la herencia prometida por Dios. Así se comprende fácilmente la importancia que adquiere en este contexto la función sacerdotal y, por consiguiente, la tribu que la ejerce, la de Leví (V. LEVITAS).
Sobre el autor, carácter mosaico, historicidad, etc., del libro de los N. v. PENTATEUCO (cfr. Pontificia Comisión Bíblica, Respuesta del 27 ¡un. 1906; Id., Carta al cardenal Suhard, 18 en. 1948).El marco histórico. Cronológicamente el libro se relaciona con la fecha clave de la dedicación del Santuario (Ex 40,17) el día primero del mes primero del año segundo después de la salida de Egipto. Desde este punto de vista cronológico el libro del Levítico (v.) ha sido una enorme interpolación de carácter legal que sólo se une con el Éxodo, a través del cap. 8, investidura de Aarón. De ese modo, Ex 19,1; Num 1,1 representa la estancia de los israelitas en el Sinaí, casi un año completo. A partir de ese momento el libro ’de los N. continúa el relato de la marcha de los israelitas por el desierto. Un mes más tarde (Num 1,1) de la erección del Tabernáculo, Moisés comienza los preparativos para dicha marcha (Num 1,1-10,10), que duran 20 días (Num 10,11), y que consisten fundamentalmente en el ordenamiento y censo de las tribus (Num 1-4), sobre todo de la tribu de Leví encargada de transportar la "tienda del Tabernáculo", y la marcha procesional de la misma (Num 9,15-10,28). El autor sagrado aprovecha la ocasión para intercalar en medio series de leyes que completan los códigos del Levítico sobre los sacrificios, la pureza y la santidad (Num 5-6). Por su parte, como correlato de Num 1-4, las tribus ya organizadas presentan sus ofrendas, a la vez que la tribu de Leví es ofrecida entera a Yahwéh (Num 7-8). Su estatuto especial se explica como una sustitución de los primogénitos que pertenecen a Dios, autor de la vida y de la salvación de Israel, obrada sobre todo en la noche de la Pascua (v.), cuando perecieron todos los primogénitos de Egipto. Yahwéh se los consagra y ellos cumplen el servicio cúltico en nombre de toda la comunidad (v. ISRAEL, TRIBUS DE; LEVITAS). Las etapas de la marcha por el desierto pueden resumirse en la ruta Sinaí-Cades-Moab que Israel va a recorrer para llegar a la tierra de Cancán (v.). Se trata de una tradición normativa que recoge y organiza el periodo de existencia nomádica de Israel en el desierto, jalonándolo con el recuerdo de los diversos lugares por los que el pueblo fue pasando. En conjunto representa un cuadro justo de la época anterior a la conquista, que la arqueología, la toponimia y la etnografía han corroborado en gran parte. No obstante, el mismo libró de los N. (14,45; 21,1) deja entrever otras posibles vías de penetración de grupos israelíticos, normalizadas aquí en un relato único, correspondiente a la ruta seguida por el grupo principal.Las etapas que el libro detalla son las siguientes, partiendo del Sinaí el 20 del segundo mes del año segundo del éxodo (Num 10,11). Su paso por el desierto de Farán (Pa’ran) se halla unido al recuerdo de las estaciones de Ta’erah, Qibróthatta’wah, Hajerót, relacionadas con tres anécdotas etiológicas que explican su sentido e importancia. Las tres se construyen del mismo modo: el pueblo murmura contra Moisés y esto atrae el castigo de Dios que cesa por la intercesión de aquél. Las tres tienden a poner de relieve el papel de Moisés (v.), a quien Yahwéh escucha siempre y a quien ha elegido a una intimidad superior a la de cualquier otro profeta (Num 12,8). Éste aparece como el hombre magnánimo y desinteresado que salva a su pueblo constantemente, olvidándose de sí mismo y de su honra. Adentrados en el desierto de Farán, los israelitas llegan a Cades (Num 12,26), que va a ser su centro de operaciones. Desde allí realiza Moisés una prospección de la tierra a través de emisarios, lo que motiva una nueva insurrección y murmuración del pueblo que sueña con la paz sumisa de Egipto y se resiste al destino de libertad lograda a que Dios le empuja. Aunque el castigo será inevitable -muerte de aquella generación en el desierto, Yahwéh se deja aplacar por laintercesión de Moisés y no extermina a su pueblo (Num 13-14). Falto de la asistencia de Yahwéh, el pueblo deberá renungiar a la marcha directa sobre Canaán e iniciar una larga peregrinación por el desierto, que le permitirá acceder a esa tierra desde la Transjordania. Este retraso tiene su explicación teológica en la actitud obstinada del pueblo, impreparado todavía para el don de Dios. La secuencia cronológica del relato reaparece en Num 20,1: una noticia vaga nos sitúa de nuevo en Cades. Pero se ha suprimido la dotación precisa ("llegaron en el primermes...", sin indicar el año). Con todo, la rápida sucesión de las etapas siguientes nos advierte que estamos ya al final de la estancia del pueblo de Israel en el desierto. De los casi cuarenta años de permanencia en Cades sólo nos ha quedado el recuerdo de la oposición a la jefatura de Moisés y al sacerdocio de Aarón, reflejado en la revuelta de Coré (v.), Datán -y Abirón (Lev 16-17), y de la murmuración del pueblo. De nuevo la intercesión de Moisés y de Aarón ponen fin al castigo del pueblo, y la acción extraordinaria de Yahwéh deja fuera de duda su jefatura política y sacra. Nuevas murmuraciones del pueblo dan ocasión a los relatos de las aguas de Meriba (Lev 20,2-13; cfr. Ex 17,1-7) y de la serpiente de bronce (Lev 21,4-9), en los que como siempre le salen la intervención de Moisés, aun a costa de su castigo. Una tradición relaciona éste, es decir, su muerte en el desierto sin llegar a la tierra prometida, con la mala ejecución de la orden de Yahwéh que le mandó golpear la roca. Otra, en cambio, lo pone en relación con la negativa de los israelitas a acometer de frente la conquista de Cancán (Dt 1,37). Rechazado por Edóm, el pueblo comienza sus últimas etapas hacia la Transjordania: Qades-Meribah, Hor-ha-har (donde muere Aarón), ’Obót, `Iyye-ha-`abanm, Zered, Be’er, Mattanah, Nahali’el, Bámót, Llanos de Moab y alturas de Pisgah. Pero antes de llegar a esta cumbre desde donde se divisa ya el Jordán y la tierra de Canaán, ha sido preciso llevar a cabo una serie de conquistas y victorias: sobre Sihon, rey amorreo y sobre ’óg, rey de Basan (Num 21,21-35). Tenemos además el altercado con Balaq, rey de Moab, exaltado épicamente en los poemas arcaicos que relatan la intervención de Balaam (Bil `am) (Num 22-24), y la victoria sobre los madianitas (v.; Num 25,17;31). Liberado de sus enemigos y~dominando la Transjordania, Israel se establece en Sittim, en los llanos de Moab (v.), y sufre la primera contáminación cananea reflejada en los sacrificios a Ba’al-Pé’ór y su culto orgiástico (Num 25,1-18). Comienza el proceso de sedentarización con el reparto de la Transjordania (Num 32) y se traza a la vez un programa de reparto de la tierra de Canaán y un esbozo del derecho hereditario de esas tierras (Num 33,50-36,12). Un resumen de las etapas por el desierto (Num 33,1-49) y un nuevo censo (27,1-11) constituyen el prólogo inmediato de la conquista (ISRAEL, TRIBUS DE; DESIERTO II).El contenido legal. Este fragmentario marco histórico sirve de esquema para encuadrar una serie de códigos o de disposiciones jurídicas no contenidas en los cuerpos anteriores y que las completan: se refieren a la organización cúltica de la comunidad y, de modo especial, a los derechos y deberes de la clase levítica y sacerdotal. Cabe distinguir unidades mayores, que forman auténticos códigos especializados, y disposiciones esporádicas montadas sobre una anécdota etiológica. Entre los primeros se pueden enumerar: 1°) El estatuto de los Levitas (Num 1,4854; 3-4; 8,5-26; 18; 31,25-47; 35,1-8). La tribu de Leví aparece a lo largo del libro como una unidad aparte del pueblo: su censo se da por separado (Num 3-4; 26,57-65); no participa con el resto de las tribus en el reparto de la tierra sino que su herencia es Yahwéh (Num 18,20.23); su subsistencia está asegurada por los diezmos (v.) que, como las víctimas sacrificiales de que participan los sacerdotes, tienen carácter de tributo sacro, perteneciente a Dios (Num 18,25-32). Una legislación, al parecer posterior, les asignará determinadas ciudades con sus campos,. que gozan también de carácter sacro como ciudades de asilo para el homicida involuntario (v. VENGANZA I). 2°) Complemento del Código de pureza (Num 5-6;19). Resume y completa la legislación de Lev 11-16 (V. LEVíTICO) y añade otras curiosas instituciones jurídicas: la ordalía sobre los celos, el ritual del nazareato y la confección y uso del agua lustral con las cenizas de una ternera roja para los casos de impureza contraída por contacto. Este ritual y el de los celos son paralelos del que aparece en Lev 14,1-9 para la purificación del leproso. 3°) Ofrendas y sacrificios (Num 7-8; 15,1-31; 28-29). Estos capítulos recogen diversas ordenaciones sobre los sacrificios (v.) ofrecidos en ocasiones extraordinarias (p. ej., dedicación del Tabernáculo), o bien sobre las ofrendas ordinarias y sus componentes, con vistas, sobre todo, a determinar la parte que corresponde en aquellos sacerdotes y levitas. En general estas leyes completan las de Lev 1-7. Los últimos capítulos son un nuevo catálogo de las fiestas (v.) de Israel desde el punto de vista de las ofrendas que en ellas se deben realizar. 4°) Estatuto de la mujer (Num 27,1-11;30; 36). En realidad no es la mujer la preocupación primordial del legislador: en un caso es el poder del marido y del padre sobre los votos de la mujer o hija y en otro es la suerte del patrimonio de un israelita que no tiene hijos varones. Su "nombre" queda asegurado a través de la herencia que reciben sus hijas; no obstante, éstas deberán casarse dentro de la propia tribu.Entre los relatos que dan pie a una legislación cabe mencionar la segunda Pascua (Num 9,1-14), la infracción del sábado (Num 15,32-36) y la herencia de las hijas, ya citada. Junto con las anteriores se enumeran otras diversas prescripciones más o menos relacionadas con su contenido. Sin duda, que toda esta legislación no es homogénea ’ni corresponde a la misma época, pero ha recibido dentro del periodo mosaico, constituyente de la comunidad de Israel, el lugar más verosímil. Su carácter de norma en Israel sólo le puede venir de su derivación de Moisés, mediador del pueblo que organiza según la palabra de Dios. Por tanto, las leyes posteriores, que la comunidad va necesitando, sólo pueden adquirir carácter sacro y normativo en Israel por referencia a aquél. En concreto, esta legislación se halla ya bajo el influjo del profeta Ezequiel (v.) con su clara distinción de poderes, político y religioso: Josué y Eleazar (Num 27,12-23). Igualmente, el predominio del sacerdocio de los hijos de Sadoc y la neta distinción entre sacerdotes y levitas derivan literariamente de ese profeta. Para el autor sagrado es la tribu de Leví la que asegura la coherencia de la esta comunidad en marcha, Israel.V. t.: PENTATEUCO; MOISÉS.G. DEL OLMO LETE.
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