Numancia II. Arqueologia. ANTROP.
Categoria:
Antropología
A causa de su faena es probablemente la ciudad ibérica más excavada. En la época medieval, N. se localizaba en Zamora, pero en el s. XVI fue situado su emplazamiento por Nebrija y Ambrosio de Morales a base de argumentos de tipo histórico. En el s. XVII Mosquera de Barnuevo dio fuerza a esta localización con argumentos de tipo topográfico, de tal manera que ya en el s. XVIII Loperráez pudo levantar un croquis de sus ruinas. Las excavaciones en el cerro de Garray se han seguido casi constantemente desde 1803 en que comenzó J. Bautista Erro. En 1853 E. Saavedra realizó algunos trabajos. Desde 1861 a 1867 se encargó de las investigaciones la R. A. de la Historia, nombrándose una Comisión oficial en 1906 hasta 1926 compuesta por Saavedra, Mélida, González Simancas y Taracena, que excavaron gran parte de la zona norte y noroeste de la -ciudad. Entre tanto, el alemán Schulten, en colaboración con-K5nnen, excavó la parte oeste y sudoeste, dedicándose en 1905 a la investigación del castro y, desde 1906 a 1912, a la de los campamentos., En 1961 las excavaciones fueron proseguidas por F. Wattemberg, quien dedujo interesantes conclusiones de base estratigráfica.Los problemas principales, en parte resueltos, sobre N. se basan en la localización del yacimiento, en su estratigrafía para seguir una secuencia cultural y una cronología, y en la localización de los campamentos y de las necrópolis. A pesar de las grandes zonas excavadas y del abundante material arqueológico recogido, pocos datos concretos y científicos se han obtenido. Estos resultados escasos de las excavaciones de N. se deben a que el objetivo principal ha sido la obtención de un plano y el rescate de materiales. Schulten estuvo siempre guiado por prejuicios, y Taracena y Mélida, a pesar de sus largas investigaciones, no pudieron llegar más que a conclusiones débiles y escasas. Taracena fue quien primero enunció una sucesión cultural basada en la estratigrafía, advirtiendo cinco niveles: eneolítico (cuchillos, sierras, puntas de flecha de sílex, hachas pulimentadas, molinos barquiformes y cerámica a mano), bronce (cerámicas incisas y excisas, etc., todas a mano), celtibérico (cerámicas pintadas correspondientes al plano inferior de la ciudad destruido en el 133 a. C.), nivel estéril (deshabitación desde el 133 al 29 a. C.) y romano (desde el 29 a. C. hasta el s. VI d. C.).Después de las excavaciones pudo apreciarse que la ciudad, de estructura oval, tenía unos ejes de 720 por 310 m. Sus calles estaban trazadas en retícula, la muralla tenía una estructura trapezoidal de 3,40 m. de altura por 2 de grosor. Fueron descubiertas dos puertas en el NO. Las calles estaban pavimentadas con losas, disponiendo de pasaderas para caso de lluvia. Las casas, yuxtapuestas entre sí, tenían los cimientos y zócalos de piedra y la parte superior de barro, las divisiones interiores son de adobes y los techos de ramaje y paja. Es típico en cada casa una especie de bodega consistente en una cueva prismática. El hogar, está formado por piedras, ocupando la pieza principal aparte del vestíbulo y de otra habitación secundaria. En las excavaciones fueron localizados unos círculos de piedras considerados como lugares de exposición de los cadáveres para ser presa de las aves de rapiña, según una costumbre referida por las fuentes antiguas. A pesar de los intentos realizados, no se pudo localizar la necrópolis.Taracena se dedicó intensamente al estudio y a la clasificación de la cerámica celtibérica pintada hallada en las excavaciones, distinguiendo tres estilos diferentes con cronología diversa. La cerámica del primer estilo es de barro blanco, de perfiles suaves y con decoración policroma de motivos ingenuos y expresionistas, correspondiente a los comienzos del celtiberismo. La cerámica del segundo estilo es de barro rojo, de pintura policroma y de perfiles más duros, predominando una fauna monstruosa y un fuerte barroquismo correspondiente al apogeo del arte celtibérico. La cerámica del tercer estilo es de barro rojizo, pintura negra y perfiles angulosos, con una decoración que practica el horror vacui, estando presente la figura humana. Otros objetos arqueológicos hallados consistieron en bolas de barro, fíbulas de bronce y hierro, armas diferentes, diversos útiles, cerámica tipo Clunia de época romana imperial, terra sigillata y monedas del s. I a. C. hasta el s. IV d. C. También fueron localizados por Schulten los campamentos, los cuarteles y algunas villas romanas. Schulten, en su excavación, pudo distinguir varios niveles ibéricos, otros ibero-romanos y otros romanos.
González Simancas, que realizó las excavaciones desde 1913 hasta 1923, sacó en consecuencia la existencia de dos ciudades celtibéricas anteriores a la fecha de destrucción (133 a. C.), de una ciudad romana destruida en la época de Claudio el Gótico, hacia el 270 d. C., y de otra ciudad romana superpuesta, correspondiente al Bajo Imperio. González Simancas descubrió, al parecer casualmente, cierto número de urnas de incineración, correspondientes evidentemente a una necrópolis situada en la parte noroeste.Wattemberg, desde 1961, hizo algunas excavaciones de tipo exclusivamente estratigráfico en la parte alta de la ciudad, sacando unas conclusiones que no están muy de acuerdo con las teorías anteriormente expuestas. Según él, las plantas de la ciudad presentadas son romanas y posteriores al 133 a. C., deduciendo esta aserción por el sistema urbanístico y por los datos estratigráficos. Su periodización la dividió en cinco fases: la 320-220 a. C.: cerámicas a mano decoradas y algunas a torno; 2a 220-179 a. C.: cerámicas a torno con decoraciones arcaizantes y presencia de algún vaso pintado; 3a 179-133 a. C.: generalización del torno y cerámicas pintadas poco abundantes; 4a 133-75 a. C.: cerámicas de imitación de la campaniense y vasos con pintura arcaizante; 5a 75-29 a. C.: apogeo de la cerámica pintada con abundante’ policromía y con motivos precedentes del tipo Clunia. Según Tito Livio, la población era de 16.000 hab. y, según las deducciones de Schulten, de 8.000.M. PELLICER CATALÁN.
BIBL.: V. la de I, y B. TARACENA, La cerámica ibérica de Numancia, Madrid 1924.
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