Nubes II REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
En la Historia de las religiones. Los dioses celestes y las nubes. Son los dioses celestes los especialmente relacionados con las n., pero de modo distinto. Varios de ellos han quedado reducidos a la condición de deus otiosus "dios inactivo", lejano, apenas sin influjo en la vida de los individuos ni en la historia del pueblo y, por consiguiente, sin culto a no ser en circunstancias extremas: p. ej., Puluga (dios supremo de los andamans, archipiélago asiático), Temaukel (Selkmann, Tierra de Fuego), Nyan Kupon (los tschwis), Anzambe, Nzam, Bas-Ilas, etc. (tribus bantúes), Mawu (pueblos ewe), Ngai (masa¡, junto al Nilo), Tirawa (indios pwni), Kari (los semang de Malaca), etc. Estos dioses celestes de índole monoteísta en pueblos primitivos aparecen como olvidados, porque la gravitación cultual de sus creyentes se ha sentido más atraída por fuerzas sagradas más próximas, ricas de valencia míticas, de ordinario politeístas, e influyentes en diversos aspectos de la vida cotidiana; habitan en las zonas altísimas y limpísimas del cielo azul, sin que de ordinario guarden relación con las n., a no ser en algunos casos, p. ej., Mawu, etc., en los que las n. son en ciertos momentos "su vestido y aderezo caprichoso".En cambio, dicen relación con las n., y muy estrecha, los dioses celestes que, además de ser trascendentes, lejanos, y de habitar "en el éter azul", no se mantienen alejados de las preocupaciones humanas e intervienen activamente en la marcha de los acontecimientos, en general, de acuerdo con un esquema antropomorfista (v. ANTROPOMORFISMO), a veces al servicio de sus pasiones: p. ej., caso de Danae, Zeus y la n. de lluvia dorada y fecundante (Ovidio, Metamorfosis, libro 4). A este grupo de dioses celestes no otiosi, sino "activos", pertenecen los supremos de los indoeuropeos y semitas (v. DIOS II; RELIGIONES ÉTNICO-POLÍTICAS).Las nubes, morada, instrumento y epifanía de las deidades celestes. De los dioses celestes del segundo grupo provienen, como de Zeus, todos los fenómenos atmosféricos: lluvia, nieve, granizo, tempestad, meteoros, arco iris (Homero, Ilíada, 4,493; 12,297; 10,5; 13,796; 4,75; 17,457; etc.), pero sobre todo los rayos-truenos (ib. 8,133; 10,5; etc.) y las n. (ib. 1,511; 16,298; etc.). Es un signo de su poderío. Pero las n., además de instrumentos dóciles a la voluntad de los dioses celestes en un plano meteorológico, son también su morada, escabel de sus pies, aureola de su trono, etc. "A Zeus le correspondió el ancho cielo en el éter y en las nubes" (ib. 15,192), de suerte que su morada y señorío se extiende desde el cielo despejado, la zona luminosa de las alturas adonde no llegan los relámpagos ni la.tormenta ("éter") propio de todo dios celeste, sea otiosus o no, hasta la zona de la atmósfera y tempestades, más próxima a la tierra ("nubes"). Desde ellas interviene en el acontecer terrestre, a veces de modo aparatoso: rayos, truenos, etc.; de ordinario, con influjo beneficioso: lluvia, etc. Como Zeus (Grecia), Júpiter (Roma), etc., Varuna y Mitra (India, Asia Menor, etc.), "dos poderosos y excelsos dueños del cielo" "con nubes de diversos colores se manifiestan con el primer estruendo del trueno y, por un milagro divino, causan la lluvia" (Rig Veda, 5,63,2-5).Las n. son: a) asiento de los dioses celestes y observatorio de las luchas de los hombres (Homero, o. c. 20,150; etc.; Virgilio, Eneida 5,556: Apolo nube sedens, sentado en una n.); a veces lugar del descanso y sueño divinos (Homero, o. c. 3,381); b) instrumento natural para inmovilizar e inutilizar a dioses (ib. 13,521-25), hombres (ib. 21,6-7), cosas (ib. 8,50), etc.; c) medio para ocultarse o, también, para ocultar a los hombres, librándoles de algún peligro (ib. 5,186,345; 14,350; 17,551; Himno a Hermes, 217; etc.); de este modo pueden hacer lo que desean (Zeus-fiera: Hornero, Ilíada, 14,340-55) o intervenir en las batallas sin riesgo alguno (ib. 15,307-11 18,205-206; 21,544-49; etc.).M. GUERRA GÓMEZ.
BIBL.: M. ANCoNA PONCE, La luz y el color como expresión de Zeus, "Helmántica" 17 (1966) 230-235; 265-273; A. DUPONTSOMMER, Nubes tenebrosa et illuminans noctem, "Rev. d’Histoire des Religions" (1942-43) 5-31; M. ELIADE, Traité d’Histoire des Religions, 2 ed. París 1968, 52 ss.; H. LESÉTRE, Nuage, en DB 4,2,1711.
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