Noruega (norge) VII. Historia de la Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Época antigua y Edad Media. Se desconocen los comienzos de la literatura noruega. Del periodo anterior a la introducción del alfabeto latino, que tuvo lugar en los s. XII-XIII, sólo se conserva un grupo de inscripciones rúnicas de valor e intención mágicos. Durante este periodo debió de existir, sin embargo, poesía de metro épico (quizá común a todo el mundo germánico), ya que los poemas de siglos posteriores indican claramente la existencia de una poesía precedente. La más rica y brillante expresión de la antigua literatura nórdica fueron las sagas (v.), eddas y poesía escáldica (v.). El elemento noruego en ellas es importantísimo. Es posible que algunas de las eddas sean noruegas. La corte noruega fue centro de la poesía escáldica y en parte de la saga. La primera prosa y poesía noruegas fueron religiosas, puesto que el arte de escribir se introdujo con el cristianismo. La prosa (sagas de santos, apóstoles o la Virgen), fue abundante, pero sin imaginación ni originalidad. Entre los poemas religiosos el más notable fue Draumkvxde (Sueño balada) ca. 1300, especie de pequeña Divina Comedia. Entre la prosa latina no religiosa tienen cierto mérito e interés la Historia Norvegiae (Arnuf?, ca. 1170), y la Historia de Antiquitate Regum Norvagiensium, de Teodoricus (ca. 1180).Durante el s. XIII las traducciones de romances caballerescos europeos dieron a la literatura nórdica una atmósfera más atractiva e internacional, pero le quitaron realismo. La única obra considerable de toda la prosa medieval noruega es Konungs Skuggsja (El espejo del rey), ca. 1250, compuesto quizá para un futuro rey, expresión de los ideales culturales medievales europeos, y magnífico cuadro de la cultura noruega. A los s. XIII y XIV pertenecen también los cuentos (eventyr o sagn), baladas y demás poesía llamada folklórica, que conservada oralmente ha mantenido la continuidad de la literatura noruega.Época de unión con Dinamarca (1397-1814). Durante esta época, la cultura noruega estuvo estrechamente unida a la danesa. Por una parte el danés se impuso cada vez más (sobre todo desde 1537 con el uso obligatorio de la Biblia danesa), llegando a ser la lengua oficial y literaria; por otra parte, Copenhague con su Universidad se convirtió en la capital cultural. En el s. XV, N. alcanzó su más bajo momento político, económico y cultural; hacia la mitad del s. XVI, la actividad literaria comenzó a reanudarse con A. Pederssün Beyer (1528-75) y P. Claussün Früs (1545-1614), después de siglos de silencio casi total. Durante el s. XVII los dos autores noruegos más importantes fueron Petter Dass y Ludvidg Holberg (v.), "el Moliére del Norte". Petter Dass (1647-1707) fue el poeta de la vida diaria noruega, a pesar de su sólida formación intelectual. Nordlands Trumpet (El clarín del norte) 1678-1700, su obra principal, es una descripción viva e imaginativa, con energía y humor, de la vida en el Norte del país. Durante la segunda mitad del s. XVIII, hubo pocos talentos literarios en N. (sólo la obra de Ch. B. Tullin, 1728-65; J. N. Brun, 1745-1816, y J. H. Wessel, 1742-85, tienen cierto mérito); pero el interés cultural y la conciencia nacional fueron en aumento. Se fundó la Real Soc. Noruega Científica (1760), la Soc. Noruega en Copenhague (1772) y la Universidad en Oslo (1811).Época de Wergeland. La época entre 1814 y 1850 aprox. estuvo dominada por la personalidad colosal de H. Wergeland (v.). Durante esos años, N. despertó de casi seis siglos de letargo. Los problemas de toda índole que se le plantearon llegaron a creerse insolubles (v. VI). En el terreno cultural surgió la interesantísima cuestión de crear y encauzar una cultura genuinamente noruega. Las profundas diferencias acerca de esta cuestión, envolvieron a las dos personalidades mayores del momento, Wergeland y J. S. Welhaven (1807-73), en una violenta controversia. Wergeland con sus "patriotas" abogaba por una ruptura cultural, lo más completa posible, con Dinamarca; Welhaven, convencido de que tal ruptura era imposible, defendía una actitud más fría, intelectual, controlada y consciente tanto en la vida como en el arte. En esa época, la literatura noruega estaba aún en desventaja en relación con los otros países germánicos.Romanticismo. El periodo realmente romántico es el comprendido entre 1845 y 1850. La literatura fue a la vez romántica y profundamente nacionalista. El sentimiento de un renacer nacional caracteriza al periodo. Un interés inusitado se despertó por toda clase de temas nacionales (con los que además se trata de unir los periodos culturales del país), intentándose la creación de un idioma propio. Expresión típica de esta época son las colecciones de cuentos populares noruegos (Norsk folkeeventyr), 1841-44, de P. Ch. Asbjornsen y J. E. Moe, las colecciones de poesía y música folklóricas de M. B. Landstad (1802-80) y L. M. Lindeman, la obra del historiador P. A. Munch (1810-63), que reafirmó el nacionalismo popular, y la del lingüista I. Aasen (1813-96). La literatura noruega romántica no tuvo gran genialidad, pero inspiró a los periodos siguientes. A ella pertenece también el primer poeta lírico A. O. Vinje (1818-70).Los a. 1850 fueron de tránsito en muchos sentidos; un escepticismo con relación a todo lo rural se puso de moda, el público general estuvo más interesado en problemas materiales o económicos que en literatura, y ya en 1855 se escribió la primera novela realista. Amtmandens ddttre, Las hijas del gobernador, de C. Collett, (seudónimo de C. Wesgland, 1813-95), que preparó el camino al realismo de los grandes escritores de 1870-90.Realismo y naturalismo. A partir de 1870 la literatura noruega alcanzó plenitud, variedad, abundancia e influencia mundial, especialmente con H. Ibsen (v.). Al periodo 1870-90 pertenece casi por completo la obra de "los cuatro grandes"): H. Ibsen, B. Bjornson (v.), J. Lie (v.) y A. Kielland (1849-1906) junto con la de H. Jeager (1854-1910), A. Skram (1846-1905) y A. Garborg (18511924). Durante la década 1870-80, la corriente realista iniciada con C. Collett afectó profundamente al drama y a la novela. En el decenio siguiente el naturalismo tuvo su máxima expresión en A. Skram (seguido por A. Garborg), y el problema sexual originó violentas controversias con H. Jeager sobre todo. Todos los autores de estos años, influidos por Ch. Darwin (v.), el positivismo de A. Comte (v.), el liberalismo de G. Brandes (v.) y el desarrollo industrial, se interesaron vivamente en los problemas sociales e individuales. Su literatura está marcada por un énfasis liberal e individualista que explica su lucha por la democracia y la libertad política, y sus ataques a la autoridad establecida o instituciones consideradas inconmovibles. A pesar de su tendencia crítica y polémica, agudizada en 1880-90, estos autores no eran negativos; la base de su actitud era en el fondo una visión idealista de la vida.
Neorromanticismo. Alrededor de 1890, la literatura presenta en parte un nuevo espíritu caracterizado por sus tendencias románticas, interés psicológico, insistencia en lo artístico y abandono de lo general por lo particular, buscando lo individual que se creía más interesante. El cambio fue repentino, aunque no sin larga preparación. El naturalismo, positivismo y materialismo fueron atacados; las ideas debían dar paso a la importancia de la psicología y valores artísticos. El arte no se podía limitar a la realidad externa y al énfasis en la realidad; objetividad científica e individualismo fueron sustituidos por la expresión del temperamento del artista creándose el impresionismo y más adelante el expresionismo. La gran influencia de Nietzsche (v.) fue negativa cuando la teoría del superhombre se mezcló con las interpretaciones de Darwin y los prejuicios extremados, resultando una glorificación de los instintos primitivos y un credo de odio. En la nueva literatura se abandonan los problemas sociales y la ciudad por descripciones rurales o de la Naturaleza. La prosa impersonal realista se sustituyó por formas más personales y la poesía lírica floreció con vigor. A la nueva generación pertenecen entre otros los poetas N. Collett Vogt (1864-1937), S. Obstfelder (18661900), el dramaturgo G. Heiberg (1857-1929) y los novelistas H. E. Kinck (v.) y K. Hamsun (v.).Siglo XX. A raíz de la independencia la literatura presenta un espíritu más optimista; en el periodo entre las dos guerras europeas, una época de animado debate, mayor público y más traducciones; un periodo de silencio casi total durante la ocupación alemana (aunque secretamente siguiera activa), y una superabundancia en los años inmediatos a 1945. La literatura de este siglo es principalmente de novela y poesía (en drama sólo G. Heiberg, N. Grieg y H. Krokh tienen algún mérito). La novela volvió en las primeras décadas a lo social, a la ciudad (donde aparece el proletario), y a antiguas técnicas realistas (aunque continuará su interés por lo rural e introspectivo); alrededor de 1920 siguió su marcada tendencia regionalista (escribiéndose en dialecto) y el interés social aumentó. Después de la guerra, se siguieron las técnicas modernas y las antiguas, y también ella misma sería fuente de inspiración. Poesía y ensayo siguen brillantemente casi la misma línea que la novela. Al s. XX pertenecen los novelistas: V. Krag (1871-1933), G. Scott (1874-1958), P. Egge (1869-1959), J. Bojer (n. 1872), S. Hoel (1890-1961), J. Falkberget (n. 1879), O. Braaten(1881-1939), O Duun (1876-1939) y S. Undset (v.); y los poetas H. Wildenvey (1886-1959), O. Bull (1883-1933), A. Overland (n. 1889) y H. Krog (1889-1962). Desde 1945, T. Vesaas (n. 1897), C. Sandel (seudónimo de Sara Fabricius, n. 1880) y J. Borgen (n. 1902) son importantes.
V. t.: VI.M., A. AMBROSIO DE FALKENBERG.
BIBL.: R. OKSNEVAD, Norsk litteraturhistorik bibliografi, Oslo 1951; F. BULL, Norsk litteratur Historie, Oslo 1958; T. JORGENSoN, History of Norwegian Litterature, Nueva York 1933; H. BEYER, Literatura noruega, Barcelona 1931.
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