Noemática REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
1. Nociones previas. Es la parte del tratado de Hermenéutica bíblica (v.), que estudia la cuestión del sentido de la S. E. Etimológicamente procede de la voz griega nóéma (inteligencia, reflexión, sentido designio). Se entiende por sentido la noción o conjunto de nociones que un autor expresa, o intenta expresar, en un texto; también la síntesis nocional que un determinado conjunto de libros, de uno o varios autores, expresa en su totalidad. Desde este aspecto puede ya hablarse de sentidos particulares, relativos a cada texto, y de sentido general o total, relativo al conjunto. El sentido de un texto o colección de textos tiende a ser uno, mientras que los significados de cada palabra pueden ser varios, considerada la palabra en sí misma; pero el significado de una palabra en un contexto determinado, también tiende a ser uno. El objeto de la N. es el estudio del sentido, no de los significados, aunque haya que atender a éstos para alcanzar el recto entendimiento de aquél.Que el sentido de un texto literario tienda a ser uno no quiere decir que éste se descubra siempre con facilidad. Según la índole del escrito, puede haber como sucesivas capas en profundidad. Esto no implica propiamente diversos sentidos, sino más bien diversos niveles de sentido, los cuales se relacionan mutuamente, a partir del más obvio y patente, pero que constituye el punto de partida para el acceso a los demás.Un ejemplo, tomado de una obra pictórica, nos aclarará lo dicho acerca de la obra literaria. Supongamos que nos detenemos ante el "Cuadro de las lanzas" de Velázquez. Un espectador no perito se dará cuenta que representa la entrega de unas llaves -símbolo corriente de rendición de una ciudad- de un jefe militar a otro, rodeados respectivamente de sus tropas. También fácilmente el espectador se informa que el lienzo representa la histórica rendición de la plaza francesa de Breda a las tropas españolas mandadas por. el general Spínola. Todo esto constituye un primer nivel dei sentido, sentido obvio que se ha expresado mediante los elementos pictóricos: figuras de guerreros, paisaje, ciudad al fondo, composición y colorido. Trasladado a una obra literaria, este primer nivel es lo que suele llamarse sentido literal, que es el que se desprende, de modo obvio, de los elementos lingüísticos y de las circunstancias ambientales del escrito. Tal sentido literal se da en todo textoliterario, sea profano o religioso, y es el primer nivel que se alcanza.Pero con frecuencia, ese primer nivel no es el único intentado por el autor. Volvamos al lienzo. Alguien puede considerar los sentimientos caballerescos del general Spínola hacia su adversario vencido, sentimientos expresados por las actitudes de las figuras de ambos jefes. Es decir, Velázquez, sin duda quiso expresar también la magnanimidad y humanidad del vencedor hacia la valentía del vencido, de modo que ambos, finalizada la noble lucha, están carentes de toda manifestación de odio o enemistad. En los textos literarios, también es corriente que, detrás de los nuda Jacta, los "hechos desnudos" del primer nivel del sentido literal, se encuentre también otro, más profundo, que el autor ha pretendido, y que está a la vez expresado y velado por el primer sentido más superficial y obvio.Finalmente, es probable que Velázquez quisiera expresar un tercer nivel de intencionalidad, que desborda el ámbito concreto del cuadro para constituirse en paradigma: las actitudes nobles, valerosas, humanitarias de ambos militares deben ser un ejemplo para todos: reconocimiento de la dignidad del vencido por parte del vencedor, y buen perder de aquél, que se sobrepone a la humillación de la derrota. En este sentido el cuadro trasciende los límites de lugar y tiempo, para adquirir un valor más universal.¿Puede hablarse de tres sentidos distintos? Parece que más bien hay que hablar de diversos niveles de un mismo sentido, a lo más, de varios sentidos entre sí conexos y apoyados en el primer sentido más obvio, que suele llamarse literal o histórico.Sin embargo, cuanto más profundizamos en el sentido, al mismo tiempo que alcanzamos mayor trascendencia y universalidad en sus valores, también corremos mayores riesgos de aplicar al autor las propias ideas. Por ello, la investigación de las capas profundas del sentido, debe someterse,. a unos principios hermenéuticos que garanticen, lo más objetivamente posible, el acceso al sentido que el autor quiso dar y de hecho dio a su texto, y no hacer decir a éste lo que el intérprete se imagina (v. HEURÍSTICA BÍBLICA). En la práctica viva de la Iglesia, se tiende a observar un justo medio, que evite las dos exageraciones extremas: de un lado, el subjetivismo incontrolado de cada lector, en el que ha caído frecuentemente la exégesis protestante, como consecuencia, entre otras cosas, de su principio del libre examen de la Biblia; de otro, la oclusión a los carismas del Espíritu Santo, de consecuencias esterilizantes en la vida de la Iglesia. En este aspecto hay que tener en cuenta que, de hecho, muchos santos y doctores, han enriquecido la vida cristiana con penetraciones verdaderamente vitalizantes y ciertas en el sentido de la Escritura; el Magisterio, en todo caso es el juez supremo y auténtico que juzga implícita o explícitamente las interpretaciones de los fieles, mediante un carisma, que le es propio.2. El sentido profundo de la Biblia. Hasta aquí nos hemos referido a todo género de escritos. Pero el objeto de nuestro estudio es el recto acceso al sentido de la S. E. En ella nos encontramos con dificultades hermenéttticas más graves y más profundas que en cualquier género de escritos, por razón de su naturaleza divinohumana (v. BIBLIA III). En efecto, en cuanto que la Biblia es una colección de libros que escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo tienen a Dios como autor principal (v. BIBLIA I, 1), es decir, en cuanto que la Biblia ha sido escrita no sólo con las fuerzas humanas, sino principalmente bajo la acción divina del carisma de la inspiración, se sigue que no puede ser rectamente entendida, en sus niveles más profundos de sentido, si no es "con el mismo Espíritu con que se escribió... teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, 12). En otras palabras, el sentido profundo de la S. E. no puede alcanzarse sin la posesión de la entera fe cristiana, ya se trate del A. T. como del N. T.En cuanto al primero, porque la revelación inacabada que allí se consignó por escrito no alcanza su claridad y sentido profundo sino a la luz del cumplimiento en el N. T. de los vaticinios y figuras del A. T. Es más, todo el A. T. viene a ser como una amplia profecía y figura (typos) del N. T., como una sombra que procede e indica la inmediatez de la realidad, pero que no es la realidad misma. De aquí que el profundo y auténtico sentido del A. T. sólo puede verse a la luz de la fe cristiana; "... Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras" (Le 24,44-45). Estas palabras de Jesús Resucitado son bien reveladoras y precisas: el A. T., en su sentido más profundo, no puede ser entendido sin la luz de la fe cristiana, virtud sobrenatural infusa, correspondida por el hombre mediante la apertura a ella del acto de fe. La misma perspectiva expresa S. Pablo, hablando de la incapacidad de los judíos no convertidos para entender el A. T.:"...Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del A. T. El velo no se ha descorrido, pues sólo en Cristo queda destruido. Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones. Cuando se hayan convertido al Señor, entonces caerá el velo" (2 Cor 3,14-16).En cuanto al sentido profundo delN. T. hay que decir algo parecido: no puede alcanzarse sin la posesión del mismo Espíritu con que se escribió: "Nadie puede decir ¡Jesús es Señor! sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). Más allá del campo limitado de la visión humana, la fe descubre el sentido profundo del N. T. Pero, para evitar ilusiones engañosas, todo intérprete deberá mantenerse en sincera y humilde comunión con la Iglesia y sus enseñanzas, pues en la Iglesia ha prometido Jesucristo estar presente y actuando hasta la consumación de los siglos (cfr. Mt 28,20), garantizándole el don del Espíritu que enseña la verdad (cfr. lo 16,13). Por lo cual, el sentido auténtico y profundo de la S. E. se encuentra en la Iglesia, que ha tenido y tiene, como custodio e intérprete de la Biblia, el sagrado depósito de su sentido. La multisecular Tradición de la Iglesia, en cuyo seno se escribió la S. E., por medio de los escritos de los Santos Padres, de los documentos del Magisterio eclesiástico, y de las agudas enseñanzas de los santos doctores, cuyas mentes también abrió Dios para utilidad del pueblo cristiano, ofrecen al lector e intérprete el camino de la investigación del sentido profundo de la Biblia: esa rica cantera de la Tradición, es una ayuda providencial, no una traba, para acceder a lo que realmente consignaron los autores divinamente inspirados del N. T.3. La cuestión de los sentidos de la Biblia. a) Cristo y los Apóstoles. Un episodio de la vida de Jesús, que recoge Le 4,16-21 nos proporciona una muestra de cómo Jesús entendió y enseñó el sentido del A. T. El relato dice así: "Vino a Nazaret..., y entró en la sinagoga eldía de sábado... Le entregaron el libro del profeta Isaías, y... halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva (Evangelio)... Enrollando el volumen..., comenzó a decirles. Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy".S. Lucas no especifica la exégesis particularizada de Jesús, pero del contexto de todo el N. T. podemos reconstruir sus líneas de fuerza. La idea fundamental es que el Antiguo Testamento se ha cumplido (verbo pleroün) en Jesús. Los tiempos se han cumplido (Me 1,15), porque en Jesucristo se cumple todo (Joh 19,30). En los diversos acontecimientos de la vida de Jesús se cumplen las profecías y los episodios del A. T.: cfr. Mi 1,22; 2,15.17.23; 4,14; 8,17; 13,35; 21,4; 26,54; 27,9. Todo ello quiere decir que el sentido profundo del A. T., no sólo de las profecías mesiánicas, sino de la Ley y de la historia sagrada, no se puede alcanzar sin Jesucristo.S. Pablo, distinguirá en la Escritura la letra y el espíritu (2 Cor 3,45; Rom 2,29; 7,6). Letra significa para S. Pablo el sentido de la Escritura a la luz de la fe en Jesucristo. Este espíritu o sentido no es perceptible" sino dentro del ámbito de la fe y bajo la noción del Espíritu divino. Para S. Pablo, el A. T. contiene las figuras, typoi, que no sólo preanunciaban a Cristo, sino que también significaban oscura y previamente la historia evangélica (cfr. Col 2,17; 1 Cor 10,6.11; Rom 5,14; etc.).La epístola a los Hebreos usa mayor riqueza de vocabulario: typos, antitypos, hipodeigma (reproducción), skia (sombra) parabolé (parábola o símbolo). Pero expresa la misma concepción: el A. T., todo él, sus episodios, personajes, profecías, etc., son un preludio y preanuncio de lo que es la realidad verdadera: Jesús y la historia evangélica.Un trozo del discurso de S. Pablo a los judíos de Pisidia, puede ser otro ejemplo del sentido del A. T. para los Apóstoles: "Hermanos, hijos del linaje de Abraham...: a nosotros fue enviado el mensaje de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus príncipes no le reconocieron (a Jesús) y, al condenarle, se- cumplieron las palabras de los profetas, que se leen cada sábado; pues sin haber hallado causa alguna de muerte, pidieron a Pilato que le hiciese morir. Y así se cumplieron todas las cosas escritas acerca de Él... Nosotros os anunciamos la promesa hecha a los padres. Porque Dios la cumplió con sus hijos, con nosotros, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo" (Act 13,26-33).Jesús y sus apóstoles fijaron, pues, definitivamente los principios básicos de la exégesis cristiana: Cristo es la clave de la Escritura, tanto del A. T. que está orientado hacia Él, como del N. T. que nos lo muestra en su realidad. Este principio se sitúa por encima de cualquier análisis racional de los textos, orientando tal análisis, juzgándole de la idoneidad de su aplicación y de su certeza y liberando al intérprete de toda miopía exegética basada puramente en la letra. La exégesis de todos los tiempos, para ser verdaderamente cristiana deberá conseguir que su esfuerzo y sus medios auxiliares humanos, la razón, queden informados y vitalizados por el espíritu, por la fe.b) La exégesis patrística. En tiempo de Cristo y de los primeros años de la era apostólica, la S. E. era sólo el A. T., por la sencilla razón de que el N. T. se había realizado, pero todavía no se había escrito: no podía ser, pues, objeto de exégesis. No obstante, el sentido cristiano del N. T. como acontecimiento estaba ya dado por Cristo y sus apóstoles. Sólo restaba hacer la aplicación exegética a los libros que comenzaban a escribirse. Sin embargo, este aspecto suscitará nuevos problemas teológicos y exegéticos, derivados de las controversias con paganos, judíos y herejes y de la confrontación de una fe que, en la reflexión sobre sí misma, irá utilizando la dinámica de la razón humana y de la cultura de cada época.Surge así en la edad patrística la cuestión de los sentidos de la Sagrada Escritura, cuestión que se irá ampliando y perfilando cada vez más. El principio seguirá siendo el ya dado por Cristo y los apóstoles. Pero la sencillez del principio se irá complicando y revistiendo de categorizaciones, en las que gravitan las diversas cargas culturales. De este modo, la bipolaridad paulina letra y espíritu se recarga de nuevas tensiones: al espíritu como sentido de la Escritura, se asocia una exégesis tipológica y alegórica especialmente por parte de la escuela catequética de Alejandría. Según ésta el principio paulino del espíritu se aplica a cada texto, frase y palabra de la S. E. Se llega así a las exageraciones del método alegórico, en que se pretende buscar en cada frase o palabra, tanto del A. como del N. T., una alegoría espiritual ística. P. ej., los cinco talentos de la parábola de Mt 25,14-23 serán los cinco sentidos corporales; los dos talentos serán el intelecto y la capacidad de las obras externas. Contra esta tendencia alegorizante reaccionará la tendencia literalista: esta corriente, preponderante en la escuela de Antioquía, defenderá la búsqueda del sentido literal, entendiendo como tal el que resulta de las palabras, frases y periodos, según la manera obvia de entender cualquier escrito. Según esto, en la parábola de los talentos, éstos significan ante todo eso monedas de gran valor.Ya los grandes escritores patrísticos vieron el problema: junto a un sentido obvio y verdadero, el literal, llamado también histórico y corporal (somático), apreciaban una mayor profundidad en muchos textos: sentido espiritual, llamado también y por diversos matices, alegórico, simbólico, típico. Aún se añadía a ambos un tercer sentido que se ordenaba directamente a la finalidad específica de cada texto: si éste era de género predominantemente moralizante, se le designaba sentido tropológico; si el pasaje constituía una especie de anuncio de las realidades celestiales, se le llamaba anagógico.Los Padres tienden, pues, a captar el contenido de los textos bíblicos dentro de una exégesis esencialmente doctrinal y ascética y conforme con la tradición que le precede. El problema de los sentidos está normalmente presente y de manera intensa, y guiados por su espíritu de fe y por las necesidades de la Iglesia, consiguen penetrar profundamente en el sentido o sentidos de las Escrituras. Ayudarán a la reflexión ciertos medios tomados del arte retórico helenístico y de la filología e historia, aunque todavía no sistematizados. En posesión por la fe del sentido total de las Escrituras, la exégesis patrística desplegará un gran ingenio y no menor piedad en penetrar en el sentido y contenido de cada texto de la Biblia.c) La exégesis escolástica. La cuestión de los sentidos de la Escritura pasó a la Escolástica medieval. Desde los escritos patrísticos posteriores se advertían dos concepciones o clasificaciones principales: según una, en los textos bíblicos pueden detectarse tres sentidos. Según la otra cuatro. La concepción tripartita parece habersido la más generalizada, pero discurriendo paralela con la cuatripartita a lo largo de siglos. La Tradición escolástica latina resumió en un pareado la división cuatripartita:"Littera gesta docet, quid credas allegoria, moralis quid agas, quo tendas anagogia".En el s. XII tenemos ya muy elaborada la teoría de los sentidos, p. ej., en Hugo de S. Victor. En la segunda mitad del s. XIII, S. Tomás sintetizará con su habitual claridad la cuestión y definirá el concepto de cada uno de ellos. S. Tomás fue un decidido defensor del sentido literal frente a todas las exageraciones místicas, alegóricas y acomodaticias. Ante todo establece dos órdenes de hechos que, sin embargo, están estrechamente relacionados entre sí (cfr. Sum. Th. lq la10; Quodl. VII, a.14,1516). De un lado, el Espíritu Santo habla claramente en los textos de la S. E. y se expresa por medio de las palabras y construcciones del lenguaje humano: es el sentido literal. Para S. Tomás este sentido existe siempre, es el único seguro sobre el cual el teólogo puede fundamentar científicamente sus argumentos y no puede contradecirse con ninguna otra interpretación de la Biblia. Puede ocurrir que, por impericia humana, este sentido literal sea algunas veces difícil de alcanzar, pero a su captación debe concentrarse, en primer lugar, el esfuerzo del intérprete. De otro lado, las verdades contenidas en la Biblia pueden tener también, sin oposición al sentido literal, una significación simbólica. El Doctor Común da dos razones: 1) Las cosas de aquí abajo pueden ser símbolos de las de arriba. 2) Los episodios de la historia del A. T. pueden haber sido dispuestos por Dios, dueño de esa historia, con vistas a preanunciar las realidades del N. T. En todo caso, esta significación simbólica, á la que llama genéricamente sentido espiritual, se encuentra contenida en el sentido literal, bien en el mismo pasaje en cuestión, bien en otros. La colación de unos con otros pasajes adquiere así una importancia capital en la exégesis bíblica; es el principio que podría llamarse de la analogía de la fe bíblica. Pero siendo esto así, para S. Tomás no hay ninguna verdad contenida en el sentido espiritual que no se halle también en el literal. Aquí fundamenta el Aquinate su aserción de que sólo el sentido literal pueda emplearse válidamente en la argumentación teológica y que sólo él baste para conocer todo lo que Dios ha querido revelar en la Escritura.S. Tomás resume la tradición de los sentidos de la Biblia, haciendo las siguientes distinciones. El sentido literal se subdivide en propio cuando designa sus objetos sin recurrir a las figuras del lenguaje; y literal impropio, cuando recurre a figuras literarias, como la comparación, metáfora, parábola, alegoría, etc. En este aspecto, el sentido literal impropio puede llamarse también figurado. A su vez, el sentido espiritual, en cuanto se le aplica a consideraciones diversas, puede subdividirse en: típico, en cuanto las cosas del A.T. preanuncian la del N. T.; tropológico, cuando se aplica la S. E. a la orientación y reglamentación de la conducta moral; anagógico, cuando se refiere a la consumación celeste de las cosas de aquí abajo; en fin, puede hablarse también de un sentido místico.Hay que observar que la distinción fundamental tomista entre sentido literal y sentido espiritual, no obstante la semejanza verbal, no es correlativa a la letra y el espíritu de la bipolaridad paulina. Para S. Tomás, el sentido literal implica la inteligencia cristiana del A. T., es decir, una interpretación de la Escritura "según el espíritu", que no se contradice con el esfuerzo de la razón por entender el texto. Lo más difícil de difinir es el concepto que el Aquinate quería designar por sentido espiritual. En éste parece que hay que incluir ciertos aspectos de la interpretación tipológica de la Escritura; pero lo que la tipología tiene de inteligencia del A. T. a la luz del Nuevo, parece que el Santo lo incluye en el sentido literal.4. La cuestión de los sentidos de la Biblia en la exégesis actual. El impulso que el Renacimiento da a las ciencias humanas repercute en la interpretación de la Biblia. Especialmente el desarrollo de la crítica histórico-literaria tiene sus aplicaciones a los textos sagrados. Pero los nuevos métodos histórico-críticos no hicieron olvidar la vieja cuestión de los sentidos de la S. E., por el contrario, la cuestión se ha mantenido hasta el día de hoy como una de las fundamentales de la hermenéutica bíblica. Así ha llegado a constituir la Noemática uno de los tratados de la ciencia de la interpretación. Por su parte, el Magisterio de la Iglesia ha tenido intervenciones, desde el Conc. de Trento hasta nuestros días, siendo particularmente importante la Ene. Divino af flante Spiritu de Pío XII (1943).5. El sentido literal de la Biblia. S. Tomás, en su síntesis especulativa, estableció una definición y clasificación de los sentidos bíblicos. La doctrina tomista, permanece sustancialmente vigente en teología católica y ha recibido reiterada homologación por el Magisterio eclesiástico. La enseñanza fundamental de S. Tomás consiste en la destacada relevancia que atribuye al sentido literal, el que fluye más objetivamente de los mismos textos a la luz de todo el discurso general cristiano.En los últimos tiempos se ha podido llegar a un consensus, por el cual se acepta que el sentido literal es el que responde a la intención del autor. Las frases, párrafos o palabras de un libro tienen un sentido, que se identifica con la intención del que los ha escrito. Tal sentido se enmarca y debe investigarse en el contexto más amplio del pensamiento y de la personalidad de ese determinado escritor, que vivió en unas circunstancias religiosas, culturales, históricas determinadas y quiso expresar unos juicios. Completamente secundario es que los vocablos estén usados en su significación propia o en una acepción metafórica (p. ej., "éste es el cordero de Dios" lo 1,29); en ambos casos se trata de verdadero sentido literal, llamado respectivamente propio o impropio, pero sustancialmente del mismo valor. La diferencia entre el concepto de sentido literal en la actualidad y en la teología de S. Tomás estriba en que para éste dentro del literal se incluye, con mayor o menor claridad, otras capas del sentido que los tratadistas actuales suelen clasificar más bien dentro del ámbito de los sentidos típico o plenior (de éstos hablaremos en seguida). La dificultad de llegar a un consensus preciso entre los teólogos (ya sea entre antiguos y modernos, o incluso modernos entre sí) radica en la índole misma de la S. E., que como hemos visto (v. BIBLIA III) es toda ella obra conjunta de dos autores, Dios y el hagiógrafo. Como el autor humano es respecto de Dios instrumento def iciens, imperfecto, no siempre alcanza a entender, en toda su profundidad y trascendencia, lo que Dios quiso que escribiera. Así, pues, las posiciones de los teólogos varían de matiz, según entiendan el principio general hermenéutico de que el sentido de un texto es el que su autor ha querido expresar mediante el lenguaje que ha usado: si cuando hablamos de autor, entendemos a Dios y al hombre conjuntamente, entonces el sentido literal implica todos los niveles auténticos de significado: tal parece ser la noción de S. Tomás. Si, por el contrario, entendemos por autor sólo al hagiógrafo, entonces hay la posibilidad de que Dios haya querido expresar algo que excedía la capacidad intelectiva del hagiógrafo en el momento concreto de la historia de la revelación en que dicho hagiógrafo escribía. De este modo, muchos autores modernos proponen reservar la fórmula sensus plenior, sentido más pleno, o simplemente sentido pleno, para ese nivel más trascendente que está en la intención del autor divino de la Escritura, pero no fue alcanzado plenamente por el autor humano.Podemos decir que la teología actual de la inspiración bíblica ha ido reafirmando los principios sistemáticos de S. Tomás. Su base especulativa fundamental, que fue la aplicación de la teoría de la causalidad instrumental a la explicación de la naturaleza de la inspiración bíblica, sigue,siendo, y cada vez con mayor firmeza, la clave de la reflexión teológica acerca del dato dogmático y de sus conclusiones. Tal principio se aplica con toda validez a la investigación del sentido literal. En efecto, por el carisma de la inspiración bíblica, Dios a los hagiógrafos "de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieran rectamente todo y sólo lo que Él quería, y lo quisieron fielmente escribir, y lo expresaron aptamente con verdad infalible" (León XIII, Ene. Providentissimus Deus 1893, EB n. 125; Documentos Bíblicos n° 121). Por tanto, siendo el hagiógrafo instrumento inteligente de la revelación escriturística divina, para saber qué es lo que Dios nos quiso decir en ella, lo primero que hay que investigar es qué es lo que el hagiógrafo quiso expresar y de hecho expresó por sus propias palabras, escritas bajo el carisma inspirativo.El Magisterio de la Iglesia, repetidamente, se ha pronunciado por esta relevancia primordial de la investigación del sentido literal, sin entrar en la distinción de matiz del llamado sensus plenior. Así, Pío XII, en la Ene. Divino afflante Spiritu (EB n° 550, Doc. Bibl. n° 635) decía: "tengan ante los ojos los intérpretes que, como la cosa principal de todos, han de procurar distinguir bien y determinar cuál es el sentido de las palabras bíblicas llamado literal. Sea este sentido literal de las palabras el que ellos averigüen con toda diligencia". De igual modo, Benedicto XV, en la Ene. Spiritus Paraclitus: Debemos, ante todo, fijar nuestra atención en la explicación literal o histórica (EB no 485; Doc. Bib. n° 534). León XIII, en la Ene. Providentissimus Deus (EB n° 112; Doc. Bib. n° 108) recuerda "el sabio precepto düdo por San Agustín: `No apartarse en nada del sentido literal y obvio, como no tenga alguna razón que le impida ajustarse a él’".6. La cuestión del "sensus plenior". Los modernos llaman sensus plenior al sentido que, estando de alguna manera contenido en las palabras, ha sido intentado por Dios, pero no por el hagiógrafo, que no lo conoció o sólo lo conoció de modo vago y confuso. Este sentido "plenior" se aplica sólo a los hagiógrafos del A. T. La existencia del sentido plenior es aceptada hoy día por la mayor parte de los teólogos católicos; pero existe también una minoría que no lo admiten como auténtico sentido bíblico. El Magisterio no se ha pronunciado de modo explícito sobre la cuestión. Conectado con el problema de la existencia del sentido plenior está el de la terminología. Algunos teólogos sostienen que no existe un sentido plenior propiamente hablando, porque no fue conocido por los hagiógrafos del A.T. y, por tanto, no habría sido inspirado en el A. T. Sin embargo, puesto que Cristo, los apóstoles, los hagiógrafos del N. T. y el Magisterio de la Iglesia, reconocen en el A. T. una significación plenamente conocida sólo a la luz del Evangelio, parece que habría que decir que ese sentido ha sido inspirado en el N. T. Podría, pues, ser llamado sentido evangélico o algo parecido.Un ejemplo podrá aclarar la cuestión. Pío IX en la Bula Inefabilis Deus afirma que en el pasaje de Gen 3,15 "pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya", fue preanunciado (praemonstratum) el Redentor misericordioso del género humano, es decir, el Unigénito Hijo de Dios Cristo Jesús y designada (designatam) su Bienaventurada Madre la Virgen María. Según, pues, la interpretación auténtica del Magisterio, hay que ver ese sentido en el pasaje citado del A. T. Pero: 1) el hagiógrafo veterotestamentario ¿conoció claramente el vaticinio que salía de sus propias palabras?; 2) examinado el texto sólo en sí mismo y en sus circunstancias históricas ¿podría llegarse a tal explícita conclusión? Parece que hay que responder negativamente a ambas cuestiones. Entonces el sentido mesiánico y mariológico de Gen 3,15 sólo es manifiesto a la luz del N. T. Para algunos, ese sentido no fue revelado en el A. T. y, por tanto, no es sentido bíblico en él, sino en el N. T. Para la mayor parte de los teólogos católicos se trata, en cambio, de un caso particularmente significativo de sentido plenior: fue intentado por Dios, autor divino; no fue conocido, o sólo muy oscuramente, por el hagiógrafo veterotestamentario; ha sido conocido a la luz de la revelación del N. T., que es cumplimiento y plenitud del A. T. Para su recta interpretación no son suficientes las reglas racionales de interpretación, sino que han sido necesarios el sentido del espíritu paulino, es decir, los principios de la interpretación cristiana de la Escritura (analogía de la fe, consensus de los Padres y de la Tradición, enseñanza del Magisterio de la Iglesia). Pero, no obstante, es un verdadero sentido de la Biblia, un sentido profundo, pleno, querido por el autor divino, aunque conocido, todo lo más, muy oscuramente por el autor humano.Finalmente, respecto de que ese sentido, plenior o evangélico, haya que incluirlo en el literal o fuera de él, también discrepan los autores. Pero la mayoría de los teólogos lo consideran sentido literal plenior. En su ayuda puede invocarse la doctrina de S. Tomás sobre el sentido literal, haciendo una distinción que no aparece explícitamente en el Aquinate, pero que es más congruente con su mente. Es la siguiente. Cuando S. Tomás aplica la teoría de la causalidad instrumental al carisma inspirativo, debió hacerlo necesariamente de una manera analógica, no unívoca, puesto que no se puede predicar de Dios lo mismo que se predica de los seres y fenómenos naturales "según todo respecto y según la misma razón" (sub omni respectu et secundum eandem rationem). Así, pues, el hagiógrafo tiene una potencia obediencia! para servir de instrumento a Dios en la revelación escriturística; si se tratara de una acción natural, el hagiógrafo tendría que ser absolutamente apto, consciente, lo mismo que Dios, de todo el alcance de cuanto dice. Pero S. Tomás afirma y demuestra que la inspiración es un carisma sobrenatural. Por ello, su instrumentalidad es también sobrenatural y, por consiguiente (también lo afirma explícitamente el Santo) el hagiógrafo es instrumento deficiente. Luego, en rigor, no es necesario que el hagiógrafo sea plenamente consciente, igual que Dios, de todo cuanto Dios quiere revelar por medio suyo.Luego, teológicamente es posible el sensus plenior en el A. T., y de hecho, por la interpretación de Cristo, los apóstoles, la Tradición y el Magisterio, parece que hay que afirmarlo, llámesele como se quiera.7. El sentido tipológico. Llamado también típico e interpretación tipológica o tipología, deriva etimológicamente del vocablo griego typos=imagen, figura. Podría definirse el sentido típico como "cosas, personas o acontecimientos, que se mencionan en el A. T. y que, por encima de su significación en la antigua economía, significan anticipadamente las realidades definitivas que en el N. T. habrían de verificarse". Alguna vez, se le ha llamado también sentido real, por cuanto más que a palabras concierne a "cosas", res.Nadie en la Iglesia católica ha negado la existencia del sentido típico del A. T., ya que el uso reiterado que de él hizo Jesús es patente: p. ej., Jonás en el vientre de la ballena significó anticipadamente la sepultura de Jesús (Mt 12,39); la serpiente de bronce que hizo fundir Moisés es figura de Jesucristo en la cruz (lo 3,14). Del mismo modo, los Apóstoles establecen muchas relaciones tipológicas entre el A. y el N. T., p. ej.: el cordero pascual de Ex 12,46 es tipo de Cristo, según lo 19,36 y 1 Cor 5,7; el diluvio y el paso del mar Rojo son figuras del bautismo cristiano (1 Pet 3,21; 1 Cor 10,1-11); Adán es figura de Cristo (Rom 5,14). Siguiendo esta pauta, los Santos Padres utilizaron ampliamente (a veces quizá demasiado en el uso pedagógico), estas relaciones tipológicas. La realidad parcial y anticipada del A. T. se llama typos (tipo, figura) y la realidad plena del N. T., se designa con antitypos (antitipo), es decir, la realidad que se alza frente a su figura.El valor del sentido típico no es puesto en duda por la teología católica ni por el Magisterio. Únicamente ambos insisten en que debe usarse con toda prudencia. Es decir, antes de proponerlo debe constar con certeza que la relación tipológica ha sido establecida por Dios. Esta circunstancia no nos consta sino por el N. T., la S. Tradición y el Magisterio. Ningún doctor privado debe, pues, establecer el sentido típico de un determinado texto sin probar antes que consta en la revelación. Probado que un pasaje del A. T. contiene un sentido típico, éste, por ser inspirado, tiene fuerza probativa en teología. Lo que ocurre es que mientras el sentido literal estrictamente dicho existe siempre en cualquier pasaje, el sentido típico no existe de hecho más que en determinados pasajes del A. T.El sentido típico tiene, pues, un cierto paralelismo con el sentido pleno: éste se refiere al contenido más profundo de las proposiciones; el típico, en cambio, se refiere directamente al significado más profundo de las cosas, personas o acontecimientos. La aceptación unánime de la existencia del sentido típico aboga por la existencia también del sensus plenior.S. Clases de sentido típico. Hasta ahora, nos hemos reducido al sentido típico referido al A. T. Pero, ¿puede predicarse también el sentido típico del N. T.? La respuesta debe ser afirmativa, aunque con matizaciones. En primer lugar digamos que la tipología está orientada a la escatología (v.), según un desarrollo progresivo: las cosas del A. T. son figuras (typoi) modeladas anticipadamente según un arquetipo cuya realidad y revelación han tenido lugar en la historia neotestamentaria. Ahora bien, podemos dar un paso más adelante: el misterio de Cristo está transido de la tensión escatológica, es decir, se cumple como en dos estadios, que sin ser pura y simplemente yuxtapuestos temporalmente, tampoco nos los podemos imaginar absolutamente desconectados del tiempo.La cuestión no es fácil de explicar, pero intentémoslo brevemente. Con la Resurrección de Cristo ha empezado el éschaton, los últimos tiempos, el siglo venidero. El cuerpo de Cristo resucitado y glorioso goza ya del estado celestial. Por tanto, de alguna manera debemos decir que el tiempo ha sido trascendido y está ya vigente la eternidad. Sin embargo, paralelamente, desde la primera a la segunda venida de Cristo o parusía, sigue discurriendo verdaderamente el tiempo, el tiempo viejo, el eón presente. En ese tiempo, llamado a veces intermedio, se desarrolla la vida terrestre de la Iglesia. De modo que tiempo y eternidad entran en una misteriosa conjunción. Según esto, las cosas de la "historia entre ambas venidas" están en tensión escatológica, esto es, están como incoadas en su plenitud pero no acabadas, excepto Cristo (y la Virgen asunta a los cielos en cuerpo y alma). Por ello, las realidades definitivas del cielo están ya de alguna manera presentes en este tiempo: presentes en la vida de la Iglesia terrestre, cuyos sacramentos, p. ej., son signos de esas realidades escatológicas o celestiales. Por todo ello, las cosas del N. T. pueden implicar, en ciertos casos, un significado escatológico, ser de alguna manera typoi de la vida gloriosa y eterna, o por lo menos, anticipo analógico de éstas.Dicho esto, podrá entenderse todo el horizonte del sentido tipológico incluido, con matizaciones, el N. T., y también podrán apreciarse mejor sus varias especies. En efecto, suelen distinguirse tres especies de sentido tipológico: alegórico, anagógico y tropológico (v. 3, c.). El alegórico se ciñe con más clara exclusividad al A. T., y se refiere a que las cosas, personas y acontecimientos de la antigua economía son una figura o alegoría de la realidad que ha tenido lugar en la historia evangélica y en la vida de la Iglesia. Pero, a veces, no queda aquí cortado el horizonte, sino que sobrepasa hasta figurar la consumación celestial, con lo cual entramos ya en el ámbito del sentido anagógico (=significación escatológica o celestial de las cosas y acontecimientos terrestres). Piénsese, p. ej., en la significación de la tierra prometida por Dios a los patriarcas: primeramente es un país concreto (la tierra de Canaán) de sedentarización y descanso para la vida seminómada de los patriarcas; después, conseguida esa tierra, va trascendiendo su significación para apuntar al reino mesiánico de justicia, paz y abundancia; finalmente, la revelación va haciendo ver, sobre todo en el N. T., que ese conjunto de bienes trasciende los terrenales y caducos para significar los espirituales, imperecederos, celestiales. Otro ejemplo: los signos sacramentales de la Iglesia, aunque incoada su acción salvífica en este tiempo presente, tienen una tensión irrenunciable hacia la eternidad, hacia la vida celestial, hacia la cual proyectan al cristiano desde y a través del tiempo terrestre: tienen, pues, un alcance y sentido anagógico.Finalmente, que la historia del A. y del N. T. tienen casi sierripre una repercusión moral es indudable: de ahí su sentido tropológico (pretenden Dios y el hagiógrafo con esos acontecimientos una enseñanza moral).9. El sentido espiritual. En la tradición cristiana hasta nuestros días se habla del sentido espiritual de la Biblia. Pero con esta fórmula se entienden especies muy diferentes. En S. Tomás el sentido espiritual viene casi a coincidir con lo que los modernos llaman tipológico, que corresponde comúnmente, salvo ligeros matices, según los autores, con la descripción que se acaba de dar. Los documentos del Magisterio usan la misma fórmula sentido espiritual, en una significación que se acerca a la tomista, pero que es generalmente más amplia. En laenc. Divino af flante Spiritu de Pío XII (a. 1943) se desprende una noción de sentido espiritual algo más precisa: las explicaciones y aplicaciones de los textos bíblicos que tienen fundamento claro en la tipología (sin que este nombre sea citado) y en el espíritu según la noción de S. Pablo (de modo amplio vendría a coincidir en parte con el sensus plenior de los tratadistas actuales).De tales características se deduce que el sentido espiritual reúne una amplia gama significativa, sin contradicción con el literal, quiere subrayar los niveles profundos, teológicos, espirituales, morales, etc., de los textos bíblicos, e incluye más o menos claramente, según los casos, toda o parte de los niveles típico y plenior. El uso de la expresión sensus spiritualis está justificado ampliamente, aunque su concepto sea algo impreciso.Resumidamente, el Magisterio habla de dos sentidos, a los que llama literal y espiritual. Hasta ahora no ha definido expresamente ninguno de ellos. De algunos documentos puede deducirse que el espiritual coincide, de alguna manera, con lo que la tradición teológica ha venido a incluir en el concepto de sentido típico. Respecto del sensus plenior, el Magisterio no se ha pronunciado; ni siquiera lo ha empleado explícitamente, como considerando la cuestión todavía demasiado fluida.10. Otras expresiones del sentido bíblico. Se ha recogido todo lo más importante de la reflexión teológica acerca del sentido de la S. E. Algunos autores hablan también de otras clasificaciones que, salvo matices sutiles, quedan englobadas en las anteriores. Así, distinguen entre sentido explícito e implícito, ambos perfectamente bíblicos. Un ejemplo de implícito constituirían los pasajes bíblicos donde se afirma que Jesucristo es hombre, implícitamente se afirma que tiene alma racional, puesto que ésta es un constitutivo formal del ser humano. El implícito es difícil de distinguir de lo que otros autores llaman sentido consecuente, el cual, a su vez, coincide ampliamente con las llamadas conclusiones teológicas ciertas, en las que una premisa es revelada en la Biblia y la otra es de evidencia racional. Los autores discrepan acerca de varias sutilidades sobre el valor de este sentido como auténticamente bíblico, si bien todos le conceden un margen, más o menos amplio, de verdadero sentido bíblico. Pero ello con la condición de que los doctores privados no pretendan justificar sus conclusiones teológicas como auténtico sentido bíblico. Tales conclusiones, en todo caso, necesitarían la homologación del Magisterio, para ser propuestas como sentido auténtico y cierto de la S. E.Finalmente, hay unanimidad en teología católica en negar valor de verdadero sentido bíblico a la llamada acomodación, que se produce cuando un texto de la S. E. se aplica a cosas diversas de las que pensó el autor sagrado. La acomodación se ha usado y se usa constantemente sobre todo en la predicación y también en la Liturgia. Tal uso es legítimo y muy útil; pero debe quedar siempre claro que no es un sentido verdaderamente bíblico y, por tanto, su valor en la argumentación teológica no es probativo. Un ejemplo, entre infinitos, de acomodación sería subrayar la actitud de generoso servicio a Dios, a partir del episodio de la suegra de Pedro que, inmediatamente curada de su enfermedad por Jesús, se puso a servirle (cfr. Lc 4,38-39).En resumen, la teología ha creado un vocabulario técnico para los sentidos de la S. E. Pero las definiciones de cada término tienen contenidos más o menos amplios, con zonas donde confluyen. Aun conscientes de su inexactitud, en razón de que no se ha llegado a un consensus entre los autores, damos el siguiente esquema, más pedagógico que científico:literal (tomado respropio explícito trictivamente) impropio implícito Sentido de la S.E. alegóricoespiritual también ( típicotropológicoliteral tomado am-anagógico pliamente) pleniorJ. M. CASCIARO RAMÍREZ.
BIBL.: :Magisterioeclesiástico:CONO.TRIDENTINO,sess.4a, Decreto sobre la edición y uso de la Biblia, 8-IV-1546 (EB n. 62; Documentos Bíblicos, n. 53); CONC. VATICANO 1, Const. dogm. Dei Filius (EB n. 78; Doc., Bibl. n. 71); LEóN XIII, Enc. Providentissimus Deus (a. 1893; EB n. 108-114; Doc. Bib. n. 104-110); Pío XII, Enc. Divino Afflante Spiritu (a. 1943 EB n. 550-553; Doc. Bib. nn. 635-638).
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