Neurocirugia MEDICINA
Categoria:
Medicina
La cirugía neurológica es una rama de la Medicina que se ocupa del tratamiento quirúrgico de las lesiones del sistema nervioso central y periférico, y de algunas alteraciones mentales.Recuerdo histórico. Las primeras experiencias en el tratamiento quirúrgico de tumores o lesiones del sistema nervioso fueron un completo fracaso por su elevada mortalidad. En 1887, Víctor Horsley extirpó un tumor de la médula a un enfermo con magníficos resultados. Pero todo lo que es la N. actual, con sus enormes adelantos, se debe a Harvey Cushing (1869-1934); fue el primero en insistir en la necesidad de una técnica quirúrgica muy cuidadosa, en la que era necesario una estirilización en todo el campo quirúrgico y tratar de evitar las hemorragias profusas. Para conseguir esto, Cushing (v.) señaló unas normas precisas a seguir para las intervenciones neuroquirúrgicas: planear la incisión para llegar al hueso; realizar unos orificios de trépano, mediante sierra, para comunicarlos y levantar el hueso craneal; usar plata para ligar los vasos sanguíneos sangrantes; utilizar un aspirador que mantenga el campo operatorio limpio de sangre; valerse de una unidad electroquirúrgica, con corriente de alta frecuencia, para efectuar la cohibición de las hemorragias; y, por último, sección de la corteza cerebral para la extirpación de tumores voluminosos.Más tarde, el diagnóstico se hizo muy preciso con el empleo de nuevas técnicas neurorradiológicas. Egas Moniz (v.) ideó la arteriografía cerebral y Walter Dandy la ventriculografía (v. NEUROLOGÍA), merced a las cuales la localización del tumor se realiza con precisión.Enfermedades neurológicas. Tumores cerebrales. De una manera global se pueden dividir en benignos y malignos (v. CEREBRO). Los primeros dependen generalmente de las cubiertas meníngeas (meningiomas) y de los nervios craneales (neurinomas); también son benignos: los adenomas de hipófisis, los hemangioblastomas, que son tumores de vasos sanguíneos, y los tumores congénitos. Los tumores malignos se denominan gliomas y proceden de células degeneradas del sistema nervioso. Hay diversas clasificaciones según la malignidad del tumor, siendo la más sencilla la de Kernohan, que los divide en cuatro grupos, de menor a mayor malignidad; el grupo cuarto correspondería al más maligno y sería el llamado glioblastoma multiforme. En general, se puede decir que el 50% de los tumores intracraneales son malignos.Existen algunos síntomas que diferencian los tumores benignos de los malignos. Así, en los primeros la evolución es lenta, los dolores de cabeza duran mucho tiempo y sólo al final dan síntomas de hipertensión endocraneal (v. NEUROLOGÍA); mientras que los malignos son de evolución muy rápida, dándose en enfermos que uno o dos meses antes no habían tenido sintomatología alguna. En éstos los síntomas de hipertensión endocraneal (cefaleas, mareos, vómitos y pulso lento) se presentan en pocos días. La extirpación de los tumores benignos suele ir seguida de la curación del enfermo. Los tumores malignos, debido a su crecimiento invasor e infiltrante en el tejido cerebral, se reproducen alrededor del año a pesar de ser extirpados.Traumatismos craneales. Uno de los problemas más acuciantes del mundo actual es el aumento de los accidentes, que con tanta frecuencia afectan al cerebro. Aparte de las lesiones que se producen por herida directa sobre el mismo con fractura abierta de cráneo que precisan un tratamiento urgente, existen dos problemas en los traumatismos de vital importancia: los hematomas extradurales y los subdurales. Los primeros tienen siempre una evolución similar después de un accidente; el individuo se recupera, hace vida normal durante horas, periodo al que se llama de intervalo lúcido, para a continuación entrar en coma y fallecer en pocas horas, si no es operado a tiempo. El mecanismo de producción es el siguiente: a consecuencia del trauma se rompe la arteria meníngea media que está localizada en la región temporal, fuera de las meninges cerebrales; mientras la hemorragia no es grande, el enfermo está lúcido, pero cuando comprime el cerebro y se afecta al tronco del encéfalo, se produce un coma que, si el enfermo no es operado urgentemente, conduce a la muerte. La operación consiste en vaciar el hematoma y ocluir la arteria que sangra.Los hematomas subdurales no constituyen problemas tan agudos; la hemorragia se produce por lesión de una vena que comienza a sangrar lentamente entre la duramadre y el cerebro, formándose el hematoma que, en ocasiones, produce síntomas después de uno o dos meses. El tratamiento quirúrgico, mediante vaciamiento y drenaje del hematoma, soluciona el problema a la perfección.Accidentes vasculares. En algunas arterias del cerebro se producen pequeños sacos por debilidad de sus paredes, llamados aneurismas (v.), que en un momento determinado, por una subida de tensión arterial, un esfuerzo o una impresión, se rompen. Entonces producen un dolor de cabeza intensísimo seguido de rigidez de nuca y, en los casos peores, coma y muerte. La intervención debe realizarse a los pocos días de la hemorragia y consiste en ligar el saco aneurismático o bien, si la situación del aneurisma es peligrosa, ligar la carótida. Las hemorragias cerebrales de los hipertensos y arterioscleróticos producen síntomas similares; pero el pronóstico es mejor y no precisa tratamiento quirúrgico.Síndromes extrapiramidales. El temblor y la rigidez que produce la enfermedad de Parkinson, así como los movimientos sinuosos y reptantes de la coreoatetosis, pueden ser tratados quirúrgicamente cuando no responde a los medicamentos, mediante la cirugía estereotáxica; la técnica consiste en localizar radiográficamente unos núcleos del tálamo y producir una lesión en esta zona, que puede ser corte, coagulación o congelación. Inmediatamente de producida la lesión, el enfermo deja de temblar.Hidrocefalia. La hidrocefalia (v. ENCÉFALO) se trata mediante drenajes del líquido cefalorraquídeo ventricular hacia diferentes partes del organismo. El método más utilizado consiste en unas válvulas que derivan el líquido cefalorraquídeo desde los ventrículos cerebrales hasta el corazón a través de la vena yugular.Enfermedades mentales. Algunas alteraciones mentales de tipo obsesivo o en estado de continua agitación, que no ceden con el tratamiento psiquiátrico, pueden ser tratadas quirúrgicamente mediante la sección de unas vías encargadas de llevar la afectividad hasta el lóbulo frontal, lo que se consigue practicando orificios de trépano a ambos lados de la línea media en la región frontal y, mediante un aparato llamado leucotomo, realizando la sección de una amplia zona del lóbulo central (leucotomía). El enfermo pierde la afectividad e interés por cuanto le rodea. En la actualidad estas técnicas están relegadas y sólo se utilizan en casos muy concretos.Tumores de la médula espinal. Pueden ser benignos y malignos; los primeros suelen dar dolores muy intensos y más tarde, parálisis; los malignos, por el contrario, no suelen ser dolorosos, siendo la parálisis el primer síntoma. La extirpación de los tumores se realiza mediante exposición de la columna, apertura de la misma, localización del tumor y extirpación del mismo. Los tumores benignos crecen comprimiendo la médula y los malignos se infiltran y destruyen el téjido nervioso. Con la extirpación de los tumores benignos se obtienen buenos resultados.Hernias discales. Se producen por salida del disco intervertebral de su posición habitual y compresión de las raíces nerviosas que emergen de la médula. La extirpación de la hernia discal va seguida de la remisión de los dolores.Lesiones de los nervios periféricos. Tanto las producidas por traumatismos como por tumores originan alteraciones motoras y sensitivas. El tratamiento quirúrgico debe hacerse inmediatamente, para evitar degeneraciones de los nervios seccionados.V. t.: NEUROLOGÍA.J. L. PANIAGUA LÓPEZ.
BIBL.: L. DAVIS y R. A. Davis, Neurocirugía, México 1965; S. OBRADOR, Fundamentos de diagnóstico y tratamiento en Neurocirugía, 2 ed. Madrid 1957; B. BREITNER, Tratado de la técnica quirúrgica, II, Barcelona 1962; 1. S. WECHSLER, Clinical Neurology, 9 ed. Filadelfia y Londres 1963.
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