Neurastenia MEDICINA
Categoria:
Medicina
Origen y evolución de la neurastenia. Desde que G. Beards publicara, en 1879, en el "New York Medical Journal" su primer trabajo sobre esta enfermedad, con lo que dio origen al término n., hasta la actualidad, la evolución significativa de este concepto ha sufrido las más variadas vicisitudes. Anteriormente, en 1869, en otro trabajo de Beards, aparecido en el "Boston Medical Surgical Journal", se acuñaba una nueva entidad nosológica que era descrita como una clase de enfermedad funcional del sistema nervioso, cuyo origen se adscribía al estilo de vida existente, que acababa de inaugurarse por aquel entonces en los Estados Unidos, y que muy bien podría conocerse como una consecuencia inmediata de la civilización industrial moderna.Aquellos primeros trabajos de Beards fueron traducidos, y atravesando la barrera cultural europea, llegaron a hacer fortuna. El eco despertado por los mismos tuvo gran resonancia en la literatura científica europea de aquella época. Autores como Ballet, Charcot, Bernheim, Hartenberg, Fleury (1905) y Benon (1926) se interesaron por el tema. Hasta ellos, la nueva enfermedad fue considerada como un proceso orgánico sin casi participación de lo psíquico. Simultáneamente, otra pléyade de autores, representada fundamentalmente por Dubois, Déjerine, Janet (v.) y Freud (v.), se inclinaron a dar una mayor proporción a la significación de los factores psíquicos en el origen de esta enfermedad. Admiten éstos, en líneas generales, que el origen de la n. es preciso buscarlo en "la emoción como único factor causal a partir de una predisposición, según la cual el sujeto se toma todas las cosas demasiado a pecho, y no pudiendo contener el exceso de sus emociones es arrastrado a un estado de fatiga física y psíquica, que modificando la función de determinados órganos, constituye el último estado de enfermedad" (D. Widlocher y M. Basquin).El favor cultural dispensado a esta entidad nosológica comienza a decaer alrededor de los años veinte del s. XX. Aparecen así otros conceptos que destierran el concepto original de la n. Se comienza a emplear otra terminología como la de estados ansiosos, surmenage (Benon, 1926), acumulación intracraneal de productos catabólicos, etc.En 1938, están de moda los estudios biotipológicos (v. BIOTIPOLOGíA) realizados en Italia; éstos son aprovechados por Montassut, quien se decide a sustituir el antiguo concepto de n. por el de "depresiones constitucionales" (v. DEPRESIÓN). Más tarde, el estudio del hipotálamo como sistema de regulación de la vida afectiva, así como los trabajos sobre el metabolismo (v.) y del sistema nervioso vegetativo, inclinarán definitivamente la balanza, hasta llegar con Brun (1956) a la consideración de la n. como un "desequilibrio nervioso vegetativo acomñado de una disfunción de la barrera hemato-encefálica, a partir de la cual el cuadro clínico puede evaluarse como la forma psíquica más elaborada de una neurosis de tipo hipocondriaco" (v. NEUROSIS).Especial interés muestra la evolución del concepto de n. en la perspectiva freudiana. Freud intentó separar desde un principio la n. de la neurosis de angustia. Según él, aquella surgiría "siempre que la descarga adecuada (el acto adecuado) es sustituida por otra menos adecuada... y se caracteriza por presentar el que la padece: fatiga, sensación de asco, dispepsia, estreñimiento, debilidad sexual, etc.". Más tarde, en 1899, Freud da un paso más al hacer su clasificación de las neurosis. En ella incluye a la n. dentro del grupo de las neurosis actuales, responsabilizando su origen en el hecho del onanismo, cuando es inmoderado, o en las poluciones nocturnas. En 1908, el concepto de "neurosis actuales" es sustituido por el de neurosis propiamente dichas o vegetativas, que incluirían a su vez a la n., la neurosis de angustia y la hipocondria (v.). Sin embargo, Freud continúa adscribiendo el origen de la n. al onanismo exagerado, y describe su sintomatología minuciosamente: Falta de energía, fatiga, dolores de cabeza, vértigos, dolores musculares fugaces, puntadas, falta de apetito, dispepsias, gases, estreñimiento, dolores abdominales, falta de concentración, etcétera.Otro psicoanalista de la primera hora, como W. Reich (1926), observa este proceso como un mecanismo de conversión. Schilder, por su parte, llevará la doctrina psicoanalítica al esquema corporal y tratará de explicar la n. desde un mecanismo de conversión operado a este nivel. Finalmente, para la mayoría de las escuelas posfreudianas, la n. sería la consecuencia de una especie de intoxicación producida por la retención libidinosa consecuente del estorbo del orgasmo a raíz de un conflicto endógeno. K. Schneider (v.) se inclina más bien a aceptar una personalidad asténica y psicopática caracterizada por una autoobservación ansiosa de sí mismo en sus provincias psíquicas o somáticas. Para Tinel (1941), la n. tendría cabida dentro de las psicosis melancólicas mixtas, siendo una forma menor de ellas (v. PSICOSIS).Desde los trabajos exhaustivos de Bugard (1960) sobre la fatiga y los de J. Mirouze (1962) sobre la participación hormonal en la producción de estos cuadros, el concepto de n. ha variado radicalmente, siendo hoy irreversible su desuso. Hoy se admiten los "estados neuróticos" más bien como "estados reactivos caracterizados por depresión manifiesta, irritabilidad y fatiga fácil y desproporcionada, tanto física como psíquica" (S. Montserrat; o. c. en bibl.).Cuadro clínico. Entre los síntomas que más frecuentemente aparecen, además de los ya señalados, está la "triada neurasténica" de Charcot, constituida por astenia (v.), cefaleas (v. CEFALALGIA), y raquialgias o dolores dorsales. En la actualidad los enfermos neurasténicos suelen manifestar además falta de memoria, dificultad para concentrarse y disminución de la atención, disforia, irritabilidad y sensación de cansancio. Esta sintomatología ofrece un campo fácil para manifestar lo subjetivo. En el plano objetivo se puede encontrar frecuentemente hiperestesias y parestesias (v. DOLOR); trastornos sensoriales localizados sobre todo en la vista y el oído, como "moscas volantes", zumbidos, paracusias, etc. (Bumke); exaltación de los reflejos tendinosos y pupilares; anorexia (v.); hipotensión; poliuria y polaquiuria, fosfaturia, etcétera. Es claro que todo el cuadro parece estar presidido por la cristalización de la fatiga (Fleury), que procedente del polo psíquico, ahora se injerta, reencarnándose en los distintos sistemas y aparatos.Aunque los síntomas digestivos, el insomnio y la depresión asténica concomitante puedan conducir a una pérdida de peso en el paciente, ello no debe ser sobrevalorado, siendo el pronóstico casi siempre favorable. Sin embargo, es de advertir la mayor facilidad de estos enfermos para adquirir enfermedades orgánicas, tales como la tuberculosis (v.).Tratamiento. Estará dirigido a robustecer y tonificar al paciente, a base de medicamentos tónicos, vitaminas y medidas fisioterápicas. Un gran interés terapéutico representa la psicoterapia (v.), encaminada a resolver el sentimiento de culpa y a potenciar la confianza en sí mismo que disolverá en breve plazo la indecisión y la duda que empañan casi todas las decisiones de estos enfermos. Igualmente de utilidad se ha mostrado el uso de la persuasión y de las técnicas sugestivas en estado vigil. La mayoría de los autores (Dubois y Déjerine, entre otros) rehúsa la aplicación del psicoanálisis en el tratamiento de estos enfermos, por considerarlo peligroso y, por tanto, contraindicado.V. t.: ASTENIA; HIPOCONDRÍA; NEUROSIS.AQUILINO POLAINO LORENTE.
BIBL.: S. FREUD, Sobre la justificación de separar de la neurastenia un cierto complejo de síntomas, a título de neurosis de angustia, en Obras completas, XI, Madrid 1948, 123 ss.; íD, Nuevas observaciones sobre la psiconeurosis de defensa, o. c. XII, 214 ss.; ID, Sobre los tipos de adquisición de las neurosis, o. c. XIII, 301 ss.; S. MONTSERRAT ESTEVE, Medicina psicosomática, neurosis y psicopatías, en Tratado de Patología y Clínica Médicas, dir. P. PONS, IV, Barcelona 1969, 996 ss.; G. BEARDs, Traité de la fatigue nerveuse, Londres 1890; R. BENON, Le neurasthénie vraie, París 1926; P. BUGARD, La fatigue, París 1960; K. SCHNEIDER, Les personnalités psychopathiques, 9 ed. París 1955.
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