Nervioso, Sistema
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Tiene como finalidad poner en relación al individuo con el mundo exterior que le rodea, a la vez que consigo mismo. El hombre, mediante los órganos de los sentidos (visión, audición, tacto, etc.), capta cuanto sucede a su alrededor y gracias a su s. n. tiene conocimiento de los hechos, provocando, a través de los músculos, las acciones o desplazamientos que vienen ordenados desde el cerebro.1. Anatomía. El s. n. está constituido por dos partes íntimamente vinculadas entre sí: el sistema cerebroespinal o s. n. de la vida animal y el sistema simpático o vegetativo. Ambos funcionan perfectamente compenetrados y el única objeto de dividirlos es hacer más sencilla su comprensión.a) El sistema cerebroespinal se divide a su vez en s. n. central y s. n. periférico.El s. n. central o neuroeje está constituido por una serie de órganos contenidos en la cavidad ósea craneal y raquídea, que se escalonan en sentido cráneo-caudal de la siguiente forma: cerebro, cerebelo, pedúnculos cerebrales, protuberancia anular y bulbo raquídeo, continuándose hacia abajo por un cilindro nervioso que ocupa el conducto raquídeo y se denomina médula espinal. Todos estos órganos están envueltos por tres membranas, designadas con el nombre común de meninges y que son, de fuera adentro, la duramadre u hoja externa, la aracnoides u hoja media y la piamadre, que recubre de manera directa los órganos del s. n. Entre la aracnoides y la piamadre queda un espacio, llamado subaracnoideo, que está ocupado por el líquido cefalorraquídeo, cuya acción amortiguadora frente a traumatismos o lesiones del s. n. es de vital importancia.El s. n. periférico está constituido por los nervios, ramificados a la manera de cordones por todo el organismo; los que emergen del encéfalo y salen de la cavidad craneal por los agujeros de la base del cráneo se llaman nervios craneales, a diferencia de los que nacen en la médula y abandonan el conducto vertebral por los agujeros de conjunción, que se denominan nervios raquídeos.Los nervios craneales difieren unos de otros por su constitución anatómica y su diferente función. Todos ellos nacen del troncoencéfalo. Existen doce pares de nervios craneales: tres sensitivos, que son los nervios olfatorio, óptico y auditivo; cinco motores (motor ocular común, patético, motor ocular externo, espinal e hipogloso), y cuatro mixtos, esto es, con componente motor y sensitivo (trigémino, facial, glosofaríngeo y pneumogástrico). Los nervios raquídeos son 31 pares; se desprenden de la médula espinal por dos raíces: una anterior motriz y otra posterior sensitiva, la cual presenta un abultamiento llamado ganglio espinal.b) El s. n. vegetativo, o también parte vegetativa del s. n., tiene a su cargo la regulación de las grandes funciones vitales, como la respiración, digestión, circulación, metabolismo, etc. Consta de dos partes fundamentales: el simpático y el parasimpático; ambos tienen su origen en el s. n. central, existiendo unos ganglios periféricos, situados a cada lado de la columna vertebral, donde llegan las fibras que emanan del neuroeje. En los ganglios existen unas neuronas que envían prolongaciones a las vísceras y de esta manera resulta que las vías vegetativas estén constituidas por dos neuronas, una central que viene del s. n. central y otra periférica que sale de los ganglios.2. Embriología. A la tercera semana de vida intrauterina, en la región media dorsal del embrión, se forma una placa alargada llamada placa neural, que más tarde se convierte en canal y por último en conducto neural, quedando así constituido el tubo nervioso primitivo. Hacia el 25 día este tubo nervioso está integrado por una porción anterior ancha, que dará origen al encéfalo, y otra posterior, que formará la médula espinal. A las cinco semanas el cerebro ya está diferenciado, existe una vesícula anterior o telencéfalo, otra posterior o diencéfalo y una media poco diferenciada o mesencéfalo, separada del romboencéfalo por una acodadura llamada istmo. Del telencéfalo derivarán los hemisferios cerebrales; del diencéfalo, los tálamos ópticos (infundibulum, epífisis y neurohipófisis); del istmo del romboencéfalo, los pedúnculos cerebelosos y parte de los cerebrales; y del mesencéfalo, los tubérculos cuadrigémino y pedúnculos cerebrales.El desarrollo del s. n. simpático no está definido en la actualidad; se cree que las células que originan el simpático proceden del tubo neural, formando parte de los ganglios raquídeos para después emigrar a los bordes de las aortas primitivas, constituyendo lo que serán después ramos comunicantes.3. Histología. El s. n. está integrado por las neuronas con sus prolongaciones y el tejido de sostén o neuroglia. La neurona, o célula nerviosa propiamente dicha, está constituida por un cuerpo celular con citoplasma, núcleo y dos tipos de prolongaciones: el cilindroeje o axón, que es una prolongación única que puede emitir colaterales en su trayecto, suele ser larga y tiene acción motora, y las dendritas, que son múltiples y suelen ser cortas. La sustancia de unión entre las neuronas se denomina neuroglia y está constituida por células que ocupan los espacios que quedan entre las neuronas. En resumen, el s. n. queda constituido por las células nerviosas y sus prolongaciones, que establecen contacto entre una neurona y otra, además de un armazón constituido por los elementos neuróglicos. La articulación entre neurona y neurona no se hace por continuidad, sino por simple contacto entre sus prolongaciones; esta zona se denomina sinapsis, realizándose el contacto mediante unas sustancias que se liberan, tales como la acetilcolina, simpatina, serotonina y gaba.4. Fisiología. La célula nerviosa es un centro que origina sus prolongaciones, puede nutrirse por sí misma y tiene capacidad para actuar, ejecutando una función. Varias son las funciones del s. n. que se consideran vitales para el mantenimiento del organismo.Motilidad. El movimiento o desplazamiento, tanto de un miembro como el de todo el cuerpo, está regido por el s. n. central. Conviene distinguir dos clases de movimientos, unos independientes de la voluntad del sujeto o involuntarios y otros voluntarios. De los primeros existen también varios tipos: en primer término, el acto reflejo, que es el resultado de una excitación seguida de una respuesta motora (al quemarse un dedo se retira inmediatamente la mano); y en segundo lugar y en una categoría superior, los movimientos automáticos, que el sujeto realiza involuntariamente, p. ej., mover los brazos al caminar.Los actos motores voluntarios, por los que el sujeto cambia de posición, enciende un cigarrillo, etc., son actos en los que interviene la voluntad, siendo el agente ejecutor el músculo que está inervado por las fibras nerviosasque salen del asta anterior de la médula; pero la incitación que mueve al músculo parte de las células que tienen su asiento en la corteza cerebral y cuyas prolongaciones alcanzan las células motoras de las astas anteriores de la médula. Esta vía motriz, cerebro-médula-fibras nerviosas-músculos, es la vía piramidal que gobierna los movimientos precisos y adecuados para la finalidad perseguida.En el caso de los movimientos automáticos y reflejos, el aparato incitador es más complejo, e interviene el tálamo óptico, cuerpo estriado, por medio de conexiones muy complica-das que constituyen la vía extrapiramidal (v. CEREBRO). La coordinación de los movimientos, que permite relajar unos músculos para contraer otros, implica la existencia de otro mecanismo que se encarga de regular el sistema propioceptivo y centros cerebelosos. Las alteraciones de la motilidad vienen dadas por alteraciones, lesiones o compresión de estas vías (v. PARÁLISIS).Función trófica. La nutricióny el desarrollode los músculos, piel, huesos y articulaciones, están muy vinculados al s. n., y las lesiones de éste determinan en aquéllos la producción de trastornos denominados tróficos. El músculo debe su trofismo a la enervación de la neurona que sale de las astas anteriores de la médula y, por tanto, la lesión de esta neurona determina una atrofia muscular.El trofismo de la piel y sus anexos se debe a las fibras nerviosas, que trasmiten las impresiones sensitivas y sensoriales; al quedar sin sensibilidad algunas zonas de la piel, pequeñas lesiones o traumas sobre ella pueden originar ulceraciones o destrucción de la misma. Idéntica influencia de los nervios que conducen las sensaciones de huesos y articulaciones se ha señalado para la producción de osteoporosis, artropatías, etc., si bien en este caso el s. n. simpático tiene una influencia importante.Función coordinadora. Ningún músculo funciona aislado, es necesaria la acción de unos músculos que refuercen el movimiento y de otros que se relajen. La coordinación de esta acción muscular está a cargo del s. n. central y se va perfeccionando con el desarrollo del individuo. El recién nacido no ejecuta movimientos ordenados.El mecanismo nervioso coordinador está integrado eje el adulto por: a) todas las fibras nerviosas que desde la periferia conducen al cerebro las impresiones que actúan sobre piel, músculos, laberinto, ojos, etc.; b) el cerebelo, que controla, mediante un mecanismo muy complicado, la acción de refuerzo o relajación de diferentes grupos de músculos; c) la corteza cerebral, encargada de enviar la orden de contracción muscular por la vía piramidal; y d) las vías que van desde la corteza cerebral al cerebelo y viceversa. La lesión de cualquiera de estos elementos del mecanismo coordinador origina la ataxia (v. NEUROLOGÍA; ENCÉFALO).Reflejos. Son la respuesta motriz, independiente de la voluntad, provocada inmediatamente por un estímulo. Se distinguen cuatro fases: recepción del estímulo, su conducción, la llegada al centro y la respuesta motora.Los reflejos (v.) pueden ser: estereoceptivos, provocados por un fenómeno exterior que actúa sobre la piel, ojos, oído, etc.; visceroceptivos, cuando se originan en las vísceras y producen secreción (p. ej., el jugo gástrico del estómago); propioceptivos o integrados por estímulos que actúan sobre los músculos, tendones, etc., estos últimos también llamados osteotendinosos se producen al percutir con un martillo de goma sobre la rótula, tendón de Aquiles, flexura del codo, etc., lo que origina una respuesta en flexión o extensión del brazo o la pierna, que nos indica el funcionamiento de la médula y de las vías que descienden desde el cerebro. La exageraciónde los reflejos se llama hiperreflexia, la disminución, hiporreflexia, y la ausencia, arreflexia. Las alteraciones de los reflejos indican la altura a que se encuentra la lesión de la médula; así, la ausencia del reflejo rotuliano significa una lesión medular a nivel de la primera o segunda vértebra lumbar.Sensibilidad. Constituye una de las grandes funciones del s. n., por medio de la cual el organismo conoce las alteraciones del medio ambiente, de su propia actividad y de los efectos de ésta, y le permite, a la vez, protegerse de los factores nocivos. Según la naturaleza de los estímulos, cabe distinguir sensibilidad de la piel, de los músculos y huesos, sentido de la vista, equilibrio, oído, gusto y olfato. La sensibilidad cutánea comprende la sensibilidad táctil, térmica y dolorosa (v. TACTO).La alteración más importante de la sensibilidad es el dolor (v.), sensación penosa y desagradable que puede tener una causa orgánica (traumatismo) o visceral (cólico nefrítico). Entre los dolores más frecuentes que se observan en las afecciones del s. n., podemos distinguir: las cefaleas (v. CEFALALGIA), que pueden obedecer a diversas causas (meningitis, hipertensión endocraneal, alteraciones vasculares, etc.); las raquialgias, dolor localizado a lo largo de la columna vertebral, cuyas causas productoras son meningitis, mielitis, intoxicaciones, lumbalgias postraumáticas y hernia discal; la neuralgia, que es el dolor sentido en el trayecto de un nervio periférico. Entre las neuralgias más importantes se encuentran la neuralgia ciática, caracterizada por dolor que desde la región lumbar se irradia por la cara posterior de muslo y pierna; la neuralgia intercostal, que sigue el trayecto de un nervio que se sitúa entre las costillas; la neuralgia cervicobraquial, que se caracteriza por dolor a nivel del cuello y brazo y se acompaña de rigidez de nuca; y la neuralgia del trigémino, la más frecuente, que produce un dolor lancinante en un lado de la mejilla o en la región del maxilar inferior, y que también, aunque con menos frecuencia, puede seguir el trayecto frontal hacia el parietal; el dolor es tal que impide comer, hablar y hasta tocarse la zona de la cara afectada.Irrigación. El s. n. se encuentra irrigado en el cerebro por un sistema arterial que lo nutre, presentando las arterias una disposición que recuerda un polígono; la región frontal está irrigada fundamentalmente por la arteria cerebral anterior y el resto del cerebro por el grupo silviano o arteria cerebral media y la cerebral posterior. Todas las arterias del cerebro son ramas de la carótida interna. El cerebelo se encuentra vascularizado a expensas de las arterias cerebelosas, ramas a su vez de la vertebral. Las venas del cerebro confluyen hacia los senos longitudinales y desde allí conducen el torrente sanguíneo hacia las yugulares. Uno de los problemas más graves en la patología del s. n. lo constituyen las hemorragias (v.), trombosis (v.) y embolias (v.) del cerebro (v. NEUROLOGÍA). La médula espinal está irrigada por las arterias espinales que se muestran más dilatadas en las regiones cervical y lumbar, siendo pobre la vascularización del resto de la médula.5. Patología. Los traumatismos del s. n. revisten en la actualidad una gran importancia, debido a los numerosos accidentes que aumentan de día en día en el campo laboral y en el tráfico rodado. Las lesiones del cerebro y médula pueden ser abiertas y cerradas; en el primer caso afectan directamente al cerebro o a la médula por fractura del cráneo o del raquis, suelen tener mal pronóstico y es preciso limpiar el tejido nervioso de los cuerpos extraños que se hayan podido introducir en cerebro o médula. Los traumatismos cerrados son más complicados, al no poder comprobar el tipo de lesión producido en el interior del cerebro o médula; en estos casos es preciso valorar los síntomas que presenta el sujeto. El nivel de conciencia es fundamental como dato exploratorio, y en el caso de que se presente somnolencia o estupor después de un accidente es preciso ingresar al traumatizado en una clínica donde se le pueda observar. La presencia de dilatación pupilar en un solo ojo, la pérdida de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo deben ser valoradas, ya que con frecuencia se producen roturas de algunos vasos del cerebro, que al sangrar acumulan sangre encima del cerebro y lo comprimen produciendo los síntomas antes señalados; estos enfermos deberán ser operados con toda urgencia, para vaciar el hematoma que comprime el cerebro. Estas intervenciones suelen solucionar el problema de compresión cerebral, siendo la evolución del enfermo muy favorable.Los traumatismos de la médula espinal revisten una gran importancia cuando originan parálisis de ambas piernas, a lo que se suma retención de orina y heces, con pérdida de la sensibilidad desde el nivel de la lesión. Cuando la médula está comprimida o inflamada la evolución suele ser mejor, después de un tiempo de rehabilitación.Las enfermedades inflamatorias del s. n., como la meningitis y la encefalitis (v. NEUROLOGÍA), suelen ser de origen infeccioso y aunque el pronóstico ha mejorado gracias a los antibióticos, existen algunas variedades muy graves de difícil solución. Las degeneraciones del s. n., tales como la esclerosis, siringomielia, neuraxitis, etc., evolucionan tórpidamente con gran padecimiento del enfermo. Los tumores y demás procesos expansivos que asientan en cerebro y médula dan diferentes síntomassegún su localización, siendo el tratamiento quirúrgico el indicado en estos casos.V. t.: CEREBRO Y CEREBELO; NEUROLOGÍA.J. L. PANIAGUA LÓPEZ.
BIBL.: A. PÉREZ CASAS y M. E. BENGOECHEA, Morfología, estructura y función de los centros nerviosos, Madrid 1967; R. DASSEN y O. FUSTINIONI, Sistema nervioso, 6 ed. Buenos Aires 1955; J. F. FULTON, Fisiología del sistema nervioso, México 1952.
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