Neoclasicismo I. Arte. B. en Iberoamérica. ARTE
Categoria:
Arte
Esta zona, que seguía la órbita del mundo occidental, sufrió también el fenómeno histórico-cultural del n. Para el mundo iberoamericano hubo un hecho político que influyó eficazmente, tal fue el régimen borbónico, que trajo como secuela la fundación de academias de arte, formadas bajo el patrón de las francesas. El arte quedó sometido al control de la política, que monopolizaba la enseñanza a través de las instituciones académicas y daba un tono uniforme a las producciones artísticas, pues antes de realizarse debían ser supervisadas oficialmente para ver si guardaban los principios del arte, de acuerdo con los gustos neoclásicos. La mano fuerte de la Academia se dejó sentir en Iberoamérica, no sólo por el rígido control estatal sino porque se fundaron academias similares a las españolas tal como la R. A. de S. Carlos de México (1781). La implantación de las normas académicas tanto en España como en Iberoamérica supuso una reacción contra el sentir estético del mundo hispánico, que había logrado expresar con los ideales barrocos su sentido anticlásico de la vida y del arte. Ello explica que la implantación de la Academia tuviera que ser obra de artistas extranjeros, franceses e italianos, llegados al amparo de la política borbónica.Es conocido el proceso de la fundación de la Acad. mexicana, y por ello sabemos con qué entusiasmo acogió la Nueva España la creación de esta institución, concediendo para ello jugosos donativos la ciudad de México, el Consulado de Comercio y el de Minería; pero hubo de solicitar del amparo real la concesión de 12.500 pesos anuales. Es curiosa la mentalidad de los propulsores de la Academia, pues para ellos la brillante historia del barroco mexicano no había sido sino un letargo de más de dos siglos; con criterio dieciochesco pensaban en los beneficios que la Academia reportaría para la balanza comercial. Los procedimientos empleados por la Academia mexicana fueron los mismos que los de la metropolitana, radicada en Madrid. Una de las primeras normas de control estético fue recibir en su seno a los arquitectos que antes de llevar a cabo una obra se comprometieran a presentar los planos a esta institución, aceptando sin réplica la crítica que se hiciera de ellos; estedetalle es bien significativo para ver el tono dictatorial y la intransigencia neoclásica. Para implantar el nuevo espíritu era necesaria la importación de profesionales, ya formados en los nuevos gustos, por ello ya se solicitó en 1787 el envío de buenos profesores, colocando en primer lugar a Juan de Villanueva (v.). Difíciles fueron los primeros tiempos de la Academia mexicana por la falta de armonía que hubo entre sus primeros miembros. Lo más importante del legado neoclásico en Iberoamérica fue la arquitectura; la pintura y la escultura tuvieron escaso desarrollo. Ello está justificado por el grupo notable de arquitectos que florecieron, como Tolsá, Tresguerras, Petrés y Joaquín Toesca (v. voces correspondientes). Debe añadirse un grupo de arquitectos menores, y en primer lugar J. D. Ortiz de Castro (1750-93), quien venció en público certamen a Joaquín Torres García (v.), el arquitecto barroco; gran interés moral tuvo esta victoria por cuanto era la primera de la Academia, que actuaba en esta ocasión con un arquitecto que había elegido en ese mismo año. González Velázquez fue uno de los más antiguos cultivadores del n., urbanizó la plaza mayor de México (1797), realizó la iglesia de S. Pablo el Nuevo (1803) y la capilla del Señor de S. Teresa. A Miguel Constansó, de formación catalana, se debe la ampliación de la Casa de la Moneda, la construcción de la Fábrica de Cigarros (1807) y las Fábricas de Pólvora de Santa Fe (1779) y de Chapultepec (1789); gran interés artístico encierra su proyecto de jardín Botánico (1788) de la ciudad de México, que no fue adelante. Ignacio Castera fue una promesa del n., ya que venció al proyectar la iglesia de Loreto (1809-16) a Tolsá, y esta obra es una de las más acertadas creaciones del n. en México, en opinión de Angulo. Otros maestros del ambiente mexicano fueron Gutiérrez, Joaquín Heredia, José del Mazo y Avilés, y Lorenzo de la Hidalga. Por toda esta serie de representantes ya se comprende el gran desarrollo que tuvo la arquitectura neoclásica en la Nueva España, prueba evidente de su progreso económico. En la Nueva Granada el n. va unido al vigoroso movimiento de la España ilustrada, que tuvo dos extraordinarios representantes en los sabios J. C. Mutis (v.) y Francisco José de Caldas, no sólo por su relieve científico sino por las implicaciones estéticas que conllevan ambas figuras; el primero se esforzó por crear una escuela pictórica de acuerdo con los objetivos científicos de su empresa, y Caldas criticó duramente el gusto barroco de la artesanía quiteña, y hasta diseñó el púlpito de la iglesia payanesa de Santo Domingo, según la atribución tradicional, dentro de las características del nuevo estilo. Además de Petrés, la figura más destacada fue Marcelino Pérez de Arroyo y Valencia, un espíritu polifacético: teólogo, canonista, jurisperito, arquitecto y matemático; por sus muchas actividades actuó sólo como proyectista en arquitectura, siendo su obra más importante la iglesia de S. Francisco de Cali (1803-27), y en Popayán diseñó el altar mayor de S. Domingo; asimismo realizó un proyecto para la catedral payanesa con planta de cruz griega. El n. arqueológico fue introducido en el país en 1846, cuando el congreso de Nueva Granada dispuso la construcción del Capitolio Nacional, llamando para ello al arquitecto danés Thomas Reed; mantenido el n. con este ejemplo nacional, perduró con toda clase de pastiches hasta bien entrado el s. XX.Otra escuela neoclásica de interés es la del Perú que se manifestó ante todo en las construcciones domésticas, ya que se edificaron pocas iglesias. La fase neoclásica de la arquitectura peruana que cae dentro del periodo colonial está representada por Matías Maestro (17701835), que diseñó principalmente retablos y remodeló algunas iglesias limeñas; su frío n. no está exento de cierto barroquismo por lo que García Bryce no ha dudado en considerarle como un Ventura Rodríguez provincial y tardío. En fechas avanzadas del s. XIX llegó al Perú el n. más puro, representado por edificios tan característicos como la Penitenciaría de 1860, derivado del edificio similar de Filadelfia; el Palacio de la Exposición de 1872 y el Hospital del Dos de Mayo, este último con una curiosa planta cruciforme dentro de un cuadrado. A Chile llegó el n. por obra de Toesca.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: D. ÁNGULO, La arquitectura neoclásica en México, Madrid 1958; G. KUBLER Y M. SORIA, Art and architecture in Spain and Portugal and their American dominions. 1500-1800, Baltimore 1959.
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