Negritos
Categoria:
Cultura
Denominación que comprende a diversos grupos humanos pertenecientes a la misma variedad racial del tronco negroide caracterizados antropológicamente por su corta estatura (es el rasgo más destacable) de 1,47 a 1,50 m., color de la piel castaño oscuro, cabellos crespos y escasa pilosidad. La cabeza es corta, braquicéfala o mesocéfala; la cara redonda, con nariz ancha, pero no aplastada, y labios gruesos, no vueltos hacia fuera; el cuerpo es armonioso. La mayoría de los antropólogos incluyen en este tipo racial a los pigmeos (v.) africanos, aunque el criterio científico no es unánime, pues algunos investigadores, como H. V. Vallois, mantienen la tesis de la independencia de ambos grupos raciales. Indudablemente, hay algunas diferencias, pues los pigmeos africanos presentan proporciones distintas en el cuerpo, son diferentes la forma de la nariz y la cabeza, e incluso el color de la piel, pero pueden considerarse esencialmente del mismo tipo físico. El nombre de n. con el que se les conoce es la designación que dieron los españoles a los pigmeos actas (v.) de Filipinas, y que por extensión se ha aplicado a todos los grupos de esta variedad racial.Los tres núcleos más numerosos con carácter de "islas" étnicas y culturales son: 1) el de los andamanes (v.) de las islas Andamán, en el océano Indico, reducidos hoy a unos pocos centenares; 2) el de los semang (v.) de la península Malaya, que sumarán unos 2.000 individuos; y 3) el de los actas de Filipinas, el grupo más numeroso, que sobrepasa los 36.000. Tanto estos grupos como los n. pigmeos africanos no pueden considerarse antropológicamente una raza primitiva, pues se trata de un tipo racial que sólo pudo desarrollarse cuando el homo sapiens estuvo completamente dividido en los tres grandes troncos raciales (v. RAZA II). Existen también otros grupos humanos con algunas características raciales de los n., si bien muy diluidas, en los montes Niljiri y Vindhya del Sur de la India, en las orillas del Ganges, y en el interior de Nueva Guinea, éstos muy poco conocidos y al parecer horticultores. Grupos pigmoides (semipigmeos) relativamente conocidos son los vedas de Ceilán, los seno¡ de Malaya, los kubu de Sumatra, y los toalas de las Célebes. En Borneo debieron existir algunos grupos, exterminados por los dayak protomalayos.Tanto el grupo africano como los grupos oceánicos o de las Indias orientales parece que ocuparon su actual hábitat en época muy remota; su población tiende en la actualidad a disminuir, o, todo lo más, a estabilizarse. Todo ello induce a suponer que el área de extensión de esta raza debió ser mayor, debiendo abarcar el Sudeste de Asia e Indonesia; se puede señalar su lugar de origen en el Sur del continente asiático, desde donde se dispersarían en época muy antigua, pasando una rama a África, donde se han diferenciado racialmente en parte, aunque conservando un tipo análogo de cultura arcaica cazadorarecolectora. El grupo del Sudeste asiático puede haber ocupado las islas durante la última transgresión marina del periodo glaciar. En la actualidad, los grupos de n. aparecen en zonas inaccesibles de difícil comunicación, arrinconados por otros grupos humanos más avanzados culturalmente, que les hicieron replegarse de los lugares donde en otras épocas serían los primeros ocupantes.Desde el punto de vista cultural, la escuela de Viena englobó al grupo de las Indias orientales junto con los pigmeos africanos y los grupos pigmoides antes citados (si bien los vedas de Ceilán y los seno¡ de Malaca son recolectores, los kubu de Sumatra y los toalas de las Célebes han adoptado la agricultura por influencia de los pueblos vecinos) dentro del ciclo de cultura arcaico central, señalando así los caracteres generales propios de este ciclo cultural: grupos humanos reducidos, en ningún caso las comunidades superan el centenar de individuos; economía basada en la caza a corta distancia y recolección de frutos vegetales silvestres; la familia, que es también unidad económica, se organiza sobre base familiar estricta de carácter monógamo, no ocupando la mujer un puesto inferior; existe la división del trabajo para ambos sexos, encargándose la mujer de recolectar frutos y plantas silvestres, y el hombre obtiene los productos de la caza y la pesca, actividades que realiza con medios simples. Está arraigada la idea de la propiedad individual (armas de caza y bienes muebles), y se aceptan las propiedades familiar (vivienda) y comunal (suelo).Elementos materiales típicos de los pueblos de este ciclo son la flecha y el arco en su forma más primitiva, o sea, con el palo de sección redonda y cuerda de fibras animales anudada directamente al palo. La vivienda suele ser simple (paravientos o chozas de ramaje) y el vestido, cuando existe, se reduce a la forma más sucinta (cinturón cubre-sexos); desconocen la práctica de mutilaciones y deformaciones corporales como ornamento. Los objetos materiales se hacen de madera, concha y hueso; ignoran generalmente la talla de la piedra, por lo que se ha considerado que se hallan en un estadio cultural prepaleolítico. No encontramos en estos grupos manifestaciones artísticas propiamente tales, con excepción de la danza rítmica más o menos improvisada.Entre los pueblos de este ciclo se da un claro monoteísmo con ausencia de manifestaciones de fetichismo, manismo, animismo y totemismo, con lo que se invalidan las teorías etnológicas evolucionistas (v. EVOLUCIÓN III) sobre las creencias religiosas en los estadios más primitivos de la cultura, y se contradice la supuesta dependencia de la religión de las formas económicas del hombre primitivo. La concepción de un ser superior creador que impone normas de conducta, común a los pueblos de este ciclo, y los elevados conceptos morales y éticos derivados de los principios religiosos, han sido considerados por diversos investigadores como manifestación de una revelación primitiva.J. P. GARRIDO ROIZ.
BIBL.: H. A. BERNATZIG, Razas y pueblos del mundo, I y II, Barcelona 1965; H. V. VALLOIS, Las razas humanas, Barcelona 1949; W. SCHMIDT, Manual de Historia comparada de las religiones, Madrid 1947; H. PINARD DE LA BOULLAYE, El estudio comparado de las religiones, Madrid 1940; E. FISCHER, Uber die Entstehung der Pygmüen, "Zeitschrift für Morphologie und Anthropologie" 42 (1950) 18; W. SCHMIDT, Die Forchungsexpedition von P. P. Schebesta, "Anthropos" XVIII-XIX (1923-24); J. COMAS, Manual de Antropología física, México 1957.
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