Negrismo LIT.
Categoria:
Literatura
En algunos pasajes de obras de Cervantes (v.), Lope de Vega (v.), Góngora (v.) y Quevedo (v.) aparecen negros, y sor Juana Inés de la Cruz intercala un bello villancico negrista. En el s. XIX, los cubanos Cirilo Villaverde (v.) y Gertrudis Gómez de Avellaneda (v.) publican novelas antiesclavistas con víctimas negras o descendientes de negros: Cecilia Valdés (1839) y Sab (1841). El colombiano Jorge Isaacs (1837-95) introduce en su María (1837) negros que entonan (en el cap. XLIV) un cantar fúnebre de esclavos y (en el LVII) un cantar de boga. Y de los poetas, el dominicano Francisco Muñoz del Monte (1800-68) escribe La mulata (1845); el argentinoJosé Hernández (v.) tiene en su Martín Fierro un cantar moreno; y Candelario Obeso (1849-84), colombiano, una Canción de boga ausente: " ¡Qué trijte ejtá la noche!/¡ La noche qué trijte ejtá! /No hay en er cielo una ejtreya] ¡Remó, remá! ". También se incluye en este siglo La negra Dominga (1892), de Darío (v.).Pero es en el primer tercio del s. XX, con motivo de la fragmentación del posmodernismo, cuando invade los ambientes la moda del n. o de la poesía negroide o afroantillana. El papel más decisivo le corresponde al puertorriqueño Luis Palés Matos (v.). Formado en el modernismo (v.) a los 17 años publica Azaleas (1915); pero en 1918 da su Danzarina negra, y hacia 1921 ya está volcado íntegro en el tema. Hacia 1925 escribe Pueblo negro, que publica en La Democracia de San Juan el 18 oct. 1926. De ese mismo año es Danza negra. Candombe, de 1927; Canción festiva para ser llorada, de 1929. Al reunir en 1937 su Tuntún de pasa y grifería, ya el n. se ha impuesto y el libro no hace más que confirmarlo. En Cuba, en 1916, Felipe Pichardo Moya (1892-1957) da a conocer su Comparsa en El Gráfico. Y Agustín Acosta (n. 1886) incluye en La zafra (1926) Los esclavos negros. Pero según R. Fernández Retamar, quienes introducen en Cuba el n. poético son "el uruguayo Ildefonso Pereda Valdés, que publicó poemas negros en 1927 en la Rev. de Avance, y el norteamericano Langston Hughes, de quien la rev. Social publicó traducciones en 1928 (realizadas por José A. Fernández de Castro) y cuyo paso por La Habana fue de gran importancia".Surgen las antologías: La poesía negra hispanoamericana (Madrid 1935) y Mapa de la poesía negra americana (Buenos Aires 1946), de E. Ballagas; Antología de la poesía negra americana (Santiago de Chile 1936), por Ildefonso Pereda Valdés; y órbita de la poesía afrocubana, de R. Guirao (1937). En cuanto a recursos literarios, Max Henríquez Ureña (v.), en Panorama histórico de la literatura cubana (1I, México 1963, 375), menciona la afición negrista a "desentrañar de las palabras de origen africano ciertos efectos fonéticos de gran sonoridad que, mediante su repetición, adquieren rudo valor rítmico, a veces sincopado, y se combinan, para mayor musicalidad, con frases onomatopéyicas y con recursos prosódicos como los finales de verso que acaban en vocal acentuada, ya que esas vocales rotundas, al rimar unas con otras, producen resonancias de ataba!". Los nombres sonoros propios de persona o de lugar, las menciones o alusiones a creencias y ritos afroantillanos, la sensualidad desatada, los colores fuertes, todo contribuye al mejor logro lírico.Volviendo a Palés Matos, muchos influjos se le han asignado, entre poetas, narradores, músicos, decoradores, antropólogos, folkloristas, de habla castellana y otras hablas; pero lo fundamental ha sido la visión que del negro y del mulato se había ido formando el mismo poeta, en su Puerto Rico, desde la infancia, en su vivir de todos los días. Palés Matos era blanco; pero las raíces de su Puerto Rico son el negro y el español. De ahí la autenticidad de sus poemas negros, que están muy lejos de reducirse a una excursión de snob a un tema de moda. Que el poeta sea blanco, negro, mulato o indio, que cante desde adentro o desde afuera, importa pero no mucho. Para el efecto estético o moral lo que realmente importa es que el escritor sienta el tema, y tenga maestría para expresarlo. Pero, ’aunque Palés llegó a la fama por sus poemas negros, su categoría poética perdurable no depende de esos poemas. Pues junto a algunos como: "Calabó y bambú,/bambú y calabó./El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú./La Gran Cocoroca dice to-co-tó.../Rompen los junjunes en furiosa u./Los gongos trepidan con profunda o./Es la raza negra que ondulando va/con el ritmo gordo del mariyandá" (Danza negra), y "Al bravo ritmo del candombe/ despierta el tótemancestral: /pantera,antílope, elefante,/ sierpe, hipopótamo, caimán./En el silencio de la selva/bate el tambor sacramental,/y el negro baila..." (Numen), se halla, p. ej.:"Ahora vamos de nuevo a cantar, alma mía,/a cantar sin palabras./Desnúdate de imágenes y poda extensamente/tu viña de hojarasca" (Canción de la vida media).En 1957, la Univ. de Puerto Rico publica del poeta un volumen más: Poesía. Y cuando su autor muere (1959), deja poemas que cantan el amor, la fugacidad del tiempo, y una estupenda evocación de esa enigmática Filí-Melé ("Filí por su delicadeza; Melé, por su sangre mezclada", testimonia Enguídanos). "Yo te maté, Filí-Melé: tan leve/tu esencia, tan aérea tu pisada,/que apenas ibas nube ya eras nieve,/apenas ibas nieve ya eras nada./Cambio de forma en tránsito constante,/habida y transfugada a sueño, a bruma.../Agua-luz lagrimándose en diamante,/diamante sollozándose en espuma.../Yo te maté, FilíMelé: buscada/a sordos tumbos ciegos, perseguida/con voz sin cauce, con afán sin brida; /allá en agua de sombras resbalada,/sobre arena de estrellas encendida; /allá en tumulto de olas espumada/-flor instantánea al aire suspendida-/por la gracia y la luz arrebatada/y en aire sin recuerdo devenida". En muchos otros poemas suyos hay, y a veces con mayor realce, ese mismo señorío de los medios expresivos, una exuberancia a veces dionisiaca, el embrujo, el sortilegio de su palabra, su energía arropada en gracia leve, y cierta ironía que no es más que barniz y defensa de su bondad y ternura.Hasta cierto punto, empalideciendo a los demás por su intención social, al margen ya de sus virtudes humanas, artísticas y de fidelidad racial, surge, en la poesía afroantillana, el cubano Nicolás Guillén (v.), autor de Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo (1931), West Indies, Ltd. (1934) y otros libros. " ¡Yambambé, yambambó! /Repica el congo solongo,/repica el negro bien negro:/congo solongo del Congo/baila yambó sobre un pie" (Canto negro). "Hoy yanqui, ayer española,/sí señor,/la tierra que nos tocó,/siempre el pobre la encontró/si hoy yanqui, ayer española,/ ¡cómo no!/¡Qué sola la tierra sola,/la tierra que nos tocó! " (Mi patria es dulce por fuera).Aparte de los nombrados, también fueron atraídos por los temas negros otros poetas hispanoamericanos: los cubanos Alfonso Hernández Catá (v.), José Z. Tallet (n. 1893), Alejo Carpentier (v.), Ramón Guirao (190849) y Emilio Ballagas (1908-54), el uruguayo Ildefonso Pereda Valdés (n. 1899), el colombiano Jorge Artel (n. 1905). En Escala (1931), de Hernández Catá, se hallan Rumba y Son. La rumba de Tallet apareció en Atuei, en agosto de 1928. De Carpentier se citan Liturgia, Canción y Ciudad. Guirao dio a conocer La bailadora de rumba en el Diario de la Marina el 8 abr. 1928, y en la Revista de Avance en septiembre. Ballagas publicó la Elegía de María Belén Cancón en la Rev. de Avance en agosto de 1930. Pero mejor que la Elegía es su nana Para dormir un negrito: "Dormite, mi nengre; /dormite, ningrito; /caimito y merengue,/ merengue y caimito.../ Cuando tú sia grandi,/ba a sé bosiador,/nengre de mi vida,/nengre de mi amor". En Tambores en la noche (1940), de Jorge Artel, encontramos poemas dignos de mencionarse junto a los mejores de las Antillas. "La angustia humana que exalto/no es decorativa joya/para turistas. Yo no canto/un dolor de exportación" (Negro soy).El n. hispanoamericano del s. xx se acostumbra a referir únicamente a los poetas. Pero esa limitación es un error que atestiguan novelas como Ecue-Yamba-O (1931) de Carpentier; En negro (1933) del hispanocubano Lino Novás Calvo (n. 1905), y, sobre todo, esa jugosa f uyungo (1942) del ecuatoriano Adalberto Ortiz (n. 1914), también poeta.Para la valoración del espíritu y cultura de los negros, en África especialmente, v. NEGRITUD.V. t.: VANGUARDISMO.ALFONSO M. ESCUDERO.
BIBL.: J. CARRERA ANDRADE, Rostros y climas, París 1948; M. ARCE, impresiones, San Juan de Puerto Rico 1950; G. BELLINI, Poeti Antillani, Milán 1957; C. VITIER, Lo cubano en la poesía, Santa Clara 1958; "La Torre" 29, 30 (1960), con estudlós de M. ENGUíDANOS, G. DIEGO, D. C. BAYóN, M. HENRfQUEZ UREÑA, G. DE TORRE, F. DE ONÍS, C. MELÉNDEZ, M. T. BABíN, etc.; E. MARTíNEz ESTRADA, La poesía alrocubana de Nicolás Guillén, Montevideo 1962; T. BLANCO, Sobre Palés Matos, San Juan de Puerto Rico 1950; M. ENGUÍDANOS, La poesía de Luis Palés Matos, San Juan de Puerto Rico 1961.
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