Navarra III. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
"Tierra llana entre montañas", mucho más que región, N. es un país, una consecuencia de la historia. Participando de los mundos atlántico y mediterráneo, pudiendo ser dominada desde la meseta castellana y desde los Pirineos, ha superado las servidumbres geográficas al formar una entidad que, además de política, se ha ido perfilando a través de los siglos como netamente humana. Surgida en contradicción con la naturaleza física y quizá por eso tachada de insolidaria, cuando la realidad es que su historia ofrece lecciones de apertura a las empresas de convivencia. Trataremos aquí de la formación del país y de su evolución civil.Los condicionantes desde el tiempo antiguo. La colonización de montaña en los Pirineos, en uno de los tramos de la cordillera que mejor permite la comunicación con la vecina Francia, produjo en la Edad Antigua, entre sus pobladores, una tendencia aglutinadora, que, con motivo de la Reconquista (v.), se diversificó al dominarse la llanura, al mismo tiempo que se singularizaban las nuevas unidades políticas. La vertiente española pirenaica, no abrupta como la francesa, predispuso las relaciones y facilitó la unión del paisaje europeo de la montaña con el mediterráneo del llano ibérico. Complejidad. No fue pura la base étnica originaria. Y, como lo racial no se identifica con lo cultural, es difícil precisar el grado de predominio de lo vasco, La celtización del país navarro es un hecho arqueológico probado en la Ribera (Cortes, Arguedas) y se supone en el Pirineo. La romanización, los elementos germánicos, normandos y los de las minorías étnicas han dejado su mezcla. Es razonable, pues, que la teoría étnica-política del país vasco-navarro (Euzkadi) tenga contradictores. No es el factor racial la base de la personalidad navarra.Se ha sobrestimado, a lo largo de la historia, el carácter rebelde, celoso de independencia, desempeñado por N. frente a la latinidad, o, luego, en la época visigótica, para explicar la continuidad del espíritu "nacionalista" que encarnaría ante el mundo islámico el conde Eudes de Aquitania, como símbolo de una entidad política, a ambos lados del Pirineo, y de raíz vasca. Lo que sí está presente de modo constante, en el origen del país, es su función de tierra de transición. Zona de resistencia, de frontera, en torno a la cuenca de Pamplona y accesos pirenaicos, frente a romanos (75 a. C.), visigodos (Eurico, Wamba, D. Rodrigo) y musulmanes. Protagonistas de la defensa, tanto los vascones (v.), como los francos, hispano-romanos y luego familias emparentadas con gentes musulmanas. Zona de encrucijada también en el callejón riojano con centro en Nájera. Entre los - Pirineos y los montes Ibéricos, un núcleo político, Pamplona (v.), señoreó su diócesis religiosa antes y después de la invasión musulmana. Cerca de ella, en 1086, se documenta el topónimo "Navarra", referido a la comarca que comenzando en Pamplona abarcaba los valles de Goñi, Guesalaz, Yerri, Améscoa y otros lugares de la Tierra de Estella.Las fuerzas modeladoras en la coyuntura medieval. La coyuntura que daría origen inmediato al país fue la misma que preparó el nacimiento de Europa, consistente en dos transformaciones: la aparición del Imperio carolingio al N y la islamización del Mediterráneo, que afectaría a N. desde el S. De Francia provino, ya a mediados del s. X, una madura estructura política, siendo la influencia franca patente en múltiples aspectos del reino (v. NAVARRA, REINO DE) o en la temprana gravitación de la Iglesia navarra hacia la parte francesa, que prefiguraría la orientación europea marcada por Sancho el Mayor (v.). El camino de Santiago (v.) fue el "camino francés". Pero la apertura de esta ruta . de comunicación con Europa fue el resultado de la solicitación histórica frente al Islam, merced a cuya empresa un mismo poder político extendería su dominio desde los Pirineos al valle Ibérico. Primero, cuando la plaza fuerte de Tudela del emir Amrus ibn Yusuf fue arrebatada por la familia AristaBanu Qasi (803) temporalmente (v. BANU-QASI, FAMILIA). Luego, de acuerdo con los reyes leoneses, al ocupar la tierra de Nájera y Rioja en el s. X.La adquisición de los límites territoriales actuales no la obtuvo el país sin vacilaciones entre las nuevas fuerzas históricas anotadas y las del pasado, porque la organización del espacio conquistado en el valle del Ebro se atenía a las circunscripciones romanas o visigóticas, mantenidas por la organización religiosa. Por eso se establecería la sede política en Nájera (junto a Tritium Megallum), hasta que en el s. XI brotasen de la monarquía navarra los reinos realizadores de la unidad española. A comienzos del s. xil, al incrementarse los lazos ultrapirenaicos yperderse el espacio riojano, el dominio navarro del Ebro se concretaría en la anexión del señorío de Rotrou de la Perche, centrado en la Tudela musulmana, en virtud del casamiento de su sobrina Margarita con García Ramírez el Restaurador.La aglutinación del país. Las instancias políticas tuvieron gran importancia en el origen de N., en un territorio y sobre unos habitantes caracterizados por la diversidad. Pero luego, esta historia ha sido el resultado de la labor colectiva, escrita con la letra inédita de los esfuerzos personales acumulados en el espacio y en el tiempo. Hasta el s. XII, las tierras comprendidas desde Pamplona a Nájera y Belorado habían iniciado o robustecido su agricultura, muchas veces en manos de mudéjares, al amparo de instituciones eclesiásticas, favorecedoras del proceso de emancipación de siervos y colonos y del acceso a la libre propiedad, completando la actividad ganadera, que en ese momento parecía estar reservada al género de vida de los ornes bonos y cristianos viejos. Para ello, desde el s. X, había sido necesario-que incrementase la posibilidad del comercio y de los beneficios. La peregrinación a Santiago, desarrollada en el s. XI, vehículo de la colonización franca, extendida en el xii a toda N., creó los burgos de francos en las ciudades navarras. Al mismo tiempo, se incorporaba al país el distinto mundo económico de la Ribera tudelana. La unión de las gentes se vio favorecida en los núcleos de población y en el espacio navarro destinado a pastos: en las Bardenas (1204), sierras de Urbasa y Andía. Los tratos de los ganaderos del Norte con los de la Ribera influyeron en la desaparición del vascuence (v. VASCONGADAS IV) en el valle del Roncal. La influencia castellana desde el O fue también responsable de ello (v. VI).Los oficios burgueses, protegidos por obispos y reyes, entraron en pugna con la vida tradicional agropecuaria en el s. XIII, como ocurrió en la guerra de los burgos de Pamplona (v. PAMPLONA II). Ello originó la división civil y la debilidad del país, que cayó bajo la órbita francesa, sufriendo la amenaza rival de Castilla y Aragón. Quizá por esto se vio favorecida la aglutinación interior y el desarrollo de la representatividad, garantizada por la acción cada vez más eficaz de las Cortes.Trayectoria constante en los tiempos modernos. Se consolidaron las Cortes en la Baja Edad Media, tanto para evitar la sumisión a Francia, como para suavizar las rivalidades de la clase media con la nobleza, conservar otros privilegios y libertades, y por las necesidades pecuniarias de los reyes. Acrecieron su importancia según Boissonnade bajo los Albret, tanto que tenían autoridad casi ilimitada en el momento de la anexión de N. a Castilla (conquista por el duque de Alba para Fernando el Católico), confirmada por Cortes de Burgos en 1515.Hasta 1512, tuvieron representación en Cortes los obispos de Tarazona, Calahorra, Bayona y Dax, y el abad de Montearagón. La incorporación de N. precisó los límites fronterizos. Ya en 1530, Carlos I de España se desinteresa de la N. francesa, Baja N. o merindad de Ultrapuertos, que quedó unida a Francia en 1607. No cambió, sin embargo, la Constitución del antiguo Estado, ni sus costumbres, ni su autonomía, ni su personalidad y gobierno. El pacto establecido entre rey y Cortes sobrevivió al cambio de dinastía. Tuvieron las Cortes en la Edad Moderna, si no tanta competencia en la vida interna, sí más personalidad política. Y fueron ellas las que velaron por los fueros (v. DERECHO FORAL) y libertades civiles, asegurando la singularidad de N., que continuó más allá de 1841, al declararse provincia. La convivencia social y el régimen representativo en la Edad Moderna fueron coordinadospor las Cortes, la Diputación desde 1569 y la Cámara de Comptos.Los representantes en Cortes por el brazo popular se eligieron en concejo abierto, entre magistrados de elección popular, hasta la Edad Contemporánea. Entre estos procuradores, se acentuó el poder de los comerciantes, por lo que aumentó la influencia de las villas que los tenían en abundancia. A este brazo de las universidades se debe el sostenimiento de la Constitución navarra con un régimen financiero que al liquidarse había de afectarles más que a los otros brazos. Cuando las Cortes se convocan menos, desde fines del xvii, fue la Diputación el apoyo de la tradición, hasta la ley paccionada de 1841, en que nació la actual Diputación reuniendo las atribuciones de la anterior y las del Consejo del Reino. La Cámara de Comptos intervino en pleitos de la propiedad pública, en relación con los particulares.La actuación en el tiempo de estas instituciones y la tendencia aglutinadora, junto con los sistemas de propiedad, han ido produciendo el arraigamiento de la población; en la Ribera tudelana, con el acceso a la propiedad de la tierra sobrante en el XIX y en el XX; en el resto del país, por medio de la indivisión de la herencia que, partiendo de una sólida institución familiar, supo "quedar para casa", asegurar la continuidad. Añádase a todo esto la intervención de las autoridades en la conservación y protección de las costumbres tenidas por virtuosas, de lo que hay testimonios en la Edad Moderna, y tendremos el cuadro dé la N. del antiguo régimen ante la coyuntura revolucionaria.La oposición del poder central a la Constitución navarra partió del absolutismo ministerial del XVIII o del liberal del XIX; nunca de la monarquía centralista, que incluso en el XIX favoreció el funcionamiento de las Cortes, hasta el cese del último virrey en 1832. La participación de N. en las guerras del XIX es, pues, una defensa de la organización tradicional española, la continuidad de su propia historia, lo mismo en el movimiento guerrillero de la Independencia (v. INDEPENDENCIA, GUERRA DE LA), COMO en la guerra realista de 1820-30, o en las carlistas (v. CARLISTAS, GUERRAS). En este mismo sentido, se inscribe la posición y actuación de N. en el conflicto interno de 1936-39; apoyada en su sector agrario tradicional.Después de la Guerra española de 1936-39, y sobre todo desde 1960, N. se transformó industrialmente, favorecida por exenciones tributarias, existencia de mano de obra especializada y alto nivel de cultura promovido por la Diputación Foral y asegurado por la prestigiosa N. (v. viu). El 16 jul. 1982, N. se constituye en Comunidad Autónoma (v. ESPAÑA IV) con capital en Pamplona (v.).El conjunto regional. La historia de N. es la de sus pueblos. Tudela, con algún resto romano y prerromano, es ejemplo típico de antigua población musulmana, con barrios mozárabe y judío. Reconquistada por Alfonso el Batallador en 1119, su función fue agrícola hasta el xvi, que tuvo asociaciones de artesanos. Obtuvo el título de ciudad en 1390. Fue el último pueblo en someterse al Rey Católico, y no simpatizó con la Inquisición. Cascante, celtibérica y luego municipio romano, con restos musulmanes. Tajalla, núcleo defensivo frente a Aragón y musulmanes en 1034, con fuero de 1066, ciudad en 1636, captó los pueblos de la merindad de Sangüesa y eclipsó a Olite, fundada por Suintila en el 625, pese a ser ésta sede de Cortes en el xv con su castillo-palacio. Hitos en el "camino francés": Sangüesa, trasladada al llano por el Batallador; Puente la Reina, nacida en el xi de la peregrinación, un pueblo calle; sobre todo Estella, que tuvo más habitantes que Pamplona en la Edad Media, con susbarrios de navarros, francos y judíos, revitalizada en el xv con ferias y mercado, y sede de la Corte carlista en el xix. Corella, Fitero, Alsasua, Aoiz, Viana, etc., otros tantos símbolos de la complejidad del poblamiento navarro, fundido en el crisol de un país que, pese a su singularidad, se encontró y se encuentra a la vanguardia de las tareas nacionales hispánicas.V. t.: NAVARRA, REINO DE;PAMPLONA II.L. GIL MUNILLA.
BIBL.: Fuentes: J. DEL BURGO, Bibliografía de las Guerras carlistas, Pamplona 1954-60; F. GONZÁLEZ OLLÉ, Textos lingüísticos navarros, Pamplona 1970; J. GoÑi GAZTAMBIDE, Catálogo del Archivo Catedral de Pamplona, 1 (829-1500), Pamplona 1965; J. M. LACARRA, Colección diplomática de Irache, 1 (958-1222), Zaragoza 1965; S. A. GARCÍA LARRAGUETA, El Gran Priorado de Navarra,de la Orden de San Juan de Jerusalén, Est. prel. y colección diplomática, Pamplona 1957. No existe un estudio completo sobre la historia civil de N.; sí, en cambio, sobre el reino. Aspectos parciales en: J. CARRASCO, La demografía de Navarra en el siglo XIV, tesis doctoral leída en la Pamplona el 17 mar. 1972; J. CARo BAROJA, Etnografía de Navarra, Pamplona 1972; C. SARALEGUI, El testamento de Carlos III de Navarra, Pamplona 1971 ; 1. CARO BAROJA, La hora navarra del siglo XVIII, Pamplona 1969; M. P. Hulcl, Las Cortes de Navarra durante la Edad Moderna, Madrid 1963.
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