Navarra I. Geografía. GEOG.
Categoria:
Geografía
Región histórica, provincial foral y Comunidad Autónoma de España situada entre Francia, Aragón,La Rioja y Vascongadas. Su gran variedad de paisajes geográficos se debe a que se extiende entre el Pirineo (medio húmedo) y la cuenca del Ebro (medio seco). El modelado y conservación de su personalidad y unidad hay que buscarlos en los acontecimientos históricos que le permitieron vivir, celosa de su independencia y respetada, como un "Estado tapón" entre sus poderosos vecinos. Por su extensión (10.421 Km2) ocupa el 23 lugar entre las provincias españolas; por su población (512.208 hab. en 1986) el 25 (en 1970, 464.867 hab., 26 lugar); por su densidad (49 hab/Km2) el 28; por su producción neta (360.580 millones ptas. en 1985) el 20 (en 1962, el 23); por su renta per cápita (690.401 ptas. en 1985) el 10 (en 1962, el 7).Medio físico. La disposición y la fisonomía del relieve de N. y su situación influyen decisivamente en la gran variedad de matices bioclimáticos que ofrece su territorio.Relieve. Dos grandes regiones geológico-estructurales se distinguen en N., la cuenca del Ebro y el Pirineo occidental unido a las montañas vasco-cántabras. Aquélla constituye, grosso modo, el marco geográfico de la Ribera y de la N. media, y éste el de la Montaña.En el Pirineo navarro, a su vez, se distinguen las siguientes áreas geomorfológicas: a) Los viejos macizos paleozoicos de Cinco Villas (Mendaur, 1.136 m.), Quinto Real (Sayoa, 1.418; Adi, 1.459; y Orzanzurieta, 1.570 m.) y Oroz Betelu (Corona, 1.387 m.), fallados y divididos en bloques desnivelados con el plegamiento alpino; sus cum, bres, que contrastan fuertemente con los valles, de trazado sinuoso y con frecuencia encajados, conservan importantes restos de la superficie de erosión poligénica (posherciniana, infracretácica y neógena) que las modeló, y sobre ella destacan, a modo de monadnocks de resistencia -calizas duras y rocas silíceas- los relieves culminantes; en la periferia de los macizos hay depresiones, pasillos y corredores excavados en los terrenos menos resistentes del triásico, cretácico superior y aun eoceno: p. ej., el valle de Baztán, situado entre Quinto Real y Cinco Villas y recorrido por el alto Bidasoa.b) Las montañas de la Alta N. situadas al S y SE de los macizos paleozoicos y de la frontera hispano-francesa. Se trata de una serie de pliegues montañosos que alcanzan los 2.000 m. en la parte nordeste (Mesa de los Tres Reyes, 2.438 m.; Ezcaurre, 2.047 m.; Orhi, 2.021 m.) y de colinas que escasamente llegan a los 800 m. en el SO; una serie de barras calcáreas, intercaladas en la masa del flysch cretácico y eoceno, dan, por erosión diferencial, los relieves más enérgicos de esta región geológicamente bastante monótona.c) Las cuencas prepirenaicas de Pamplona y LumbierAoiz, orientadas del ONO al ESE. Su fondo, de 550 m. de altitud media, ha sido excavado por la erosión en las margas gris-azuladas del eoceno superior y del oligoceno de base, dispuestas en un sinclinorium cuyo tramo más elevado estratigráfica y topográficamente lo constituye el sinclinal colgado de la Peña de Izaga, que tiene su corona de conglomerados a 1.363 m. de altitud; varios niveles de glacis y terrazas truncan el buzamiento de las margas que, por erosión antrópica, ofrecen no pocas veces -y sobre todo en la cuenca de Lumbier- un claro paisaje de bad-Lands.d) Las sierras exteriores prepirenaicas de Alaiz (Higa de Monreal, 1.289 m.), Illon o Navascués (1.420 m.) y Leyre (1.347 m.), pliegues fallados y cabalgantes que emergen sobre un pedestal de glacis encajados; la erosión los ha modelado en forma de gigantescas cuestas simples o desdobladas, con el frente abrupto mirando hacia el S, y los ríos las atraviesan transversalmente mediante foces (Arbayún, Lumbier).e) Las sierras y valles occidentales de tipo cántabro. De N a S son éstas: la escama de corrimiento de Aralar (Irumugarrieta, 1.427 m.), las sierras amesetadas o sinclinales colgados de Urbasa y Andía (San Donato, 1.494 m.), el anticlinal desventrado de Lóquiz (1.258 m.) y el plieguefalla de la sierra de Codes (1.414 m.), que cabalga sobre la cuenca del Ebro. En todas ellas, y particularmente en las primeras, la carstificación es intensa. Una serie de valles excavados en las margas cretácicas las separan: el corredor de la Barranca-Burunda entre Aralar y UrbasaAndía, el valle de las Améscoas, entre estas últimas y lasierra de Lóquiz, y la Val de Ega, entre ésta y la sierra de Codés.En la cuenca sedimentaria del Ebro dominan, en cambio, las llanuras interrumpidas de cuando en cuando por serrezuelas y colinas alineadas del NNO al SSE, o salpicadas de cabezos o cerros. La compleja subsidencia que la cuenca del Ebro sufrió en esta parte durante el terciario es la responsable de la distribución de los materiales sedimentarios de facies continental-lacustre (conglomerados, areniscas y margas rosadas, yesos y calizas), que habrían de guiar selectivamente a la erosión para dar como resultado en unos sitios plataformas estructurales y cerros testigos (Ribera tabular, la más meridional); y en otros, crestas, combas, valles anticlinales y sinclinales colgados (Ribera plegada y N. media). Porque, en efecto, los esfuerzos tectónicos del plegamiento alpino pierden intensidad a medida que desde el Pirineo nos alejamos hacia el centro de la cubeta del Ebro, y así a los pliegues ONOESE de la porción septentrional suceden, hacia el S, las estructuras horizontales. La mayor parte de los pliegues anticlinales tienen núcleo perforante de yesos y sales, cuya movilidad ha jugado un importante papel en la estructura que ofrecen, de tipo diapírico. En la N. media occidental y en relación con el haz de fallas del SO de la sierra de Andía, un elemento morfológico de importancia, y diferenciador, son los domos diapíricos de núcleo triásico, excavados por la erosión y convertidos en cubetas más o menos circulares: Estella, Alloz, Salinas de Oro. Finalmente, a lo largo de los ríos y como pedestal de las sierras, existen varios niveles de terrazas y glacis de erosión.Clima, hidrografía y vegetación. Bioclimáticamente, N. es muy variada, gracias a su posición con respecto a los factores de los grandes tipos climáticos peninsulares y a su topografía, que matiza y diversifica los elementos del clima. Así, el Noroeste pertenece al clima oceánico-vasco: precipitaciones elevadas (más de 1.000 mm. anuales) y regularmente distribuidas (máximo invernal), y oscilaciones térmicas suaves, con inviernos más fríos hacia el interior. El Sur de N. debe incluirse en el clima mediterráneo-continental de la cuenca del Ebro: precipitaciones escasas (menos de 450 mm.) e irregulares, con máximos equinocciales, inviernos fríos, veranos calurosos, fuertes vientos (cierzo), gran aridez. Entre ambos queda toda una amplia gama de climas subatlánticos y submediterráneos, motivada por el hecho fundamental de alcanzar la divisoria de aguas Cantábrico-Mediterráneo, al O de Velate,altitudes demasiado modestas (unos 1.000 m.) como para servir de pantalla pluviométrica tajante. Finalmente, a los valles pirenaicos navarros más orientales corresponde la variante montañosa o subalpina del clima mediterráneocontinental: inviernos fríos con nevadas importantes, veranos frescos y relativamente secos y precipitaciones totales menos cuantiosas que en los macizos paleozoicos del Noroeste.De acuerdo con el clima y con su trazado, los principales ríos navarros tienen o regímenes pluviales oceánicos puros (Bidasoa), o nivo-pluviales oceánicos (Ega, Arga, Irati), o pluviales subtropicales (Queiles, Alhama, Cidacos). El Aragón entra en N. como un río de régimen nivopluvial y desemboca en el Ebro con régimen pluvionival oceánico por influencia de sus afluentes navarros. Por último, el Ebro (v.), a su paso por N., es un río caudaloso (322 m3/seg. en Castejón), de régimen pluvionival, sobre todo después de recibir a la red del Aragón. En la Ribera, y particularmente en las Bárdenas Reales, el organismo hidrológico típico es el barranco, verdadero uadi sahariano; hay también algunas balsas endorreicas.A los tres dominios climáticos navarros corresponden otros tantos dominios vegetales: el pirenaico tiene como representantes típicos el pino silvestre y el boj; el atlántico, el haya y el roble, los helechos, árgomas y brezos; el mediterráneo, el pino de Alepo y los matorrales de romero, aliaga, tomillo, enebro, lentisco, etc.; por último, habría que distinguir, con S. Mensua, el dominio mixto de la N. media: encina, roble lusitánico y roble pubescente y matorrales de tipo mediterráneo, pirenaico u oceánico, según la exposición, la altura y la naturaleza del suelo (v. o. c. en bibl.).Regiones. Tradicionalmente, se distinguen: Montaña, zona media y Ribera. El límite entre las dos primeras es morfoclimático y viene señalado por las sierras de Urbasa, Andía, Sarvil, Perdón, Alaiz, Izco y Leire; resulta, en cambio, muy difícil trazar la frontera entre la N. media y la Ribera, ya que se pasa casi insensiblemente de una a otra.Montaña. Abarca tres áreas comarcales diferentes: los valles pirenaicos transversales, la N. húmeda del NO y las cuencas prepirenaicas. Entre los primeros, los de Roncal y Salazar son los que presentan rasgos más parecidos a los valles aragoneses del Pirineo central; son de señalar la importancia de la ganadería lanar trashumante a los secanos de la depresión del Ebro, la agricultura montañesa subsidiaria --con la patata como principal cultivo-, y la explotación maderera de los pinares de cierta consideración y de gran arraigo. Los otros valle(Aézcoa, Arce, Burguete-Roncesvalles, Erro) marcan la transición paulatina hacia la N. húmeda; tienen más tierras de labor, más maíz, más ganadería vacuna, más hayas y robles, más prados y helechos. En todos, la densidad de población es escasa (10-20 hab/Kmz) y la emigración, que es tradicional, se ha acentuado en los últimos años; 18.514 hab. tenían los valles pirenaicos en 1860, y 11.299 en 1965. Los núcleos de población oscilan entre 300 y 600 hab., y por las montañas hay una gran cantidad de bordas pastoriles dispersas.La N. húmeda del NO comprende no sólo los valles navarros que desaguan en el Cantábrico sino otros, como la Burunda, Araquil, Ulzama, que lo hacen en el Mediterráneo a través del Ebro. En todos ellos, la humedad es grande y predominan las hayas, los robles y los helechos. La agricultura es ya de cierta importancia; trátase del policultivo atlántico de tipo vasco (maíz, alubias, nabos) estrechamente ligado a la ganadería, que es primordialmente vacuna, aunque también la ovina -de raza lacha, frente a la churra de los valles pirenaicos- y la de cerda sigan teniendo bastante importancia. Los prados ocupan cada vez mayores superficies, a expensas de los campos, y las vacas holandesas y suizas van sustituyendo a las pirenaicas. La densidad de población es mayor -de 20 a 30 hab/Kmz- y entre las aldeas hay, en la vertiente cantábrica, numerosos caseríos dispersos de habitación permanente. En 1860, la N. húmeda tenía 61.819 hab., y en 1695, 58.284.Las cuencas prepirenaicas de Pamplona y Lumbier-Aoiz son, por el contrario, fundamentalmente agrícolas y concretamente cerealistas; mientras que la superficie cultivada sólo equivale al 10% de la total en los valles pirenaicos y al 16% en la N. húmeda del NO, aquí alcanza el 31%. Ya no hay helechos ni prados y aparecen las primeras viñas en los carasoles. El trigo y la cebada alternan con las leguminosas, y en los fondos de los valles se cultivan el maíz y la remolacha sin necesidad de regadío. El tipo de poblamiento característico de las cuencas es la pequeña aldea de 50-100 hab., agrupadas en valles y cendeas. Si se exceptúa Pamplona (v.) y los pueblos de sus inmediaciones (Villava, Burlada, Huarte) también las cuencas pierden población: 30.908 hab. en 1860, y 22.585 en 1965.Zona media. El Arga señala el límite, más o menos convencional, entre la N. media oriental y la occidental; aquélla gira en torno a Sangüesa (4.737 hab.) y Tafalla(7.740), y ésta en torno a Estella (9.297). Lo típico de ambas es el ser zona de transición y empalme entre la Ribera y la Montaña. Algunos rasgos -importancia de la ganadería y de los bosques, organización en valles-ayuntamiento, heredero único, etc- la asemejan a ésta; tal es el caso de las sierras, que hacen de cordal divisorio entre el Aragón y el Zidacos y, sobre todo, de los valles del NO de la Tierra de EsteJla. Otros caracteres, por el contrario, la emparentan a la Ribera: neto predominio de la agricultura sobre la ganadería, núcleos de población mayores, más compactos y con emplazamientos defensivos, importancia de las grandes propiedades. Lo típico de la agricultura de la N. media es el policultivo mediterráneo (vid, olivo, trigo), frente a la tendencia de la Ribera hacia el monocultivo; mientras que en ésta, además, los regadíos son muy importantes, en aquélla ocupan todavía pequeñas superficies. Semejantes a la Ribera son algunos piedemontes, como el de Olite, que tiene afamados viñedos. En la N. media es donde las cooperativas vitícolas son más abundantes. Entre 20 y 40 hab/Kmz se puede estimar la densidad de población, y en muy grande -el mayor de N.- el éxodo rural; en 1860 la N. media oriental tenía 38.940, y en 1965, 34.421; la N. media occidental, 48.524 y 42.616, respectivamente. Si descontamos la población de Estella, Tafalla y Sangüesa, la N. media tiene hoy 59.051 hab., mientras en 1860 tenía 73.029.Ribera. Es la región de las llanuras, de los grandes ríos -Ebro, Ega, Arga y Aragón-, la de mayor sequedad, la más desarbolada. Un fuerte contraste se establece en ella -como en toda la Hispania árida- entre las tierras de regadío aledañas a los ríos, muy extensas -canales Imperial, de Tauste, de Lodosa, de las Bárdenas- y muy bien cultivadas, y los secanos interfluviales, que adquieren su máxima expresión en las Bárdenas Reales. En los regadíos, de propiedad bastante dividida, se cultiva remolacha azucarera, alfalfa, hortalizas y frutales, estos dos últimos cada vez en mayor proporción; en La Rioja (v.) baja, ha surgido, por ello, numerosas fábricas de conservas vegetales (San Adrián, Azagra, Falces, etc.). En los secanos de las Bárdenas y sus alrededores, domina de modo casi exclusivo el cultivo de trigo en sistema de año y vez; en el área del Queiles,el olivo ocupa importantes superficies (Cascante) y, en la del Alhama, la vid (Corella). Los secanos están divididos en corralizas, grandes fincas, unas de propiedad particular, provenientes de la desamortización de propios, y otras de propiedad comunal. Las Bárdenas Reales, que tienen unos 415 Kmz, constituyen una importante facería de 19 pueblos ribereños, el monasterio de la Oliva y dos valles pirenaicos: Salazar y Roncal. La mecanización ha adquirido en estos últimos años niveles europeos. La Ribera es tierra de grandes aldeas compactas y de emplazamiento defensivo. Su población pasó de 75.087 hab. en 1960 a 122.066 en 1965; ha tenido, pues, un crecimiento muy superior al de la N. media y al de la Montaña, si se exceptúa Pamplona. En los últimos años, sin embargo, también la Ribera conoce un importante éxodo rural, acentuado por la mecanización agrícola. Tudela es la ciudad ribereña por excelencia; hace de capital de la Ribera oriental y es un notable centro mercantil, agrícola e industrial. Tenía 9.287 hab. en 1860, y 17.719 en 1965. V. t.. PAMPLONA 1.A. FLORISTÁN SAMANES
BIBL.: L. URABAYEN, Geografía humana de Navarra. La vivienda, 1, Pamplona 1929; 11, Madrid 1932; ín, Geografía de Navarra, Pamplona 1931; fo, Una Geografía de Navarra. Investigación sobre las residencias humanas de Navarra, Pamplona 1959; J. M. CASAS TORRES y A. ABASCAL, Mercados geográficos y ferias de Navarra, Zaragoza 1948; A. FLORISTÁN, La Ribera tudelana de Navarra, Zaragoza 1951; J. M. CASAS TORRES, La originalidad geográfica de Navarra, Pamplona 1956; M. JIMÉNEZ CASTILLO, La población de Navarra, Zaragoza 1958; S. MENSUA, La Navarra Media Oriental, Zaragoza 1960; CONSElo EcONóMico NAC. (Organización Sindical), Perspectivas de desarrollo económico de la provincia de Navarra, Madrid 1962.
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