Naturalismo VI. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Así como este movimiento queda en cuanto a su vigencia en literatura perfectamente claro y definible, en la escultura y en la pintura no constituye ningún grupo o tendencia capaz de ser situada y estudiada en un periodo dado, al mismo tiempo que su concepto apenas podría traducirse sino como el de un realismo extremado que no retrocede en su representatividad ante ningún obstáculo, por lesivo que pudiera parecer a la armonía del conjunto deseado. Ello admitido, el n. contaría con abundantísimos precedentes en numerosos momentos de la Historia del Arte, incluidas la plástica griega y romana, la pintura flamenca y la española del Siglo de Oro, más cantidad de tendencias de mayor modernidad, sobre todo en el s. XIX. Es evidente que los mendigos pintados por José de Ribera (v.) o la Vieja despiojando a un niño y Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, de Murillo (v.) merecen el dictado de naturalistas; lo es también que pertenecen a la misma estirpe de realismo llevado a sus límites visualmente tolerables los cadáveres en descomposición pintados por Valdés Leal (v.).Pero más sorprendente debe resultarnos que otros cuadros con los que estamos más que familiarizados puedan serlo también. Así, en el retrato de Emilio Zola, por Manet (1868, Museo del Louvre); las reproducciones que figuran en el cuarto de trabajo del creador del n. literario son una estampa japonesa, una fotografía de la Olimpia del propio Manet, y otra de Los borrachos de Velázquez. Ello debería llevarnos a la conclusión de que, a lo menos para el criterio de Zola, Los borrachos era una pintura naturalista, ya que los gustos del autor de La taberna debieron ser muy homogéneos. Y es posible esa etiqueta para el famoso cuadro velazqueño. Mas, antes de pasar adelante en la discusión de si lo es o no, aceptemos que la condición de naturalista o de n. es eminentemente subjetiva, habiéndose solido utilizar por los adversarios del realismo a ultranza con intención peyorativa y recriminatoria. Esa Olimpia de Manet (v.) fue calificada de naturalista y de indecente, de risible, de grotesca, etc., por muchos de sus primeros espectadores del Salón de 1865, cuando a nosotros nos sería difícil advertir en tal cuadrootra cosa que el inocente y delicado desnudo de una muchacha, nada excitante ni provocativo. Más aún, un pintor francés que sin duda placía a Zola era Millet (v.), con sus tristonas y escasamente interesantes escenas campesinas.Por otra parte, que el vocablo n. ha sido manejado siempre con mínima propiedad lo demuestra el hecho de que Courbet (v.), al fijar su cartel desafiante en la barraca construida en 1855 en la avenue Montaigne, de París, no anunció otra cosa que su realismo, quizá porque la palabra n. todavía no había cobrado el significado polémico con que hoy la utilizamos. Pero si es posible calificar a alguien de naturalista, no será sino a Courbet y a su paralelo español Martí Alsina (v.), y claro está que no atribuyéndoles de modo total y programático esta intención, sino centrándola en obras muy determinadas, en las que ambos procedieron más de acuerdo con su robustez interpretativa y con su sentido popular de la realidad, por ninguna manera concordante con los criterios de las minorías, del coleccionismo y de la crítica. Mas si algo puede y debe deducirse de lo acabado de formular, y esta vez el intento de clarificación puede ser igualmente valedero para Velázquez, Murillo o Valdés Leal, es que sólo puede darse una actitud naturalista en quien comience por ser seguidor del realismo y acentúe éste hasta extremos que pueden originar perplejidad, discusión o rechazo. Y se insiste en la subjetividad de estos criterios, recordando que La danza de Carpeaux (v.) también hubo de ser tenida por procaz en opinión de no pocos "tartufos". En suma, es posible concluir que el n., sin más escuela propia que una total intermitencia a lo largo de los siglos, y sin integrarla ni siquiera en sus siglos más fecundos, los XVII y XIX, no es otra cosa que una actitud mental, más elaborada y premeditada en el ánimo del espectador que en los propósitos del artista. Ya es significativo que el novecentismo, con su ilimitada amplitud de dicción plástica, sea casi incapaz de presentar ejemplos de artistas u obras imbuidos por este sentimiento.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: No existiendo ninguna específica del criterio del presente artículo, consúltese la relativa a COURBET, GUSTAVE; MANET, EDOUARD; MARTE ALSINA, RAMÓN.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.