Naturalismo IV. Literatura Española. LIT.
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Literatura
1. Realismo y naturalismo. No se pueden desligar fácilmente realismo (v.) y n. en la literatura española. En la literatura francesa (v. II), cuyo desarrollo literario fue el modelo a seguir, ambos fenómenos pueden diferenciarse con un mínimo de precisión; no ocurre así en España, y ya los críticos coetáneos se vieron en grandes dificultades a la hora de distinguir, incurriendo a veces en aparatosos errores, tales como calificar de naturalista a Pereda (v.). Asimismo, la nómina de los naturalistas es muy diferente según los críticos, e incluso varía el número de novelas naturalistas que se le asignan a cada autor. En general, podríamos decir que el fenómeno realista es un fenómeno histórico que nutre toda una época y alimenta diversas manifestaciones literarias, una de las cuales es el n. Por supuesto, cada una de estas manifestaciones literarias expresa sólo una zona del concepto realista, trasformándolo a su vez.Si tuviéramos que hacer una enumeración de estas manifestaciones, resultaría la siguiente: costumbrismo (v.), novela de tesis, novela regional, novela naturalista, n. espiritual, novela psicológica y novela poética. La dificultad comienza al tratar de deslindar estos distintos tipos de novela en fiases cronológicamente sucesivas. Ello no es posible, pues muchas veces son simultáneas o invierten el orden que se trataría de establecer. Así, p. ej., E. Pardo Bazán (v.) escribe novelas de tesis (Una cristiana, La prueba) después de su época naturalista; Pereda y Pérez Galdós (v.), sobre todo, incorporan el costumbrismo orgánicamente a la novela; Valera (v.) oscila entre la novela costumbrista (Juanita la Larga), la novela realista levemente psicológica (Pepita Jiménez, Doña Luz, Las ilusiones del doctor Faustino) y la novela de aventuras (Morsamor, El comendador Mendoza). En este sentido, el desarrollo más coherente es el de Pérez Galdós, cuya novela está siempre en movimiento, avanzando hacia nuevas formulaciones.Fases. y representantes del naturalismo español.Para ofrecer una panorámica de la segunda mitad del s. XIX, parece lo más razonable argüir que el fenómeno realista se caracterice en España por la investigación novelística en varias direcciones simultáneas. Dentro de esta simultaneidad cabe, sin embargo, establecer un cierto orden en tres fases (v. 4): 1) costumbrismo y novela de tesis; 2) n.; 3) estilización del n. y búsqueda de nuevas fórmulas para la novela. La duración total del fenómeno realista puede situarse en 1870-99. La primera fase, muy genéricamente, podría situarse en los a. 70; la segunda, en la década de los 80; y la tercera, de 1887 en adelante, si seguimos la mayor coherencia del desarrollo galdosiano.En cuanto a la nómina de autores naturalistas, lo correcto parece situar un núcleo central compuesto por Pérez Galdós (La desheredada, El Amigo Manso, con reservas, El doctor Centeno, Tormento, La de Bringas y Lo prohibido), E. Pardo Bazán (La tribuna, Los Pazos de Ulloa, La Madre Naturaleza, Insolación) y Clarín, v. (La Regenta, con muchísimas reservas). Junto a este núcleo, habría otros escritores afines, como V. Blasco Ibáñez (v.), A. Palacio Valdés (v.), Ortega Munilla (1856-1922), etc. Y, por último, imbuyéndolos de un sentimentalismo utópico, característico del folletín progresista de naturalistas que siguen a rajatabla los modelos franceses con una escasa calidad literaria: López Bago, Alejandro Sawa (1862-1909), 1. O. Picón (1852-1953), etc.Si el fenómeno realista hace su aparición en España con evidente retraso, cabe atribuirse al hecho de que el realismo como concepción cultural concreta resulta indesligable del tiempo de la revolución burguesa, y las consecuencias que ello trae: racionalismo económico, industrialización, triunfo del capitalismo liberal, renovación de las ciencias de la Naturaleza, etc. Esto no ocurre en España hasta que se producen los convulsos acontecimientos políticos que abarcan los años comprendidos entre la Revolución de 1868 y la Restauración (1875). La época de relativa estabilidad que sigue permite a la intelectualidad española dirigir su mirada hacia el otro lado de los Pirineos y hace posible la penetración de las ideas y formas artísticas europeas. Por otro lado, la lentísima evolución literaria desde el agotamiento de las fórmulas románticas había ido preparando el camino, aunque de forma muy torpe y remota, mediante una serie de procesos paralelos: la curiosidad por la realidad (aunque sentida de un modo folklórico, pintoresco, superficial y abstracto) del costumbrismo; la preocupación por el presente (aunque sentimental, melodramática y utopista) de los folletines de tema contemporáneo; la necesidad y la exigencia de una novela creadas por el romanticismo (v.) y no satisfechas por él; los intentos balbucientes de Fernán Caballero (v.), etc. Todos estos fenómenos, con sus insuficiencias, permiten explicar la muy a menudo falta de organicidad del desarrollo realista español: la endeblez de sus raíces, la simultaneidad de sus tendencias, la exterioridad de sus formulaciones (en E. Pardo Bazán, Palacio Valdés y Valera, sobre todo), las vacilaciones y regresiones, etc.Si en Francia podemos considerar que el n. introduce un profundo cambio en la concepción del mundo y de la novela, como ha dicho R. Barthes (o. c. en bibl.), si Flaubert (v.) primero y después Zola (v.) implican una trasformación básica frente a Balzac (v.) y Stendhal (v.), esto es, frente al realismo crítico, no ocurre así en España. Cabe entonces preguntarse qué significa el n. español dentro del desarrollo realista y qué significa frente al n. francés.2. El naturalismo español dentro del desarrollo realista. De la novela de tesis a la naturalista. El realismo se inicia plenamente en España con la llamada "novela de tesis". Las novelas de tesis utilizan la realidad para demostrar algún a priori ideológico, se basan en conflictos no tanto sociales como morales, y dividen a sus personajes en buenos y malos. El escándalo de Alarcón (v.) inicia en 1875 el género y, como escribe Brian J. Dendle, "en los cuarenta años siguientes a la publicación de este libro, una serie de novelas de tesis continúa la discusión de problemas tras; endentales. Las soluciones ofrecidas en estas novelas a las cuestiones religiosas y sociales de España son parciales; la novela es concebida sobre todo como un instrumento de propaganda para advocar las ideas del autor y atacar y ridiculizar las de las creencias opuestas" (o. c. en bibl.). Responden estas novelas al hervidero políticoreligioso-social surgido tras la revolución de 1868 (v.). A un lado, Clarín, Pérez Galdós, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez; al otro, Alarcón, Pereda, Coloma, Pardo Bazán, utilizan la misma fórmula novelística desde ideologías opuestas.La novela de tesis, respuesta a la exigencia de una toma de conciencia de la realidad en un periodo revolucionario, esto es, desde plataformas beligerantes, conduce, sin embargo, a un callejón sin salida: si la novela pretende demostrar una tesis debe hacerla creíble, verosímil, realista, en una palabra; pero el realismo exige la observación desinteresada de la realidad, la ausencia de tesis, prescindir de la manipulación ideológica. El novelista debe extraer su enseñanza de la realidad observada, no imponérsela, puesto que entonces crea una realidad falsa, parcial, deformada o simbólica. De ahí que la novela de tesis responda a la exigencia de un arte realista con un realismo debilitado, manipulado y, en última instancia, abstracto. Este callejón sin salida permite comprender el hecho de que en 1881 Pérez Galdós abandone su "periodo abstracto" (1. Casalduero) e inicie con ’La desheredada el periodo naturalista. En 1883 E. Pardo Bazán publica su célebre libro de ensayos La cuestión palpitante y su novela La Tribuna; Pérez Galdós, El doctor Centeno. En 1884 ven la luz La Regenta, de Clarín; Tormento, La de Bringas y Lo prohibido, de Pérez Galdós. En 188687 Da -Emilia publica Los Pazos de Ulloa y La Madre naturaleza. Estamos en pleno periodo naturalista.Repercusión y significación social del naturalismo. Según ha escrito W. T. Pattison (o. c. en bibl.), la primera alusión al n, francés en España es un artículo de Charles Bigot en la "Rev. Contemporánea" (1876). Siguen después una serie de artículos que culminan con el escandaloso éxito de L’Assommoir de Zola. A partir de ese momento comienza a generalizarse la reacción de España ante el nuevo movimiento. Las primeras reacciones son de escándalo, por considerarse inmoral el n., y de congratulación, por no tener en España tales desvergüenzas. A partir de 1880 empiezan a traducirse novelas naturalistas. Pronto, la actitud general se escinde en dos grandes grupos: los conservadores, como Alarcón (que habla de "la mano negra"), o como Pereda (que reacciona indignado cuando un crítico despistado le califica de naturalista), para los cuales n. es sinónimo de obscenidad y grosería; y los liberales, para los que significa investigación de la verdad, observación de la realidad en su palpitación misma de modo científico. Esta escisión responde, según Pattison, a la contraposición tradicionalismo-liberalismo. La. polémica que enfrenta a los partidarios del idealismo realista y del n. en la literatura les enfrenta también en cuanto a la aceptación o no del libre examen, la acción revolucionaria de la ciencia, el celibato eclesiástico, etc. El planteamiento, sin embargo, ha cambiado respecto a la situación provocada por la novela de tesis.Hasta el advenimiento del n., ambos bandos hacen una misma cosa: enfrentar sus ideologías desde una misma fórmula novelística, la novela de tesis. Pero ahora la diferente ideología ha encontrado cauces novelísticos distintos para expresarse. A un lado la novela naturalista, al otro la realista o "idealista" (calificativo enormemente ambiguo e inadecuado, esgrimido por la crítica de la época). Dentro del bando liberal, la iniciativa corresponde a los escritores jóvenes (Ortega Munilla, Narcís Oller, v., Palacio Valdés), que se oponen a los consagrados (mezclándose en el conflicto ideológico un conflicto generacional) y conservadores, como Alarcón y Pereda. Es entonces cuando un gran escritor, consagrado ya y liberal, como Pérez Galdós, publica La desheredada y consolida el movimiento. "Por fortuna del naturalismo, el único de los grandes novelistas que sin rebozo se declara valientemente su partidario -declara Clarín-, es el mejor de todos, Benito Pérez Galdós".3. Problemática del naturalismo español frente al francés. Si este planteamiento es correcto cabe hacer, sin embargo, dos serias objeciones: a) el n. refleja en Francia las necesidades de objetivación, de eliminación del subjetivismo idealista, nacidas precisamente del desencanto ante la evolución política, social y cultural, de la sociedad burguesa, evolución que tiende a instituir las exigencias del "Yo" por las exigencias de una sociedadde mercado y que, con la revolución científica e industrial, impone la observación empírica de la realidad para su más provechosa utilización. Si esto es así, ¿cómo es posible que aparezca en España el n. cuando este país está muy lejos de alcanzar tal grado de desarrollo cultural? b) El n., en España, expresa artísticamente una concepción del mundo liberal y democrático. ¿Cómo se explica entonces que la más típica represente del n. español, Emilia Pardo Bazán, haya sido considerada por la historia como tradicionalista y católica? Estas dos preguntas llevan en sí una tercera, más general y decisiva: ¿es auténtico el n. español o, como dijo Zola refiriéndose a Da Emilia, "es puramente formal, artístico y literario", es decir, inmotivado y producto de una moda?El n. español es evidentemente heterodoxo respecto al francés. En él hay una evidentísima tendencia hacia la transigencia. No se acepta, sin más, el zolaísmo, sino que se trata de llegar a una fórmula superadora que integre la "materia" y el "ideal". Este anhelo del "justo medio" tiene su origen en la filosofía krausista, expresión a su vez del liberalismo esperanzado y moderado del comienzo de la experiencia de una sociedad burguesa. El krausismo (v.), espíritu de tolerancia y respeto por todos los sistemas religiosos, motivó la especial adaptación que hicieron los españoles del positivismo francés, tratando de conciliarlo con el racionalismo alemán. De la dependencia de la psicología respecto a la fisiología, propia del n. francés, se pasa a la integración equilibrada de ambas, de materia y espíritu, en el n. español. Al materialismo de un Spencer (v.) o un Taine (v.), ha dicho Sherman H. Eoff (o. c. en bibl.), se opone en España el eclecticismo de un Wilhelm Wundt (v.). De este modo, la conjunción herencia-medio que en el n. francés determina al individuo, en el español tan sólo le condiciona, permitiéndole un margen de libertad y de evolución psicológica. Esta concepción recuerda la filosofía hegeliana, a la que algunos autores españoles, en especial Pérez Galdós, se acercan mucho. Detrás de la materia está el espíritu y detrás de toda oposición hay siempre una síntesis posible.Espíritu peculiar del naturalismo español. Este espíritu moderado y conciliador es aprehensible en todos los rasgos del n. español. En La cuestión palpitante, E. Pardo Bazán escribe: "Si es real cuanto tiene existencia verdadera y efectiva, el realismo en el arte nos ofrece una teoría más ancha, completa y perfecta que el naturalismo. Comprende y abarca lo natural y lo espiritual, el cuerpo y el alma y concilia y reduce a unidad la oposición del naturalismo y del idealismo nacional". En esta obra se plantea, asimismo, otro de los rasgos comunes a todos los naturalistas españoles: el entronque que tratan de realizar con la novela realista del Siglo de Oro (v.). Según su planteamiento, el n. estaba ya en Cervantes (v.), en Quevedo (v.), en Mateo Alemán (v.), etc., y el zolaísmo no es más que una desviación de aquella gran línea tradicional. Este entronque obedece tanto a un afán de justificar el nuevo movimiento y de defenderlo de los ataques tradicionalistas, como al convencimiento de que el n. francés no es íntegramente adaptable en España, de que éste exigía una forma peculiar, para encontrar la cual se le buscaban antecedentes en los clásicos.Pérez Galdós llega a escribir: "Recibimos, pues, con mermas y adiciones... la mercadería que habíamos exportado... nuestro arte de la naturalidad... responde mejor que el francés a la verdad humana". Los realistas españoles, pisando una realidad cuyas condiciones objetivas eran muy distintas a las francesas, juzgaron superior el "naturalismo" picaresco al n. francés, porque en aquél encontraban la trascendencia de las miserias de la realidad gracias al humor, la superación de la materia, la captación del espíritu. Si E. Pardo Bazán acepta en parte y en parte rechaza el movimiento francés, y la parte que acepta la considera no propia del n., sino del tradicional realismo español, el otro gran crítico de la generación, Clarín, trata de trasformar el n. intenta recrearlo e infundirle un giro más apropiado al momento histórico español y, por supuesto, a su propia ideología. E. Pardo Bazán, al menos en su teoría, acepta otra cosa que el n.; Clarín pretende reinventarlo.Para éste, el n. obedece a unas determinadas circunstancias históricas y es, por tanto, válido mientras no se pretenda exclusivo. Ahora bien, dentro de los distintos movimientos de su época, Clarín se sintió más identificado con el n., porque el arte tiende siempre a reflejar lo real, y este reflejo debe ser lo más fiel posible, eliminando en lo posible la subjetividad del artista. Dentro de este reflejo fiel de lo real no caben asuntos, temas, métodos exclusivos, pues lo real debe guiar al artista y éste imponerle fórmulas de escuela. Del mismo modo, el n. no puede ser positivista, porque ello implicaría la imposición de una ideología a la realidad. Tampoco puede ser idealista ni expresión de ninguna otra escuela filosófica. Lo que Clarín reclama es una autonomía de la realidad respecto al sujeto, una autonomía del arte respecto al contexto filosófico, el gran sueño de la pura objetividad, el sueño desesperado de Flaubert. Ahora bien, el arte, al reflejar la realidad de un modo objetivo, puede crear su conciencia y servir a su trasformación. De ahí que el simple hecho de elegir el n. entre otras posibles formas artísticas sea una alternativa progresista.4. Enfoque evolutivo. El n. español es, pues, heterodoxo con respecto al francés en sus planteamientos. En este sentido no supone una ruptura con el realismo anterior ni con el posterior, sino una fase dentro de un desarrollo continuado. La gran conquista del n. español es haber descubierto que la trascendencia está en la materia misma y que ésta no es disociable del espíritu. Lo que Pérez Galdós, E. Pardo Bazán y Clarín hacen es revelar la idea, el espíritu que impregna la materia, en lugar de, como Fernán Caballero y la novela de tesis, tratar de imponerle a la materia un espíritu que le es ajeno, o en vez de, como el n. francés, negar el espíritu o determinarlo por la materia.El n. español crece desde el realismo iniciado con Fernán Caballero, y crece desde dentro, orgánicamente. Primero, a la materia se trata de dotarla, desde fuera, con el ideal (Fernán Caballero y la novela de tesis), después se descubre a la materia conteniendo el espíritu (Los Pazos de Ulloa, La de Bringas, Tormento, y en fase más avanzada: Fortunata y Jacinta, La Regenta); finalmente, y por intensificación, el ideal va impregnando la materia hasta hacerse ésta casi invisible (Realidad, Misericordia, Su único hijo, Doña Berta, La sirena negra). El paso siguiente es la negación de la realidad (El Mayorazgo de labraz, v. BAROJA; Sonatas, El Ruedo Ibérico, v. VALLE-INCLÁN) o la afirmación del espíritu más allá de la realidad (Tía Tula, Niebla, Don Sandalio; v. UNAMUNO).En la primera fase, hay un acuerdo entre individuo y realidad, y lo que chocan son dos realidades distintas (De tal palo tal astilla, Doña Perfecta). En la segunda, el individuo lucha contra la realidad y es vencido, pero ello no es culpa exclusiva de la realidad, sino que el individuo, por algún motivo, es también impuro (La Regenta, La desheredada, Fortunata y Jacinta). En la tercera, el individuo es siempre más puro que la realidad, a la que trata de imponer sus aspiraciones, y contra la que persevera, en busca de su perfección, aun después de ser vencido (Misericordia, Su único hijo, La sirena negra). El n. español no es más que una fase del realismo. Los mismos autores naturalistas se trasforman en realistas y, finalmente (Pérez Galdós con El caballero encantado y La razón de la sin razón, E. Pardo Bazán con La sirena negra y La Quimera, Clarín con sus cuentos y relatos), traspasan los límites mismos del realismo y enlazan con la generación del 98 (v.) y el modernismo (v.).Para el n. en la literatura catalana, v. CATALUÑA VI.V. t.: III; REALISMO III; PÉREZ GALDós, BENITO; CLARÍN; PARDO BAZÁN, EMILIA.JENARO TALÉNS.
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