Naturalismo III. Literatura Universal. LIT.
Categoria:
Literatura
Movimiento literario, principalmente francés, que se propaga aproximadamente en 1870-95 y propugna una literatura positivista y científica, en el sentido agresivo que tuvieron estos dos términos en la segunda mitad del s. XIX. Hijo del n. filosófico (v. I), el término en cuanto tal sólo significa al principio, aplicado a la literatura naturalista, aquella que se ocupa de la representación de las producciones de la naturaleza. El n. aparece así como una continuación y afirmación exagerada del realismo (v.) precedente.Baudelaire ve en el realista Balzac "un sabio... un observador... un naturalista que conoce igualmente la ley de la generación de las ideas y de los seres visibles", y V. Hugo habla del esfuerzo del poeta o del filósofo por "intentar sobre los hechos sociales, lo que el naturalista ensaya sobre los hechos zoológicos" (prefacio a la Leyenda de los siglos, 1859). De manera muy general, se ha aplicado a veces el término para señalar rasgos extremos en la producción literaria de talante objetivo en diversas épocas. Así, mientras que El Lazarillo de Tormes (v.) puede ser considerada una novela realista (en sentido amplio y no en el del realismo antes evocado), El Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (v.) podría ser la novela naturalista del género picaresca.Coordenadas culturales. La tradición positivista (v. POSITIVISMO), el realismo literario de Flaubert (v.) y los hermanos Goncourt (v.), entre otros, la gran influencia de H. Taine (v.) y todo un ambiente filosófico coherente (incluso la oposición republicana a todas las formas e instituciones que subsistían bajo el Imperio) confluyen en un precipitado de ideas y actitudes, de las cuales el n. literario no es sino una ruidosa expresión. Como consecuencia de todos estos factores concurrentes, las palabras "naturalismo" y "naturalista" llegan a alcanzar un gran prestigio, por herederas del sentido filosófico del s. XVIII, rememoradoras de las entonces recientes y clamorosas conquistas de la Biología, continuadoras de todos los esfuerzos de la pintura hacia la representación de la realidad y de todas las. aspiraciones artísticas, políticas o sociales del espíritu positivista moderno. Es en este momento cuando Zola (v.) las toma y se produce en torno a ellas todo un boom editorial y paralelamente polémico, aunque nunca se pueda hablar, por la complejidad del fenómeno, de unos límites y representantes de un movimiento que, en sentido estricto, tenga estos términos por bandera, como lo podríamos hacer, p. ej., con el romanticismo.La tradición positivista está fuertemente imbricada en el espíritu francés, y el n., en este sentido, no es más que uno de los herederos del espíritu ideológico del s. XVIII contra el que se había rebelado el romanticismo. Desde los "ideólogos" de 1820 a los "positivistas" de 1860 y los "naturalistas" de 1880 hay una línea continua más o menos soterrada, de la que A. Comte (v.) es un máximo exponente. El eminente crítico de la época H. Taine la considera "nuestra filosofía clásica, el verdadero método del espíritu francés, una de las obras maestras del espíritu humana". La evolución de la literatura, concretamente de la novela, en este periodo, viene desde la novela romántica (ca. 1830) a la realista (ca. 1850) y naturalista (1875). Después de la muerte de Balzac (v.), se descubre su "naturalismo" y se admira su pretensión de abarcarlo todo, finalidad de la Comedia humana, que reaparece en la magna obra de Zola La familia de los RougonMacquart. Por otra parte, si Flaubert se ha criado en plena edad romántica, y sus primeras obras son admirables ejemplares de lo que se llamó la "enfermedad romántica", Madame Bovary es la primera novela escrita según el espíritu del positivismo. No menos interesante en esta evolución de la novela es el caso de los hermanos Goncourt. Dos o tres meses antes de su muerte (1870), Jules de Goncourt declaró a su hermano: "se nos negará lo que se quiera, pero será necesario reconocernos un día que hemos hecho Germinie Lacerteux y que Germinie Lacerteux es el libro tipo que ha servido de modelo a todos los que han sido fabricados, después de los nuestros, bajo el nombre de realismo, naturalismo, etc.".Así, la novela sociológica a lo Balzac, el gusto por la información minuciosa y metódica de Flaubert, las preferencias por los cuadros y los personajes tomados de las costumbres populares, según preconizaba Champfleury (1821-89), son otros tantos de los rasgos que constituyen la esencia de la novela naturalista que iba a nacer con Zola. Incluso la innovación aportada con el concepto de "novela documental" está previamente en los Goncourt, quienes dirían: "la Historia es una novela que ha sido; la novela es una historia que hubiera podido ser", y que llevaban un diario con recortes de periódicos, sucesos, ideas, etc., como cuaderno de documentación para la preparación de sus obras.Si en el campo de las realizaciones caben todos estos antecedentes, en el área de las influencias ideológicas hay que conceder un lugar privilegiado a Taine, que se empeña, en sus artículos publicados entre 1855 y 1865 en hacer comprender a los cultivadores de las Humanidades que la psicología no es sino un capítulo de la fisiología, que el estudio de los caracteres es el de los temperamentos, que el medio físico condiciona de una manera absoluta nuestro destino y que la historia de las naciones, como la de los individuos, está sometida al más riguroso de los determinismos. Estas ideas, que hoy hacen sonreír a los más exaltados materialistas, son acogidas en la época como síntomas claros del final de un periodo brutal de la Literatura.La presunta confirmación de estas opiniones que representa El origen de las especies de Darwin (v.), y la filosofía de Schopenhauer (v.), que conecta muy bien con el ambiente triste a que conduce en muchos aspectos la exaltación del positivismo, son, finalmente, otros dos factores coadyuvantes a la difusión de la mentalidad naturalista. Como siempre, las contrapuestas actitudes que se toman ante el espíritu del tiempo no están sólo representadas en el mundo de las opciones ideológicas e intelectuales; así, pues, los "monárquicos, espiritualistas y católicos" formarán frente a un lado; y los "republicanos, positivistas y anticatólicos", a otro. Fuera de algún caso excepcional de biografía personal, éste es, grosso modo, el espectro ideológico del momento, que servirá a la vez de sustrato y resonador clamoroso a lo que tal vez no hubiera pasado de veleidad de moda cultural en otro caso.Principios y praxis del naturalismo literario. El escritor naturalista tiene la pretensión de ser un mero notarioque se prohíbe a sí mismo sacar conclusiones de lo que ha documentado en la sociedad. Con este fundamento meramente teórico se construye una novela experimental, documental y comprometida, y paralelamente un teatro semejante; hay que hacer constar que no ha habido ningún otro género literario para el que el n. haya resultado viable.La preceptiva de la "novela experimental" se contiene en el escrito que con este título publica Zola en 1880 cuando ya habían aparecido la gran obra experimental La familia de los Rougon-Macquart. En realidad, como confiesa, no hace más que sustituir la palabra médico por la de novelista e intentar seguir el método expuesto por C. Bernard (v.) en su Introduction á 1’étude de la médecine expérimental (1865). No obstante, todas las "leyes" que explican la concepción de los Rougon-Macquart no son sino hipótesis mal establecidas, sobre todo las de la herencia en el sentido más ordinario y menos exacto de la palabra. A ello se añade la afirmación del origen puramente fisiológico de los sentimientos y de las emociones, que tomó del doctor Ch. Letourneau en su obra Fisiología de las pasiones (1868). La novela naturalista es así, en gran medida, la novela experimental que, al descansar en la ley de la herencia y anular la libertad, se convierte en el ideal máximo de una literatura positivista.La novela no es en el n. un producto de la imaginación creadora del autor, sino que se fundamenta en un pretendido estudio objetivo de la sociedad, es una novela documental. En ella predominan siempre las condiciones materiales, de oficio, sobre las que el novelista ha procurado informarse detenidamente y atiborrar sus cuadernos de notas antes de comenzar la redacción. Pero en el fondo, la novela naturalista, antes que una consecuencia de una posición científica con respecto a la realidad, es un antecedente de la "literatura comprometida" en política. El conjunto de documentos han sido seleccionados para probar ciertas opiniones políticas o filosóficas.Autores y obras. Ya se ha dicho que el n. no es un movimiento de perfiles definidos por cuanto su estar constituido por una postura radical y presuntamente coherente del realismo lo configura con límites imprecisos, de tal manera que se puede hablar de obras naturalistas de autores realistas; se puede decir de ciertos neorrealismos (v.) que son n. y, en fin, podemos encontrar clasificados como realista o naturalista cualquier autor u obra del periodo, según el punto de vista del crítico que lo analice. De todas formas, la crítica parece conteste en identificar prácticamente n. con Zola, quien si no dijo "el naturalismo soy yo" bien pudiera haberlo hecho. Desde el punto de vista de la realización, La familia de los Rougon-Macquart, historia natural y social de una familia bajo el segundo Imperio, que aparece en 20 vol. a partir de 1871, se puede considerar como el paradigma de la literatura naturalista, así como L’Assommoir (La taberna), publicada en 1877, es la confirmación teórica de esta literatura.Al tener, por consiguiente, que considerar como n. la literatura de Zola y sus discípulos es particularmente interesante que demos cuenta de la existencia del "grupo de Médan", constituido por los que se reunían semanalmente en la casa que Zola había comprado en esta barriada de los alrededores de París. Este grupo estaba formado por J. K. Huysmans (1848-1907), G. de Maupassant (v.), P. Alexis (1847-1900), H. Céard (1851-1924) y L. Hennique (1851-1935). Todos se dedicaban a la li-teratura, pero, salvo Huysmans, no habían publicado nada en el momento en que comenzaron estas tertulias (1878). Son las novelas de Zola, y especialmente La taberna, las que influyeron decisivamente, y todos a partir de entonces se parecen como literatos entre sí y al maestro. El volumen colectivo Las veladas de Médan (1880) es un buen exponente del talante del grupo en su primer momento. Maupassant ha contado en un artículo (Gaulois, 17 jun. 1880) el nacimiento de este volumen de narraciones como un capricho de los cinco amigos y su anfitrión, que decidieron contar cada uno una historia y "para aumentar la dificultad convinieron que el cuadro escogido por el primero sería conservado por los otros, que situarían en él diferentes aventuras". Zola comenzó con El ataque del molino, y el resto de sus compañeros debieron continuar imaginando cada uno una historia de soldados.El ataque del molino es una historia poco naturalista: un molino de Lorena, en agosto de 1870, está ocupado por los franceses, se ve atacado y conquistado por los prusianos e inmediatamente es reconquistado. Este pequeño incidente guerrero entraña una catástrofe humana inmensa: la hija del molinero contempla cómo los prusianos fusilan a su novio y ve morir a su padre alcanzado por una bala perdida. Cuando se encuentra paralizada por el estupor, el capitán francés, gozoso de su éxito, la saluda y grita: "victoria, victoria". La narración pone de relieve la estupidez de la violencia, que en todo tiempo y lugar se alegra de los bombardeos de los amigos sobre el propio tejado, como si esas bombas no mataran igualmente. No obstante, falta aquí mucho de documentalismo y de denuncia explícita contra los instintos perversos de los individuos para que podamos considerarla con propiedad un relato naturalista.Las narraciones subsiguientes (y casi de manera progresivamente más violenta) recogen los rasgos arquetípicos del Zola naturalista: la perversión de los instintos individuales, la denuncia violenta contra la burguesía, el anticlericalismo más descarnado, que presenta siempre una caricatura de religión con ministros meramente ritualistas y avaros, cuando no cínicamente impíos. El realismo de lo sórdido, en que el n. consiste, se manifiesta aquí en un mundo lleno de estupidez, ferocidad y engaño, rasgos que constituyen leyes poderosas de la existencia y contra las cuales nada cabe intentar, salvo la denuncia. La posibilidad de adscribir, fuera de los autores del grupo de Médan, a A. Daudet (v.) o bien a E. de Goncourt en el periodo que sobrevive a su hermano al movimiento naturalista carece de significación para la caracterización del n.En la referencia a autores y obras cabe también hacer mención de las adaptaciones teatrales de novelas de Zola. Sin embargo, estas versiones para la escena no dan idea exacta de lo que se pretendía que fuera el teatro naturalista, que había de estar constituido fundamentalmente por una serie de cuadros, escenas y descripciones, y en el que la intriga no tendría demasiada importancia. El escándalo que acompañó a algunas representaciones se derivó del carácter atrevido que el n. tenía forzosamente que dar a su teatro y no de la acogida cálida por parte del público. Los grandes éxitos novelísticos de Zola no tuvieron una resonancia paralela en su versión teatral, hecha en primer lugar por sí mismo, dejada luego al cuidado de colaboradores, tales como W. Bussnach y O. Gastineau, que llevaron a las tablas La taberna.Podemos hablar con propiedad de teatro naturalista gracias a H. Becque (1837-99), quien el 14 sept. 1882 estrenaba en París su obra Les Corbeaux (Los cuervos), de la que no se puede pensar que se hubiera beneficiado de las teorías teatrales de Zola publicadas en la prensa meses antes, puesto que el libro estaba escrito cinco años atrás y había tenido que vencer la dificultad de no encontrar empresario que se arriesgara -a poner en escena una obra tan nueva en relación al tipo de teatro (A. Dumas, E. Augier, Sardou) a que el público estaba acostumbrado. En efecto, la obra sólo alcanzó 18 representaciones. La representación de La Parisienne (7 febr. 1885) fue ya mejor acogida, en parte porque la representación de la obra anterior había calado en los jóvenes autores y también porque el público iba cambiando. En el arraigo del teatro naturalista hay que señalar la empresa increíble que supuso Le théátre libre, fundación de un empleado de la Compañía de Gas, apasionado por el teatro, que desde 1887 a 1895 ofreció 62 espectáculos y 124 obras de autores, que suponen, con mayor o menor valía, una nómina impresionante.Conclusión. Así las cosas, en torno a 1890 el n., sobre todo la novela naturalista, parecía todopoderoso. Los jóvenes autores se iban embarcando en la misma dirección, y las traducciones e influencias sobrepasaban las fronteras para triunfar en Alemania, Inglaterra, Italia, los países escandinavos, Rusia y, en general, en toda Europa. España, preparada en ciertos grupos minoritarios para acoger con júbilo el espíritu científico de este nuevo tipo de novela, conoció traducciones y polémicas que convirtieron el n. en la Cuestión palpitante, como señala el título de la inteligente obra escrita por la condesa de Pardo Bazán (v.). En todo caso, sería bastante aventurado afirmar que algunos de los grandes realistas españoles, como Pérez Galdós (v.), Clarín (v.), etc., fueron naturalistas en un sentido suficientemente propio del término (v. iv).Apenas se explica que en 1891, Huret, periodista de L’Écho de París, pudiera hacer una encuesta en la que se preguntaba si el n. estaba enfermo o había muerto. Sin duda, hay que reconocer que un mucho de cansancio ya se venía patentizando con la acogida que tuvo el manifiesto fuertemente crítico que publicaron cinco jóvenes escritores en el momento de aparecer La Terre (La Tierra), 1887, de Zola. El n. no podía durar mucho tiempo. A pesar de sus ruidosos éxitos editoriales, la crítica lo había rechazado perseverantemente; desde el punto de vista ideológico, los católicos siempre se habían opuesto a una literatura que de la manera más burda y menos objetiva arremetía contra sus creencias sin un mínimo de respeto por la libertad de los demás. La crítica universitaria se había opuesto al pretendido cientifismo naturalista, basado en unas pocas obras de divulgación, bien pronto desacreditadas totalmente por la investigación. Los defensores del "arte por el arte" nunca habían logrado conciliar los excesos naturalistas con los límites que concedían a lo bello. Desde hace tiempo, las novelas de Zola y su escuela resultan en general pesadas y se han distanciado de nosotros justamente en la medida en que pretenden ser documentales y científicas antes que humanas y creadoras. En todo caso, hay que reconocer en Zola una gran capacidad épica; la descripción de multitudes y el aliento social de sus obras son valores que permanecen.V. t.:REALISMO III;ROMANTICISMO.M. A. GARRIDO GALLARDO.
BIBL.: M. MENÉNDEZ PELAYO, Historia de las ideas estéticas en España, IV, Santander 1967, 132-160; R. WELLEK, Historia de la crítica moderna, III, Madrid 1972; W. T. PATTISON, El Naturalismo español, Madrid 1965; P. MARTINO, Le Naturalisme lranVais, 8 ed. París 1969; G. PICON, Le roman et la prose lyriqueau XIX, siécle, en Histoire des littératures, III, París 1967; E. PARDO BAZÁN, La Cuestión palpitante, en Obras completas, Madrid 1957.
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