Nabucodonosor II
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Biografía GER
Rey de Babilonia (605-562), hijo y sucesor de Nabopolasar, su nombre en babilónico es Nabukudurussur, pero en la Biblia aparece como Nebukadnezar. De este monarca, verdadero restaurador de Babilonia (v.), hay un abundante material cuneiforme, que se refiere casi exclusivamente a su gestión administradora y constructora, pero la Biblia y los autores griegos dan cuenta de su actividad política y conquistadora. N. no es un conquistador que aspire al dominio universal como los monarcas asirios, sino que trata de defender tan sólo la parte que correspondió a Babilonia del botín asirio y a prepararla para la guerra inevitable con Persia. Dotó a la ciudad de un doble muro, llamado de Imgur-Ellil, de 18 Km. de perímetro. Delante del muro se cavó un foso. El núcleo interior de la ciudad tenía otro muro no mucho menor denominado Nimiti-Ellil. En gran parte, esta reconstrucción era necesaria después de las destrucciones en tiempos de Senaquerib. Construyó además el muro medo que iba desde el Tigris al Éufrates reforzado por un canal de comunicación .entre los dos ríos. Sus edificaciones están también atestiguadas en Ur, Uruk, Larsa, Borsippa, Sippar, Nippur, pero en ningún lugar alcanzó el esplendor de Babilonia, donde se destacan la torre de Babel (v.) o zigurat, el templo de Marduk, su propio palacio, la puerta de Istar, etc. Sobre la administración de sus provincias se sabe poco, pero parece que no debieron plantear graves problemas. El comercio florecía con la paz, y N. supo mantener a raya a las tribus árabes que merodeaban en las rutas comerciales.La política exterior de N. estuvo dominada por la desconfianza frente a Media y la rivalidad con Egipto. Los faraones no admitían la pérdida de las provincias sirias y de los ingresos que producían las rutas comerciales que desembocaban en el Mediterráneo. Sus agentes sublevaban a las reinos vasallos contra Babilonia, como Joaquín de Judá, quien en el 597 a. C. rehusó el tributo, pero la ayuda egipcia no llegó, aunque sí un ejército caldeo que puso sitio a Jerusalén. Jeconías, sucesor de Joaquín, tuvo que capitular, y él, los tesoros del palacio y los del templo y toda la nobleza fueron deportados a Babilonia. Subió Sedecías al trono de Judá, pero se formó un partido antibabilónico dirigido por Hananías. El profeta jeremías (v.), probabilónico, recomendaba prudencia, pero fue encarcelado. Egipto se lanzó a la reconquista de Palestina y se apoderó de Sidón, uniéndosele Sedecías. Apries retrocedió, N. atacó Tiro y Jerusalén. El sitio de esta ciudad comenzó con revueltas populares, y el 28 jun. 587 a. C. fue tomada. El rey fue apresado y conducido a Ribla. Los castigos fueron crueles. Sedecías sufrió la pérdida de sus ojos, y los principales del reino fueron condenados a muerte. En el 586 a. C. comenzó la gran cautividad de Babilonia, deportándose a unos 40.000 hombres. Sólo se quedaron los desertores y los pobres, quienes se repartieron las viñas y los campos. El asesinato de Guedalías, gobernador de la región, cometido por Ismael a instigación del rey de los ammonitas, desencadenó el espanto entre los judíos, que huyeron en masa a Egipto obligando a jeremías a acompañarles. Tiro, que se había unido a la rebelión contra N., fue sitiado durante 13 años, llegándose al final a un arreglo en el que se reconocía vasallo de Babilonia. Durante estas guerras, se había producido un conflicto entre Ciaxares de Media y el reino de Libia, que terminó por el eclipse de Sol predicho por Tales de Mileto. N. actuó como árbitro en este conflicto. La continua rivalidad de Egipto dio lugar a una expedición de N. al valle del Nilo. Parece que llegó hasta Dafne, pero los resultados de la expedición se limitaron a impedir de una vez para siempre las incursiones egipcias en Siria y Palestina. Se conocen algunas inscripciones de N. en las que pide al dios Nebo una larga vida y numerosa descendencia, la derrota de sus enemigos y la grandeza de su imperio. M. en el 562 a. C., sucediéndole su hijo Amilmarduk.F. PRESEDO VELO.
BIBL.: E. MEYER, Geschichte des Altertums, IV, Stuttgart 1939, 170-180; W. YON SODEN, Herrscher in Alten Orient, Heidelberg 1954, 138-145; S. LANGDON, Die neubabylnischen Kónigsinschriften, Leipzig 1912.
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