Nación POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Como casi todos los términos políticos, tiene diversos significados. A veces se usa como sinónimo de Estado; así, cuando se habla de la nacionalidad de una persona, de Derecho internacional, Organización de las Naciones Unidas, etc. Otras veces se usa, equivaliendo a pueblo, como conjunto de los miembros que integran un Estado; en este sentido algunos autores, como F. J. Neumann, F. Meinecke, cte., hablan de Staatsnationen, naciones-Estado, contraponiéndolas a Kulturnationen, naciones-culturales, comunidades histórico-culturales no constituidas en Estados independientes. Esta distinción ha sido criticada alegando que si, en las primeras, la comunidad no se basa en vínculos previos a la organización jurídico-política, no puede hablarse de verdadera n.; respecto de las segundas se ha dicho también que la mera comunidad de cultura sin la voluntad de existencia política autónoma tampoco constituye una n. No hay, por tanto, un concepto de n. unánimemente aceptado. Sin embargo, teniendo en cuenta los rasgos sobre los que se da una aceptación más general, podemos definir la n. como la comunidad humana que, en base a una serie de vínculos objetivos naturales y culturales, adquiere conciencia de su singularidad respecto de otras comunidades históricas similares y tiende a desarrollar una vida política autónoma. Este concepto de n. tiene un valor histórico, porque la realidad misma de la n. es de naturaleza histórica; por esto es preciso exponer esquemáticamente el proceso de formación de la idea de n. antes de analizar los términos del concepto que hemos formulado.Historia. N. procede del latín natio (nascor, nasci) que significa comunidad de origen, de procedencia. En las universidades medievales de París y Bolonia se agrupaba a los estudiantes por nationes (v.), según su procedencia. Con este mismo sentido se usa el término en los concilios del s. xv -Constanza, Basilea- y pasa a las lenguas romance. A lo largo de los s. xvii y xviii se va fraguando una nueva idea de n. La fragmentación política y religiosa de la Cristiandad medieval, la difusión de lenguas y literaturas autónomas, cte., va creando en los distintos pueblos europeos la conciencia de su propia singularidad cultural, lo que se refleja en la literatura sobre los caracteres nacionales. Sin embargo, debe observarse que estas diferencias culturales entre las n. no revisten aún significación política; recuérdese el cosmopolitismo característico de los representantes de la Ilustración (v.). El vínculo de unidad política sigue constituyéndolo la soberanía personal del rey y son los monarcas los protagonistas directos de las pugnas exteriores. El paso al s. xix marca el momento en que la n. adquiere sentido y valor políticos directos como comunidad base de la organización estatal. Desde un punto de vista sociológico-político este proceso, ligado a la industrialización y al ascenso al poder de las clases burguesas, significó una mayor cohesión interna y un aumento y concentración del poder (himnos y fiestas nacionales, ejército nacional permanente, etc.), pero también una agudización de las oposiciones exteriores y una totalización de las guerras. El Estado nacional se convirtió en el tipo de comunidad política organizada, lo que influirá determinántemente en la elaboración de los conceptos básicos de la ciencia política y el Derecho constitucional. Entre las aportaciones doctrinales que configuran el nuevo concepto de n. la primera, de matiz liberal-democrático, se manifiesta con la Revolución francesa (v.) y se centra en la doctrina de la soberanía (v.) nacional. Aunque en principio la n. se identificó con el tercer estado y, siguiendo a Rousseau (v.), se pensó como un conjunto de individuos, los teóricos -así E.-J. Sieyés (v.)- sostuvieron enérgicamente que constituía una totalidad indivisible, sujeto de una voluntad unitaria que era la fuente única de todo poder y de todo derecho; la soberanía, que se atribuía a la persona del rey, se atribuye ahora a la persona de la n.Las guerras napoleónicas, que despiertan sentimientos de independencia nacional en diversos países europeos -España, Alemania, Polonia, etc-, serán ocasión de que aparezcan nuevas contribuciones a la elaboración de la idea de n. Aparte los doceañistas españoles que reflejan la influencia de las teorías francesas, la nueva aportación doctrinal se centra en Alemania; recuérdese a J. G. Fichte (v.) y sus Reden an die deutsche Nation. La comunidad étnica y lingüística y la conciencia de una tradición y un destino singular en la Historia universal son los ingredientes básicos de esta idea de n. Pero, además, la sustanciación de la comunidad en las teorías románticas del espíritu del pueblo -Volksgeist- y la sublimación ética del Estado, sujeto actuante de dicho espíritu, en el idealismo de Hegel (v.), son gérmenes doctrinales que operarán posteriormente en la dirección de un nacionalismo (v.) totalitario. Debe anotarse aquí también el fenómeno interesante de que el despertar de la conciencia histórica, el estudio del pasado, contribuyó a afianzar la conciencia nacional en los diversos países, pero, a su vez, los estudios históricos sufrieron la influencia de los particularismos nacionalistas.Tras el periodo de calma de la Europa de la Santa Alianza roto con la revolución de 1848, vuelve a brotar con pujanza incontenible la idea de n. como principio ordenador del mundo político-estatal. En el plano doctrinal, la aportación más relevante se centra en el principio de las nacionalidades (v.) formulado por el italiano P. S. Mancini: toda n. tiene por naturaleza derecho a constituirse en Estado independiente; el Estado es el ordenamiento jurídico de la n.; una comunidad internacional pacífica sólo es posible si está constituida por Estados nacionales. En el plano de los hechos se entra en el periodo del nacionalismo que informa la vida política hasta pasado el primer tercio de nuestro siglo; se producen las unificaciones de Italia y Alemania, pero también la desmembración de antiguos Estados, el problema de las minorías (v.) nacionales, etc. El mismo internacionalismo del proletariado defendido por el marxismo no pudo superar, como es sabido, el obstáculo de los sentimientos nacionales. El nacionalismo ligado a unestatismo totalitario alcanzó su culminación en la Italia fascista y en la Alemania nazi, conexo aquí además con el racismo (v.). Finalmente, refiriéndonos a nuestra época, debe observarse que mientras en Europa, tras la II Guerra mundial, se convierte en tópico la crisis del Estado nacional y la necesidad de su superación por formas políticas más amplias, el nacionalismo reaparece en los países descolonizados de África y Asia, fenómeno éste que ha originado ya una abundante literatura.Los vínculos constitutivos de la nación como comunidad. La n., dijimos, es una comunidad en la que la conciencia de su singularidad se proyecta como voluntad de existencia política. Ahora bien ¿cuáles son los factores de cohesión, los vínculos constitutivos de la comunidad nacional? Sobre este punto existe una gran disparidad de doctrinas, cada una de las cuales señala unos u otros vínculos como esenciales y necesarios para la existencia de una n.; se han señalado tantos factores objetivos como subjetivos y, entre los primeros, tanto naturales como culturales. Entre los factores naturales Fichte señaló ya la importancia de la unidad racial, elemento que se estimó decisivo en el racismo nazi; sin embargo, aun reconociendo el valor cohesivo de la comunidad étnica, es un error identificar raza y n.; aparte de que hay n. patentemente plurirraciales -p. ej., la norteamericana- debe observarse que hoy día es prácticamente imposible encontrar razas biológicamente puras; más bien lo que se encuentra en la mayor parte de las n. son razas secundarias o culturales en cuya formación han intervenido ya factores histórico-culturales: la larga convivencia en un territorio bajo un poder político común que ha ido uniformando intereses, costumbres, formas de expresión, etc. Entre los factores culturales numerosos autores -Fichte, Bluntschli, Spedalieri, Del Vecchio, etc-, han destacado como esencial el lenguaje; sin negar su decisiva importancia, la experiencia muestra que no es suficiente -el español y el inglés, por ej., son lenguas comunes a naciones distintas-, ni absolutamente indispensable -caso de Suiza-. También la religión ha sido a veces factor importante de cohesión nacional; así, aparte ejemplos más remotos, en España o en las pugnas nacionales entre servios y croatas; sin embargo, hay n. pluriconfesionales -Alemania, etc- y las grandes religiones, patentemente la cristiana, son supranacionales. Dejando aparte otros factores, como el mismo Estado, se ha señalado también la tradición común y la unidad de destino histórico como elemento constitutivo de la n.; así, p. ej., la doctrina española; Donoso, Ortega, J. A. Primo de Rivera, etc.; pero también es posible encontrar n. sin un dilatado pasado histórico común y sin un destino relevante en el contexto histórico general.No siendo posible determinar uno o varios factores objetivos como los únicos y necesarios en todos los casos para la existencia de la n. como comunidad, algunos autores han señalado que lo esencial es la existencia de un vínculo subjetivo: la conciencia o sentimiento de constituir una comunidad, la voluntad de convivir y obrar unitariamente; recuérdese la doctrina de E. Renán para el que la n. consiste en "un plebiscito cotidiano"; pero la exageración de esta idea reduciría la n. al ámbito de lo puramente psíquico-subjetivo (G. Jellinek), desconociendo su realidad social-objetiva; además, la conciencia subjetiva de unidad presupone unos fundamentos objetivos. Estas observaciones permiten concluir que no es posible determinar en concreto y con validez para todos los casos cuáles son los factores constitutivos de la unidad nacional; la existencia de una n. supone la existencia de una conciencia nacional, pero los vínculos objetivos que ésta, a su vez, presupone pueden ser distintos de ejemplo a ejemplo. Lo que puede decirse, siguiendo a Sánchez Agesta, es que en cada caso tales vínculos han de ser suficientes para fundar una cohesión comunitaria interna que, a su vez, está determinada por la necesidad de diferenciación de otras comunidades similares. En suma, la n. es una realidad histórica y, por tanto, relativa a un determinado entorno espacial y temporal.Nación y Estado. Ya hemos aludido a la estrecha conexión que se da entre Estado (v.) y n. Generalmente, bien que con excepciones, la doctrina latina, especialmente franceses e italianos, identifican n. y Estado o, dicho con más precisión, ven el Estado como la organización jurídico-política de la n.; también autores alemanes, como M. Weber y otros, sostienen como rasgo esencial a toda n. la tendencia a constituirse en Estado independiente. En sentido contrario se pronuncian otras corrientes y autores. Estimamos erróneo concebir a la n. como una persona moral en la que se da ya una voluntad política unitaria y de la que el Estado sería sólo mera superestructura jurídica organizada. En primer lugar, porque la Historia muestra, tanto en el pasado como en la actualidad, la no coincidencia en muchos casos de Estado y n. En segundo lugar, porque sistemáticamente son distintas la naturaleza y función de la comunidad nacional y la de la organización jurídico-política; corresponde siempre al Estado, por medio del Derecho, asegurar y garantizar la unidad de orden, aun en los casos en que dentro de la comunidad nacional se dan divisiones y pugnas económicas y políticas. Sin embargo, es cierta la tendencia de toda n. a obtener un reconocimiento de su singularidad en el plano de la vida política; de ahí también la tendencia del Estado a operar como factor activo de cohesión nacionalizante allí donde ésta no existe previamente. Pero la tendencia de toda n. al reconocimiento de su existencia en el plano político no tiene que conducir necesariamente a su constitución en Estado independiente; son posibles formas políticas plurinacionales que aseguren la debida autonomía a las n., formas que, parece probable, serán más frecuentes e importantes en el futuro.V. t.: NACIONALIDAD;NACIONALISMO.J. DELGADO PINTO.
BIBL.: N. MONZEL, Nation, en Staatslexicon, 5, Friburgo de Brisgovia 1960, 885-894; E. J. SIEYÉS, ¿Qué es el estado llano?, Madrid 1950; J. G. FICHTE, Discursos a la nación alemana, Madrid 1968; E. RENAN, Qu’est-ce qu’une Nation?, París 1882; H. O. ZIEGLER, Die moderne Nation. Ein Beitrag zur politischen Soziologie, Tubinga 1931; L. SÁNCHEz AGESTA, Concepto históricopolítico de Nación, "Rev. General de Legislación y jurisprudencia" (diciembre 1941); íD, Principios de Teoría política, Madrid 1966, 141-155; J. T. DELOs, La Nación, Buenos Aires 1948; F. MURILLO FERROL, Nación y Crisis, "Rev. de Estudios Políticos", 58, Madrid 1951; G. LEiBHOLz, Pueblo, Nación y Estado en el Siglo XX, " Rev. de Estudios Políticos", 100, Madrid 1958; F. VALSECCHI, Nazione, nazionalitá, nazionalismo, "Storia e Politica", VII (1968) fase. 1.
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