Mussolini, Benito
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Biografía GER
N. el 29 jul. 1883 en Dovia de Predappio, localidad romañola, y m. fusilado cerca de Dongo el 28 abr. 1945. Su biografía se confunde en buena parte con la historia del Partido Fascista Italiano fundado por él (v. FASCISMo). Hoy, todos los biógrafos de M. coinciden en afirmar que fue fundamentalmente un vitalista, un hombre que buscó antes que nada su propia satisfacción y realización, satisfacción en la que el halago de las masas fue fundamental; por eso resultó inseparable de su carácter la demagogia. En este contexto, puede afirmarse que M. nunca sirvió a una ideología concreta; en realidad, no fue ni socialista ni siquiera fascista, sino tan sólo mussoliniano; un hombre inteligente que supo aprovecharse de las circunstancias para buscar su gloria personal.La juventud socialista de Mussolini. Fue hijo de una maestra de escuela, Rosa Maltoni, y de un herrero, de ideas "internacionalistas", Alejandro M. Siendo muy joven aún, en 1900, se inscribió en el Partido Socialista, por influencia paterna. Después de cursar la carrera de maestro, no encontrando un trabajo digno en la Italia paupérrima de la época, emigró a Suiza en 1902. Los primeros momentos en el extranjero fueron duros, hasta que por fin, después de una etapa de hambre, conoció a la revolucionaria rusa Angélica Balabanoff, que le introdujo en los ambientes intelectuales, caracterizados por la presencia de los marxistas rusos huidos de la policía zarista. A través de su contacto con intelectuales, M. descubrió el gusto por la lectura. Leyó a Nietzsche, Stirner, Blanque, Schopenhauer y Kropotkin, autores que ejercen una profunda influencia en su pensamiento posterior. Concretamente, de Schopenhauer y Nietzsche retuvo el voluntarismo (v.), la primacía de la acción sobre la razón; de Stirner, el individualismo (v.); de Blanqui, la violencia revolucionaria; y de Kropotkin, un fondo anarquista que no le abandonaría nunca. Todos estos elementos, voluntarismo, individualismo y violencia fueron también, con el tiempo, características del movimiento fascista.En noviembre de 1904, M., a quien sus lecturas habían avivado el rencor hacia una sociedad en la que no encontraba acomodo, regresó a Italia, donde entró de nuevo en contacto con el Partido Socialista y, muy pronto, en ese ambiente comenzó a sonar su nombre como orador y redactor de artículos explosivos en el periódico La Lima. En esos momentos, el movimiento socialista estaba tomando en Italia un acusado incremento, llegando a colocar en el Parlamento a 33 diputados. Sin embargo, los dirigentes del socialismo italiano habían elegido la línea reformista. Frente a ellos, M. adoptó una postura revolucionaria de marxismo ortodoxo, aunque muy influenciado por la ideología violenta y sindicalista de G. Sorel (v.). La postura de M. dentro del socialismo -revolución frente a reformismo- tuvo para él una doble consecuencia. Por un lado, la participación en manifestaciones obreras y los encuentros con la policía le llevaron en varias ocasiones a la cárcel; pero, al mismo tiempo, esa postura extremista le proporcionó el reconocimiento de las masas proletarias italianas, cada vez más revolucionarias como consecuencia de la desastrosa situación económica. Así, en 1912, frente a los líderes reformistas del socialismo (v.), M. fue nombrado director del periódico más importante del partido, el Avanti.Como socialista revolucionario y marxista ortodoxo, cuando en 1914 estalló la I Guerra mundial (v.), M. adoptó, desde las páginas de su periódico, la postura del pacifismo integral. Se trataba de un momento delicado en la vida política italiana (v. ITALIA V). La opinión pública estaba dividida. Todos temían la intervención en la guerra, pero eran también muchos los que la deseaban como medio de liberarse de una especie de complejo de inferioridad nacional. En esta tesitura, el socialismo italiano adoptó la postura de la "no intervención" en el conflicto bélico, y M. la apoyó resueltamente. De pronto, y sin una aparente explicación, la actitud de M. cambió de forma radical. De propugnar el pacifismo, pasó, en septiembre de 1914, a defender lo que él llamó "neutralidad activa y actuante" en favor de la Entente. Ante esto, el Partido Socialista, que fue el primer sorprendido ante el cambio de postura, le obligó a dimitir de la dirección del Avanti. Un mes más tarde, M. sacó a la calle, como propietario y director, un nuevo periódico, Il Popolo d’Italia, en cuyas páginas inició una intensa propaganda a favor de la intervención de Italia en la guerra al lado de la Entente. La reacción del Partido Socialista fue inmediata; M. fue expulsado de su seno. Con ello, perdió la admiración de parte de la clase obrera, que nunca le perdonaría lo que consideraba una traición, pero ganó la amistad de todos los grupos nacionalistas italianos.El motivo del cambio de actitud de M., y el hecho de que un mes después de su expulsión de Avanti fuese capaz, sin medios de fortuna propios, de poner en circulación un nuevo periódico, es algo que continúa oscuro. Sin embargo, dos hipótesis parecen imponerse últimamente. En primer lugar, el carácter vitalista y aventurero de M. resultaba incompatible con una postura pacifista. En segundo lugar, M. pudo recibir dinero de los nacionalistas, e incluso del Gobierno francés, para montar una publicación que empujase a Italia hacia la guerra.El nacimiento del fascismo. El 2 jun. 1915, el Gobierno italiano, presionado sobre todo por los nacionalistas, entró en guerra contra los Imperios centrales. M., después de proclamar en su periódico que "es la sangre quien pone en movimiento la rueda sonora de la historia" marchó hacia el frente. Su entusiasmo no fue compartido por el pueblo italiano, y los desastres bélicos se fueron sucediendo. De la guerra, a pesar de encontrarse en el bando de las naciones victoriosas, Italia salió en una situación lamentable: más de 600.000 muertos fue el balance de pérdidas humanas; al mismo tiempo, la ruina económica más absoluta. Así, p. ej., de 1914 a 1920, la lira perdió el 80% de su valor. Como consecuencia de ello, se produjo un inquietante incremento del paro obrero y un desconcierto absoluto entre las clases sociales. Este descontento cuajó en una doble agitación; la de los nacionalistas, ex combatientes y militares que consideraban que Italia no había obtenido de la guerra los territorios que reivindicaba desde hacía tiempo; y la de los obreros encuadrados en el Partido Socialista, que dada la crítica situación económica adoptaban una postura cada vez más revolucionaria y soñaban con la implantación de una República al estilo de la que acababa de establecerse en Rusia.Frente a esta doble agitación, el Estado italiano, liberal, muy débil, y sin ninguna figura política de prestigio, demostró una impotencia absoluta. Debido a ello, comenzó a extenderse en la opinión pública italiana la ideade que era necesario un cambio, y que la democracia liberal resultaba inútil para superar la crisis. Recogiendo este ambiente, el 23 mar. 1919, y con la colaboración de nacionalistas y futuristas (grupos influenciados por G. D’Annunzio, v.), antiguos intervencionistas de izquierdas y algunos anarco-sindicalistas, M. fundó en Milán los "Fascios de Combate", que sin una ideología definida pretendían una revolución antiburguesa, anticapitalista y antisocialista. Desde la fundación del movimiento fascista, hasta la toma del poder, en octubre de 1922, en la llamada "marcha sobre Roma", la ideología de M. fue confusa y contradictoria: de republicano pasó a aceptar la monarquía por conveniencia, de anticapitalista terminó recibiendo ayuda económica de los grandes empresarios, y de partidario del sufragio universal concluyó en enemigo acérrimo de las libertades democráticas. Fue esta falta de ideología definida lo que le permitió, al colocar la acción por delante de la teoría, convertir a Italia a partir de 1926 en un Estado totalitario, corporativo, donde en última instancia todo dependía de su voluntad.La personalidad del dictador. Una vez en el poder, el fascismo fue adquiriendo el carácter de una fe religiosa, en la que M. con el título de duce hacía sin duda el papel supremo. Esto fue posible en gran parte gracias a su propia capacidad para dirigir a las masas y a su extraordinario sentido político y de la propaganda. Ya desde que ocupó la jefatura del Gobierno hizo que, de forma regular, apareciese en la prensa diaria una reseña que, bajo el título "Jornada de Benito Mussolini", describía en torno laudatorio sus actividades y su capacidad de trabajo. Desde entonces, no desperdició ocasión para el efectismo y el golpe de teatro. A partir de 1929, su escenario habitual fue el~balcón del Palacio de Venecia desde donde se dirigía a las masas con una oratoria contundente que las hacía caer en frenético entusiasmo. Sin embargo, parece hoy claro que lo que sentía hacia las masas era desprecio. En los coloquios con el escritor Emil Ludwig, declaró: "Las masas necesitan temor. Las masas aman a los hombres fuertes; como las mujeres, son femeninas". En este mismo contexto, la propaganda oficial jugó también un importante papel; le presentó como el prototipo del hombre universal; filósofo, historiador, capaz de pronunciar una elevada conferencia como de pilotar un avión o ser un virtuoso del violín. Para mantener esta imagen mítica, M. tuvo que cambiar, por lo menos aparentemente, sus sentimientos religiosos. En una Italia predominantemente católica, su ateísmo y su anticlericalismo eran un obstáculo a su popularidad; por eso, ya en el verano de 1923 hizo bautizar a sus tres hijos: Edda, Vittorio y Bruno, y en diciembre de 1925 se dispuso a contraer matrimonio religioso con su esposa Raquel, a la que tan sólo estaba unido civilmente. De acuerdo también con el carácter católico del pueblo italiano firmó con la Santa Sede (11 feb. 1929) el tratado de Letrán (v.), que puso fin a la cuestión romana (v. ESTADOS PONTIFICIOS II) y reguló las relaciones Iglesia-Estado en Italia (v. ITALIA VI, 2).Toda la propaganda destinada a la exaltación de M. respondía a una realidad política: su poder era absoluto; poder que alcanzó su momento más brillante entre 1930 y 1940. En Italia nombraba y sustituía a los ministros con entera libertad, llegando en más de una ocasión a acumular para sí hasta ocho carteras ministeriales. En cuanto a la política exterior, logró convertirse rápidamente, entre esas fechas, en uno de los estadistas con que Europa tenía necesariamente que contar. En octubre de 1935, toda la política de exaltación nacionalista y de propaganda fascista triunfal culminó con la primera gran campaña imperialista de M.: la guerra de Etiopía (V. ETIOPÍA v), concluida victoriosamente en mayo de 1936 con la entrada de los italianos en Addis Abeba. El acontecimiento tuvo una doble e inmediata repercusión. Por un lado, las naciones europeas comenzaron a desconfiar del imperialismo italiano; por otro, Hitler (v.) se acercó a M., iniciándose así una colaboración entre dictadores, regímenes y países, que concluyó con la muerte de los dos estadistas.Desde 1936, la alianza entre fascismo y nazismo (V. NACIONALSOCIALISMO) fue cada vez más estrecha. Esta vinculación con Hitler permitió a M. presentarse, en septiembre de 1938, como el hombre clave de la conferencia de Munich, donde Alemania, Italia, Francia e Inglaterra creyeron haber garantizado por largo tiempo la paz en Europa. 1938 es también el año en que el dictador italiano alcanza el cenit de su poder en el orden interno. Toda oposición había sido silenciada, y M. se había proclamado a sí mismo "primer mariscal del Imperio".El hundimiento del fascismo. La alianza con Alemania y la propaganda belicista, dirigida personalmente por M., que tendía a presentar la guerra, como un instrumento de la grandeza de Italia, iban a terminar en el desastre absoluto. En efecto, cuando Hitler desencadenó la II Guerra mundial (v.), M., a pesar de que conocía la falta de material y preparación del Ejército italiano, y a pesar de que la población no era partidaria de la guerra, deslumbrado por las victoriosas campañas alemanas, el 10 jun.de 1940 entró en. el conflicto al lado del Führer alemán. Desde un primer momento, las fuerzas armadas italianas sólo conocieron derrotas. A partir de 1942, comenzaron los bombardeos sobre las grandes ciudades italianas que destrozaron la moral de la población civil y hundieron al país en la miseria. Ante estos desastres, la aparente unanimidad popular en torno al duce se rompió; comenzaron a reorganizarse en la clandestinidad los antiguos partidos suprimidos por el fascismo, y surgieron las primeras huelgas desde 1926. En este ambiente, agravado por la invasión del Sur de Italia por los ejércitos aliados, las clases dirigentes comenzaron a considerar, en colaboración con el rey, la posibilidad de prescindir de M. Así, el 16 jul. 1943, 15 jerarcas del régimen, entre los que se encontraba su yerno Ciano, convocaron el llamado Gran Consejo Fascista. En él se proclamó que el fascismo había sido traicionado por la dictadura personal del duce y se le privó de su poder absoluto; M., en adelante, quedaría convertido en el simple jefe de un partido político y nada más.
Los altos mandos del Ejército llegaron a la conclusión de que sólo la destitución de M. podía terminar con la grave situación que pasaba Italia. Con el apoyo del rey, el 25 jul. 1943, el hasta entonces todopoderoso dictador fue detenido. Cuando se conoció la noticia, el pueblo se lanzó a la calle, se destruyeron las estatuas de M., se quemaron sus imágenes, y el fascismo, en unas pocas jornadas, dejó de existir. Apenas dos meses después, el 8 de septiembre, el Gobierno italiano presidido por Badoglio anunció la rendición ante los aliados. La reacción de Hitler fue inmediata; en sólo unos días las tropas alemanas ocuparon toda Italia. M., prisionero hasta entonces en un hotel del Gran Sasso, fue liberado por el coronel alemán de las SS, Otto Skorzeny y trasladado a Alemania. Desde allí, en una locución radiada, anunció al pueblo italiano la reconstrucción del fascismo bajo un nuevo carácter social, proletario y republicano. Ahora bien, este discurso no engañó a nadie; todo el mundo comprendió que M. no era ya sino una figuradecorativa al servicio del nazismo, que lo empleaba para justificar su ocupación de Italia. Estableciendo la capital del nuevo régimen fascista en Saló, el antiguo dictador se limitó a contemplar la marcha de los acontecimientos sin poder intervenir en ellos.La creación de la República Social de Saló convirtió a Italia en un impresionante campo de batalla. En los frentes, combatían encarnizadamente las tropas aliadas y alemanas. En la retaguardia, surgieron formaciones de partisanos que iniciaron una lucha a muerte con las milicias fascistas. En medio de esta lucha, la actividad de M. se limitó a una política represiva contra sus propios conciudadanos y a una demagogia de signo socializante, carente de significado.A ,comienzos de abril de 1945, los aliados iniciaron su última ofensiva para ocupar las ciudades del Norte de Italia. Unas tras otras cayeron en sus manos: Bolonia, Ferrara, La Spezia y Génova. La República Social de Saló quedaba reducida a Milán y sus alrededores. M., plenamente consciente de la inevitabilidad de la derrota, intentó llegar a un acuerdo con la resistencia partisana que había creado en Milán, de forma clandestina, un Comité de Liberación Nacional. El contacto se realizó a través del card. Ildefonso Suchster (v.), en cuyo despacho M. se entrevistó con los jefes partisanos para discutir las condiciones de la rendición. Cuando el Comité de Liberación Nacional le comunicó que sólo admitía la rendición incondicional, M. abandonó Milán para dirigirse a Como. La única posibilidad que aún le quedaba era alcanzar la frontera y refugiarse en Suiza. El 26 de abril, con una reducida guardia de SS y Camisas negras, el duce se dirigió a Menaggio donde se le unió su amante Clara Petacci, que quería correr su propia suerte. En la noche del 27, una columna motorizada alemana entró en la ciudad; su destino era también alcanzar la frontera. M. se puso en contacto con el oficial que la mandaba, para que le permitiese, junto con su amante y algunos jerarcas aún fieles, incorporarse a ella. Con M. disfrazado de soldado alemán, la columna partió. Sin embargo, al llegar a Dongo fue detenida por un grupo de partisanos. Los alemanes no ofrecieron resistencia, y M. fue reconocido. Al día siguiente, el 28 abr. 1945, después de un juicio sumarísimo, el duce, Clara Petacci y el resto de los jefes fascistas detenidos, fueron fusilados.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: Además de la citada en FASCISMO: G. Roux, Mussolini, Madrid 1961; P. DE VEGA, Benito Mussolini, Madrid 1970; M. GALLA, L’Italie de Mussolini, París 1964; E. LUDWIG, Coloquios con Mussolini, Madrid 1934; G. DORSO, Mussolini alla conquista del potere, Milán 1961; R. DE FELICE, Mussolini il fascista. La conquista del potere, Turín 1966; L. FERMI, Mussolini, Chicago 1961; G. PINI y D. SUSMEL, Mussolini: l’uomo e Topera, 4 vol. Florencia 1953-55; L. SALVATORELLI y G. MIRA, Storia d’Italia nella guerra fascista, Turín 1970; F. W. DEAKIN, Storia della Republica di Saló, Turín 1970.
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