Música V. Asociaciones Musicales. MÚSICA
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Música
Concepto. Cuando se trata de asociaciones musicales es necesario delimitar los términos de tal denominación. Nadie llamaría asociación al grupo musical petersburgués de Los cinco, que fue sólo un conjunto de artistas con principios o ideas similares, buscando un fin común: el florecimiento y afirmación de una m. con fundamentos nacionales. Grupos estilísticos de este talante se han dado muchas veces en la historia de la m., e incluso otros, como el de Los seis en París, cuyas ideas estéticas eran más diversas. Se trataba más bien de un grupo de amigos que se reunían para apoyarse mutuamente. Tampoco se puede llamar sociedad o asociación a lo que dio como fruto, por ej., una serie de Conciertos Sinfónicos rusos, dirigidos por Rimski-Korsakov, organizados y sostenidos por un mecenas, el editor Belaiéf. Aquí se trata de actos musicales que mantiene y ofrece una persona o entidad, como otras veces puede hacerlo el Estado. Es, pues, la sociedad o asociación musical, algo que nace del esfuerzo artístico y económico común, y que tiene como fin "hacer música", esto es, interpretarla o escucharla. Muchas variedades hay, desde la sociedad de aficionados que se dan cita, más o menos privadamente, para interpretar ellos mismos, hasta la asociación puramente "de consumo", cuya actividad es contratar artistas para que los escuchen sus asociados. También hay sociedades para el cultivo de un solo género, para ofrecer la m. de una época, para favorecer o editar la obra de un autor (como la célebre Sociedad Bach), etc. Profesionales y aficionados pueden actuar unidos o por separado. Existe la sociedad de amateurs que se complacen en la ejecución musical y en grupos reducidos, y también la que se ha llamado "sociedad de conciertos", organización profesional que se dedica a ofrecer actos públicos.Orígenes. Las asociaciones dedicadas a la m. religiosa son tan antiguas, que se encuentran ya en los principios del arte sonoro occidental. En Italia, particularmente, se desarrollaron las compagnie de laudisti, nacidas en el s. XII, y dedicadas a cantar sencillas composiciones con texto religioso. Desde Florencia se extendieron en el s. XIII, relacionadas con la predicación franciscana, y persistieron hasta principios del s. XIX. Sin embargo, se deben citar como verdadero y primer núcleo de las asociaciones musicales a las accademie, las cuales, queriendo imitar en el Renacimiento a la clásica de Platón, reunían en Florencia y otras ciudades a una serie de eruditos y artistas, que se regían por estatutos y precisaban sus objetivos, casi siempre en orden a la búsqueda de nuevos elementos artísticos que pudieran trasformar y enriquecer la m. El fundamental movimiento madrigalista está muy ligado a las "academias" italianas que llevaron nombres sonoros y espectaculares, como los Intrepidi de Ferrara, los Animosi de Cremona, los Invaghetti de Mantua o los Floridi de Bolonia, fundados estos últimos por el curioso Banchieri, autor de muchas obras musicales y de la última parte de un libro célebre: Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno. Los movimientos de las academias no tardaron en encauzarse y trasformarse, a través de la obra de Monteverdi, pero persistieron en su tiempo y en los posteriores. Era costumbre de sus componentes el adoptar un apodo de resonancia clásica, como el de Terpandro Politeio, que llevaba A. Scarlatti, en la academia fundada en Roma, ya a principios del s. xviit, por la reina Cristina de Suecia. En esta misma agrupación figuraron nombres como los de Corelli y Pasquini. En Francia fueron también importantes las Academias de Poesía y Música, a partir de 1570. Durante el s. xvii fueron el núcleo de la vida musical, y desaparecieron con la Revolución. Las organizaciones inglesas de ministriles, de carácter profesional, alguna de las cuales subsiste todavía, y las alemanas de maestros cantores (normalmente aficionados, ya que su profesión era otra, como en el caso del zapatero Hans Sanchs, personaje real inmortalizado por Wagner), cuyos últimos vestigios desaparecieron en la primera mitad del s. XIX, fueron más bien corporaciones de carácter gremial.Desarrollo. Durante los s. XVII y XVIII, los "clubs musicales" desempeñaron un gran papel en Inglaterra. Estas "reuniones" existían en todo el país. Scholes cita varias de ellas, con sus curiosísimos reglamentos y costumbres: p. ej., el Canterbury Catch Club que se inició en una taberna y posteriormente construyó su propio salón, en el que se consumían "ponche de ginebra y pasteles de cordero"; el Noblemen and Gentlemen’s Catch Club, donde se suministraba una botella de jerez por cada tres miembros, y la Huddersfield Choral Society, que hoy persiste, en la que pagaban media corona por semestre los socios masculinos y era gratis para los femeninos. Para unos y otros había en cada reunión "pan, queso y tres medidas de cerveza fuerte". El término catch nos da idea de cómo empezaron estas asociaciones que llegaran a cultivar toda clase de m. vocal e instrumental. El catch es un género de canción humorística a varias voces. En Alemania, las sociedades corales masculinas llamadas Liedertafel (a causa de que, en un principio, sus miembros cantaban sentados alrededor de una mesa), también mezclaban la m. y la cerveza. Luego sus objetivos se hicieron más y más elevados. Parece que el movimiento Liedertafel fue fundado en Berlín por Zelter, el compositor amigo de Goethe, maestro de Mendelssohn y que no supo ver la genialidad de Schubert. La Asociación Liedertafel de Alemania, ya con diez mil socios, celebró su centenario en 1931. De forma parecida, aunque después (hacia 1835), comenzó la gran actividad de los orfeones en Francia. Gounod fue director de alguno en París. En 1880 existían alrededor de 1.500 orfeones, con casi 60.000 miembros. Solían publicar periódicos o boletines musicales.Todas estas manifestaciones, en que era fundamentalel canto a varias voces y que luego fueron derivando hacia otros cauces instrumentales, eran necesarias en tiempos en que no existía el concierto o la representación lírica tal como hoy los entendemos. Compositores e intérpretes vivían y desarrollaban su arte en las cortes de nobles, príncipes y reyes, o bien en alguna institución eclesiástica. Conviene recordar que, p. ej., el primer teatro lírico italiano de pago (el S. Cassiano de Venecia) fue abierto en 1637. Sin embargo, al correr de los años, los músicos de todos géneros se independizan, viviendo de sus ediciones o de su arte como ejecutantes. Entonces las sociedades persisten, aunque evolucionando. A finales del s. XIX y en el xx, refuerzan la vida musical o llenan los huecos que dejan los empresarios particulares u oficiales. La asociación musical, de una forma u otra, sirve siempre a la vida artística del lugar donde actúa.La institución del Collegium Musicum en Alemania, influyó mucho en la formación de las organizaciones de conciertos. Eran reuniones privadas, parecidas a los clubs ingleses. Los Abendmusiken o Conciertos vespertinos de Buxtehude (el gran organista a quien Bach escuchó a costa de andar muchas millas) se hicieron famosos; se celebraban unas semanas antes de Navidad. En Italia, las accademie privadas o semipúblicas, con reuniones semanales, siguieron teniendo fuerza durante todo el s. XVIII. En Francia, los actos musicales públicos comienzan con los concerts spirituels fundados en París en 1725 por el músico y ajedrecista Philidor. Es curioso recordar que el nombre academia permanece durante algún. tiempo para designar un concierto de ciertas características, y así llamaba Beethoven a las grandes presentaciones de sus obras recientes.Adopción de la forma moderna. Es a principios del s. XIX cuando se organizan las primeras sociedades de conciertos, cuyo modelo se sigue en todo el mundo occidental. En 1813 comienza sus. actividades la asociación fundada un año antes en Viena con el nombre de Gesellschaft der Musikfreund (Sociedad de amigos de la Música), que había de desarrollar una actividad importantísima. Su primer presidente fue el príncipe Lobkowitz, y su gran protector, el archiduque Rodolfo. La Sociedad de amigos de la Música fundó un conservatorio dirigido por Salieri, un coro de aficionados y una orquesta, primero compuesta también de aficionados, y luego profesional. Esta agrupación sinfónica fue el germen de las grandes orquestas vienesas. Un punto negro en la historia de esta sociedad es el haber rehusado estrenar la Misa en re y la Novena sinfonía, cuando Beethoven se dirigió a ella "a causa de los enormes gastos y del resultado incierto". Sin embargo, muchas primeras audiciones importantes se deben a esta agrupación, y por allí pasaron los mejores directores vieneses.La Philharmonic Society de Londres (a la que le fue luego concedido el título de Royal), también comenzó a actuar en 1813, especialmente para estimular la ejecución de la m. instrumental. Sólo los profesionales podían ser sus miembros, pero en los reglamentos se establecía que cualquier persona podía inscribirse en calidad de socio. Las localidades que dejaban libres estos socios se ponían a la venta en taquilla. Es decir, la Royal Philharmonic Society establece el ejemplo definitivo de una moderna sociedad de conciertos.Las asociaciones alemanas, austriacas, inglesas, italianas y de otros países han sido y son muy numerosas; sería imposible hacer una lista, aunque fuera limitándose a las de las ciudades importantes. Anteriores a las citadas son instituciones como los Gewandhaus Koncerts de Leipzig que, aunque comenzaron a mediados del s. XVIII, se establecieron en la Gewandhaus (Casa de los pañeros, ya que se trataba de la antigua sala de ese gremio) en 1781. Un siglo después se reconstruyó el edificio. Son memorables los conciertos ofrecidos allí por Mendelssohn. En Holanda existió una gran sociedad durante más de un siglo, la Felix Meritis de Amsterdam. El Concertgebouw o Sala de conciertos de esa ciudad, uno de los núcleos de la m. sinfónica europea, data de 1883. La actual Accademia di Santa Cecilia de Roma, tiene su origen en la Virtuosa Compagnia dei musici di Roma, fundada en 1584 por el papa Gregorio XIII. Aunque su carácter religioso ha sido preservado durante siglos, ha dado lugar a manifestaciones de todo tipo en el arte sonoro y es en ese aspecto la institución más importante de Italia. Comenzó siendo una especie de asociación de ayuda mutua.Los concerts spirituels franceses, celebrados en tiempo de Pascua, fueron imitados en otros países. Pero esto da más bien lugar al concierto público libre, aunque sea constituido en series o temporadas en un lugar fijo, como los de Pasdeloup, Colonne o Lamoureux.En la segunda mitad del s. XIX ya empezamos a encontrar asociaciones en uno de sus sentidos modernos: son grupos que se establecen para interpretar la "música contemporánea", olvidada o mal representada en los conciertos normales. Brahms funda con tal fin la Wiener Tonkünstlerverein. Las sociedades importantes empiezan a estar ligadas a los nombres más significativos. Del género de las defensoras de la moderna m. fue la Allgemeiner deutsche Musikverein, creada en 1859 bajo la inspiración de Liszt, y que dio a conocer las obras de los "nuevos": el propio Liszt, Wagner, R. Strauss, Mahler y otros. En París existía la Société des Conceris du Conservatorie, que presentó, p. ej., la obras de Beethoven. En 1871 se establece la Société Nationale de Musique, por Bassine, Sannt-Saens y otros entusiastas, entre los que estaban C. Franck Fauré, Duparc y Chausson. Durante 50 años ofreció anualmente nueve o diez conciertos, dedicados a la m. francesa. Pero en 1910 la Société Nationale fue considerada demasiado conservadora por los entonces más jóvenes que, buscando la presidencia del veterano Fauré, fundaron la Société Musicale Indépendante, que, además de ofrecer lo más nuevo, organizó curiosos actos, como uno en el que el público tenía que adivinar los nombres de los autores. En el comité de esta sociedad figuraban Ravel, Caplet, Florent Schmitt, Roger-Ducasse y otros, cuyo interés no se limitó sólo a las páginas francesas. Una sociedad de carácter muy particular fue la iniciada en 1865 por Lemoine con el título de La Trompette; sus conciertos eran de carácter casi privado. Allí se ejecutó El carnaval de los animales de Sannt-Saens, que no había de ser presentado en público hasta la muerte del autor. En 1911, Bartok y Kodaly fundaron en Budapest la Sociedad húngara para la nueva música. En todos los países cultos funcionan o han funcionado sociedades del tipo de las citadas, y desde luego organismos como la Sociedad General de autores española, cuyo principal fin es la protección de sus derechos.La obra de R. Wagner arrastró de tal manera a los aficionados de varios países, que se constituyeron "sociedades wagnerianas", muchas de las cuales se trasformaron luego en asociaciones de miras más amplias. Hay que señalar por su gran significación las que funcionaron en algunos países hispanoamericanos y en España.Las asociaciones musicales en los EE. UU. La organización de conciertos y de asociaciones en los EE. UU. sigue la línea inglesa, incluso en sus particulares características. Los primeros actos públicos, a mediados del s. XVIII, terminaban con un baile. Encontramos entonces los nombres de las ciudades de Boston y Charleston, que debieron de ser especialmente filarmónicas, así como algo después Filadelfia y Nueva York. Hasta 1912 existió la Sta. Cecilia Society de Charleston, fundada en 1762. Era una sociedad reservada a las clases altas, pues sus cuotas eran muy elevadas para la época, pero el socio podía llevar "tantas señoras como le pareciera adecuado"; no se admitían niños, había cuatro cenas al año y los incumplimientos del reglamento se castigaban con multas. Son curiosos los anuncios de sus conciertos, con una buena orquesta, en los que se contrataba, p. ej., a "un francés que acaba de llegar", como primer violín.Las asociaciones musicales en España. Es importante en España el movimiento coral iniciado por J. A. Clavé, frustrado universitario por la ruina de su familia, obrero manual en sus principios, que llegó a ocupar puestos políticos de altura. Clavé, después de luchar por sus ideales, concibió en su juventud la romántica idea de regenerar a la clase obrera y campesina por la creación de agrupaciones corales. En 1845 fundó la sociedad La Aurora, que se llamó luego La Fraternidad y más tarde Euterpe. Las Sociedades Euterpenses de obreros y campesinos reunían en Cataluña, hacia 1865, más de dos mil socios. Los orfeones fueron creándose en las provincias del Norte y en Levante, donde también se pueden poner como ejemplo de sociedades las bandas, agrupaciones que han contribuido de manera notable a la cultura musical de la región. En 1901 fundaron Millet y Vives el Orfeó Catalá, asociación que es modelo en su género y propietaria del Palau de la Música de Barcelona. En España hay muchos orfeones y sociedades corales.La m. sinfónica y la de cámara comienzan a tomar su debido puesto en la cultura española gracias a las asociaciones, pues los conciertos esporádicos en Madrid, Barcelona y otras ciudades, no tenían verdadera consistencia durante el s. XIX. En Madrid, la Sociedad de Cuartetos, constituida por J. de Monasterio, el famoso violinista y profesor, inicia sus sesiones en el salón del Conservatorio en 1863. F. Asenjo Barbieri funda la Sociedad de Conciertos que, bajo su dirección, se presenta en el teatro-circo del Príncipe Alfonso en 1866. Ambas sociedades introducen en la capital, de manera periódica y continua, la gran m., desde Beethoven a los olvidados autores españoles de la época o a las páginas entonces de moda, que también han caído en el olvido. Asimismo habían ofrecido conciertos la Sociedad Artístico-Musical de Socorros Mutuos, que sigue hoy cumpliendo sus fines benéficos, en cuya memoria de 1864 se lee que se han dado "obras de Beethoven y hasta una sinfonía de Haydn", añadiendo que era arriesgado hacer gustar ese género de m. a nuestro público, que la oía por primera vez, y la Unión artístico-musical que dirigió T. Bretón. A principios del s. xx nace la Sociedad Filarmónica de Madrid, constituida por un buen grupo de aficionados, cuando ya existía la de Bilbao. El ejemplo cunde, y así España va conociendo agrupaciones de cámara y solistas del mundo entero. En Madrid deben recordarse las notas a los programas escritas por C. de Roda, que convirtieron a la Filarmónica en una verdadera escuela musical. El papel de Roda de esta asociación lo representa el crítico Salazar en la Sociedad Nacional de Música fundada en 1915 y que duró hasta 1922. Falla y Turina colaboraron frecuentemente en ella. La Sociedad de Cultura Musical ocupó un puesto importante, pero desapareció. Se ha tratado de llenar el hueco a nivel ministerial, con el Club de Conciertos de Festivales de España, de breve existencia. Hoy funciona en Madrid Cantar y Tañer y asociaciones universitarias como Adamum. En Barcelona, la Asociación de Cultural Musical y otras sociedades. Las principales ciudades españolas cuentan con Sociedades Filarmónicas que reciben más o menos ayuda de los organismos estatales o provinciales. Música en Compostela es una organización con cursos didácticos. Alea se dedica, desde Madrid, a la vanguardia.La Sociedad Internacional de Música, desaparecida en 1914, nació en 1899. La actual Sociedad Internacional de Música Contemporánea fue fundada en Salzburgo en 1922. Tanto esta última como juventudes Musicales cuentan con secciones españolas.C. GÓMEZ AMAT.
BIBL.: P. SCHOLES, Diccionario Oxford de la Música, Buenos Aires 1964; H. RIEMANN, Musik-Lexikon, 10 ed. Berlín 1922; GROVE, Dictionary of Music and Musicians, 5 ed. Londres 1954; A. EAGLEFIELD-HULL, A Dictionar~ of Modern Music and Musicians, Londres 1924; 1. M. PROVANZA, Cuadros Sinópticos de la Sociedad de Cuartetos, Madrid 1872; !D, Sociedad de Conciertos del Teatro y Circo de Madrid, Madrid 1872; A. SALAZAR, La Música de España, Buenos Aires 1953.
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