Mulatos BIOL.
Categoria:
Biología
Calificativo que se aplica a las personas nacidas de blanco y negra o al contrario. Respecto a la etimología de este término se han dado dos explicaciones: derivado del latín mulus y del árabe muladí (v.). En ambos casos, tiene la significación de impureza, como el resultado de un cruce biológico entre individuos de distinta categoría racial, según apreciaciones de índole física, cultural o religiosa.En América, el m. como grupo étnico o casta social constituye una manifestación más del amplio y variado mestizaje (v. MESTIZOS) que allí se dio a raíz del descubrimiento; un mestizaje distinto del originado por el cruce del amerindio y el blanco, a causa de las circunstancias que lo motivaron y la situación social del grupo mestizo consecuente. Las necesidades económicas de la colonización americana exigieron una abundante y resistente mano de obra que la población aborigen, dado sus condiciones físicas, nivel cultural y hábitos de trabajo, no estaba en condiciones de proporcionar. La solución a este problema se dio con la introducción en el Nuevo Mundo del negro (v.) africano. El m. americano es el resultado de la mezcla del grupo racial blanco, libre y dominador, con el negro sometido a esclavitud.La introducción de africanos afectó, prácticamente, a todas las regiones de América, pero en mayor número fueron llevados al sur de Estados Unidos, las Antillas, Colombia, Venezuela y Brasil, países donde se ha dado con más intensidad el cruce racial. Según el grado de mezcla de sangre se puede hablar de distintas clases de m.: el puro nacido de blanco y negra, el cuarterón, el quinterón, el requinterón, etc. A veces, estas matizaciones de los cruces se reflejan con nombres especiales; así el nacido de español y mulata se le llama morisco, si de este último con española, albino; al nacido de m. con india, calpamulato; y al de éste con india, jíbaro.Situación social. Generalmente y en principio, la situación social del m. es la misma que la de sus ascendientes de color, pero hay que hacer algunas distinciones. En aquellos países en que predomina el criterio racista (Estados Unidos, Antillas no hispánicas), cualquier porción de sangre negra en un individuo es suficiente para su segregación respecto del blanco; el m. o pardo se ha considerado siempre de la misma categoría que el negro.En los países iberoamericanos, han tenido más posibilidades para su integración social. Originariamente y en relación con el mestizo, el m. ocupaba un nivel inferior; si en el primero pesaba negativamente su nacimiento ilegítimo, en los m. este inconveniente era aún más general y acentuado. Para la unión con una india así como para los hijos que de ella nacieran cabía la legitimación, pero esto no ocurría con una esclava negra, cuya unión con ella siempre era pecaminosa. Las leyes no eran propicias al nacimiento de los m., pero sí la lascivia de los ibéricos y el atractivo de las mujeres negras. La carencia de prejuicios raciales de los españoles y portugueses no sólo favoreció la proliferación de los m. sino que éstos se integraron progresivamente en el conjunto de la sociedad colonizadora. Hubo una primera etapa en que no se les permitió el acceso a la enseñanza, al clero y a los mandos del ejército; la actividad de los m. libres tuvo que proyectarse a los oficios artesanales, como carpinteros, zapateros y herreros, entre otros.En la realidad cotidiana y efectiva, tanto su situación como influencia social dependió de su número relativo, de su aportación económico-laboral, de su mayor o menor predominio en estos aspectos en relación con los demásgrupos o castas. Por todo ello, no puede hablarse de un status homogéneo y permanente del m. en Iberoamérica. La variedad de estas circunstancias fue muy amplia según los países, el momento, incluso las cualidades individuales. Significativo ejemplo de esto último es el relieve personal que dentro de la sociedad alcanzaron algunos m. En la conquista de Chile, contó con la admiración y simpatía de sus compañeros un soldado m., Juan Valiente. De la misma raza era S. Martín de Porres (v.) y el arzobispo de Chuquisaca P. Francisco Javier de Luna. En las primeras décadas del s. XVIII, un m. portorriqueño, Miguel Henríquez, obtuvo del rey español el título de caballero de la Real Esfigie por los servicios prestados a la corona. Era uno de los más ricos comerciantes de la isla y dueño de fincas ganaderas o dedicadas al cultivo de caña y elaboración del azúcar. Su posición económica y buenas relaciones con las autoridades civiles y eclesiásticas provocaron la envidia de los portorriqueños blancos. A la categoría de catedrático de la Univ. de Lima llegó un hombre que por sus venas corría sangre negra, el médico José Manuel Valdés. La abuela de Simón Bolívar era una sirvienta negra.En la actualidad, los m. de los países iberoamericanos están integrados, plena y legalmente, a sus sociedades nacionales respectivas. En algunos de ellos, como Brasil y Venezuela, constituyen importantes minorías, al menos en algunas áreas.J. GIL-BERMEJO.
BIBL.: J. PÉREZ DE BARRADAS, Los mestizos de América, Madrid 1948; R. BASTIDE, Las Américas negras, Madrid 1966.
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