Muladies HIST.
Categoria:
Historia
Constituyen los m., del árabe muwalladún (sing. muwallad), la mayoría étnico-religiosa integrada por hispanos convertidos al Islam, incorporados por ello al sistema político-religioso y económico y a la cultura instaurados en al-Andalus (v.) por árabes y beréberes musulmanes, a partir de mediados del 711. Hispanos islamizados desde la primera hora o hijos de musulmanes no árabes, de origen godo o hispanovisigodo, formaron esta mayoría de base hispana sobre la cual se apoya casi toda la estructura económica de la dominación musulmana en la Península y constituyeron en al-Andalus, sobre todo en el Sur, la masa más importante de la población andaluza. Conviene precisar que los m. son designados por los autores árabes en el genérico de musúlima `musulmanes nuevos’ o asálima y asálima al-dimma, es decir, ,conversos al Islam procedentes de la clase de los tributarios’, como equivalente a muwalladún, del que propiamente procede muladí. Con esta última voz árabe se admite comúnmente que se designaba más bien a los descendientes de padres ya musulmanes, pero de etnia no árabe. En documentos latinos medievales y castellanos, los m. aparecen designados, según F. J. Simonet, con los términos de maulidines, muzlitas, mulados, mozlemifas y mollites (v. o. c. en bibl.). De cualquier forma, está claro que con el nombre de m. se incluye, de hecho, a todos los neo-musulmanes de origen no árabe que en al-Andalus se incorporaron al nuevo sistema instaurado por los árabes en el viejo solar hispano.Condición social. Educados en la religión islámica, los neo-musulmanes hispanos gozaron de beneficios económicos y sociales con respecto a los no musulmanes, por lo que es lógico pensar que, dada la estructura de la sociedad visigoda respecto a la islámica, las conversiones, de buena fe o por conveniencia, fueran numerosas y en aumento, sobre todo entre los mozárabes (v.) de condición más humilde. La islamización caló hondo y, al cabo de tres o cuatro generaciones, difícilmente podía distinguirse a un nuevo musulmán hispano, llámesele hispanomusulmán o m., de un beréber (v.), sobre todo en zonas rurales. Producto, unos, de la libre y espontánea sumisión a los vencedores y de la consiguiente adopción de su religión; otros, de la conversión tras haber sido reducidos por las armas y a la condición de esclavos; y un tercer grupo, procedente de mozárabes convertidos, fueron los m. piezas fundamentales en la trama social, económica, cultural y política del país, contribuyendo con los entrecruzamientos con árabes, beréberes, "esclavos" y negros a aumentar la heterogeneidad de la nueva sociedad andaluza.El hecho de la conversión al Islam implicaba no sólo la integración total en el sistema sino también la adopción de un nombre y patronímico árabe-islámico, sin que ello signifique el abandono de sus primitivos nombres de familia cristiano-romances o latinos. De cualquier forma, la aceptación del Islam suponía una diferenciación social acusada con respecto a los hispanocristianos mozárabes, no sólo jurídico-fiscal, sino también en orden a ciertas costumbres, indumentaria, lengua y participación en el nuevo orden y estructura político-administrativa establecidos. Entre los m. había libres, esclavos y libertos o emancipados que adoptaban el nombre de su patrono y perdían insensiblemente el recuerdo de su origen. Algunos llegaron a poseer cuantiosos bienes y se buscaban genealogías ilustres de origen árabe. Otros conservaron apodos o patronímicos romances o los traducían al árabe. Familias como los Banñ Angelino y Banñ Sabarico de Sevilla, Banñ Qúmis (Comes), Banñ Garsiya (García), Banú Martín, los Banú Qasi (v.; Casius) de la Frontera Superior (valle del Ebro) y tantos otros son buen testimonio del grado de islamización y de la permanencia de la lengua romance entre los m., quienes en la `ayamiyya o aljamía de las diversas regiones de al-Andalus (entiéndase habla popular no árabe) han dejado testimonios de numerosas voces en glosarios botánicos y en la poesía arabigoandaluza de corte popular.Los m., algunas de cuyas familias, como los Banñ Qasi del valle del Ebro, los Banú Marwan de Mérida y Badajoz, los Banñ Sabra o Banñ al-Tawil de Huesca, y otros, que poseían grandes zonas con numerosos castillos, desempeñaron un papel muy considerable en la vida del país, juntamente con mozárabes y beréberes, frente a la minoría árabe dominante que, sin embargo, permitió que aquéllos se enriquecieran y participaran activamente en los cuadros administrativos y militares del Estado cordobés. El gran número de m. contribuyó a la solidez de la ocupación árabe musulmana de la Península. No obstante, es justo señalar que también, en ocasiones, determinados grupos o familias m. fueron causa de honda fisura y de disociación en el marco político-social de al-Andalus.Clima de rebeldía protagonizado por los muladíes. A lo largo de la historia musulmana de España aparecennumerosas rebeliones -una constante histórica que merece ser mejor analizada- en las que no son ajenos los m.; unas veces solidarizados con los mozárabes -muestra de que la inquietud política pesaba más que la diferenciación religiosa y jurídico-fiscal-; otras, con los beréberes o aisladamente y por causas diversas. Las rebeliones de m. aliados con beréberes en Mérida, en el 828, capitaneados por el m. Sulaymán b. Martín, la más permanente y peligrosa de Músá b. Músá b. Qasi, en el 842, en el valle alto y medio del Ebro, cuya familia ejercía gran influencia política en las poblaciones situadas entre este valle y los Pirineos y mantenía estrechas relaciones y vínculos familiares con casas nobles vasco-navarras; la disidencia de Ibn Marwán al-Yilligí en la región de Mérida, en el 868, con la colaboración de algunos mozárabes, y, más tarde, de otro m., Sa°dun al-Surunbáki, culmina en la insurrección general que tiene lugar en el Sur de al-Andalus a partir del 880, promovida por el m. `Umar b. Hafsñn. Protagonista de una de las rebeliones más peligrosas para el gobierno omeya, señoreó en todo el sur de la Península, desde Algeciras a Tudmir (Murcia) y Jaén, y es el prototipo del m. -en sus últimos tiempos renegó del Islam y volvió a la fe de sus mayores- y del mozárabe encarnados en el hombre hispano, y con muchos de sus rasgos peculiares. Luchó contra los emires cordobeses Muhammad I (851886), al-Mund_ir (886-888), `Abd Alláh (888-912) y contra Abderramán III en sus primeros años de emirato, dejando, tras su muerte, a sus hijos la tarea de proseguir la lucha, que duró hasta el 928.Durante dos generaciones persistió la rebelión andaluza m. mozárabe, que tuvo su mayor expresión en áreas rurales y montañosas y entre el campesinado. Las causas de tal rebelión, varias y complejas, pueden hallarse en la mala política empleada con los m. y mozárabes, las extremadas exacciones y, en ocasiones, el mal trato que sufrían los campesinos por parte de los recaudadores de impuestos, la inadecuada o nula participación en la vida administrativa del país, la acusada diferenciación social establecida siempre en favor de familias árabes y la creciente debilitación del poder. De este modo, los m. contribuyeron fatalmente, en el s. IX, al fraccionamiento de la unidad política andalusí. El conflicto árabe-m. de la cora de Elvira, en el 889, el de la región de Sevilla en el mismo año, y otros, dan fe del clima de rebeldía reinante y de las tensiones existentes en el cuerpo social andalusí del que los m. formaban la principal y más amplia base.Los m., en fin, la masa más importante de población de los reinos de taifas (v.), insertos en la pugna existente entre éstos, constituyeron bajo los almorávides (v.) y los almohades (v.) las principales fuerzas "nacionalistas" frente a las dominaciones norteafricanas y protagonizaron -Ibn Mardanis e Ibn Hámusk, entre otros- los principales movimientos de rebelión contra los almohades. Gran número de m., ante los avances de la Reconquista (v.), permanecieron en sus lugares de origen y, sometidos a los cristianos, pasaron a formar las comunidades mudéjares (v.) de Castilla, Levante y Aragón. Otros, emigraron al sultanato nazarí de Granada (v. GRANADA, REINO DE) donde, una vez reconquistado, crearon el problema morisco (v.) y no pocos emigraron al Norte de África, donde dejaron permanente impronta de la civilización hispano-musulmana.J. BOSCH VILÁ.
BIBL.: E. LÉVI-PROVENZAL, España musulmana hasta la caída del califato de Córdoba, en HE IV, y V,1010-1104; F. J. SimoNET, Historia de los mozárabes de España, Madrid 1897-1903; J. VALLVÉ, De nuevo sobre Bobastro, "Al-Andalus" XXX (1965) 137-174; A. Huici, Historia política del imperio almohade, Tetuán 1957.
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