Mu 'tamid, Al HIST.
Categoria:
Historia
Al-Mu’tamid `alá Alláh es el nombre con el que se conoce -en realidad se trata de su lagab o sobrenombre dinástico- a Muhammad b. Muhammad b. Ismá’il b. `Abbád, tercero y último soberano de la dinastía de los `Abbádíes de la taifa de Sevilla.Biografía. M. n. en Sevilla en 1040 (431 de la Hégira). A los 13 años su padre al-Mu’tadid, le dio el mando de las tropas -con toda seguridad meramente nominalque atacaron la ciudad de Silves. Al rebelarse su hermano mayor y presunto heredero, que fue apresado y muerto en 1063, M. pasó a ser el sucesor de su padre. Poco tiempo después al-Mu’tadid, aprovechando la sublevación de los árabes de Málaga contra el reyezuelo zín de la taifa granadina, Bádís b. Habbüs, le encargó una expedición que había de apoyar a los rebeldes y establecer su soberanía sobre dicha ciudad. M. fue derrotado y, temeroso de la cólera de su padre, se refugió en Ronda, de donde no se atrevió a moverse hasta que alMu’tadid le perdonó. A la muerte del soberano `abbádí, 1069, su hijo heredó, si no el mayor, sí el más rico de los reinos de taifas.Dos personas influyeron en la vida íntima y poética del soberano. Ibn `Ammár, que vivía pobremente en Silves, donde le conoció M., el cual se sintió atraído por su talento poético y su belleza, naciendo entre ambos un intenso afecto que en M. era entusiasta y fogoso, y en Ibn `Ammár estaba ligeramente matizado de escepticismo. Al-Mu `tadid, que no aprobaba dichas relaciones, desterró a Ibn `Ammár a Zaragoza, mas en cuanto su hijo subió al poder el poeta volvió a la gracia y escogió el gobierno de Silves, al poco tiempo, lo llevó a Sevilla convirtiéndole en su primer ministro. I’timád, conocida por al-Rumaygiyya, por ser esclava de al-Rumayq, era una joven de belleza y gracia singular a la que se unían grandes dotes poéticas. Fue el gran amor del soberano, que se casó con ella, siendo su mujer preferida y dándole varios hijos. Los alfaquíes (doctores de la ley) la acusaron de haber arrastrado al monarca a una vida de placeres.En 1071 M. decidió apoderarse de Córdoba pero en 1075 la ciudad fue asaltada por sorpresa por un aventurero, Ibn `Ukása, a instigación del soberano toledano, muriendo `Abbád, el hijo de M., tras una heroica resistencia. M., a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió recuperar Córdoba hasta 1078, haciendo crucificar el cadáver de Ibn `Ukása al lado del de un perro. En esa fecha, cayeron en manos sevillanas los antiguos territorios de los Banñ di 1-NUn comprendidos entre el Guadalquivir y el Guadiana; pero estas conquistas eran engañosas y no consiguieron enmascarar la debilidad de M. frente a las huestes de Alfonso VI (v.), teniendo que recurrir lbn `Ammár a la legendaria partida de ajedrez en la que ganó al soberano castellano, y sobre todo al pago de dobles parias para conseguir la retirada de los cristianos. Esta última situación de tributarios frente a los reinos del Norte era común a todas las taifas (v.) que malgastaban sus escasas fuerzas en luchas intestinas en vez de unirse para oponerse al avance de los cristianos, que se armaban con el producto de las parias exigidas a unos reyezuelos que esquilmaban a sus súbditos.Éste fue el momento escogido por Ibn `Ammár para intentar adueñarse del reino de Murcia, perteneciente a Muhammad b. Ahmad b. Táhir, empresa en la que necesitó la ayuda de Ramón Berenguer III y la del señor de Vilches lbn RaEq. Ibn `Ammár no tardó en adoptar una pompa regia y se condujo tiránicamente, prescindiendo de la autoridad de su soberano, a cuya esposa e hijos satirizó. Traicionado por Ibn Raflq, Ibn `Ammár huyó de Murcia y, cuando intentaba apoderarse de Segura, fue hecho prisionero y vendido a M. Tras diversas peripecias en las que se mezclaron las súplicas de Ibn `Ammár y posibles esperanzas de perdón, el monarca sevillano terminó por darle muerte a hachazos en un momento de ira.En 1082, Alfonso VI, que tenía sitiada a Toledo, envió una embajada para cobrar las parias anuales al frente de la cual estaba su almojarife judío Ibn Salib, que se negó a aceptar las monedas de baja ley, siendo ejecutado por M. por sus amenazas e intemperancia en el lenguaje. El monarca castellano devastó en represalia el Aljarafe, Sidona y llegó hasta Tarifa, entrando a caballo en el mar y jactándose de haber alcanzado los confines de España. La caída de Toledo en 1085 exacerbó las exigencias territoriales y monetarias de Alfonso VI y, ante esta situación insostenible, aun dándose cuenta perfecta del peligro "prefiero -dijo al-Mu’tamid- apacentar camellos en África que no cerdos en Castilla", recabó, de acuerdo con al-Mutawakkil y `Abd Alláh b. Zri, la ayuda de Yñsuf b. Tasfin (V. ALMORÁVIDES).Yusuf pasó por fin a España, tras exigir la entrega de la plaza de Algeciras. Su ejército y las tropas de los otros reyes de taifas derrotaron a los cristianos en la batalla de al-Zallága o Sagrajas (V. ZALACA), en 1086. M. se portó muy valientemente en la batalla, pero no pudo aprovechar la victoria, ya porque tal vez no fuese tan rotunda como la describen los musulmanes, ya porque Yñsuf tuvo que retirarse a Marruecos al llegarle la noticia del fallecimiento de su hijo. El hecho es que los cristianos siguieron hostilizando a los musulmanes, lo que obligó a M. a pasar a África para solicitar de nuevo la ayuda de Yñsuf. que desembarcó en Algeciras en 1090.Yúsuf destronó al soberano ziri `Abd Alláh y a su hermano Tamim de Málaga, consiguiendo de los alfaquíes andaluces la fatwá, que declaraba a los príncipes andaluces incapaces e indignos de gobernar, siendo, por tanto, deber del almorávide destituirles para llevar a cabo el yihad (guerra santa) e imponer el restablecimiento de la ley áari’a.El monarca sevillano recabó la ayuda de Alfonso VI, al que entregó a su hija Zayda (Isabel) y las plazas de Cuenca y Huete, pero las huestes de Alvar Fáñezfueron derrotadas en Almodóvar. Cayó Carmona, Sevilla fue sitiada y M. se defendió desesperadamente en un verdadero alarde de valor, y finalmente fue hecho prisionero con sus hijos, que defendían Ronda y Mértola. Despojado de todos sus bienes, fue enviado prisionero con toda su familia a Tánger, después a Mequínez y, al cabo de unos meses, a Agnát, cerca de Marrakech. Allí vivió en la mayor miseria, teniendo que hilar sus hijas para sufragar su subsistencia. En estas circunstancias, dio muestras de su legendaria prodigalidad al entregar sus últimos dineros a poetas pedigüeños. Murió tras larga enfermedad, en 1095, siendo enterrado en una tumba anónima de Agmát. Su tumba fue visitada por devoción religiosa por peregrinos, tales como `Abd al-Samad e Ibn al-jatib. "Todo el mundo ama a al-Mu’tamid -dice Ibn al-Abbár-, todo el mundo tiene piedad de él y aún hoy es llorado".Obra. Su obra poética se puede agrupar en dos periodos, que correspondieron a las dos etapas de su vida, el del reinado en que la fortuna sonríe al poeta, y el del destierro en que la desdicha se ensaña con el monarca. Las más sentidas poesías son las que compuso en su cautiverio, donde todo evocaba su melancolía; canta a la tormenta y sobre todo a los pájaros: una tórtola viuda que canta su pena, una pareja de cuervos que ayuntan sobre un muro. Compuso un epitafio para su propia tumba, en que compara su cadáver a una montaña llevada en parihuelas.La figura novelesca de M., su caballerosidad, su talento poético, su generosidad y el halo romántico que le confiere su desgracia han impresionado vivamente a todos sus biógrafos, incluyendo a Dozy. De hecho simboliza, con indudable nobleza, a todos los reyezuelos de taifas, con su agitada política, violentas pasiones, su debilidad militar y su ceguera política, su mecenazgo de artes, ciencias y letras, su tolerancia religiosa y su vida muelle, que no era incompatible con el valor y el arrojo. Se trata de un tipo humano muy representativo de los musulmanes de aquella época.P. CHALMETA GELDRÓN.
BIBL.: Casi todas las fuentes árabes han sido reunidas por P. A. R. Dozy en su Scriptorum arabum loci de Abbadidis, Leyde 1846; íD, Histoire des musulmans d’Espagne, III, Leiden 1932; IBN IDARI, Bayan, III, París 1930; E. Lévl PROVENZAL, Les mémoires d’Abd Allah, dernier roi ziride de Grenade, "Al-Andalus", 1935-36-39-41; KHALIS SALAR, La vie littéraire á Seville au XI, siécle, Argel 1966.
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