Mozárabes IV. Hagiografia. HIST.
Categoria:
Historia
Entre el 850 y el 859 (finales del reinado del cuarto emir hispano-omeya, Abderramán II, y comienzos del de su hijo, Muhaumad I, se registró, principalmente en Córdoba, una larga nómina de ejecutados por confesar, voluntariamente la fe cristiana, que se conoce de modo genérico por mártires m., al ser éstos los promotores y el mayor número de los ajusticiados, aunque también figuran otros de los estratos sociales muladíes, beréberes e incluso árabes.Situación de los mozárabes. El movimiento de resistencia m. ha sido mal juzgado, tanto entonces como hoy, por muchos autores, aun dentro del cristianismo. Simonet (o. c. en bibl.) defiende con ardor apasionado la reacción de la Iglesia m. frente a la situación en que la colocaba el Islam hispánico, y Lévi-Provengal (o. c. en bibl.) llega a negar la persecución, que justifica por otras razones. Las fuentes coetáneas son todas cristianas y están constituidas, casi exclusivamente, por el Indiculus luminosus y la Vida de Eulogio de Álvaro Paulo y por el Memoriale Sanctorum de S. Eulogio de Córdoba (v.) ambos autores y principales protagonistas del drama, por lo que se han de manejar críticamente para eliminar la lógica parcialidad, máxime cuando son obras apologéticas escritas frente a los detractores de entonces.Examinados los procesos a los cristianos ejecutados en este periodo, se observa que un gran contingente de mártires eran árabes o muladíes que caían en heterodoxia (zandaqa), pues estaban obligados por la ley a seguir el mahometismo, y que otro grupo, no menos numeroso, eran m. que, no contentos con practicar su cristianismo dentro de los límites legales, iban a provocar a los tribunales árabes incurriendo en el delito tipificado de istiyfaf o público menosprecio de la religión musulmana oficial.El cristianismo estaba tolerado para la población sometida, como lo prueba la ingente cantidad de templos y monasterios que existían en la misma capital omeya; pero se vedaban las manifestaciones externas del culto, y sus miembros estaban gravados con el impuesto de la yizya, para varones púberes y libres, y otro territorial, el jardy, para familias y comunidades cristianas (v. I). Del desagrado de tales medidas nos da cuenta el mismo Eulogio al decir que "es menos dolorosa la muerte que una vida prolongada sin poder respirar...; tal vez, si nos permiten el uso de la religión, es a medida de su gusto; ... sacan a fuerza un tributo intolerable...; ya nos quitan los bienes y las haciendas". Este estado de cosas, exarcebado por el espíritu "nacionalista" que estuvo latente entre los m., desembocó, casi imperceptiblemente, en un movimiento de resistencia pasiva (única posible en la capital cordobesa), que cristalizó en un partido de la oposición m., cuyos jefes fueron el clérigo Eulogio y su amigo Álvaro, rico burgués de origen judío que escapó del martirio por su condición de seglar no cualificado.Los martirios bajo Abderramán II. Abderramán II subió al trono en el 821 y, ya al principio de su reinado, fueron ejecutados los cristianos Adulfo y Juan (¿27 sept. 824?). Si la persecución religiosa no se desencadena hasta el 850, hemos de considerar estos extemporáneos martirios como un asunto judicial común del derecho islámico. Adulfo y Juan, hermanos de Áurea (martirizada en el 856), eran muladíes emigrados de Sevilla que, a la muerte de su padre musulmán, fueron educados en el cristianismo por su madre Artemia, entonces abadesa del monasterio dúplice de Cuteclara, en las cercanías de Córdoba. Denunciados por heterodoxia por los familiares del linaje paterno, se negaron a volver al mahometismo, como les obligaba la ley, y el juez les condenó a ser degollados. S. Eulogio, al mencionarles en el Memoriale Sanctorum, dice que su maestro Spera-in-Deo les incluía en su Martirologio, hoy desaparecido. La noticia que se da procede del martirologio de Galerio, muy posterior a los hechos relatados.En el 850 comienzan las confesiones cristianas, seguidas de istiyfaf, que acarrearían una escuela de martirios. El protomártir será Perfecto, sacerdote de la iglesia de S. Acisclo, primera en su época. La ocasión, un suceso desafortunado. Educado por la comunidad de este templo y en ella ordenado presbítero, Perfecto, que dominaba el árabe, contaba con amigos musulmanes, y un día, en una conversación con éstos, terminó acaloradamente por injuriar al Islam, al comparar los méritos de Mahoma con los de Cristo. Los amigos le prometieron discreción, pero fue denunciado. En un interrogatorio ante el cadí, por defender su fe, volvió a maldecir a Mahoma, por lo que fue condenado a muerte y encarcelado hasta el momento de su ejecución. El eunuco Nasr, consejero íntimo de Abderramán II (a quien Eulogio llama "procónsul clavero que dirigía a la sazón a la administración de todo el Estado cordobés"), aplazó la ejecución de Perfecto para decapitarle públicamente el 18 abr. 850 en la fiesta coránica de la Ruptura del Ayuno, brindando el bárbaro espectáculo a la multitud reunida para rezar en común. Antes de ser degollado, Perfecto increpó a Nasr profetizándole que moriría antes de un año y, efectivamente, el eunuco murió pocos meses después al tratar de envenenar al propio emir y su descendiente, sirviendo a una intriga palaciega tejida por la concubina Tarub, que pretendía la sucesión para su hijo `Abd Alláh.El partido de la oposición, con Eulogio y Álvaro a la cabeza, aprovechó las circunstancias vejatorias del suplicio de Perfecto y el casual cumplimiento de su predicción para enardecer el ánimo de los m. cordobeses.Durante un año se celebraron reuniones, cada vez con más adictos, en las que se alentaban a sufrir por causa del cristianismo. La consecuencia fue el martirio voluntario del monje Isaac. N. en el 924, en el seno de una familia acomodada, ocupó el cargo de exceptor (funcionario cualificado de la administración fiscal), pero, separado del cargo, ingresó en el monasterio de Tábanos. Un día irrumpió en el tribunal Gafequi, presidido por Said-ben-Soleiman, pidiendo irónicamente ser adoctrinado en el mahometismo, para luego burlarse del Islam. Se le quiso presentar a Abderramán 11 como un demente, pero el soberano decidió condenarle para que no cundiese el ejemplo, y fue crucificado cabeza abajo y expuesto su cadáver para público escarmiento el 3 jun. 851. Pretensión inútil. Sancho, un soldado franco de la guardia palatina, tuvo que ser ejecutado dos días después.Al domingo siguiente a la muerte de Isaac, Eulogio ensalza a un grupo de seis monjes que "camino al lugar del martirio, se felicitan mutuamente como si fueran a las bodas". Éstos son Pedro y Wistremundo, naturales de Écija, uno sacerdote en Cuteclara y el otro monje en el Armillatense; Walabonso, de Elepla (¿Niebla?), diácono de Cuteclara, donde deja a su hermana la futura mártir María; Sabiniano, Habencio y jeremías -un tío de Isaac-, cordobeses, monjes del Armillatense, de S. Cristóbal y de Tábanos, respectivamente. Llegados a la corte del cadí, defendieron, sin previo ataque, la ortodoxia de su fe y condenaron a Mahoma, el anticristo. Fueron ejecutados el 7 de junio, y el 12 fueron incinerados y arrojadas sus cenizas al Guadalquivir. "Mártires del primer combate" les llamó Eulogio, porque (aclara Flórez) "en el espacio de diez días hubo ocho martirios y luego se pasaron treinta y seis días sin ninguno". Esta diferencia cronológica no significa que se interrumpiera la cadena. Recogiendo la invitación que le hicieran Pedro y Walabonso, el diácono de S. Acisclo, Sisnando de Badajoz, se presentó al cadí y, encarcelado, esperó gozoso su ejecución, que se consumó el jueves 26 jun. 1851. El lunes siguiente, 30 de junio, otro diácono fue decapitado: Paulo, pariente de Eulogio y discípulo suyo en la iglesia de S. Zoilo. Arrojado el cuerpo de Paulo a las puertas de Palacio, fue recogido por un grupo de cristianos y trasladado a S. Zoilo. Entre ellos estaba Teodomoro, monje de ascendencia goda oriundo de Carmona, que fue el siguiente en increpar al cadí en su corte constituida en la mezquita mayor. Fue ejecutado el sábado 25 jul. 851. Así, en menos de dos meses hubo 11 mártires.Sigue un breve periodo de aparente calma en el que Eulogio, dando una interpretación mística y combativa a los sucesos de que había sido testigo, escribe el primer volumen del Memoriale Sanctorum, que empieza a circular entre la comunidad m. Las primeras en recoger la llamada fueron las vírgenes Flora y María. Flora era huérfana de matrimonio mixto bajo la tutela de un hermano que le impedía las prácticas cristianas inculcadas por su madre. Ello le impulsó a fugarse por segunda vez (en la primera tuvo que volver a su domicilio) y a reunirse con Eulogio, quien entonces la envió a Martos, cerca de Jaén, pero ella regresó a Córdoba y, en S. Acisclo, se reunió con María (una muladí, hermana de Walabonso, que había abandonado Cuteclara para presentarse al martirio) y ambas se juramentaron para seguir la misma suerte. Juntas se presentaron ante el cadí, que las envió a la cárcel, donde serían visitadas por Eulogio, para entregarles su Documento Martirial, que las fortalecería. No retractándose de sus osadas palabras, fueron ejecutadas el 24 nov. 851.Los demás cristianos, temerosos de que se les hicierasolidarios de la actitud de los exaltados, acudieron al emir solicitando un concilio. Abderramán II, moderado, accedió, y el concilio se abrió en Córdoba en el 852, según fecha fijada por el P. Flórez. Presidía Recafredo, obispo de Sevilla, y acudió como representante del gobierno musulmán el exceptor Gómez, funcionario cristiano que más tarde se convertiría al islamismo. Éste destacó la inutilidad de los sacrificios voluntarios y pidió que se desaprobara el movimiento. Triunfó la moción del comisario del gobierno y, casi por unanimidad -pues sólo se opuso Saúl, obispo de Córdoba-, el concilio decretó la prohibición del sacrificio voluntario que, al poderse considerar como un suicidio, estaría condenado por la Iglesia. Los que no acataron la decisión del concilio fueron encarcelados. Entre los detenidos estaban Saúl y Eulogio.Esta medida enardece los ánimos. Aurelio, cristiano oculto porque la ley le despojaría de sus bienes al abadonar el islamismo, y su mujer Natalia o Sabigoto, también musulmana convertida al cristianismo, convencieron a Jorge, un cenobita llegado a Tábanos desde Palestina, de una visión en que las mártires Flora y María les anunciaban su próxima muerte conjunta. Se les unieron sus parientes Félix y Liliosa, otro matrimonio musulmán de cristianos ocultos, y todos juntos fueron por la calle precedidos de sus mujeres con el rostro descubierto, con lo que, al ser detenidos, no necesitaron de la presentación voluntaria prohibida por el concilio. Fueron degollados el 27 jul. 852. La muerte de estos "cinco bienaventurados" promueve la "santa envidia" del monje Leovigildo, un pariente de Eulogio, que, en la cárcel, encuentra a otro monje anciano, Cristóbal, a quien Eulogio había disipado sus escrúpulos. Éstos fueron ejecutados el 23 ag. 852. De la basílica-escuela de S. Cipriano saldrán el diácono Emiliano y el discípulo jeremías, dos jóvenes arabistas m., camino de la corte del cadí reunida en aquella hora en sesión solemne. Los intrépidos cristianos hicieron su declaración de fe, de su incondicional espíritu nacionalista y de su repulsa escarnecida del islamismo. Fueron condenados al degüello el 15 sept. 852. Al día siguiente, durante la celebración oficial del viernes musulmán, irrumpieron en plena mezquita mayor los monjes Rogelio y Servodeo, ocasionando un escándalo con sus insultos. El mismo emir, que les salvó del linchamiento, les condenó a cortarles pies, manos y cabezas para satisfacción popular. El 22 sept. 852, cuando llevaban seis días expuestos los cadáveres de los intrusos, Abderramán II, repugnado del espectáculo, mandó prenderles fuego. Aquella misma noche murió de improviso el emir. "Castigo del cielo", dicen.Los martirios bajo Muhammad I. El 26 sept. 852 era proclamado nuevo emir Muhammad I. Eulogio fue puesto en libertad y salió de viaje para Toledo, conociendo a los correligionarios de allí que más tarde le nombrarían obispo. Vuelto a Córdoba se encontró con que su partido se había disgregado y muchos cristianos se habían convertido al islamismo, por lo que se entrega a una predicación violenta. El primer fruto será Fándila de Guadix, entonces sacerdote de Tábanos, quien en su confesión voluntaria incurrió en istiyfa/, para hacer posible la condena. Se llamó al obispo de Córdoba que no quiso o no consiguió disuadirle. Fue decapitado el 13 jun. 853, siendo el primer mártir bajo el nuevo emir. Era fundada la prudencia de Muhammad I al no querer iniciar una nueva escuela de rebeliones, pues el ejemplo de Fándila provocó la imitación de los monjes Anastasio y Félix, de Alcalá el primero y beréber el segundo; de Digna, otra religiosa de Tábanos; y de Benilde, una anciana m. Fueron ejecutados sucesivamente el 14, 15 y 16 jun. 853. Aún acudirán al martirio dos jóvenes religiosas: Columba, de Cuteclara, y su amiga Pomposa, de Peñamelaria, en cuyos procesos intervino un visir en apelación del cadí. Fueron decapitadas el 17 y el 19 sept. 853.Muhammad I no había podido sofocar la rebelión. Se decidió por las medidas extremas y ordenó destruir los edificios religiosos de los m., construidos después de la ocupación árabe. Asimismo clausuró las escuelas anexas a las basílicas y depuró a los cristianos del ejército y de la administración. Con ello quiso eliminar los focas de la rebelión que, en Toledo, la vieja capital visigoda, había tomado forma activa. Aliados del rey asturiano Ordoño I, los m. toledanos se habían levantado en armas, pero, después de varias vicisitudes, Muhammad I les venció en la batalla de Guazalete (854). Conforme a la tradición árabe, en las murallas de Córdoba se expuso el cupo de cabezas de vencidos que se le asignó entre las 20.000 que se repartieron por todas las ciudades de al-Andalus.La victoria árabe debió de desmoralizar a los m. cordobeses, pues en este año sólo se registró el martirio del presbítero Abundio (11 feb. 854), acusado de delitos silenciados por Eulogio. En el 855 se conocen los martirios del presbítero Amador, del diácono Luis y del monje Pedro, m. el 13 de abril; de los tres amigos, sólo al primero se le tiene por santo. Witresindo, un anciano que sintió escrúpulos de su apostasía cristiana, m. el 16 mayo. En el 856 la nómina de mártires se amplía con los monjes Pablo e Isidoro (17 abril), con Argimiro, ex funcionario depurado (28 junio), y con Áurea, hermana de los mencionados Adulfo y Juan (19 julio). No existen noticias de martirios en los a. 857 y 858 y es de suponer que no los hubo porque Eulogio los habría incluido en el Apologético, que escribía en defensa de los mártires. Tampoco Usuardo, que estuvo en Córdoba en el 858, da noticia alguna en su Martirologio. En el 859 morirá degollado uno de los últimos mártires, el propio Eulogio. Acerca de su ejecución, y la de Leocricia, v. EULOGIO DE CÓRDOBA, SAN. La persecución termina prácticamente con el martirio de S. Eulogio y, sobre todo, con el cambio producido por la muerte de Muhammad 1 en el 886 y la actitud pacífica de su sucesor.L. ORTIZ MUÑOZ.
BIBL.: FLOREZ, X-XI; F. SIMONET, Historia de los mozárabes en España, Madrid 1897-1903; Z. GARCIA VILLADA, Historia de la Iglesia en España, III, Madrid 1934; 1. MADOZ, El mundo mozárabe, I, Barcelona 1949, 264 ss.; E. LÉVI-PROVENZAL, España musulmana, en HE IV,150-156.
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