Morfemas LIT.
Categoria:
Literatura
Introducción. La lingüística europea moderna, posterior a F. de Saussure, creó el doble concepto morfológico de semantema-morfema para designar los elementos constitutivos de las palabras que tradicionalmente se clasificabanen raíz y afijos (derivativos y flexivos); utilizando, en este caso, un criterio descriptivo y no histórico. El concepto fue adoptado por las doctrinas lingüísticas sucesivas, aplicando a su determinación puntos de vista muy dispares. Ello ha comportado una notable diversidad de opiniones en la Lingüística contemporánea sobre la segmentación de las palabras y sobre las unidades significativas. J. Lyons ha resumido esta situación con estas palabras: "El morfema ha pasado a reemplazar a la palabra como unidad mínima de análisis gramatical, pero pocos lingüistas se han adherido a una definición teóricamente sistemática de morfema" (o. c. en bibl., 214).Teoría general. En general, el semantema se refiere al significado; algunos lingüistas lo denominan también lexema. El lexema en la gramática de B. Pottier es llamado también morfema lexical frente a gramema o morfema gramatical. El lexema es definido por Pottier como el elemento que "puede conmutar con un número muy elevado y no definido de otros morfemas (opin- en opin-a). Por el contrario, -a sólo puede conmutar con un número restringido y definido de otros morfemas: es un morfema gramatical" (o. c. en bibl., 29).El m. se refiere a los elementos lingüísticos portadores de una significación más general y abstracta, que relacionan a los semantemas en la oración y delimitan su función y significación. Morfemas dependientes serían los afijos, desinencias, alternancias, alargamientos, accidentes gramaticales del nombre y del verbo, etc.; y morfemas independientes, las preposiciones, conjunciones, etc. Así, p. ej., en las dos familias de palabras blanco, blanca, blancura, blancuzco, blanquear, y hacer, haciendo, rehacer, deshacer, hacedor, los semantemas serán respectivamente blanc- y hac-, siendo m. todos los elementos que los delimitan y precisan.Distinguen los lingüistas, al estudiar los accidentes gramaticales nominales, un término no marcado, el masculino singular, en las oposiciones masculino/femenino, singular/plural; p. ej., -a; -es/-s, m. de género femenino y número plural serían los caracterizadores de perr-a, perr-a-s, términos marcados frente a perro, término no marcado. Este concepto está en relación con lo que los lingüistas denominan morfema cero (o ). Los fonólogos designan morfema cero al más pequeño elemento gramatical. También se llama m. cero a uno o varios semantemas que son expresados por el cero fonológico. Rodríguez Adrados, al asignarle una utilidad descriptiva, lo describe como "un instrumento ideado por los lingüistas para lograr análisis formales de la cadena hablada con la máxima correspondencia entre unidades de significante y de significado y, al mismo tiempo, una más fácil comprensión de los paradigmas". (o. c. en bibl., 184 ss.). [Entendiendo por paradigma varias formas diversas de una palabra relacionada entre sí por procedimientos formales sistemáticos -declinaciones y conjugaciones-I. P. ej.: en ingl. pay, la pers., tiene un m. cero de tiempo y un m. cero de persona, frente a paid. En esp. ama, 3a pers. sing. pres. ind., consta de un lexema+m. cero temporal+m. cero modal+m. cero personal.Distinguen diversos lingüistas otras variedades de m. Así llaman morfemas aditivos a los que se ligan por adición (prefijos, sufijos, infijos) como des-conoc-er, libP-ero, cono-z-co; morfemas reemplazantes a los que van en lugar de alguna parte del semantema, como hice, hago en hacer; sustractivos a los que restan una parte del semantema, tal diré por deciré; discontinuos a los que constan de dos elementos separados: ni...ni; fr. ne...pas; al. wenn... gleich; temáticos a los determinativos de la raíz de la gramática tradicional; esto es, al elemento que se añade a la raíz para constituir un tema de flexión. Tal la -idel lat. ag-i-mus.Algunas teorías importantes sobre el morfema. Los lingüistas franceses se ocuparon muy pronto de este tema. Para Vendryes, "los semantemas expresan las ideas de las representaciones y los morfemas las relaciones entre las ideas" (o. c. en bibl.). M. serían, p. ej., desinancias y sufijos como casa/casa-s, (-s, m. de plural); variación fonética dentro del tema expresado por el semantema, como el ingl. man/men; el acento, como en canto/cantó; el orden de las palabras, mutador en algunas lenguas como en la china; las palabras independientes en función de m. como los verbos auxiliares: echó a correr. en donde echó a tiene un mero valor incoativo desprovisto del contenido semántico de echar.El Círculo de Praga define el m. como la unidad morfológica no susceptible de ser dividida en unidades morfológicas más pequeñas; es decir, una parte de la palabra que, en toda una serie de palabras, se presenta con la misma función formal y que no es susceptible de ser dividida en partes más pequeñas que posean esta cualidad, lo que será aceptado por la Escuela Americana. Hjelmslev, figura insigne del Círculo Lingüístico de Copenhague, considera dos semantemas y m. como base de la Gramática. Frente a la Cenemática o plano de la expresión, semantemas y m. integrarían la Pleremática o plano del contenido o de la significación. Los elementos constituyentes serían los semantemas, ahora pleremas (centrales y marginales), y los m. serían los elementos exponentes, divididos en intensos (cuando el m. va regido en rección homosintagmática) -morfemas nominales- y extensos (cuando el m. no es susceptible de ser regido homosintagmáticamente) -morfemas verbales-. Entiende los m. en sentido estrictamente gramatical; las diferencias entre pleremas y m., así como las existencias entre sus subclases, se basan en la capacidad que tienen unos elementos para exigir otros. E. Alarcos Llorach aplica este estructuralismo de la Escuela de Copenhague a la gramática española (o. c. en bibl.). La rección es un concepto básico en este análisis lingüístico. El término regido es, de los dos, el que es exigido necesariamente por el otro. Así, la preposición apud latina rige necesariamente acusativo. La rección entre apud y acusativo es heterosintagmática, porque el acusativo no exige necesariamente la preposición apud.Los m. son elementos susceptibles de ser exigidos en toda combinación de sintagmas (unidad sintáctica no susceptible de ser dividida en unidades sintácticas más pequeñas), mientras los pleremas son elementos cuya presencia no es exigida por otros elementos en una combinación de sintagmas. Así, en una frase como los farol-es luc-en y el jardín enmudec-e, las magnitudes farol-, luz-, jardín y enmudez- son determinadas por los, -es, -en, el, -e, con las que sería posible formar una frase con sentido. Desde el punto de vista de la rección homosintagmática, los m. son magnitudes cuya presencia presupone la presencia de pleremas. Aquellas magnitudes que requieren entrar en rección homosintagmática para aparecer en la cadena son m.; las primeras, que no lo requieren, son pleremas.Los morfemas intensos forman categorías como caso, comparación, número, género y artículo. Las categorías de los morfemas extensos son persona, voz, énfasis, aspecto, tiempo y modo. Se distingue, además, entre morfemas convertidos y morfemas fundamentales. Se entiende por convertido, el m. que forma parte de un paradigma en el cual ninguno de sus miembros es susceptible de ser regido; p.ej., en el latín nos vicimus, la "la pers." denos rige, exige, "la la pers." del verbo. Se trata de un m. convertido, de una persona convertida, esto es, incapaz de ser regida. Si, por el contrario, el m. forma parte de un paradigma cuyos miembros pueden ser regidos heterosintagmáticamente, se tratará de un m. fundamental. Los llamados m. de flexión son m. fundamentales. La rección homosintagmática separa los m. intensos de los extensos, y la rección heterosintagmática separa los m. de los pleremas.A. Martinet, representando a la llamada investigación lingüística contemporánea "fundada sobre realidades directamente observables y operando con unidades definidas formalmente", rechaza la distinción entre "unidades" lexicales o semantemas y "unidades" gramaticales o m. (La Lingüística sincrónica, 167 ss.), y añade que es inexacto que el semantema esté dotado de sentido y el monema-m., no. Se entiende por semantema el lexema simple cuyo lugar está en el léxico y no en la gramática (com-, en com-o), y por m. los que (-o, en coin-o) aparecen en las gramáticas. Respecto a la doctrina americana (v. INFRA), piensa que si bien los fonemas (v. FONÉTICA) pueden considerarse como unidades distintivas mínimas con validez universal, el m. no es una unidad significativa mínima sino para la lengua particular en la que se inserta. Examinando las relaciones que mantienen necesariamente entre sí las diferentes unidades significativas y, siguiendo el criterio de la autonomía sintáctica, concluye que es verosímil que cualquier lengua presente estos tres tipos de monemas: a) autónomos, cuya función está incluida en su mismo sentido, como ayer; b) no autónomos, los que adquieren autonomía sintáctica por medio de los m. funcionales: del vecino; c) morfemas funcionales, los que confieren autonomía sintáctica a los que no la tienen naturalmente: del vecino. En la Escuela Americana, Bloomfield opone el fonema, como unidad mínima sin significación, al m. como unidad mínima con significación. Los pleremas de Hjelmslev serían también m. en tanto constituyen unidades mínimas significativas, en esta doctrina.Rodríguez Adrados llama m. a un fonema o grupo de fonemas que comporta un valor distintivo mínimo y diferencia unidades superiores. Tanto -s como -es son m. de plural, y en tanto que variantes formales con igual significado, alomorfos. Otro tanto ocurre con los m. temporales de imperfecto -ía y -aba. Moríos serían los usos individuales de uno y otro. Distingue entre m. lexicales y gramaticales y clasifica a estos últimos, guiado por un criterio estrictamente formal de distribución, según su situación en el sistema. Lyons, como Rodríguez Adrados, estudia la distinción morfo-alomorfo-m., dentro de la difícil problemática de la segmentación de las palabras; define los m. como los componentes o factores distribucionales de las palabras.De todo lo dicho se desprende que el carácter más acusado del m. es su relación de dependencia respecto del semantema ti lexema. En el plano de la Gramática formal contemporánea, que se rige por un criterio de distribución, en la que el problema más grave y difícil es el de la segmentación o delimitación de la palabra, el m., para algunos lingüistas, sigue siendo el elemento morfológico fundamental, mientras otros lo rechazan como unidad "verdadera" o "fundamental"; pero tampoco es, solamente, una unidad de distribución dentro de la palabra. Lyons afirma que la distinción en unidades tales como m., palabra y locuciones, en una lengua determinada, se funda, de alguna manera, en la estructura superficial de la misma, ya que la noción de tener significado se aplica por igual a elementos de ambos tipos: significados léxicos (semantemas, lexemas o m. lexicales) y significados gramaticales (m.) en la estructura profunda de las oraciones. En ciertas lenguas, como la inglesa, las mismas unidades pueden ser, al mismo tiempo, tanto palabras como m.; p. ej., boy, nice, want.V. t.: ORACIÓN GRAMATICAL;SEMÁNTICA;ESTRUCTURALISMO IV; MORFOLOGÍA II; GRAMÁTICA, 2.M. P. GARCÍA MADRAZO.
BIBL.: J. ROCA PONS, Introducción a la Gramática, Barcelona 1970; F. LÁZARO CARRETER, Diccionario de términos filológicos, Madrid 1962; J. VENDRYES, El lenguaje, Barcelona 1943; A. MARTINET, Elementos de Lingüística general, Madrid 1965; lo, La Lingüística sincrónica, Madrid 1968; E. ALARCOS, Gramática estructural, Madrid 1969; F. RODRÍGUEZ ADRADOS, Lingüística estructural, Madrid 1969; L. HIELMSLEV, Prolegómenos a una teoría del lenguaje, Madrid 1971; B. POTTIER, Gramática del español, Madrid 1971; 1. LYONS, Introducción en la Lingüística teórica, Barcelona 1971.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.