Moravia, Alberto
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Biografía GER
De origen judío, A. M. (seudónimo de Alberto Pincherle) n. en Roma el 28 nov. 1907. Iniciado en la profesión periodística por Curzio Malaparte (v.), continúa aún hoy ejerciéndola al margen de su actividad principal de escritor. La novela juvenil Gli Indi f f erenti (1929), de éxito inmediato, representó el comienzo de un curriculum literario que le ha otorgado un sólido renombre internacional.El hastío, la indiferencia y el cinismo de los personajes de aquella primera obra, fueron interpretados más tarde, y con razón, como una forma de "angustia existencial" con mezcla de elementos freudianos. Y quizá sea oportuno aludir, al menos (pese a la aún escasa perspectiva cronológica), a los vestigios del mundo moraviano en La Nausée de J. P. Sartre (v.). Gli Indifferenti sorprendió por presentarse simplemente como testimonio de una humanidad (encarnada en la burguesía romana) que ha hecho del vicio su medio natural; y sorprendió asimismo aquella prosa negligente, tan alejada del esmero estilístico de la tradición dannunziana. Tras unos años de silencio, M. reapareció en 1935 con Le ambizioni sbagliate (Las ambiciones equivocadas), novela larga seguida de una serie de cuentos y novelas cortas, obras también despreocupadas de la caligrafía y sensibles, en cambio, a las sugestiones autobiográficas. Estas narraciones (L’imbroglio, 1937; I sogni del peligro, 1940; La n:ascherata, 1941; etc.) recibieron pronto la etiqueta de "realismo crítico". Realismo (v.) porque contenían una representación verista al modo de Zola (v.); y crítico porque suponían un implícito enjuiciamiento moral. Por su parte, la novela Agostino (1944) abrió un ciclo narrativo dedicado en particular a los temas del sexo y a sus implicaciones, tanto en la psicología individual como en la vida colectiva. En este ámbito se sitúan Dite cortigiane (1945), La disubbidienza (1948) y L’amore coniugale e altri racconti (1949). Mientras tanto, la corriente neorrealista, nacida en Italia tras la desaparición del fascismo y en los últimos momentos de la II Guerra mundial, atrajo también a M., aunque sólo parcialmente, y cerró el paréntesis surrealista de L’epidemia (1944). En efecto, La Romana (1947) manifestaba en M. un interés más atento hacia los ambientes humildes y el hormiguero popular (un tanto pintoresco) de las barriadas. Pero la adhesión inás significativa de M. al lenguaje del neorrealismo (v.) ha sido más bien reciente y paralela a los primeros intentos narrativos de Pasolini. Bocetos de tema romano popular, redactados con mesuradas inserciones dialectales, han sido reunidos por el escritor, bajo los títulos significativos de Racconti romani (1954) y Nuovi racconti romani (1959). Entre ambos libros hay que colocar la novela, muy bien acogida, de La Ciociara (La campesina), 1957, próxima a ellos por su temática social, exenta, sin embargo, de los tonos costumbristas de aquellas narraciones. La última producción literaria de M. prescinde ya por completo de los argumentos neorrealistas para volver a los caminos viejos y nuevos de la novela psicológica y de la novela-ensayo sobre temas de actualidad (11 disprezzo, 1954; La noia, 1960; L’attenzione, 1965). Interesa subrayar en estas obras el motivo permanente del tedio: enfermedad oscura que se apodera de los personajes y les obliga hacia el aturdimiento de la conciencia. L’automa (1963) declara una vez más la disolución de cualquier sentido de la vida humana. Autómata es aquel que actúa siguiendo impulsos que él desconoce, ’sin la lucidez mental necesaria para salir de ese estado morboso de crisis de la voluntad. Y quizá sea ésta la ocasión para decir que M. recoge en sus obras la herencia espiritual más profunda de ciertas corrientes posrománticas y decadentes.En polémica con Sartre, M. ha mostrado una evidente aversión a toda literatura comprometida. Sus simpatías ideológicas por el marxismo (cfr. en particular el ensayo titulado La speranza, 1944) quedan generalmente en el trasfondo narrativo y no alcanzan precisos caracteres de lucha política, como tampoco responden a las exigencias de ninguna facción. Ajeno a toda inquietud religiosa, acusador de vicios sin ningún propósito de moralización, "intelectual de izquierda" pero sin compromisos reales que le obliguen a confundir la literatura con la política de partido, M. parece sufrir hoy cierto agotamiento creativo. Tal vez haya sido esta circunstancia la que ha determinado hace poco el retorno del escritor al teatro (I! Dio Kurt), género que antes había cultivado tan sólo esporádicamente (Beatrice Cenci, 1956; Non approfondire, 1958). El fracaso de un reciente estreno parisiense de 11 Dio Kurt confirma que la vocación teatral de M. no logra alcanzar los niveles literarios de las narraciones.V. t.: NEORREALISMO II.M. PALLOTTINI MICHETTI.
BIBL.: L. RUSSO, I narratori, Milán-Messina 1950; F. FLORA, Scrittori italiani contemporanei, Pisa 1952; M. APOLLONTO, Letteratura dei contemporanei, Brescia 1956; G. RAVEGNANI, I contemporanei, Milán 1960; E. SANGUINETI, Alberto Moravia, Milán 1962; I. SCARAMUCCI, Alberto Moravia, en Letteratura Italiana, I Contemporanei, II, Milán 1969, 1455-81; G. MANACORDA, Storia della Letteratura Italiana Contemporanea, Roma 1971.
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