Moore, Henry
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Biografía GER
El más insigne escultor británico del siglo y uno de los máximos del mismo cualquiera que sea la procedencia, era hijo de un minero de Castlefords, Yorkshire, lugar en que n. el 30 jul. 1898. Desde sus comienzos demuestra el tesón que nunca le abandonaba, pues, mientras sigue sus estudios, se ayuda como profesor en otros. Movilizado en 1917, es gaseado en el frente de Cambrai y devuelto a su patria. Desmovilizado en 1919, asiste a las clases de la Leeds School of Art, y, desde 1925, a las Royal College of Art, de Londres, entidad de la que será, a su vez, profesor, de 1926 a 1939. En 1928 presenta su primera exposición monográfica. En 1940 realiza su justamente célebre serie de dibujos de multitudes acogidas a los refugios antiaéreos. Concluida la guerra, hace una gran exposición retrospectiva, en 1946, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y en la Bienal de Venecia de 1948 recibe el Premio Internacional de Escultura. Hombre de mundo y no de un solo país, ya en 1936 se traslada a España para contemplar las pinturas rupestres de Altamira, y posteriormente ha visitado Italia, Bélgica, Holanda, Grecia, Suiza y los Estados Unidos.El hijo del humilde minero ha llegado a la envidiable situación de uno de los más grandes escultores de nuestra centuria, pese a que no ha sido, en ningún modo, un artista precoz, sino de madurez muy retrasada por imposición de las circunstancias; lo que quizá haya resultado para su arte un beneficio, ya que nunca le fue hacedero seguir un camino fácil y previamente trazado, sino que tuvo él que desbrozárselo. Pero, una vez hallado, ha explotado con la mayor y más rendida entrega de su talento las posibilidades del hallazgo, que puede ser denominado vitalismo, si atendemos a las declaraciones siguientes del gran artista: "Para mí, una obra debe tener una vitalidad propia. No quiero decir un reflejo de la vitalidad de la vida, del movimiento, acción física, vivacidad, cte., sino que una obra puede tener en sí misma una energíaencerrada, una intensa vida propia, independiente del objeto que pueda representar. Cuando una obra tiene esta poderosa vitalidad, no relacionamos con ella la palabra belleza. La belleza, en el sentido griego o en el posterior renacentista, no es la finalidad de mi escultura. Entre belleza de expresión y poder de expresión, hay una diferencia en función. La primera trata de agradar a los sentidos; el segundo tiene una vitalidad espiritual que para mí es más conmovedora y penetra más hondo que los sentidos".Esta declaración, primeramente publicada por Herbert Read en 1934, es inestimable como documento de concisión, de marcha hacia una meta bien discriminada y de modestia, de todo lo cual rechazamos el último aspecto, el de inferioridad. Porque, muy al contrario, M. ha creado belleza en cantidades inmensas y en proporciones gigantescas, cierto que dotándola en todo caso del vitalismo que le preocupa. Un vitalismo, una vitalidad de carácter sobrehumano que insufla aliento a sus tremendas figuraciones, y hablamos de figuraciones porque, pese a las libérrimas simplificaciones formales del artista, lo normal es que comparezcan a su conjuro el hombre, la mujer y el niño, siempre mostrando, más o menos alteradas, sus fisiologías esenciales.El temario de M., ni muy vasto ni muy reducido, no fácil de señalar en cuanto a conceptiva cronológica -más o menos, a partir de 1930-, comprende unos cuantos prototipos -Mujer rescatada, Pareja sentada, La familiaque han podido ser objeto de varias versiones, pero cada una de ellas perfectamente diversa de las anteriores o posteriores, y de aquí uno de los fundamentos mejores de su genio: M., especulando con lo sustancial y lo vital del modelo, puede no dudar en destrozarlo, en romperlo, en abrirlo, incluso en mutilarlo o casi cadaverizarlo, pero realidad y vitalidad siempre conocerán sus puntos referenciales de partida. Mejor aún, las formas de M. son entregadas a infinitas posibilidades de oquedad y apertura, con lo que los volúmenes abiertos de su estatuaria se oponen claramente a los volúmenes cerrados y contemplativos de su interior de Constantin Brancusi (v.). Y es así como ha nacido al siglo la llamada escultura de oquedades, trabajada por el escultor inglés al mismo tiempo que la de Ángel Ferrant (v.), y por supuesto que como un mandato del tiempo, y sin saber cada uno del otro. Esta escultura de oquedades, practicable y visible, esta escultura-habitación, ha permitido que los niños, p. ej., en el Museo de Escultura al Aire Libre de Londres, la utilicen para sus juegos.La desventurada tradición escultórica legada por el s. XIX pedía limitarse a que el artista tallara o modelara los bocetos, dejando la realización a manos mercenarias. En el caso de M., y teniendo en cuenta el tamaño normalmente gigantesco de sus obras, los procesos intermedios entre pensamiento creador y realización conocen una gama de esfuerzos personalísimos y en ningún caso transferidos. Así, para.la mampara del edificio Time-Life de Londres (1952), hubo de hacer cuatro maquetas en yeso; después, un modelo en bronce; y, finalmente la talla definitiva, en piedra. El cariño de M. para cualquier pormenor o problema técnico se advierte en todas sus obras, para las que prefiere cualquier fondo de paisaje natural, "no importa cual fuere, mejor que integradas incluso en el más bello de los edificios". Bastaría esta valiente predilección para entender cuán complejo es el dominio programático e ideológico de M. en el campo de la escultura. Es difícil antologizar sus obras más notables, dada la inmensa calidad general de las mismas; quizá uno de los galardones irrazonables y subjetivos se dirigiera hacia la Figura acostada, de 1938, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York; y no por ser la más bella, en este caso acorde con la programática de M., sino por entenderla absolutamente característica de su pensamiento.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. J. SWEENEY, Henry Moore, Nueva York 1946; H. READ, Henry Moore, sculpture und drawings, Nueva York 1949; W. GROHMAN, Henry Moore, Berlín 1960; E. NEUMANN, Die archetypische Welt Henry Móore, Zurich 1961; H. READ, Henry Moore, Londres 1965; J. RUSSELL, Henry Moore. Esculturas, Barcelona 1966.
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