Montserrat, Monasterio de REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Abadía benedictina y santuario mariano, en la provincia de Barcelona.Historia del monasterio. La montaña de M., singular y característico macizo de rocas de sedimentación que se levanta casi en el centro geográfico de Cataluña, tiene una larga historia religiosa. Nada cierto sabemos de los tiempos inás remotos. Pero consta históricamente que en el s. IX había, entre varias otras, una ermita dedicada a Santa María y que, en 1023, Oliba, el gran abad de Ripoll logró incorporarla a su abadía. Una escritura de 1027 menciona por vez primera el monasterio de M.Fue largos años un priorato sin importancia. Sólo en 1409 Benedicto XIII lo erigió en abadía. Sin embargo, su comunidad monástica siguió siendo muy reducida: la propia bula de erección limitaba a 12 el número de sus monjes, así como también el de los ermitaños, donados, escolanes y presbíteros seculares al servicio del santuario que completaban la compleja familia montserratina. M., además, no pudo librarse de las plagas que azotaban el monacato a fines de la Edad Media, especialmente de la división de las rentas entre los oficiales del monasterio. Nunca le habían faltado hombres eminentes por su virtud o por otras cualidades, como el prior Jaime de Vivers, el abad Antonio Pedro Ferrer y el ermitaño Bernardo Boil, que, vistiendo ya el hábito de mínimo, fue nombrado primer vicario apostólico de América. Pero la importancia que había adquirido mientras tanto el santuario parecía exigir una total reorganización del monasterio. Y la reforma se llevó a cabo.El gran M. de los tiempos modernos fue obra de los Reyes Católicos, del abad Juan de Peralta y, sobre todo, de García Ximénez de Cisneros (v.), el reformador llegado de Valladolid en 1493. Desde esta fecha hasta su muerte (1510), Cisneros se dedicó con celo y acierto incuestionables a la delicada obra de infundir nueva vida a las viejas instituciones de M. sin dejar perder ninguna de sus características tradicionales. Respetó y reglamentó la vida de los ermitaños que de antiguo tenían sus ermitas en la montaña; escribió constituciones para los escolanes de la Virgen, la comunidad de presbíteros seculares y los donados que asistían a los peregrinos. Restauró el patrimonio, levantó nuevos edificios, montó una imprenta para abastecer de libros a sus religiosos, compuso para ellos un manual de oración metódica y creó una verdadera escuela de espiritualidad.Incorporado a la Congregación de S. Benito de Valladolid, M. se distinguió en adelante por el número y calidad de sus monjes y por su poderío económico y social. Cierto que pronto surgieron diferencias entre monjes castellanos y catalanes, creando un malestar que duró siglos; pero esto no impidió el florecimiento de las virtudes, las ciencias y las artes. El s. XVI fue el más próspero, especialmente desde el punto de vista religioso. M. poseyó abades tan eminentes como Pedro de Burgos y Bartolomé Garriga, espirituales como Juan Chanon y Francisco Lebrotto, escritores como jerónimo Lloret y Pedro Alonso de Burgos, y dio a Portugal los fundadores de su congregación benedictina reformada. En los s. XVII y XVIII produjo un místico de la talla del Ven. José de S. Benito, un pintor del mérito de Juan Andrés Rice¡, un prelado tan eminente como el cardenal Benito Sala y una pléyade demúsicos y compositores: Juan Marqués, Juan Cererols, Miguel López, Anselmo Viola, Narciso Casanovas, etc. Y de M. salieron los fundadores de los monasterios homónimos de M. de Bezde"z en Bohemia y los de M. de Viena, así como los restauradores de M. de Praga. Con sus inevitables altos y bajos, la disciplina monástica implantada por Cisneros se mantuvo bastante bien hasta la guerra de la Independencia, en que M. fue destruido (1811), y la forzosa y lamentable exclaustración de 1835.Historia del santuario. En los orígenes, sería M. un santuario mariano de ámbito regional. Pero relativamente pronto los milagros atribuidos a la Virgen de M. fueron cada vez más numerosos, los peregrinos de Santiago los divulgaron y la fama del santuario catalán trascendió las fronteras. Más adelante las conquistas de la corona catalanoaragonesa la propagaron en dirección a Oriente y la expansión de la monarquía católica contribuyó a implantar la devoción montserratina en la Europa Central y en tierras americanas. Así, p. ej., en Italia se han contado más de 150 iglesias o capillas dedicadas a la Virgen de M., bajo cuya advocación se erigieron asimismo algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de M. fueron bautizados monasterios, pueblos, montes e islas de América.Papas, reyes y nobles señores favorecieron a porfía el santuario catalán, volcando sobre él indulgencias, privilegios, donaciones y otras liberalidades. De todas partes afluían los donativos, destinados primordialmente a sostener la espléndida hospitalidad que se dispensaba a los peregrinos. Éstos eran cada vez más numerosos, pertenecían a todas las clases sociales y procedían de todos los países del mundo cristiano. La lista de personajes que visitaron el santuario o se relacionaron con él, sería interminable. Sin exageración alguna, puede afirmarse que la de M. fue la primera advocación mariana de alcance universal.Desde fines del s. XII o principios del XIII la presencia de la Virgen se había concretado en una talla policromada que la representa en actitud hierática, aunque no exenta de amable suavidad. Su color oscuro ha sugerido el nombre de Moreneta con el que la designan habitualmente sus devotos de Cataluña.La restauración moderna. En 1844 empezó, muy penosamente, la restauración de M. Los pocos monjes que lograron agruparse, no eran reconocidos como tales por el poder civil; los edificios estaban en ruinas; los recursos económicos eran escasísimos. Miguel Muntadas, nombrado abad de M. por el papa Pío IX en 1862, fue el alma de esta gesta. A su nombre hay que añadir los del poeta Jacinto Verdaguer (v.), los obispos Urquinaona y Torres y Bages, los sacerdotes Sardá y Salvany y Jaime Collell, y sobre todo el hecho social de la Renaixenca catalana, que centró sus anhelos religiosos y patrióticos en M. La proclamación de la Virgen de M. como patrona de Cataluña en 1881 impuso a la obra de restauración un ritmo acelerado, que la guerra civil de 1936-39 no detuvo sino por breves años.Superada con creces esta etapa de su larga historia, M. es hoy uno de los santuarios marianos más eminentes, un monasterio floreciente (con unos 150 monjes) y un foco de renovación litúrgica y eclesial. Su influencia, como es natural, pesa especialmente sobre Cataluña, pero su irradiación se extiende mucho más allá de las fronteras españolas. El culto y la cofradía de la Virgen de M. se han implantado en casi todos los países, y más de medio millón de visitantes suben la montaña santa todos los años, procedentes de todos los continentes. Modernamente, M. ha fundado monasterios en Manila, Medellín (Colombia), Cuxá (Francia), y ha colaborado generosamente en otras fundaciones benedictinas, particularmente en la de Nueva Nursia (New Norcia, Australia). Hoy como ayer, la actividad de sus monjes se emplea principalmente en el culto divino, la asistencia a los peregrinos y el cultivo de las ciencias y las artes. M. posee una vasta biblioteca, varios museos, una imprenta y una excelente escuela de música, la famosa Escolanía. Entre sus publicaciones recientes cabe destacar la colección histórica Analecta Montserratensia (fundada por el cardenal A. M. Albareda), la ya notable serie de estudios eclesiásticos Scripta el documenta y la revista de colaboración internacional "Studia monastica", de historia y espiritualidad del monacato cristiano, que goza de merecido prestigio. Hay que mencionar también la colección musical Mestres de l’Escolania de Montserrat y La Biblia, traducción catalana de los textos originales de los libros sagrados, acompañada de abundantes notas, que empezó dom Buenaventura Ubach.GARCÍA M’ COLOMBÁS.
BIBL.: A. M. ALBAREDA, Historia de Montserrat, Montserrat 1931; Analecta Montserratensia (estudios y documentos relativos a M.), 10 vol. 1%. 1917-64; A. M. FRANQUESA, 75 anys de patronatge de la Mare de Déu de Montserrat, íb. 1958; A. M. CARALT, L’escolania de Montserrat, íb. 1955; B. SOLER, Extinción de los ermitaños de Montserrat, "Revista montserratina", V (1911) 423478 (casi una historia del eremitorio de M.); C. BARAUT, lconogralia des les ermites de Montserrat, "Miscellanea Barcinonensia", V (1966) 37-52; Qué es Montserrat, 5 ed. íb. 1966.
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