Modernismo II. Literatura Española. LIT.
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Literatura
1. Definiciones del modernismo. Federico de Onís define el m. como: "la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu que inicia hacia 1890 la disolución del siglo xix, y que había de manifestarse en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera, con todo el carácter de un hondo cambio histórico" (o. c. en bibl.). El citado crítico considera m. y Renacimiento, fin y principio de la Edad Moderna, "épocas en que la cultura hispánica imprime carácter propio a un movimiento universal". (Renacimiento y Modernismo, "La Torre" 2, 1953). Así, pues, el m. al igual que el Renacimiento o el romanticismo, fue un movimiento de carácter general, abarcó todas las manifestaciones de la cultura. La herejía modernista, la filosofía intuicionista de Bergson (v.), el pesimismo voluntarista de Schopenhauer (v.), la arquitectura de Gaudí (v.), el movimiento de la "Bauhaus", y tantas otras manifestaciones ideológicas o artísticas (v. iv), presentan caracteres comunes también al m., como, p. ej., su exacerbado individualismo, su ansia innovadora y renovadora, su rebeldía.Para el crítico E. Díez Canedo, el m. "es más que una escuela, es una época y su influjo sale del campo de lo literario para ejercerse en todos los aspectos de la vida". Otro importante crítico, A. del Río (El concepto contemporáneo de España, Buenos Aires 1946), señala cómo a finales del s. xix y coincidiendo con un periodo de estabilidad política en. casi todas las naciones europeas, y con la afirmación del liberalismo positivista, "en el campo ideológico y artístico empiezan a manifestarse un desasosiego general, tendente a la exaltación del individuo frente a toda norma y un concepto pesimista de la existencia que busca como solución la vuelta a un vago espiritualismo religioso".El poeta Juan Ramón Jiménez (v.), testigo y partícipe del m., ha estudiado varias veces este movimiento; una de sus primeras afirmaciones la publica el diario madrileño La Voz (18 mar. 1895); para él, entonces, no era solamente "una tendencia literaria, el modernismo fue una tendencia general. Alcanzó a todo. Creo que el nombre vino de Alemania, donde se producía un movimiento reformador por los curas llamados modernistas. Y aquí en España la gente nos puso ese nombre de modernistas por nuestra actitud. Porque lo que se llama modernismo no es cosa de escuela ni de forma, sino de actitud. Era el encuentro de nuevo con la belleza sepultada durante el siglo xlx, por un tono general de poesía burguesa. Eso era el modernismo: un gran movimiento de entusiasmo y libertad hacia la belleza". El m. aparece así considerado como una época, como una actitud, incluso por los mismos contemporáneos; las palabras de Juan Ramón Jiménez son muy expresivas y señalan dos notas fundamentales: a) el m, no es sólo una forma, es una actitud; y b) su carácter esteticista. El m. como una escuela poética encabezada por Rubén Darío (v.), así lo consideraban muchos manuales, es un concepto superado, aunque en parte sea cierto. No podemos, pues, separar la manifestación literaria del m. del aspecto artístico o ideológico.El término m. entra en el Diccionario de la Real Academia en 1899 como: "afición excesiva a las cosas modernas, con menosprecio de las antiguas, en arte y literatura".2. Antecedentes e influencias. La renovación literaria que representa el m. viene preparándose durante el s. xix; la poesía del posromanticismo se bifurca en varias tendencias: una "poesía enfática, retórica, objetiva, equivalente en España al parnasianismo francés", dentro de lo que cabe establecer una subdivisión, de la que nos interesa destacar la que se caracteriza por "el predominio del color y de lo descriptivo" ... "y los precursores directos del modernismo...". Junto a esta poesía enfática, una "poesía subjetiva, sentimental e idealista... anuncia el lirismo esencial de algunos modernistas: Bécquer". (A. del Rio, o. c. en bibl. 11, 99). Lirismo becqueriano y poesía colorista fueron preparando la revolución modernista; el impulso definitivo lo da la influencia francesa, parnasiánismo (v.), simbolismo (v.), y (anterior) Víctor Hugo (v.), y sobre todo Verlaine (v.): "con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo" dirá Rubén Darío, el gran patriarca del m.El poeta nicaragüense, impregnado de poesía francesa, pero lector también de los clásicos españoles, adapta a la literatura española los nuevos hallazgos de la poética francesa. Rubén es "una naturaleza poética", dotado de un extraordinario poder de captación y asimilación, de un instinto poético, de un fantástico genio de la lengua: "poeta de la palabra"; su papel en la poesía española es similar al de Garcilaso o Góngora; no fue desde luego un mero adaptador de nuevas corrientes, fue mucho más: un auténtico creador de algo nuevo, creador y transmisor de una nueva poesía, de una nueva sensibilidad. En sus viajes a España entra en contacto con la nueva generación literaria (en su primer viaje con "los escritores de la restauración"); los españoles leen y escuchan al nicaragüense, y, quizá, él se contagia del pensamiento de la generación del 98 (v.). Los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Rueda, Villaespesa y tantos otros (Valle-Inclán), escuchan y admiran ("admirable" es el adjetivo de la época) al americano, al "indio divino, domador de corceles rítmicos", como le llama Ortega y Gasset. La influencia de Rubén en el m. español es decisiva, aunque quizá sea más exacto decir que Rubén abre el m. Las innovaciones de Darío estaban en el aire de la época, como estaba el petrarquismo al comienzo del Renacimiento, pero es él quien las expresa en lengua castellana. Rubén Darío abre el m. en la literatura española, sin que ello signifique ninguna dependencia para los escritores de la Península, más bien se trata de un fenómeno general de época: el intercambio de corrientes entre Europa y América. Sin embargo, es verdad que el m. español e hispanoamericano están muy en relación, más posiblemente por el. contacto personal de los escritores que por un intercambio de influencias puramente literarias; de cualquier modo, el hecho es que m. español e hispanoamericano han venido estudiándose hasta ahora unidos (v. iii).3. Etapas y figuras del modernismo. Seguimos la clasificación establecida por F. de Onís en su Antología de la Poesía Española e Hispanoamericana: a) una primera etapa de transición del romanticismo (v.) al m.; a ella pertenecerían: M. Reina (1856-1905), R. Gil (1855-1908), S. Rueda (1857-1933), si bien este último se disputaba con Rubén Darío la primacía de la literatura modernista. b) Centro y cabeza del m.: Rubén Darío. c) Triunfo del m.: F. Villaespesa (1877-1936), M. Machado (v.), A. Machado (v.), sobre todo en sus primeras poesías;E. Marquina (v.), representante del teatro modernista; R. Pérez de Ayala (v.), R. del Valle-Inclán (v.), Juan Ramón Jiménez, también en su primera época. La inclusión de M. de Unamuno (v.) es todavía discutida, si bien su acento revisionista y rebelde, su simbolismo poético, le identifican con el m. Juan Ramón Jiménez coloca a la cabeza del m. a Unamuno "interior" y Rubén Darío "exterior", pero esta afirmación del poeta no es unánimemente aceptada por la crítica. d) Una época de posmodernismo, donde cabe distinguir un m. "refrenado", así el poeta y crítico E. Díez Canedo (1877-1944); una reacción hacia la tradición clásica: E. de Mesa (1878-1929); reacción romántica; prosaísmo sentimental, con varias subdivisiones, entre las cuales, los poetas de mar y viajes: T. Morales (1885-1921); y poetas de la ciudad y los suburbios: E. Carrere.No queda agotada con esto la nómina de autores modernistas; si nos hemos referido casi exclusivamente a la poesía es porque constituye la faceta más importante de la literatura del m. El teatro es fundamentalmente teatro en verso, teatro poético, como el de los Marquina o los Machado; la prosa es también lo más parecida posible a la poesía, p. ej., la de Juan Ramón Jiménez o las Sonatas de Valle-Inclán.4. Caracteres. Se presenta el m. como una época de signo barroco, neorromántico, tras el equilibrio objetivo del realismo-naturalismo. Así entre sus notas más significativas podemos señalar: el subjetivismo, individualismo, retorno a la intimidad del poeta como tema fundamental; ansia de renovación, de originalidad, manifiesta en la incesante búsqueda de la forma nueva, la palabra inesperada, bella o inusual en la expresión literaria; ejemplos al respecto ofrecen, entre otros, Valle-Inclán o Manuel Machado. No solamente la búsqueda de la belleza a que aludía Juan Ramón, sino también y quizá más, la búsqueda de lo extraño, lo inesperado, lo chocante, que puede dar el refinamiento léxico de las Sonatas de Valle-Inclán y la expresividad de las Comedias Bárbaras, del mismo autor, o el prosaísmo intencionado de algunas composiciones de M. Machado: "La canción del alba" o "Yo, poeta decadente". El intimismo aparece no sólo en poetas como los Machado y Juan Ramón Jiménez, sino también en las composiciones de poetas retóricos y efectistas, como Villaespesa o Rueda. El poeta mira hacia dentro, a sus "secretas galerías" y sus "jardines lejanos", y esa intimidad está hecha de melancolía, nostalgia, sentido fatalista de la existencia, escepticismo, todo ello teñido de un sentimentalismo vago, indefinible. Y, sobre todo, descontento con la realidad entorno, anhelo de evasión hacia horizontes y tiempos lejanos, añoranza de un mundo heroico, libre, idealismo en suma que reflejan, p. ej., las Comedias Bárbaras. Esta insatisfacción lleva al artista a buscar fuera de sus fronteras espíritus afines; de ahí el carácter cosmopolita de esta época.Presenta el m., como señala R. Gullón, caracteres contradictorios: erotismo y misticismo; el primero con una fuerza y claridad expresiva no muy abundantes en la literatura española, así en Laberinto de Juan Ramón Jiménez y en composiciones de Rueda o Villaespesa; misticismo vago, teñido de erotismo y fatalismo, heredado de los franceses y de Rubén. Esteticismo unido a una ideología redentora y comprometida, de carácter liberal: el artista siente veneración por su obra, aspira a perdurarse en ella (así Juan Ramón Jiménez); pero esta fe ciega en la perdurabilidad de la obra no hace al artista olvidarse de los problemas que le rodean. Refiriéndose a los modernistas americanos escribe Octavio Paz "paraIelos el arte es una pasión, en el sentido religioso de la palabra, que exige un sacrificio..." "su negación de la utilidad y su exaltación del arte como bien supremo son algo más que un hedonismo de terrateniente: son una rebelión contra la presión social y una crítica de la abyecta actualidad latinoamericana". (O. Paz, Cuadrivio, México 1965, 20). Aunque en menor grado, puede aplicarse esta afirmación a los modernistas españoles.Al americanismo o indigenismo de los modernistas americanos se corresponde en España el castellanismo, andalucismo, vasquismo y como señala R. Gullón, la afición a la intrahistoria de Unamuno o los Machado. (Notemos cómo este último rasgo está en contradicción con el cosmopolitismo antes señalado). Por último, aunque se agotan con ello los caracteres del m., hay que señalar la utilización de símbolos, tanto en la poesía como en la prosa, desde el cisne de los modernistas americanos, a otros más personales de A. Machado o Juan Ramón, y la constante alusión a la interferencia y hermandad entre todas las artes.5. Estilo. La renovación formal es posiblemente la urgente tarea del m.; el nuevo contenido exigía una nueva expresión. Por otra parte, el panorama literario en España no era muy alentador: "reinaba entonces una poesía de funcionario", según Ortega; "la literatura española oscilaba entre la oratoria, la Academia y el café", escribe Octavio Paz. El m. vino a devolver su reino a la poesía. La literatura se puebla de hermosas imágenes, metáforas nuevas, palabras desconocidas; se buscan nuevas asociaciones, la realidad aparece trasmutada y embellecida en la palabra poética. La lengua literaria se llena de color: morado, malva, violeta, verde; las fronteras entre las artes se borran: la poesía se acerca a la música, a la pintura; adquiere perfección escultórica; las vocales tienen color, y los astros, perfume; se multipli. can las sensaciones de sinestesia. La palabra se carga de resonancias evocadoras, de sentido poético, tiene belleza por sí sola, en su expresión, y su contenido se llena de sugerencias; abundan los vocablos esdrújulos, las onomatopeyas. En cierto modo, se trata de una intensificación de los procedimientos del romanticismo. La creación de un mundo de belleza por la palabra es la meta del modernista, y, para ello, reviste de poesía la realidad o la expresa en símbolos.En los comienzos del m., el estilo es excesivamente recargado, efectista (lleno de hojarasca, como las fachadas de algunas casas de Gaudí). En el momento central, el equilibrio estaría en la poesía de M. Machado y las primeras obras de Valle-Inclán. La depuración modernista la representan el primer A. Machado y Juan Ramón Jiménez: la adjetivación, el color, las metáforas y los símbolos se sutilizan, se hacen cada vez más originales, la poesía se interioriza; cada artista irá buscando la originalidad por su propio camino.Las innovaciones formales del m. se refieren fundamentalmente al léxico y a la versificación. La renovación métrica constituye un aspecto importante del m.; en parte continúa las formas románticas pero con algunas innovaciones: adquieren importancia el eneasílabo y el alejandrino, por influencia francesa. Este últimó adopta una serie de modalidades desconocidas o poco usadas; aparece también con frecuencia el dodecasílabo. Característica del m. es la imitación del hexámetro, el dístico y la estrofa alcaica. El verso tiende a liberarse de toda preceptiva, por influencia simbolista; así, el verso amétrico, las distintas formas que adopta la silva, la tendencia al verso libre. Respecto a la estrofa, señalemos el soneto compuesto con toda clase de medidas y lasilva formada también de versos de distintos metros. No deja de utilizarse el octosílabo (A. Machado y Juan Ramón) y el endecasílabo. "Ensanchó la poesía modernista el cuadro de la métrica hasta límites que en ningún otro periodo se había alcanzado. Sus experiencias descubrieron aspectos del verso que obligaron a reelaborar este concepto con mayor flexibilidad y amplitud. La influencia de sus obras enriqueció el sentido rítmico de la lengua... Después del énfasis romántico, la nueva poesía extendió el atractivo del verso matizado, suave y musical". (T. Navarro Tomás, Métrica española, Nueva York 1956, 459-460).En cuanto a la temática modernista, señalemos lo más significativo; esto es, la intimidad del artista, sus preocupaciones: el tiempo, la muerte, el porqué de la existencia (en la poesía de A. Machado, Villaespesa, J. R. Jiménez); el paisaje, ",paisaje interior" de A. Machado y J. R. Jiménez, paisaje exuberante y colorista de Rueda y Villaespesa, paisaje íntimo de jardines (como en la pintura de Rusiñol) y "secretas galerías". El anhelo de evasión que señalábamos antes, lleva a la recreación de tiempos y países lejanos: la Edad Media, Edad de Oro (teatro de Marquina y Villaespesa), China y Japón, el "oriente español" (Villaespesa); la Francia versallesca y el París bohemio (M. Machado); el mundo clásico, a través de los autores franceses o del Museo de Reproducciones, como Rueda; los personajes de la commedia dell’arte (M. Machado). Lo erótico, tratado con una fuerza poco frecuente en la literatura española (así en Rueda o Villaespesa y algún libro de J. R. Jiménez: Laberinto). La música, la pintura, de acuerdo con el deseo de comunión entre todas las artes. Característico de los primeros modernistas es el largo poema descriptivo, sin más tema que una extensa serie de metáforas e imágenes coloristas y sugeridoras. Interesa señalar la recreación de ambientes populares, el folklore: en el teatro de los Machado, en el de Valle-Inclán, o los ambientes sórdidos de las calles madrileñas en la poesía de M. Machado, y a su lado, el mundo heráldico y refinado de las Sonatas de Valle-Inclán. No queda con esto reseñada la variada temática modernista, que aparece (como en tantos otros aspectos) heredera del romanticismo y se prolongará hasta los poetas de la generación del 27 (popularismo de Alberti y García Lorca; teatro de este último).6. Modernismo y generación del 98. Hasta hace poco, gran parte de la crítica los consideraba dos movimientos antagónicos, contradictorios; sin embargo, hoy, ampliado y revisado el concepto de m., la relación 98-m. se entiende de modo distinto. R. Ferreres estudia (o. c. en bibl.) las coincidencias llegando a la conclusión de que no es necesario establecer ninguna oposición; recoge el citado crítico unas esclarecedoras palabras de Dámaso Alonso: "modernismo y generación del 98 son dos conceptos heterogéneos; no pueden compararse ni tampoco coyundarse en uno más general, común a los dos. Son conceptos incomparables... no se excluyen mutuamente... se pueden mezclar y combinar en un mismo poeta, en un mismo poema... Modernismo es ante todo una técnica, la posición del 98, una Weltauschaung". Constituirían un ejemplo los Machado, en quienes m. y 98 se mezclan. R. Gullón escribe: "el modernismo es una época de las letras españolas e hispanoamericanas muy compleja y rica; el 98, una reacción política y social de escritores, artistas y pensadores frente al desastre" (o. c. en bibliografía 20).7. Revistas. Proliferan en esta época las revistas literarias y, en ellas, es interesante seguir la evolución de sus colaboradores. El crítico Guillermo de Torre, en El 98 y el modernismo en sus revistas (recogido en Del 98 al barroco, Madrid 1969), realiza un detallado estudio de las revistas de la época, con análisis de las distintas tendencias e ideologías que representan. Enumeraremos algunas de las más importantes: Germinal, con el subtítulo: "semanario socialista"; colabora, entre otros, ValleInclán, y su vida fue bastante efímera. En Vida Nueva publica sus primeras traducciones J. R. Jiménez y Unamuno, algunos artículos; llegó a tener un suplemento: América. Vida Literaria, dirigida por Benavente y cuyas portadas son un claro muestrario del "arte nuevo". La conocida Electra, donde Valle-Inclán publica Adega y poesías aún inéditas de M. Machado. Juventud tenía un marcado carácter polémico; M. Machado publica un interesante artículo: El modernismo y la ropa vieja. En Arte joven colabora Picasso. Muy importante fue Alma Española, donde Valle-Inclán publicó su famosa autobiografía; colaboraron también Rubén Darío y J. R. Jiménez. Helios surge por inspiración de Juan Ramón; se advierte en ella un interés por lo extranjero, característico de la época. Es esta revista la más claramente modernista y enlaza con los componentes del llamado "Novecentismo", ya que escriben en ella: Pérez de Ayala, los Machado, Ortega y Gasset, y su fundador, Juan Ramón. Es interesante el dato de que se realiza en ella un, encuesta sobre Góngora (V. LITERATURA VIII).8. Breve reseña de los autores más significativos. Periodo de iniciación del modernismo: Salvador Rueda. Nace en Málaga, en 1857, y allí muere en 1933. Poeta de significación muy discutida, modernista en la práctica y teóricamente opuesto a este movimiento. Se le considera precursor del m., aunque su poesía es claramente modernista. Comienza escribiendo artículos en periódicos y, en 1883, aparece su primer volumen de versos (Noventa estrofas) bajo el significativo patrocinio de Núñez de Arce; siguen luego: En tropel (1892), con pórtico de Rubén Darío, Cantando por ambos mundos (1913), La Procesión de la Naturaleza, etc. Más adelante, una comedia: La musa y una novela: La cópula, novela de amor (1906). Su poesía es objetiva, vacía de contenido anecdótico o ideológico, imaginista, precursora del "arte por el arte" modernista, pero a veces con poco arte. Poeta original y espontáneo, pero de excesiva fecundidad, carente de sentido de la medida (Onís habla de "panteísmo retórico"). Apenas sin elemento anecdótico, su poesía es una imagen fulgurante de la realidad, como demuestran los innumerables "como" y "cual" con que comienzan sus poemas. Lo prodigioso de Rueda es su imaginación, su espontaneidad, la riqueza del léxico, la abundancia de metáforas, de imágenes, el color, la vibración de su . poesía. Pero le falta sentido de selección. R. Alberti, en el prólogo a la Antología de Rueda (Buenos Aires 1944), dice cómo del poeta sería mejor extraer "los mejores fragmentos... la estrofa aislada... el verso desprendido". Las "palabras finales" de M. de Unamuno a esta misma Antología, son el mejor elogio, sobre todo considerando lo alejado que de Rueda estaba como poeta D. Miguel: "dejan sus cosas (Unamuno) una impresión que da apetito de vivir y esto vale tanto como las mejores y más profundas ideas".Francisco Villaespesa. Nace en Laujar (Almería), en 1877, y muere en 1936 en Madrid. Tras comenzar a estudiar en la Univ. de Granada, marcha a Madrid; amigo de Rubén Darío, los Machado, Valle-Inclán, J. R. Jiménez al que sirve de introductor en el mundo de la bohemia, Villaespesa está a la cabeza del movimiento modernista. Lee, imita y difunde la literatura extranjera, no siempre bien asimilada ni bien recibida; poeta de in_ dudable y abundante inspiración, se pierde precisamentepor su facilidad para enhebrar metáforas, imágenes coloristas y sugeridoras; su intuición poética es indudable y alcanza sus mejores realizaciones cuando abandona el tono retórico y su poesía se vuelve callada, íntima, con el acento de la mejor lírica popular (como las tituladas La hermana y La Rueca. También autor dramático, su teatro es histórico, en verso, siguiendo la tradición del teatro romántico (Zorrilla sobre todo) y modernista en el verso; el elemento lírico es fundamental en su concepción dramática y muchas composiciones poéticas insertadas en sus obras se han popularizado desgajándose del drama; así, Las fuentes de Granada. Los títulos son significativos: Doña María de Padilla (1913), El Halconero (1915), El Alcázar de las Perlas (1911), Aben-Humeya (1913), para las que se inspira en el mundo árabeandaluz. Realizó varias giras por América, recogiendo grandes éxitos. Entre sus colecciones poéticas citamos Los nocturnos del Generali f e (1915) y Sonetos amorosos (1918). Obras en prosa: Zarza florida, La Granada de rubíes.Eduardo Marquina (v.), aunque catalán, escribe casi toda su obra en castellano, apartándose del floreciente m. de su tierra. Su lírica (Églogas, Endimión, Elegías) tiene un tono clásico, sobrio, "clasicismo italiano y mediterráneo", como señala Onís en la Antología citada. Las Odas se publican en 1909, así como Vendimión; las Elegías en 1905. Su teatro suele considerarse modernista; sus obras dramáticas son estampas históricas, ’ en las que el elemento lírico es a veces lo más bello: p. ej., el poemilla que comienza Capitán de los tercios de España, insertado en su drama En Flandes se ha puesto el sol (1910). La historia que recrea Marquina es la de la España imperial y católica: Pasos y trabajos de Santa Teresa de Jesús (1943), La Santa Hermandad (1939). El teatro de Marquina (como el de Villaespesa) tiene mucho de romántico y, a veces, es más lírico que dramático. El teatro modernista se prolonga hasta García Lorca (Mariana Pineda).Los poetas centrales del modernismo. Son: M. Machado, cuya poesía es un resumen de la temática y los procedimientos modernistas. R. del Valle-Inclán, que da al m. carácter nuevo y personalísimo. La depuración modernista la representan las primeras obras de A. Machado y Juan Ramón Jiménez, en las que los procedimientos modernistas se sutilizan, adaptándose a su exquisita sensibilidad; como Bécquer llega a la depuración romántica, estos dos poetas llegan a lo más íntimo y esencial del m.La onda modernista se propaga hasta muy entrada la generación posterior: en García Lorca (v.) o Neruda (v.) se percibe aún su eco.Para el m. literario en Cataluña, v. CATALUÑA VI, 7.V. t.: GENERACIÓN DEL 98; NATURALISMO IV, 5; ROMANTICISMO 111; POESíA PURA 1; TEATRO POÉTICO ESPAÑOL; JIMÉNEZ, JUAN RAMÓN; MACHADO, MANUEL; MACHADO, ANTONIO; VALLEINCLÁN, RAMÓN DEL; DARío, RUBÉN.A. OROZCO PARDO.
BIBL.: Á. DEL Río, Historia de la literatura española, Nueva York 1948; M. HENRíQUEZ UREÑA, Breve historia del modernismo, México-Buenos Aires 1954; R. GULLóN, Direcciones del modernismo, Madrid 1964; R. FERRERES, Los límites del modernismo y del 98, Madrid 1964; G. DíAZ-PLAZA, Modernismo frente a 98, Madrid 1951; P. SALINAS, El problema del modernismo en España o un conflicto entre dos espíritus, "Hommage á Ernest Martinenchen (1939) 271-281; J. R. JIMÉNEZ, El modernismo, recogido por R. GULLóN, Madrid 1962; N. DAVISON, El concepto de modernismo en la crítica hispánica, Buenos Aires 1971; F. DE ONís, Antología de la poesía española e hispanoamericana, Madrid 1936 (fundamental para el estudio de la poesía española e hispanoamericana hasta 1936).
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