Miró, Joan
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Biografía GER
Datos biográficos. Pintor español contemporáneo, n. en Barcelona, el 20 abr. 1893. Hijo de Miguel Miró, orfebre y relojero, y de Dolores Ferrá, la familia adquiriría pronto una granja en Montroig, cerca de Cornudella, y al ser reiteradamente pintada por Joan, se originó el equívoco, diseminado en muchas de sus biografías, de que fuera natural del citado Montroig. En cuanto a estudios, tras de los primarios y de la realización de paisajes intuitivos en Cornudella, sigue, de 1907 a 1910, los cursos de la Escuela de Lonja. En 1910, y tras cursar otros estudios de carácter comercial, entra como administrativo en una droguería. Una enfermedad casi providencial le separa de esta actividad tan apartada de su vocación. En 1913 concurre a la Academia de Francisco Galí, la más importante de las barcelonesas del tiempo, y en 1915 comparte su primer taller, en la calle Baja de San Pedro, con el grabador Enrique Ricart. En 1916-17 pinta numerosos paisajes de Montroig, Cambrils, Ciurana, etc., que expone en 1918 en las Galerías Dalmau. Se trataba de cuadros mitad expresionistas, mitad fauves, pero, en todo caso, libérrimos de dicción. Y del mismo año datan los muy curiosos retratos del Automovilista, de Juanita Obrador, de Ricart, éste respaldado por el collage de una estampa japonesa.En 1919 realiza su primer viaje a París, trabando lógica e inmediata amistad con Picasso. Tras una corta estancia en Montroig, vuelve a París y amplía su círculo de amistades con Tzara, Reverdy, Masson, etc. En 1921 hace su primera exposición en París, y en 1922 concluye su gran cuadro La granja, en el que, continuando y superando procedimientos anteriores, procura la sensación de un realismo detalladísimo, no sin prolegómenos de la tendencia mironiana a la síntesis. Sigue, de 1922 a 1924,un periodo de personalísimo realismo, ya entroncado con la investigación surrealista. Dentro de este movimiento, pero dominándolo plenamente merced a su devoción al puro plasticismo, sin concesiones a lo literario, pinta en 1924 El carnaval de Arlequín, bella armonía de colores que inaugura uno de los periodos más ricos y fecundos de su obra. En 1928 viaja por Holanda, queda impresionado por los maestros sexcentistas y da las propias versiones de lo visto en sus lúcidos y hermosísimos Interiores holandeses. El 12 oct. 1929 casa, en Palma de Mallorca, con Pilar Juncosa. En 1932 proyecta los figurines y decorados para el ballet de Massine (música de Bizet) Jeux d’enfants. En 1938 se dedica a grabar aguafuertes y puntas secas en el taller de Marcoussis, instalándose después en Varengeville.Al producirse en 1940 la invasión alemana, regresa a España, primero a Palma, luego a Barcelona. Nuevo viaje a París en 1948, para asistir a su gran exposición en la Galería Maeght. En 1949, en Barcelona, importante exposición retrospectiva de su obra. En 1955 comienza a colaborar con el ceramista Lloréns Artigas, siendo fruto de la colaboración las piezas mostradas en 1956 en las galerías Maeght y Pierre Matisse, el soberbio panel en el edificio de la Unesco, de París, inaugurado en 1958, y, en 1960, otro gran mural para la Univ. de Harvard. El septuagésimo quinto aniversario del nacimiento de M., celebrado en 1968, hizo llegar de numerosos rincones del planeta numerosos testimonios de admiración y homenaje al extraordinario artista, fiel a sí mismo durante los noventa años de su vida. Su mundo figurativo era muy personal, distante de la abstracción y poético. M. murió en Palma de Mallorca el 25 dic. 1983. Su obra obtuvo muchos triunfos cuya crónica debe consultar quien desee conocer a fondo el arte de M.Obra. Si de la biografía pasamos a un somero estudio de la obra, lo primero que importa es negar su condición de surrealista, bien que figurase adscrito, antes de su dispersión en 1939, a este grupo. El automatismo de M. no pretende inspirarse en sueños ni mucho menos en, exaltar ningún absurdo. Su afán de simplificación, de síntesis, de libertad de línea y de color -más aún, su gozoso color- nada tiene de común con la programática surrealista, y era esa misma libertad aludida la que pudo dar lugar al equívoco. Si M. ha resultado tan sumamente fiel -pese a naturales variantes y etapasal estilo a que le condujeron su primer afán de realidad, sólo se debe a que ese estilo no se podía plegar a una norma dada, sino que fluía con verdad biológica y constante en la conformación receptiva de un hombre que, antes que otra cosa es un pintor, esto es, un auscultador de las formas y del tratamiento por ellas exigido.En términos generales, se puede asegurar que M. es el autor de un mundo propio, de un alfabeto humano, de una signografía formal que sólo a él pertenecen, de los que sólo él puede valerse, porque nadie sabe qué ilimitado repertorio puede llegar a ser el de sus soles, el de sus tierras, el de sus hombres y el de sus perros, entidades todas ellas que pueden quedar convertidas por el artista en no otra cosa que larvas de sí mismas. No importa. El afán representativo de M., su ansia de dejar en libertad de albedrío ese su mundo simplificado no retrocede ante la posibilidad de tener que recurrir a pictografías de marca primitiva o infantil -ya se entiende que aparentemente, y aún así, obra de un primitivo o niño desusadamente sabio- en las que junto a lo vibrátil e incandescente del color, persevera una bondad de intención, una alegría transfigurada, un optimismo exento de dientes y de colmillos, lo que ya va siendo ’imposible hallar en los dominios de la pintura figurativa. ¿Figurativa? Sí, siempre.Siempre ha distanciado a M. de la abstracción una frontera todo lo delgada que se nos antoje, pero bien evidente. Por antifigurativas que puedan parecer sus policromías, siempre nos ofrecerán algunos medios de identificación -acaso del todo embrionarios, quizá sin pasar de premeditados rudimentos- con el mundo visible y conocido. Por consiguiente, la suya no es labor abstracta, sino figurativa, trabajada con indecible amor para con la humanidad y, repetimos, sin un solo espino, sin el menor cardo. Antes bien, es la crónica de una especie de mundo mental asombrosamente construido, mimado, concebido purísimo disfrute de los sentidos, y por ello, con un rigor inmensámente magistral, que se esconde bajo el grato centelleo de la superficie. En verdad, la donosura de la invención y de la creación de formas es tarea novecentista -sólo compartida por Paul Klee (v.)- cumplida del modo más maravilloso por M.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: A. CIRICI PELLICER, Miró y la imaginación, Barcelona 1949; J. E. CIRLOT, Joan Miró, Barcelona 1949; J. J. SWEENEY, Joan Miró, Nueva York 1941; C. GREENBERG, Joan Miró, Nueva York 1949; J. T. SOBY, Joan Miró, Nueva York 1959; J. LASSAIGNE, Miró, Barcelona 1963; R. PENROSE, Miró, Barcelona 1967; M. GASSER, Miró, Buenos Aires 1968.
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