Midrás (midrás)
Categoria:
Varios
Concepto, métodos, orientaciones. El término, derivado del verbo daras, rico en significaciones -35 registra el Dictionnaire complet hébreu-frangais de H. Elmaleh-, tales como inquirir, examinar, investigar, elucidar, deducir, interpretar, enseñar, encierra el sentido genérico de investigación, estudio, enseñanza, comentario, doctrina, teoría; pero específicamente ha prevalecido la acepción de "comentario homilético de las S. E.", según el sistema de interpretación empleado en la literatura rabínica. Las palabras del texto sagrado no solamente contienen estatutos, preceptos y normas, sino también una mina inagotable, cuya explotación alumbraría recónditos tesoros de enseñanzas religiosas y morales. Cuatro son los métodos exegéticos empleados por los maestros del judaísmo, y se designan en sigla con las consonantes de la palabra pardés (jardín, paraíso): pésat (simple, sentido obvio, literal), rémez (alusión, explicación alegórica), dérás (explicación, exposición, comentario homilético), y sód (misterio, enseñanza esotérica). Partiendo, pues, generalmente del pésat, se busca una interpretación más profunda, procurando extraer normas de vida, adoctrinamientos para la vida espiritual y enseñanzas prácticas de todas clases. Se recoge en estos escritos las instrucciones de las academias y alocuciones sinagogales.Las dos orientaciones fundamentales, subyacentes en toda la antigua literatura rabínica, dosificadas en variables proporciones, conforme al carácter específico de cada escrito o tratado, son: hálaká (legislación y ritualismo) y haggadá (teología, filosofía, religión, moral, educación, etc.: todo lo que no se refiere taxativamente a la ley positiva). Una y otra tienen su cauce normal de expresión en las dos ramas respectivas, de acuerdo con su significación y contenido; pero se mezclaron copiosamente, como ocurre en el Talmud, que, siendo un comentario de la Misná o ley oral (v. TALMUD), encierra, no obstante, un caudal enorme de elementos haggádicos. Una exégesis escrituraria completa necesariamente ha de abarcar esos dos aspectos, por la índole propia de los distintos libros que integran el Canon: unos constituyen la Torá o ley escrita -aunque ninguno del Pentateuco sea total y exclusivamente legislativo, ni siquiera el Levítico o código sacerdotal- o contienen esporádicos elementos de carácter legal o ritual; otros, la mayoría, son históricos, didácticos, poéticos, proféticos. De ahí que se desarrollara una tercera rama, mixta, fusión en cierto modo de dichos dos elementos, hálaká y haggadá: es la de los Midraíim (pl. de midrás) o comentarios bíblicos de todas clases. A tenor del carácter predominante en cada caso, las compilaciones o colecciones se denominan midrésé hálaká o m. haggadá. El singular midrás admite asimismo la acepción de un pasaje o perícopa tomada de esas obras.Épocas, clases, escuelas y procedimiento exegético. Según la época y autores de midrasim, puede hacerse una distinción: los m. elaborados en los tiempos de la codificación de la Misná, obra ésta de los doctores llamados tannaítas, y los m. debidos a los que trabajaron en el Talmud o más propiamente la Guemará, los amoraítas. Los primeros m., de contenido preponderantemente halákico, proceden de dos escuelas de especial predicamento: de R. Aquiba (v.) y de R. Ismael, ambos muertos en 135 d. C. (v. IIILEL). Cuatro han llegado hasta nosotros; Megiltá (medida, normas exegéticas), sobre los capítulos legislativos del Éxodo; Sifrá (arma. el libro) o Torat kohanim (Código sacerdotal), sobre el Levítico, llamado el libro por antonomasia, porque con él se iniciaba la enseñanza escrituraria (escuela de R. Aquiba); Sifré (en arameo, los libros), dos, sobre Números y Deuteronomio (escuelas de Ismael para Números y primera y última parte de Deuteronomio; escuela de Aquiba para el resto, parte halákiea de Deuteronomio). El Génesis carecía de midrás halákico, por no contener materia propiamente legislativa. Otros m. tannaíticos nos son conocidos sólo fragmentariamente. También los amoraítas, paralelamente a la formación del Talmud, desarrollaron su actividad en el campo de los m. con carácter preferentemente haggádico.Los m. constituyen una literatura copiosísima, que se extiende desde la indicada época tannaítica hasta los últimos siglos de la Edad Media. Especial categoría revisten los M. Rabbá (en arameo, grande, pl. rabbot), colección de diverso origen, época y carácter, sobre cadauno de los cinco libros del Pentateuco y de los cinco Megil-lot (Volúmenes: Cantar de los cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester), que se enuncian con el nombre hebreo del libro, seguido de R. En conjunto se cuenta un medio centenar, entre mayores y menores (V. ENCICLOPEDIA JUDAICA CASTELLANA) sobre diversos libros del A. T. (Torá, Hagiógrafos, etc.). Numerosas son las colecciones publicadas, algunas con versión en lengua europea, en los últimos cien años.La forma de comentario exegéfico que se sigue en estas obras es análoga a la de la Guemará respecto a la Misná, es decir, párrafo por párrafo del texto bíblico. Este sistema de exégesis es en realidad el que adoptaron los Padres y Doctores de la Iglesia en sus comentarios bíblicos y homilías, si bien en éstos se recorta, a veces quizá exageradamente, el párrafo o cláusula. Modernamente se tiende a un comentario de mayor campo ideológico, a base de un extenso párrafo, todo un pasaje, capítulo o el libro entero, si no es de gran amplitud.Trascendencia y accesibilidad. La importancia de esta rama de la literatura rabínica es considerable, puesto que recoge la exégesis bíblica, sus orientaciones y métodos, del judaísmo anterior y posterior en varios siglos a la era cristiana, y es en algunos aspectos base de la que floreció en la Edad Media, o incluso se continúa directamente hasta casi finales de ésta. Pero hay también otra dirección en la que influyeron notablemente los m., y es el Talmud, como material copioso que suministraron a los elaboradores de esta magna enciclopedia del saber judaico correspondiente a los s. III a. C. a V d. C. En este sentido los m., que empezaron siendo alocuciones sinagogales, meramente orales, o peroraciones de las academias, y después se formularon por escrito, a fin de extender el fruto de los mismos a la lectura y estudio privado, constituyen un anticipo del Talmud durante esos siglos, y un eco prolongado del mismo en los siguientes. Su panorámica, por tanto, es de gran alcance.¿En qué medida es accesible todo ese vasto complejo ideológico y doctrinal que encierran los m., escritos en su máxima parte en hebreo, y algunos con pasajes o fragmentos en arameo? Hay que reconocer, en primer lugar, que es la rama menos conocida quizá de la literatura judaica, menos aún que la talmúdica y la misma cabalística (v. CABALISMO), pues de las obras principales de éstas se han publicado extractos, estudios, síntesis o antologías en lenguas europeas. Algunas ediciones críticas han aparecido, p. ej., la del Midrás Rabbá, por FreedmanSimon, con traducción inglesa, y varias otras, como el Midrás de Sam I y II y el de los Salmos, por M. Buber. Pero el círculo de acceso sigue siendo muy restringido. Recientemente se ha abierto un nuevo cauce por el cual todo ese fondo abigarrado de ideas y enseñanzas podrá llegar mejor a eruditos y lectores interesados. Bien puede afirmarse que todas las enseñanzas, doctrinas, ejemplos moralizadores, historietas edificantes y demás elementos contenidos en los m. se insertaron en ese magno comentario bíblico sefardí, hasta ahora totalmente desconocido fuera de algunos sectores del judaísmo, que es el titulado Me’am Lo’ez (De populo barbaro, Ps 114,1: por estar escrito en lengua extraña, distinta del hebreo). Está redactado en judeoespañol e impreso en tipos hebreos redondos, conforme a la usanza sefardí, y abarca numerosos y extensos volúmenes, reiteradamente impresos, desde 1730 en que apareció el primero, hasta fines del s. XIX, en algunas ciudades del Oriente Próximo de mayor población sefardí en esos siglos, y en alguna de Italia, como Livorno. Dada la innegable dificultad del idioma hebreo, y más el rabínico, el estudio directo de los m. resulta demasiado arduo. El Me’am Lo’ez, al trasvasar todo ese rico caudal de exégesis a un dialecto hispánico, el ladino o judeoespañol, es el puente de tránsito para adentrarse en esa selva enmarañada y refractaria. Las dificultades inherentes al acceso al gran comentario sefardí se salvan en una edición transliterada en caracteres latinos y anotada, como la iniciada (1964, Madrid) por los Profs. Gonzalo Maeso y Pascual Recuero.V. t.: HEBREOS; JUDAÍSMOD. GONZALO MAESO
BIBL.: The Jewish Encyclopedia, ed. J. SINGER, Nueva York 1901-1906, VIII,548-580; Enciclopedia Judaica Castellana, México 1950, VII,484-491; H. STRACK, Einleitung in den Talmud, Leipzig 1887, 5 ed. 1921, trad. inglesa Introduction to the Talmud and Midrash, Filadelfia 1931 (obra capital, con copiosa bibl.); H. FREEDMAN-SIMON, Midrash Rabbah, Londres 1939; L. GINZBERF, The Legends ol the Jews, 5 vol., Filadelfia 1946-1947; J. BONSIRVEN, Exégése rabbinique et exégése paulinienne, París 1938; D. GONZALO MAESO, Manual de Historia de la literatura hebrea, Madrid 1960, II, cap. II; íD, Exégesis rabínica y exégesis católica, "Cultura Bíblica" 1962, 150-161
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