México (país) III. Historia. A. Culturas Prehispánicas. HIST.
Categoria:
Historia
Representan un conjunto prácticamente unitario, del que únicamente se segrega la cultura maya, por su extraordinaria personalidad, frente a las restantes; este conjunto es lo que se conoce con el nombre de área mesoamericana.1. Introducción. El concepto de Mesoamérica, que actualmente aceptan todos los especialistas, fue dado a conocer por Kirchhoff, quien la limitó y definió con toda precisión, señalando como posibles fronteras, en sentido cultural, por el N, una línea que, comenzando en Sonora y Sinaloa, terminase en el golfo de M., hacia la región de San Luis Potosí y la Huasteca, mientras que al S comprendería la parte occidental de Honduras y la región ocupada por la actual República de El Salvador. Las culturas limítrofes al N serían las del gran SO y Praderas o, lo que ha llamado Kirchhoff, Aridamérica y Oasis-América, mientras por el S serían las culturas Lenka y Miskito y la mezcla de los influjos culturales chibchas y mesoamericanos venidos del S y del N. El área así definida geográficamente presentaría un conjunto de características comunes, que hacen de ella una auténtica unidad cultural. Ahora bien, dentro de esta unidad cultural, podemos distinguir un conjunto muy abundante y desigualmente conocido, de culturas o subáreas con características locales, perfectamente diferenciables.Civilización tolteca la que extiende su uso hasta lugares tan alejados entre sí como La Quemada (Zacatecas), Chichénltzá (Yucatán) o Mitla (Oaxaca). La típica columna tolteca es la representación de una serpiente emplumada, cuya cabeza sirve de base, cuyo cuerpo, con plumas de quetzal, es el fuste, y cuya cola, con cascabeles, constituye el capitel.Un edificio típico del área que estudiamos es el juego de pelota, de marcado carácter religioso y cuya cancha se halla encajonada entre dos promontorios alargados, en los que se situarían los espectadores y en cuyos muros, verticales o en talud, estaban situados los anillos, por los que había de pasar la pelota de hule, mediante el empleo de los codos y caderas de los jugadores.La pintura mesoamericana es sumamente rica y de gran interés, en lo que se refiere a la pintura de códices y a la pintura mural. En cuanto a la primera, si bien son escasos los ejemplos que poseemos de libros pintados en tiempos prehispánicos, hallamos en ellos una gran variedad temática y, en algunos casos, una gran brillantez en el colorido. Los códices mixtecos y los del llamado grupo Borgia son especialmente destacables, tanto por la variedad de sus representaciones, como por el colorido utilizado. En cuanto a la pintura mural, no debemos olvidar que, siendo la arquitectura de un carácter especialmente escultórico, el color tenía que desempeñar un papel primordial en la decoración de esa arquitectura. La composición de las escenas tiene un marcado geometrismo y las figuras son generalmente simples, pero sin carecer de variedad en las actitudes, casi siempre graciosas y llenas de vida. Tanto el claroscuro como la perspectiva eran desconocidos por los pintores mesoamericanos, por lo que las escenas se desarrollan generalmente formando bandas o planos distintos, dibujados de abajo arriba para señalar una menor o mayor lejanía. La temática es variada, pero predomina siempre el carácter religioso que es, a su vez, el más marcado de todas las civilizaciones mesoamericanas. La ornamentación geométrica o floral abunda en pinturas tales como las del templo de la Agricultura de Teotihuacán; pero son más frecuentes las que representan escenas mitológicas o de la vida corriente.La escultura, al igual que la pintura, tiene importancia en función de su aplicación a la arquitectura. De ello se deriva el valor del relieve o de las verdaderas esculturas, adosadas, como, p. ej., las del templo de Quetzalcóatl de Teotihuacán. Menos importancia tiene la escultura exenta, aunque es bastante abundante. Las pequeñas esculturas de Guerrero o del área olmeca, las máscaras teotihuacanas o aztecas o las figurillas en cerámica de todos los periodos y culturas de Mesoamérica, son ejemplos que demuestran la abundancia de estos materiales. No faltantampoco las grandes esculturas monumentales, llenas de realismo unas, como las famosas cabezas del área olmeca, o enormemente hieráticas otras, como las de Teotihuacán.La cerámica mesoamericana que no alcanzó la perfección y belleza de la del área andina, es, sin embargo, de una gran variedad y riqueza en muchos casos. En cuanto a sus formas (vasos globulares, botellones, cuencos, platos, copas), destaca la presencia casi constante del apoyo trípode. La decoración es igualmente variada; se emplean las técnicas del esgrafiado, puntillado, incisión, raspado, impresión, cte., y en una variedad de ella la pintura. En este aspecto, sobresale el policromismo de la cerámica mixteca. Mención aparte merecen la cerámica anaranjada fina y plumbate, que se extendieron por toda el área en diversas épocas.Influjo de Mesoamérica en las áreas vecinas. Debemos señalar, finalmente, en este apartado introductorio, siguiendo a Kirchhoff, las influencias que pueden observarse en las regiones vecinas a Mesoamérica, debidas al impulso creador de este área cultural.Ekholm, en un reciente estudio, distingue ocho subáreas dentro de Mesoamérica: Occidente y N de M., M. central, Oaxaca, Huasteca, Veracruz central, Olmeca, Maya del altiplano y Maya de las tierras bajas. Más complicada que la división en áreas, que acabamos de hacer, es la división en periodos y la cronología de estos periodos en sentido relativo y absoluto.Las más recientes opiniones acerca de la periodización de las culturas mesoamericanas marcan una tendencia decididamente historicista. Tales son los esquemas propuestos por Alfonso Caso, Pedro Armillas e Ignacio Bernal, sintetizados y comparados por Ángel Palerm. Distingue Alfonso Caso siete horizontes, desde el 25000 a. C. hasta le llegada de los españoles, mientras Armillas define tres etapas, desde el 500 a. C. hasta 1500 d. C. Ateniéndonos a esta última clasificación tendremos que considerar las etapas siguientes: 1° formativa, equivalente al horizonte arcaico de Caso; 2° clásica, que equivale a los horizontes formativo, clásico y tolteca de A. Caso; 3° histórica, que tiene igual designación en el esquema de Caso. Otros tratadistas emplean las designaciones de preclásico, clásico y posclásico. En el esquema histórico-cultural que presentamos a continuación distinguimos cuatro etapas o periodos principales: 1° arcaico (1500 a. C. a 100 d. C.); 2° clásico (100 d. C. a 700-1000 d. C.); 3° renacentista (700-1000 a 1200); y 4° militarista (1200 a 1500). Considerada el área sobre la que vamos a operar, con las subdivisiones correspondientes, así como la evolución y nomenclatura de las culturas en que se puede descomponer la civilización mesoamericana, estudiamos ahora los caracteres o rasgos comunes que diferencian este área de sus vecinas, al mismo tiempo que le dan unidad.La primera impresión que produce la arquitectura del área mesoamericana es, al igual que la de la Grecia clásica, que se trata de una verdadera escultura monumental, es decir, está concebida para ser contemplada desde fuera.No se trata de espacios cerrados, como en la arquitectura cristiana, sino de monumentos expuestos a la contemplación desde el exterior. Por eso sus interiores serán siempre pequeños y de escasa belleza, mientras que el exterior desplegará su máxima brillantez y perfección. En este sentido hay que considerar todos los grandes conjuntos arquitectónicos. Los interiores, como hemos dicho, son pequeños y se hallan dedicados principalmente a albergar las imágenes de los dioses. Son lugares sagrados, inaccesibles para el pueblo, el cual queda en el exterior. Por eso, para reunir y concentrar al pueblo, se hacía necesaria la construcción de amplios recintos. Los hay en la mayor parte de ciudades o centros ceremoniales del área, como la gran plaza frente al templo de Kukulkan en ChichénItzá (v.), la ciudadela de Teotihuacán (v.), la plaza central de Monte Albán o las plazas de Copán (v.) y Quiriguá, etc.En torno a esas plazas o al fondo de esos espacios abiertos se elevan los templos, enclavados sobre las típicas pirámides escalonadas que se elevan por doquier en toda el área mesoamericana. La idea fundamental de estas pirámides es, la de situar a la divinidad en la elevación que le corresponde espiritualmente. Las escalinatas de las pirámides y las entradas, en los templos quedarían reservadas a los sacerdotes, mientras el pueblo, apiñado en torno a la pirámide y como espectador de un drama más o menos comprensible, contemplaría y adoraría a una divinidad más adivinada que conocida, más interpretada por los sacerdotes que querida por ellos mismos. Elevación, grandiosidad, intangibilidad, son las ideas que presiden el pensamiento constructivo de las pirámides mesoamericanas. Pero dentro de este carácter cabrá hacer algunas distinciones: la pirámide arcaica no alcanza aún suficiente elevación y separación de la plebe, mientras la pirámide teotihuacana es una inmensa construcción de ancha base y gran pesadez de líneas. Por otra parte, la pirámide maya del periodo clásico es grácil, elegante, liviana, adornada con peinetas de piedra que le quitan rigidez y pesadez. Por último, la pirámide del periodo histórico o militarista -Tenayuca, Tenochtitlán- vuelve a la tradición teotihuacana con formas extraordinariamente pesadas y rechonchas.La mayor parte de la arquitectura mesoamericana es de carácter eminentemente religioso. En este sentido debemos interpretar también los llamados palacios que debían de estar destinados a servir de habitación a los sacerdotes. Ejemplos de estos palacios los tenemos en Palenque (v.), Uxmal (v.), Teotihuacán, etc. Es en este lugar donde debemos situar el nacimiento de la columna y la pilastra. Esta columna o pilastra tomará caracteres definidos en Tula (v.) -templo de Tlahuizcalpantecuhtli- y es la civilización tolteca la que extiende su uso hasta lugares tan alejados entre sí como La Quemada (Zacatecas), Chichénltzá (Yucatán) o Mitla (Oaxaca). La típica columna tolteca es la representación de una serpiente emplumada, cuya cabeza sirve de base, cuyo cuerpo, con plumas de quetzal, es el fuste, y cuya cola, con cascabeles, constituye el capitel.La influencia de Mesoamérica en la región del SO norteamericano es muy notable y se evidencia especialmente por algunos ejemplos de juegos de pelota, típicamente mesoamericanos, así como por la domesticación del pavo y por el uso de cuatro colores asociados a las cuatro direcciones del mundo. El influjo de Mesoamérica llegó también a las Grandes Antillas y al SE de los Estados Unidos. En esta última región se utilizan ídolos de piedra, se sacrifican hombres y animales y se entablan guerras de carácter ritual, entre otros caracteres mesoamericanos. En las Antillas es típico el tambor de madera del tipo del teponaztli, así como los juegos de pelota, los yugos de piedra, etc.La difusión hacia el S se evidencia en Centroamérica por la presencia de montículos ordenados alrededor de patios, el empleo de balas de barro para cerbatanas, y corazas de algodón para la guerra. Más al S, en la región del Cauca, hallamos sacrificios humanos de carácter ritual y uso de banderas, y aún encontramos caracteres mesoamericanos en regiones todavía más meridionales, como Ecuador y Perú, donde aparecen pirámides escalonadas junto a vasijas con asa-estribo, trípode y mango-vertedero, así como baños de vapor y bolas de barro para cerbatanas. Acaso la difusón de elementos mesoamericanos se extienda a regiones aún más alejadas; pero el hecho de que aparezcan elementos culturales como los enunciados en las regiones indicadas es bastante para mostrarnos,con clara evidencia, la enorme importancia que tuvo este núcleo cultural en el mundo anterior a la llegada de los españoles (V. AMÉRICA IV A).2. Periodo arcaico. También conocido con los nombres de formativo y preclásico, representa, desde nuestro punto de vista, el comienzo de la civilización en Mesoamérica, una vez superados los fundamentales cambios ecológicos y culturales del periodo Neolítico anterior. El periodo arcaico puede considerarse dividido en dos fases principales: una inicial y otra tardía, en la cual numerosos elementos culturales característicos del periodo clásico empiezan a dibujarse con precisión y claridad.Desde un punto de vista estrictamente económico, el periodo arcaico representa el paso de una sociedad en la que la agricultura es progresivamente más importante en cuanto que proporciona un mayor número de alimentos básicos para los grupos humanos, a una sociedad en la que los trabajos agrícolas, mediante las técnicas hidráulicas, constituyen la fuente casi única para la obtención de medios de subsistencia. La recolección de plantas en estado silvestre, la caza y la pesca, por consiguiente, disminuyen en importancia y volumen, aunque no desaparezcan por completo.El número de plantas que sabemos se cultivaron en el periodo arcaico es cada vez mayor, conforme se amplía nuestro conocimiento sobre este periodo y sobre los inmediatamente anteriores. Es evidente que el maíz es la planta más extendida en toda el área. El algodón, el fríjol y la calabaza son plantas cuyo cultivo es más o menos intenso y extenso según las regiones. En cualquier caso, el número de plantas cultivadas con valor alimenticio debió de ser muy pequeño, manifestándose quizá diferencias de carácter local o regional en función de la diversa distribución de esas plantas, e incluso es posible que las diferencias nutritivas determinasen, como afirma Linton, un incremento de la mortalidad infantil. La inevitable monotonía en la dieta debió ir corrigiéndose en la fase última del arcaico con la incorporación de nuevas plantas al cuadro de cultivos precedente y, en cualquier caso, tanto en un periodo como en otro, la caza, la pesca y la recolección de frutos naturales servirían para completar la dieta y hacerla más variada.El desarrollo tecnológico que cabe observar en el periodo arcaico no es muy considerable. El comercio, por el contrario, fue posiblemente mucho más intenso e importante de lo que muchos autores suponen. La presencia en el valle de M., p. ej., de algodón u objetos suntuarios propios de la zona costera, pone de manifiesto la existencia de un importante comercio interregional.En cuanto a los tipos de poblamiento podemos observar en primer lugar una evolución que va desde la aldea de tamaño reducido y sin edificios de interés comunal, tanto de tipo religioso como de cualquier otro carácter, a las villas o pequeñas ciudades, con edificios religiosos cada vez más importantes. Por otra parte, debemos señalar en el área mesoamericana que su sentido religioso, mucho más intenso que en cualquier otra región, le lleva a la realización de construcciones templarías -Cuicuilco, Teotihuacán- en la etapa tardía del periodo arcaico. Durante el periodo primitivo, la sociedad ha debido de tener un carácter poco diferenciado, tanto por lo que se refiere a la especialización en el trabajo, como en lo relativo a su mayor o menor riqueza o prestigio social. Es en el arcaico tardío cuando puede hablarse del nacimiento de una clase sacerdotal que cobrará carácter e importancia sobre todo durante el periodo clásico. La sociedad que se va perfilando durante la fase tardía del arcaico es, en general, de marcado carácter mercantil y comercial, siendo rara una actividad militar.El aspecto más importante a tener en cuenta al definir, en términos generales, el periodo arcaico, es el relativo a las ideas religiosas. En la fase temprana de este periodo no podemos hablar sino de atisbos: tal es el culto a la fertilidad según se infiere de las figurillas femeninas desnudas de este periodo. El arcaico tardío representa un cambio fundamental en el aspecto que analizamos ahora: divinidades, templos, sacerdocio, calendario, culto, etc., forman todo un conjunto que representa el asentamiento de las bases principales de la religión del periodo clásico siguiente. Según Palerm "la religión fue el gran núcleo integrador de las sociedades" en esta época, pero realizando tal cometido con el apoyo de otras fuerzas materiales y económicas. El más importante de estos puntos de apoyo fue el calendario, mediante el cual el sacerdocio podía controlar los trabajos agrícolas y, por consiguiente, los ocios de los campesinos, al propio tiempo que obtenía un prestigio cada vez mayor entre los propios labriegos. En segundo lugar, el sacerdocio vino a entender de cuestiones relativas a la posesión de la tierra y otras, que le llevaría a obtener más poder político-administrativo.Por otra parte, el sacerdocio ha debido de controlar en esta época los excedentes de producción agrícola, no solamente para cubrir sus propias necesidades, sino también como base para planear grandes construcciones arquitectónicas, para las que hacía falta una mano de obra, a la que había de mantener. Como consecuencia de los postulados anteriores, es fácil deducir que el sacerdocio poseía también el control del comercio y de las primeras industrias artesanas que van a servir en primer lugar la demanda del propio sacerdocio y, en segundo lugar, la de otros centros regionales más o menos alejados entre sí.Arcaico temprano (1500 a 1000 a. C.). Se localiza en una serie de focos culturales de los que los más importantes son los siguientes: En el valle de M., El Arbolillo 1 y los periodos Tlatilco y Zacatenco inferiores; los periodos Charcas y Arévalo en Kaminaljuyí, en los Altosde Guatemala; el Trapiche en la costa de Veracruz; Chiapa de Corzo 1 y algunos otros lugares. Las condiciones ecológicas, especialmente favorables en el valle de M., hicieron que en esta región se concentrasen las aldeas en torno a los ríos y lagos, por los que podían comunicarse con relativa facilidad. En ese ambiente, la caza y la pesca debió de constituir la principal actividad para obtener subsistencias, si bien la agricultura iba a ser la técnica más novedosa. Las poblaciones, según Piña Chan, no serían de más de 200 hab. Metates, proyectiles de obsidiana, azadas de maderas, palos plantadores, taladros, agujas de hueso, cinceles de pedernal, cuchillos, morteros, raspadores, cestos, redes y una abundante y desarrollada cerámica serían los principales rasgos de su cultura material. La abundancia de figurillas femeninas desnudas, hechas en cerámica, parece indicar que el culto principal en esta época sería a la diosa Madre, o una diosa de la fecundidad o del maíz equivalente a aquélla.Arcaico tardío (1000 a. C. a 100 d. C.). Representa el momento de la aparición y expansión del complejo cultural olmeca (v.) por toda el área central de M. y otras regiones. Esta cultura, que para muchos autores viene a ser la base o el origen de toda la cultura mesoamericana, nace y se desarrolla en la región meridional del Estado de Veracruz y en las zonas inmediatas de Tabasco y Chiapas. Según Covarrubias, más que una cultura es un estilo en el que domina la "simplicidad y el realismo sensual en las formas, la fuerza y espontaneidad en sus conceptos". Sus yacimientos principales en el área son los de Tres Zapotes, La Venta, Cerro de las Mesas y Los Tuxtlas, pero su influencia alcanza a El Opeño, en Michoacán; Tlatilco y Gualipita, en el valle de M.; Guerrero, Monte Albán 1 y El Baúl, en Guatemala; y hasta Honduras y Nicoya, en Costa Rica. Sus características esculturas monumentales representando cabezas colosales, o la pequeña escultura en piedras verdes -jade y jadeítas-, muestra dos tipos antropológicos distintos: uno de rasgos negroides, pómulos salientes, labios gruesos, etc., y otro de rasgos muy finos, nariz aguileña, etc. Los hallazgos arqueológicos parecen indicar que la sociedad olmeca está estratificada y especializada; el sacerdocio constituye una casta dominante.Esta sociedad que Piña Chan llama "semiurbana" parece expansionarse por el valle de M., cambiando el panorama sociocultural en esa región. En efecto, aparecen entonces figuras masculinas representando jugadores de pelota con la mano forrada, seres misteriosos enfundados en sacos, enanos, hombres barbados, seres deformes y otros con máscaras, ajorcas, pectorales, gorros, etc. En esa época tenemos evidencia de la existencia de tejidos de algodón, yuca o magüey, y los vestidos representados en las figurillas son cada vez más complicados, especialmente en lo relativo a los adornos de cabeza. Lo más importante, sin embargo, es lo referente a las ideas religiosas: las divinidades dual y jaguar parecen ser las primeras -aparte de la diosa de la fertilidad del periodo anterior- con que se puede contar en Mesoamérica. El sacerdocio, al final de este periodo, adquiere gran predominio, como se evidencia por la construcción de las primeras estructuras piramidales, tales como el cerro del Tepalcate, la pirámide de Cuicuilco o la pirámide del Sol, en Teotihuacán. Monte Albán 1 es también una zona de influencia del grupo olmeca: los famosos Danzantes constituyen un ejemplo muy claro de ello. Chupícuaro, Teotihuacán, El Trapiche y Remojadas son otros tantos lugares o regiones en los que domina una cultura de tipo arcaico más o menos influida por la sociedad olmeca.3. Periodo clásico. Entre los s. I y III d. C., según las regiones, Mesoamérica experimenta cambios fundamentales que afectan a la estructura sociocultural de los pueblos que engloba, llevándolos hasta un nivel que, desde varios puntos de vista, no alcanzarán ya nunca más. Por ello, esta etapa se la conoce con el nombre de clásica.Desde un punto de vista económico, se verifica entonces lo que viene llamándose revolución urbana o hidráulica, si bien las bases de esta revolución hay que buscarlas en la fase tardía del arcaico. En efecto, la agricultura entonces, al poner en práctica sistemas más complejos y perfectos de utilizar el agua, experimenta un incremento en la producción que permite no solamente alimentar a la población que es cada día más numerosa en lo que podemos calificar de villas o pequeñas ciudades, sino que concentra excedentes administrados y utilizados por la clase sacerdotal para ejercer un dominio político cada vez mayor. Chinampas, riego a mano y por avenida, terrazas de cultivo y canales, son los principales sistemas hidráulicos y agrícolas. Consiguientemente, el cuadro de plantas cultivadas se amplía hasta alcanzar más o menos el número y variedad de las utilizadas en el momento de la conquista española. Es también entonces cuando el comercio adquiere extraordinaria importancia, sirviendo de nexo entre unas regiones y otras, intercambiándose productos manufacturados o materias primas entre regiones muy separadas entre sí. La cerámica del periodo Teotihuacán III se extenderá hasta Kaminaljuyú, en Guatemala, durante el periodo Esperanza; la cerámica Tzacol del área maya se encontrará en Teotihuacán. A este último centro llegarán conchas procedentes de las costas del Pacífico y del golfo de M., piedras finas de Guerrero y mica de Oaxaca.En lo relativo a tecnología podemos mencionar, entre otras innovaciones, el uso de taladros huecos y espejos de pirita, así como el de rodillos, probablemente para transportar grandes monolitos, algunos de los cuales serán esculpidos. En esta época se alcanza la organización casi definitiva de las ciudades, de acuerdo con un patrón que se repetirá por todas partes y en épocas posteriores. Las grandes urbes tienen un centro de carácter ceremonial que constituye su núcleo. En él se concentran los templos elevados sobre grandes pirámides escalonadas, con escalinatas extraordinariamente empinadas, ordenados alrededor de grandes plazas o patios; los palacios y casas de sacerdotes, los juegos de pelota de carácter sagrado y los enterramientos de los nobles, bien bajo los templos, como en Palenque -pirámide de las Inscripciones-, o bien en necrópolis como en Monte Albán. En torno a estas ciudades de piedra se extendería la población rural o campesina en un área extraordinariamente amplia; esta población viviría, como en muchos lugares aún en la actualidad, en jacales hechos de madera y barro, con techumbre de paja.La organización política característica de este periodo es la teocracia. La casta sacerdotal, en efecto, ejerce en primer lugar un dominio intelectual sobre la masa de la población, lo que ya comenzó en el periodo arcaico tardío, pero que ahora se concreta con la elaboración de un sistema calendárico solar que servirá para controlar y ordenar las labores agrícolas, y por otra parte con la elaboración de un ritual extraordinariamente complejo para el que inventarán otro calendario, ritual, éste de 260 días. El ceremonialismo se incrementa, aumenta el número de divinidades y, por consiguiente, el número de grupos sacerdotales a su servicio, lo que en definitiva conduce a la creación de necesidades de todo tipo: de especialistaspara la confección de esculturas, cerámica fina, tejidos, bordados, cte., así como de mano de obra no cualificada para la construcción de grandes templos. Del dios-jaguar del arcaico tardío surgirá el complejo de Tlaloc-Chac-Cocijo-Tajin, como divinidad del agua y de la lluvia. Xipe Totec, dios de la vegetación, y Huehueteotl, dios del fuego, parecen ser creaciones también de este periodo (v. iv).En la región central de M. dominan durante el periodo clásico dos ciudades de extraordinaria importancia: Teotihuacán y Monte Albán. La primera ha debido de constituir un verdadero imperio, no solamente cultural, sino también político. La extensión e importancia de los monumentos concentrados en la capital evidencian un dominio político extraordinariamente extenso. El poder debió de estar detentado por un sumo sacerdote, que sería al mismo tiempo jefe político, representante acaso de la divinidad principal Tlaloc-Quetzalcoatl, y por una extensa clase sacerdotal, cuya organización nos es desconocida. Sólo sobre una estructura de este tipo es posible explicar la enorme magnitud de las construcciones religiosas en Teotihuacán. Al N y al NE de este auténtico imperio se hallaban una serie de pueblos de baja cultura, como los tarascos (v.) y los otomíes que, atraídos por la civilización teotihuacana, estarán esperando el momento oportuno para caer sobre ella. El desarrollo del calendario, ritual y solar, y del sistema vigesimal en matemáticas, con representaciones de tipo maya, así como el extraordinario auge en la pintura mural, en la escultura monumental, en la cerámica y en la arquitectura, puede atribuirse al predominio ejercido por el sacerdocio.La otra ciudad clave en este momento es Monte Albán, centro religioso y capital de otra región cultural, la zapoteca, que influye en las áreas vecinas y es influida a su vez por Teotihuacán y por la cultura maya. Monte Albán, como centro ceremonial, es otro núcleo de intensa creación artística y cultural. Una clase sacerdotal poderosa es la responsable de la construcción de la mayor parte de las grandes pirámides, templos, juegos de pelota, cte., que se han descubierto en la cima del montículo que domina a Oaxaca. Grandes ceramistas, los zapotecas (v.) crearon un mundo de extraordinario barroquismo con sus famosas "urnas" en las que se representan personajes míticos o cabezas humanas sumamente realistas. La pintura mural, no tan abundante y rica como en Teotihuacán, ha proporcionado ejemplos de gran interés, especialmente en las tumbas.La cultura clásica, como conjunto coherente y relativamente homogéneo, se extiende además por la zona huasteca, donde se da la cultura Pánuco III; por la zona veracruzana de El Tajín (v.), cuya cultura se ha considerado como una derivación del periodo II de Teotihuacán; por lü región olmeca, cuya cultura Cerro de las Mesas Inferior recibe influencias de Tajín II y Teotihuacán III; y termina probablemente con la invasión de los olmecas históricos hacia el 800, por la región de Xochicalco, etc. La influencia teotihuacana alcanza no solamente a Monte Albán y El Tajín, sino también la mixteca, donde se sitúa el yacimiento de Yucuñudahui, la región guerrerense, y llega hasta liquilpan y desde allí a Colima, etc.La etapa que se conoce con el nombre de epiclásico o clásico tardío (entre 600-700 y 900-1000). Es un momento de crisis aguda en todo el mundo mesoamericano y especialmente en la región central de M. El peligro de los chichimecas (v.), en sentido genérico, bárbaros que se sitúan en el borde septentrional del imperio teotihuacano, se transforma en una verdadera invasión hacia la mitad del s. VII. Al final del periodo Teotihuacán III (650) se produce un ataque violento a la ciudad; ésta es objeto de incendio y pillaje y, a partir de ese momento, se acaba todo signo de florecimiento en la antigua capital del imperio, aunque los teotihuacanos sigan desarrollando su propia cultura en otros lugares. Esta crisis, provocada por la invasión de bárbaros procedentes del Norte, afectará a la civilización maya, hacia los s. IX y X, pero en ese momento destruye la civilización teotihuacana y el imperio político que la hacía posible. Los causantes de la destrucción de Teotihuacán pueden haber sido los huastecas (v.), o más probablemente, los otomíes. Estos nuevos dominadores de la región fabrican un nuevo tipo de cerámica conocida en arqueología con el nombre de cerámica Coyotlatelco. Los teotihuacanos se dispersan entonces en varios sentidos: algunos es probable que llegaran a Copán, en el área maya, hacia el 682; otros debieron de alcanzar Santa Lucía Cotzumalhuapa, en Guatemala, y es probable que otros penetraran en Yucatán, al comienzo de la llamada fase Puuc; pero seguramente el grupo más importante se situó en la región de Cozcatlan, denominándose entonces nonoalcas. En esa zona había en el s. XI un señor o sumo sacerdote, al cual rendían acatamiento el señor de Tula y el soberano mixteca llamado 8 Venado.Por esa misma época se observa una considerable influencia maya en el área central de M., especialmente en la ciudad de Xochicalco, cuyo templo principal, según Jiménez Moreno, representa una reunión de astrónomos para modificar o aplicar la cuenta larga de los mayas. También por entonces se amplía la influencia de Monte Albán que alcanza hasta Cholula y Huejotzingo, mientras los mixtecas (v.) inician sus guerras y se funde el señorío de Tilantongo (720).Para explicarnos el final del mundo clásico no hay que olvidar algunas causas de carácter interno que afectan a la mayor parte de las culturas del área mesoamericana, pero de un modo especial a la cultura maya. Estas causas pueden haber sido las provocadas por revueltas más o menos violentas del campesinado contra el sacerdocio, cansado aquél de la pesada carga tributaria y de trabajo a que había estado sometido durante siglos. Estas revoluciones pueden haber estado favorecidas por la llegada de gentes procedentes de otras regiones y portadoras de ideas nuevas, y sobre todo por una falta de respeto hacia las instituciones creadas. Todo ello, unido a cambios ecológicos fundamentales en la región y a un progresivo empobrecimiento de las tierras de cultivo, ha podido llevar a las ciudades-estado del periodo clásico a la gran crisis de los s. vii al x, que acabamos de estudiar.4. Periodo renacentista. El periodo que llamamos renacentista, o de los renacimientos locales, cubre un lapso de tiempo que va aproximadamente del 1000 al 1200 d. C., es decir, desde la gran crisis a que hemos aludido hasta eJ momento en que nacen a la vida histórica los pueblos más decisivos del M. prehispánico: los chichimecas y los aztecas (v.). Durante esta fase se iniciará y se asentará una serie de bases de carácter cultural que difinirán plenamente el periodo siguiente. Uno de estos elementos, tal vez el más importante, es el militarismo. Si, como hemos dicho, en el periodo teotihuacano el militarismo es posiblemente un elemento insignificante, con la llegada de los nuevos pueblos chichimecas del Norte esa tendencia se acentúa entre los pueblos del centro de M. Para toltecas (v.) y mixtecas el ejército será un elemento básico en la organización de sus conquistas y en el establecimiento de sus imperios territoriales. Desde otros puntos de vista, el periodo renacentista significa la vuelta a la tradición clásica, especialmente a la teotihuacana en esa región.Por eso, los toltecas, se considerarán en muchos aspectos como herederos o continuadores de los antiguos teotihuacanos. Finalmente, este periodo representa un paso decisivo en la evolución de las ideas religiosas de los indígenas del centro de M., con la aparición y desarrollo de las creencias en torno a Quetzalcoatl. Este periodo está integrado por la civilización tolteca, pueblo que aparece en el valle de M. entre los a. 752 y 896 d. C., y por la civilización mixteca (v. voces correspondientes).5. Periodo militarista. La última etapa en el desarrollo cultural del M. prehispánico es el que llamamos periodo militarista o de los grandes imperios, etapa a la que otros autores denominan simplemente periodo histórico. En esta época, los sistemas agrícolas más generalmente empleados son los de roza, chinampas y de humedad. En la última fase de este periodo se pueden señalar algunas empresas hidráulicas de tipo colectivo. Se dan entonces grandes concentraciones de población en las ciudades y una máxima especialización en el trabajo y en el comercio, desarrollándose muy ampliamente la metalurgia, especialmente en Michoacán y entre los mixtecas. Las clases sociales se hallan altamente diferenciadas y entran en juego los militares, que establecen una casta aparte, que llega a constituir una nobleza territorial, dominando por así decirlo la política, mientras que el sacerdocio, aun influyendo poderosamente en la sociedad, queda en un segundo término. Las ideas religiosas, como consecuencia de la llegada de nuevos pueblos bárbaros a través de la frontera norte, evolucionan hacia formas extraordinariamente sanguinarias y feroces. En el terreno de la política interurbana es entonces cuando nacen diferentes constituciones federativas y asociativas, de las cuales la Triple Alianza de Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan será la de mayor importancia. Este periodo está formado por la cultura de los chichimecas, aztecas, tarascos, totonacas y huastecas, que conviven durante este tiempo en el área mesoamericana. Como su historia y cultura están tratadas en las respectivas voces, a ellas remitimos.J. ALCINA FRANCH
BIBL.: Obras generales sobre todo el continente que interesan para el área: J. ALCINA, Manual de Arqueología americana, Madrid 1965; J. D. JENNINGS y E. NORBECK (ed.), Prehistoric Man in the New World, Chicago 1964; G. R. WILLEY, An introduction to American Archaeology, Englewood Cliffs (N.J.) 1966
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