Mesta, la HIST.
Categoria:
Historia
Concepto. La voz mesta, con minúscula, ha tenido varios significados. Con este nombre se designaba desde la Baja Edad Media la participación comunal en el uso de prados para pastos. Éstos eran abundantes y constituían una de las bases, ampliada con el tiempo, de la economía medieval, fundamentalmente agrícola y ganadera, sobre todo esto último, pues la actividad agrícola estaba más bien subordinada al aprovechamiento del terreno en beneficio de la ganadería, especialmente de los ovinos y en particular de las ovejas, cuya lana era muy apreciada como producto de exportación. Por ello, se atendía preferentemente a la cría y alimentación del ganado, en detrimento a veces de la agricultura y aunque escaseaba el trigo necesario para abastecer a la población en Castilla. Se reservaban para pastos no sólo los montes y baldíos de uso comunal, sino también las tierras de labor, una vez recogida la cosecha. Se cree que, en la Baja Edad Media, 2/3 de la tierra castellana se dedicaban a pastos. A fin de que el ganado pudiera pastar libremente, los campos no se cercaban normalmente. Pero esta regla, casi general en los primeros tiempos de la Reconquista, tenía sus excepciones, cada vez más frecuentes al correr del tiempo.Esta situación favoreció indudablemente el desarrollo de la ganadería. Además, la conquista a los musulmanes, en el s. xiii, del valle del Guadalquivir dejó apenas sin población labriega extensas zonas castellano-leonesas, por emigrar hacia el Sur gran parte de sus habitantes. La escasa población, los bajos rendimientos agrícolas, la peste negra (v.) y otros factores incidieron en la economía agraria de la España medieval, en perjuicio de la agricultura y en beneficio de la ganadería, sobre todo lanar, debido al incremento del comercio de la lana. De este modo, la cría de ganado se convirtió en una de las principales actividades de la población rural, particularmente en las zonas altas, donde se practicaba la trashumancia desde la época visigoda. El carácter trashumante de la ganadería venía dado además por la orografía y las condiciones climáticas. Lo fomentaron también las incursiones de los musulmanes. El movimiento del ganado se hacía de la montaña (en invierno) a los valles, para luego regresar durante el estío a su lugar de procedencia. Este ciclo se interrumpía o variaba, según las circunstancias, cuando la penetración musulmana así lo aconsejaba, pero cuando desde mediados del s. XIII la resistencia islámica quedó reducida a un pequeño sector del Sur el ganado pudo pastar libremente por casi toda la España cristiana.Cañadas. Del cuidado colectivo del ganado se encargaban los vecinos de los poblados que constituían comunidades para la explotación tomó pastizal de los predios de uso comunal. Los caminos por donde transitaba el ganado se denominaban cañadas en Castilla, nombre equivalente al aragonés cabañeras y al catalán carreratges. Las cañadas se situaban generalmente en las planicies y laderas de montañas, siguiendo el trazado de los valles y discurriendo en líneas paralelas en las zonas más bajas. Aprovechaban las calzadas romanas y en algunos tramos se ampliaban más de los 7,5 m. de su anchura normal. Esos lugares más anchos solían aprovecharse como reunión de pastores y encuentro del ganado de distintas procedencias. Prácticamente, las cañadas ponían en comunicación el Norte con el Sur de la Península.Eran cañadas reales la leonesa, la manchega y la segoviana. La primera, que recogía el ganado del reino leonés, pasaba por Zamora, Salamanca y Béjar, como principales poblaciones de N a S. La manchega, que recogía también el ganado de Cuenca, se bifurcaba hacia Andalucía y Murcia. La segoviana procedía de Logroño y atravesaba Palencia, Burgos Ávila y Segovia, desviándose hacia Béjar y Talavera de la Reina, desde donde se dirigía a Guadalupe y Andalucía. Coincidiendo con las rutas de trashumancia, se crearon centros industriales de elaboración de la lana (Zamora, Ávila, Segovia, Soria, etc.). El principal centro comercial lanero fue Burgos, monopolizado por la M. La lana se exportaba a Flandes e Inglaterra desde los puertos del Cantábrico. Pero debido al escaso desarrollo de la industria textil, a la que la M. prestó poca atención, se importaban tejidos, producto de la lana que se exportaba.Origen. A medida que las tierras se adjudican a los señores y a los concejos, sus propietarios tienden a obtener algún beneficio del paso por ellas del ganado trashumante, cobrando lo que, al correr del tiempo, se denominó montazgo y que también percibía la Hacienda real en los dominios del monarca. En algunas tierras, se prohibía que pastaran los rebaños, debiendo pagar una multa los dueños del ganado que transgredieran la prohibición. Los reyes y también los concejos autorizaban a determinados rebaños el uso como pasto de sus tierras en zonas comunales, rastrojeras y baldíos. Pero era el ganado estante y no el trashumante el que más se beneficiaba de esta concesión. Todas estas costumbres, prohibiciones y concesiones fueron creando un Derecho consuetudinario, que afectaba principalmente a la ganadería. Propietarios y pastores de rebaños se reunían varias veces al año (tres en un principio) para tratar de estas cuestiones, así como de los litigios que surgían. A estas reuniones (oteros) se les dio el nombre de m. y en ellas se distribuía también el ganado descarriado, se escuchaban las reclamaciones, etc. Tales asambleas, que constituían hermandades, se llamaban ligallos en Aragón. Se conocen documentalmente las m. de León, Segovia, Soria y Cuenca. En 1273, existía ya una sola m. para los reinos de León y Castilla. En ese año, Alfonso X se refiere al "Concejo de la Mesta de los pastores del mío reyno", con motivo de la concesión de unos privilegios, que favorecían al ganado lanar y también a la corona, por los impuestos que recibía de los ganaderos, a cambio del paso a través de las tierras realengas de los rebaños trashumantes. De la recaudación de estos impuesto se encargaban los procuradores de los puertos.Con la agrupación de los pastores llevada a cabo por Alfonso X en sus reinos nace el Honrado Concejo de la Mesta, con atribuciones sobre todo lo referente a la ganadería. Dada la trascendencia de este sector en la economía española, la importancia de la M. (con mayúscula, como equivalente de Honrado Concejo de la Mesta) fue enorme hasta fines del s. XVIII. Las órdenes militares se constituyeron en potencias ganaderas, que obtenían de la lana una de sus principales fuentes de ingresos. El cuidado de sus ganados corría a cargo de los frailes veedores. Alfonso XI tomó bajo su protección el ganado del Concejo de la M. (1347), constituyéndose así la cabaña real, a la que se autorizaba a pastar libremente, excepto en huertos, viñas, etc. La cabaña real se dividía en cuatro cuadrillas, correspondientes a los distritos ganaderos de León, Segovia, Soria y Cuenca. Dos alcaldes, elegidos por votación, dirigían la cuadrilla durante cuatro años. Las apelaciones contra sus sentencias eran vistas ante los alcaldes de alzada. Además de estos cargos, existían los procuradores para la inspección de rebaños y dehesas. La administración de la M. corría a cargo de los contadores y receptores. Los representantes del rey en la M. eran los alcaldes entregadores, que en 1500 eran seis, y en 1789 sólo dos. La máxima jerarquía de la M. era el alcalde entregador mayor, cargo que solían ostentar, por nombramiento real, los miembros de la nobleza. Los Reyes Católicos crearon la figura del presidente de la M. (1500). Este cargo correspondía al miembro más antiguo del Consejo de Castilla. La patrona de la M. era la Virgen de Guadalupe.Evolución. Los privilegios de la M. aumentaron en sucesivos reinados, confirmando los Reyes Católicos las concesiones de sus antecesores. Al comienzo de su reinado, en 1489, el lic. Francisco de Malpartida llevó a cabo la recopilación de las ordenanzas y privilegios relativos a la M., poderoso organismo cuya dirección estuvo en manos de la nobleza y de las familias más encumbradas. En el s. XV, estuvieron al frente de la M. los Carrillo de Acuña, pertenecientes al partido de Álvaro de Luna. Los pasos del ganado por la Meseta estaban dominados por las oligarquías nobiliarias. Los Stúñigas ejercían su poder en el O, con dominio sobre el puerto de Béjar; los Mendozas, al E. Puede decirse que la explotación animal en España creó una nobleza ganadera, en oposición a la agrícola.La protección real, el auge del comercio lanero sobre todo con Flandes desde 1300, la introducción de la oveja merina desde el Norte de África por los comerciantes genoveses instalados en Sevilla y otras tantas circunstancias favorables, cómo pueden ser las geográficas, geológicas y ambientales, permitieron el aumento progresivo de las cabezas de ganado lanar. De 1,5 millón de cabezas a mediados del s. xiv se pasó a 3 millones en 1477, a 3,4 millones en 1526. El poder de la M. culmina en el reinado de Carlos 1 (1516-56). En esta época, componían la M. unos 3.000 hermanos, que se reunían en Junta General dos veces al año: en invierno, normalmente en las poblaciones bacetenses de Montemolín y Villanueva de la Serena; en otoño, más hacia el N, en Ayllón, Segovia, etc. Se consideraban hermanos, desde 1350, según L. García de Valdeavellano, "los dueños de rebaños trashumantes que pagasen el servicio de ganados" (v. o. c. en bibl. 269). Su decadencia se inicia a fines del s. XVI, acentuándose con el tiempo y con las nuevas corrientes del liberalismo económico que hacen su aparición en el reinado de Carlos III (175988). A partir de entonces, dejan oírse voces que atacan a la M., haciéndola culpable del atraso de la agricultura. Ciertamente, el proteccionismo real a la ganadería había perjudicado a la agricultura.Puede decirse que en la pugna agricultor-ganadero venció éste. Desde el reinado de los Reyes Católicos se había dado el caso de agricultores expulsados de las tierras comunales, que pasaban a ser de uso exclusivo de los ganaderos. Ya en 1491 se había prohibido en tierras próximas a Granada el acotamiento de algunas zonas para que pudiera pastar libremente el ganado. Por la Ley de arriendo del suelo (1501) quedaron vinculadas a la M. enormes extensiones de terreno. En 1726, las atribuciones de la M. en Castilla se ampliaron a Aragón. Pero a fines del s. XVIII las ideas de los fisiócratas, que consideraban la agricultura como fuente principal de riqueza, se impusieron. La teoría de que la tierra, en manos de agricultores libres, produjera mucho y bien no estaba de acuerdo con los principios de privilegio y de fomento ganadero a todo trance que habían sostenido a la M. durante seis siglos. La libertad individual propugnada para todos los sectores de la economía fue una de las causas que más contribuyeron a la desaparición de la M. Contra ella arremete Jovellanos (v.) en su Informe sobre la ley agraria, viendo en el excesivo proteccionismo a la ganadería uno de los motivos más decisivos del escaso desarrollo agrícola. El mismo conde de Campomanes (v.) era partidario de su desaparición. Disminuidos sus privilegios, vigiladas sus Juntas, reducidas las facultades del alcalde entregador, absorbido su poder judicial por las chancillerías, cercenados sus ingresos, la decadencia de la M. culmina en el s. XIX. A ello contribuyó también otro fisiócrata, el conde de Floridablanca (v.). En 1836, fue suprimida definitivamente la M., creándose poco después la Asociación General de Ganaderos del Reino, antecedente del actual Sindicato Nac. de Ganadería.BIBL,: J. KLEIN, La Mesta. Estudio de la historia económica española, Madrid 1936; L. GARCÍA DE VALDEAVELLANO, Curso de historia de las instituciones españolas. De los orígenes al final de la Edad Media, Madrid 1968; J. VICENS VIVES, Manual de historia económica de España, Barcelona 1969; J. BisHKO, El castellano, hombre de llanura, en Homenaje a I. Vicens Vives, I, Barcelona 1965, 201-218; M. GUAL CAMARENA, La institució ramadera del Lligalló, unes ordenances desconegudes del segle XIV, en Estudis d’Historie Medieval, II, Barcelona 1970, 69-84**AU
CARLOS R. EGUÍA
**HISMESTER DE CLERECÍA
En el s. XIII aparece una serie de obras narrativas de carácter erudito que, reunidas bajo la denominación de m. de c., se prolongó hasta fines del s. XIV, con características propias frente al m. de juglaría (v.). Este nuevo arte fue cultivado por clérigos; la palabra "clérigo" tiene relación con el latín clerus (conjunto de sacerdotes, o miembros del clero), pero aquí adopta el término una significación más amplia, "con ella se designa al hombre que recibió una educación que le dio esta conciencia de la función social e individual de la sabiduría, y que permanece en su ejercicio enseñando y aconsejando a los demás. El clérigo se caracterizó por su saber intelectual" (F. López Estrada). El saber en la Alta Edad Media estaba refugiado en los monasterios, patrimonio esencial de los clérigos durante siglos; de aquí nace la atribución de este carácter a quienes se entregan al estudio, aunque no fuese aquélla su condición real. El clérigo se hallaba abierto a la vida secular, y tenía que poner su sabiduría al servicio de los hombres del siglo.
El sentido universal propio de la cultura medieval, cuyo camino común era la Europa cristiana, tiene su mejor exponente en la actividad que desarrolla el clérigo. El fundamento de esta cultura es especialmente erudito y procede de las artes intelectuales de la Edad Media y de los libros latinos. El latín, como lengua de cultura de las escuelas y universidades medievales, había sido la lengua propia de la clerecía hasta el s. XIII; pero la lengua romance había madurado en los s. XI y XII, y había adquirido cierta experiencia literaria, sobre todo por su empleo en el m. de juglaría, y es precisamente a imitación de los juglares como los clérigos inician en romance una poesía de intención culta, de fines más nobles y más adecuada para sacar un provecho espiritual. De estas obras clericales trasciende alguna enseñanza, y aunque estrictamente no son religiosas, pues recogen temas de otra naturaleza, llevan siempre un fondo didáctico. "El autor se las ingenia para que alcabo la obra venga a parar en un ejemplo de la más varia especie o en un propósito devoto o de edificación, adecuado al carácter del público que la recibiría" (López Estrada). Con el arte de la clerecía comienza en lengua romance la literatura en su sentido etimológico; el juglar había creado su obra para la recitación e interpretación en voz alta, y el clérigo escribe su poesía para la lectura, y esta poesía se mantiene por la autoridad de la letra: "Año y medio sovo en la ermitañía, / dizlo la escriptura, ca yo non lo sabía; / quando non lo leyesse degir non lo querría..." (Berceo, Vida de Santo Domingo, estrofa 73).El arte del m. de c., que produjo la primera poesía culta en romance, intentó ser culto en cuanto a la autoridad de las fuentes seguidas, a la intención y a la técnica de la expresión, pues se amparó en la tradición culta de la literatura latina; pero hubo de ser popular o al menos aparentarlo, de ahí el carácter de compromiso del arte del clérigo, que aparece desde sus comienzos con una manifiesta intención de divulgar la literatura entre un público muy extenso que no sabía latín y sólo entiende el romance cotidiano. "Quiero fer la passión de sennor Sant Laurent / en romaz que la pueda saber toda la gent..." (Berceo, Martirio de Sant Laurencio). No hay una separación radical entre los dos m.; el de c. corresponde a una evolución interna del de juglaría. Al iniciarse el s. xiii, la Península es un mosaico de corrientes literarias; el m. de c. coexistió con el de jugla. ría y con las diversas formas y escuelas líricas, pero no se confundió con ellas. El fenómeno de la c. es el de una reacción contra las formas afrancesadas y contra la negligencia métrica de la juglaría; pero, como no hay una separación absoluta, el poeta de c. se sentirá muchas veces juglar y pedirá la recompensa por su trabajo, "... bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino" (Berceo, Vida de Santo Domingo, estrofa 2). De todas formas, se trata de poetas eruditos, de inspiración libresca, que tienen como la más alta ley de escuela la fidelidad a los textos, a las fuentes (G. Cirot), y sienten con orgullo esta superioridad sobre el arte del juglar, que el clérigo autor del Libro de Alexandre expresó así: "Mester trago fermoso, non es de joglaría, / mester es sen pecado, ca es de clerecía..." (estrofa 2).Formas métricas del arte de clerecía. Frente al descuido formal y la métrica anisosilábica del m. de juglaría, el clérigo escribió sus poemas de acuerdo con un riguroso canon métrico basado en la regularidad de la medida de. las sílabas (isosilabismo), y en el establecimiento de una estrofa fija de orden de rima y número de versos, estableciendo unas formas estróficas propias, adecuadas a los argumentos más nobles y a las fuentes cultas usadas por el m. de c. Y en esta técnica también el clérigo poeta sintió su superioridad artística que lo diferenciaba del juglar: "fablar curso rimado por la quaderna vía / a sílabas cuntadas, ca es grant maestría", como indica el autor anónimo del Libro de Alexandre (estrofa 2). La estrofa más característica es la cuaderna vía, llamada también tetrástrofo monorrimo, que procede del influjo cultural francés, difundido en España por los cluniacenses. Esta estrofa está formada por cuatro versos de 14 sílabas con rima consonante uniforme; este verso, que recibe el nombre de alejandrino por ser el empleado en la obra más característica de la clerecía francesa, el Roman d’Aleixandre, está dividido por una cesura intensa en dos hemistiquios de siete sílabas. De todo esto resulta una forma métrica muy equilibrada, especialmente apta para el carácter narrativo y didáctico de las obras, pues posee la amplitud suficiente para que el autor pueda desarrollar con holgura relatos externos y comentarios morales, todo con un ritmo medido y una rima uniforme.No siempre logró la poesía de este m. la regularidad métrica exigida y, aunque sus autores respetaron el canon estrecho de la cuaderna vía, se encuentran muchos casos de versos mal medidos por descuidos involuntarios o falta de destreza en el versificador, sin olvidar que también se puede achacar esta imperfección a las alteraciones en la trasmisión manuscrita del original poético; los primeros autores (Berceo y el del Alexandre) consiguieron una medición más perfecta (T. Navarro Tomás). La métrica de c. empleó también el verso de siete sílabas como unidad de estrofa; la obra más extensa que hizo uso de este metro es los Proverbios morales de Sem Tob (v.). También el octosílabo fue usado por la poesía del- -rn. de c., especialmente en la estrofa de cuatro versos de rima cruzad¿, la redondilla, que tiene su máximo empleo en el Poema de Alfonso XI. Al mantener con un. canon rígido estas formas estróficas, la poesía del m. de c. da un paso firme para asegurar la tendencia hacia la regularidad métrica en la poesía española, al mismo tiempo que abre el camino de la polimetría, manifiesta sobre todo en la Historia Troyana.Desarrollo del mester de clerecía. Cronológicamente el m. se abre con Berceo (v.), que realiza su actividad literaria en los años centrales del s. XIII, y se prolonga hasta finales del s. XIV o principios del s. XV, formando en conjunto una entidad cerrada fácil de estudiar por su relativa abundancia de textos y documentos conservados en comparación con la avara escasez de datos y obras del m. de juglaría. Se puede establecer la división de sus obras en dos grandes periodos: las que pertenecen al s. XIII, caracterizadas por la variedad de sus asuntos, desarrollados en forma de relato continuado de una gran extensión, y las del s. XIV, que tienen en común el marcado carácter moralizador de los temas tratados a fin de ser lecciones rimadas sobre la vida del hombre.Obras del primer periodo. Pertenecen a él las obras de Berceo, de exclusivo carácter religioso. El Libro de Apolonio, poema anónimo, fue escrito probablemente hacia 1235-40, y es uno de los más antiguos del m., contemporáneo de las obras de Berceo; su texto, en 2.624 versos, que abunda en aragonesismos, se ha conservado en un manuscrito de El Escorial. Se cuentan en él las aventuras de Apolonio, rey de Tiro, que al cabo de muchos años e intrincadas peripecias encuentra a su mujer, Luciana, y a su hija Tarsiana, que había sido vendida como esclava y se ha convertido en juglaresa. El tema procede de una leyenda de los últimos tiempos de la Antigüedad (novela "bizantina"), y aunque el original griego se ha perdido, el asunto gozó de una gran difusión en la Edad Media, en redacciones latinas, como la Gesta Romanorum, la Historia- Apollonii regis Tyri, atribuida a Simposio, y la Gesta Apollonii, y en versiones en lengua vulgar. La obra, de un estilo vivo y animado, destaca entre el resto de los poemas de c. por su superior habilidad narrativa. El protagonista encarna un mundo refinado y poético, conocedor de artes musicales y juegos de cortesía; y la juglaresa Tarsiana, delicioso tipo de mujer, es el primer elemento femenino con carácter propio de la literatura castellana, y antecedente literario de Preciosa, la protagonista de La Gitanilla de Cervantes (v.), y de Esmeralda, de Nuestra Señora de París de Víctor Hugo (v.).El Libro de Alexandre, concebido a la manera de loscantares cultos franceses, es el poema más extenso del m., con más de 10.000 versos; fue compuesto probablemente hacia 1240, y se conservó en dos manuscritos, uno de Osuna, de la Bibl. Nac. de Madrid (s. XIV), y otro de la Bibl. Nac. de París (s. XVI). M. Rosa Lida y G. Cirot con otros han atribuido la obra a Juan Lorenzo de Astorga, por los leonesismos frecuentes en el lenguaje del manuscrito más antiguo; A. Bello y Menéndez Pelayo lo atribuyeron a Berceo, por el aragonesismo del texto del manuscrito de París, pero esta atribución no tiene fundamento alguno y hoy está postergada; también han pensado algunos historiadores en Alfonso X y el arcediano Jofre de Loaysa, como posibles autores. Nada de esto es definitivo; su editor, Alarcos Llorach, piensa que si bien el autor lo escribió en León, se trataba de un monje oriental castellanizado. De cualquier forma, el clérigo autor poseía una copiosa erudición, de la que alardea con frecuencia; aunque de segunda mano, había leído a Homero, a Ovidio y a Quinto Curcio, y tuvo como fuentes básicas para su redacción el Alexandreis de Gautier de Chátillon (n. ca. 1135), el poema francés Roman d’Alexandre de Lambert le Tort (s. XII) y Alexandre de Bernay o de París, y algunas fuentes más, cristianas o arábigas (estudiadas éstas por García Gómez); con tan variados elementos el autor supo dar un sello personal a su extenso poema que, aunque adolece en algunos momentos de la vivacidad narrativa del Apolonio, sin embargo, lo supera en habilidad descriptiva, en colorido y minuciosidad de detalles, como en la brillante descripción de la tienda de Alexandre con la alegoría de los meses y las estaciones, las maravillas de Babilonia y los fantásticos palacios de Poro.El texto, que acusa influencias estilísticas de Berceo, abunda en anacronismos en su interpretación de la Antigüedad, pero "sería vano tratar de encontrar una exactitud arqueológica que reflejara la realidad del mundo clásico; el autor ve la época de Alejandro a través de la inmediata presencia de la Edad Media" (J. L. Alborg). Por encima de esto, el autor ha creado con gran acierto en Alexandre al caballero valeroso, esforzado y conocedor del mundo cortés, precursor de los héroes de los libros de caballería. La obra influyó considerablemente en la literatura posterior, sobre todo en el Poema de Fernán González, en el Libro de Buen Amor y en la Crónica de don Pero Niño. El Poema de Fernán González, que Menéndez Pidal sitúa a mediados del s. XIII, se conserva en un manuscrito incompleto del s. XV; el texto, de 752 estrofas con algunas lagunas, contiene arcaísmos propios del leonés, por lo que es posible que fuera escrito por un clérigo de San Pedro de Arlanza, que aprovechó el Epitome Imperatorum como fuente básica, y conjugó con acierto otras fuentes tradicionales, orales y poéticas, en especial un cantar de gesta perdido y la Crónica najerense (ca. 1160); en la línea de proceso de la c. el clérigo de Arlanza recoge las influencias de Berceo y del Alexandre, dando a este último un acentuado tinte eclesiástico.Con esta obra, la c. ha creado el poema épico nacional en el que se engloban distintos reinos con un destino común, la lucha intransigente contra el árabe, sin posible convivencia. El poema, en el que aparecen figuras legendarias aprovechadas por la literatura posterior (v. CHANSONS DE GESTE) del llamado ciclo carolingio (Reinaldos, p. ej.), y que se sirvió de la Crónica najerense para las leyendas más destacadas (prisión del conde en Cirueña por el rey García de Navarra y su libertad por la hermana del rey, previa palabra de matrimonio, o la leyenda del caballo y del azor), fue prosificado en la Crónica General (v. ALFONSO X DE CASTILLA), y su héroe pasó al Romancero (v.) no directamente del poema culto, sino de un cantar de gesta perdido. La Historia Troyana polimétrica, escrita ca. 1270, narra la guerra de la ciudad de Troya, asunto muy tratado y difundido en la Edad Media europea, y parte para la redacción versificada castellana del largo poema francés Roman de Troie de Benoit de Sainte-Muere (ca. 1160).Obras del segundo periodo. A él pertenece la obra culminante del m., el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, arcipreste de Hita (v.). El Poema de Alfonso XI, compuesto hacia la primera mitad del s. XIV, es un intento de renovar este arte literario con una biografía del rey de ajustada fidelidad histórica. Los Proverbios morales de Sem Tob, rabino de Carrión, que introduce en la poesía española el género de las sentencias y consejos, propios de la literatura hebrea; escritos con concisión, los Proverbios fueron dirigidos al rey Pedro el Cruel (1350-69). Las obras clericales de sentido religioso están representadas en el s. XIV por la Vida de San Ildefonso (ca. 1304); compuesta quizá por un clérigo toledano que imita sin mucho éxito a Berceo, es uno de los poemas peor trasmitidos del m. de c.; y dos obras aljamiadas que narran la vida del casto José, el anónimo Poema de Yucuf, aljamiado árabe, cuyo autor, que escribe para musulmanes, y es, sin duda, un morisco aragonés por los dialectalismos de su lengua, no sigue la versión de la Biblia, sino la del Corán, con adición de otros elementos legendarios difundidos en el mundo islámico; y las Coplas de Yocef, poema aljamiado hebreo de la primera mitad del s. XIV. Estas dos obras, de escasa calidad poética, demuestran la extensión del arte clerical a la literatura aljamiada (v.), y testimonian uno de los caracteres propios del m. español, el influjo recibido por la cultura judía y árabe.El Libro de miseria de omne, posiblemente de finales del s. XIV, está basado en la versión libre del tratado De contemptu mundi de Inocencio III (v.).; el autor anónimo insiste en la apreciación negativa de la vida del hombre, al trazar un cuadro sombrío de la condición humana apoyándose en pasajes bíblicos, y acercando el texto a la mentalidad de sus lectores. El m. de c. se cierra con el Rimado de Palacio, obra de marcada intención moralizadora del canciller Pero López de Ayala (v.). Se pueden incluir en esta relación de obras clericales dos obras "en las que el sentido clerical sigue vías de expresión confusas, fluctuando entre la oscilación propia de la juglaría en la métrica y la condición de europeas en el argumento" (López Estrada): el Libre dels tres Reys d’Orient (que M. Alvar titula Libro de la Infancia y Muerte de Jesús), escrito quizá entre 1250 y 1260, y Vida de Santa María Egipciaca, que narra la leyenda de la conversión de la santa que al cruzarse con Jesús cambia de vida; aunque el relato se basa en textos franceses, el empleo de un metro irregular le da apariencias de obra juglaresca. Estas dos obras, conservadas en un mismo manuscrito junto con el Libro de Apolonio, se encuentran en los límites entre juglaría y c.El m. de c. llegó a su término precisamente cuando alcanzó el fin que se proponía: el triunfo del romance como lengua literaria. Cuando el humanismo se enriqueció con la disciplina filológica, y se buscaron fuentes mejores, el arte de c. quedó inútil y desapareció. "La renovación de la poesía se manifestó en una ampliación de las formas de expresión, y el arte clerical quedó desbordado desde dentro. Su estrofa más característica, lacuaderna vía, se olvidó, mientras que el verso octosílabo proseguía su arraigo en la lengua castellana" (López Estrada).P. M. PIÑERO RAMÍREZ
BIBL.: Estudios de conjunto: M. MENÉNDEZ PELAYO, Antología de poetas líricos castellanos, Madrid 1942; R. MENÉNDEZ PIDAL, Poesía juglaresca y juglares, Madrid 1957 (estudia en el cap. XI la relación de ambos mesteres); G. CIROT, Inventaire estimatif du "Mester de clerecía", "Bulletin Hispanique" XLVIII (1946) 193-209; F. LóPEz ESTRADA, Introducción a la literatura medieval española, 3 ed. Madrid 1966 (en el cap. IX estudia "El arte literario clerical"); P. L. BLUMi, El mester de clerecía, Buenos Aires 1967.
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