Mesonero Romanos, Ramón de
Categoria:
Biografía GER
Escritor costumbrista. N. en Madrid el 19 jul. 1803. Su vida, que dejó relatada, se diferencia notablemente de la de casi todos sus colegas de aquel siglo por su estabilidad y su desconexión de los acontecimientos políticos. Hijo de una familia acomodada y patriarcal, de fuerte espíritu cristiano, sólo realizó algunos estudios en dos escuelas privadas, pero compensó su falta de formación universitaria con una gran afición a la lectura. Al morir su padre, en 1820, tuvo que hacerse cargo de su negocio, una especie de gestoría, y poco después publicó anónima su primera obra, Mis ratos perdidos, que al ser hallada años después por el hispanista Foulché-Delbosc le inspiró el curioso desliz de anunciar el descubrimiento de un gran escritor incógnito que había sido imitado y plagiado por M. R. En 1822 comenzó a colaborar en El Indicador y se alistó como voluntario en la Milicia Nacional, con la que hubo de marchar hasta Cádiz ante la proximidad de las tropas francesas mandadas por el duque de Angulema. Restablecido el poder absoluto de Fernando VII y disuelta la Milicia, regresó a Madrid por sus propios medios y sufriendo curiosas peripecias.No tardó en abandonar el trabajo heredado para vivir de las rentas y dedicarse por entero a la literatura, primero efectuando cinco refundiciones de comedias clásicas (1826-28) y luego comenzando sus estudios sobre la capital de España con el Manual de Madrid (1831), cuya licencia de publicación obtuvo después de apelar contra una primera prohibición. Para completar, con el moral, el retrato del aspecto físico de la urbe, empezó a publicar en la rev. "Cartas Españolas", con el seudónimo de El Curioso Parlante, su Panorama matritense, conjunto de cuadros descriptivos de las diversas clases sociales del momento.Después de un viaje por Levante y Francia (1834), se hizo cargo del Diario de Madrid, en cuyas columnas comenzó a exponer sus proyectos de reformas urbanas, y en 1836 fundó el Semanario Pintoresco Español, el cual, bajo la influencia de modelos franceses e ingleses, aspiraba a generalizar la afición a la lectura y a divulgar el conocimiento de las bellezas y de los monumentos del país. Se trataba de una tentativa trascendental en la historia de la prensa española, ya que el propósito era sustituir la preocupación política por la cultural, haciendo partícipe de ella a todos los miembros del hogar, a los que atraerían las abundantes ilustraciones grabadas en madera que por primera vez se usaban profusamente en una publicación de este tipo. El éxito fue extraordinario y mientras M. R. actuó como propietario y director (183642) llegó a contar con 5.000 suscriptores. En una etapa de acusadas disensiones intelectuales consiguió colaboraciones de escritores destacados de todas las facciones y sumó a ellas los artículos de sus Escenas matritenses.Al finalizar la guerra civil, efectuó un largo viaje al extranjero que luego narraría en sus Recuerdos de viaje por Francia y Bélgica 1840-41 (Madrid 1841). Mientras tanto, iba desarrollándose su no menos importante faceta de hombre de acción que por sus excepcionales dotes de independencia y apoliticismo lograba la confianza de todos los sectores. Contertulio del Parnasillo, siempre recordado por el texto en que lo evocó, organizador de bailes de máscaras en el carnaval de 1832 y de una sociedad para propagar y mejorar la educación del pueblo, no tardó en intentar más altos objetivos y acabó siendo pieza clave en la fundación y primeros pasos de tres instituciones tan diversas como fecundas: el Ateneo, el Liceo Artístico y Literario y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.Su preocupación por los problemas de esta villa provocó que en 1846 se le eligiera concejal de su Ayuntamiento, puesto desde el que en poco más de tres años desarrolló una gestión ejemplar. Su Memoria inicial, que muchos consideraron utópica, abarcaba una serie de proyectos (transformación de barrios enteros, mercados, plazas, viaducto, cte.) que pocos años después se habían convertido en realidad y que mostraba, sobre todo, la imagen de un hombre que hacía compatible la máxima veneración por los restos estimables del pasado (él impidió la demolición del convento de las Trinitarias donde fue enterrado Cervantes, hizo colocar lápidas en las casas de las principales figuras del Siglo de Oro, cte.) con los más revolucionarios planes de reformas urbanas. Tan sólo se le ha reprochado que, por su formación neoclásica, permaneciera a veces indiferente cuando la saña destructora se dirigía contra muestras del arte barroco.Académico de la Española desde 1847, en 1849 contrajo matrimonio con una joven de 22 años y a partir de este momento va dejando sus cargos y actividades periodísticas y se consagra a la vida hogareña y a sus tareas literarias. En 1854 publica la nueva versión reformada del Manual de Madrid y El Antiguo Madrid y, en el periodo 1857-61, edita en la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra, varios volúmenes de obras dramáticas del Siglo de Oro. Nombrado cronista de la villa en 1864, recibe el encargo de ir sentando las bases de una futura biblioteca municipal, que empezaría a existir en 1876 cuando el Ayuntamiento adquirió la suya particular por 70.000 reales y le nombró director perpetuo del nuevo establecimiento, del que en pocos meses hizo el primer catálogo. En 1881 se le designó comisario nato del archivo municipal.La última parte de su larga existencia la dedicó a componer las Memorias de un setentón, que fueron apareciendo como artículos en La Ilustración Española y Americana, y que esta misma revista editó luego como libro en 1880. Su condición de actor destacado en muchos de los principales episodios culturales, artísticos y sociales del siglo y sus dotes de narrador, justifican la constante utilización de esta obra por cuantos se interesan por la España del s. XIX. Falleció en Madrid el 30 ab. 1882, y sus familiares recopilaron poco después los trabajos que había dejado inéditos. También la publicación posterior de su epistolario con Pérez Galdós (v.) ha facilitado el conocimiento de materiales valiosos para la apreciación de las mutuas influencias que existieron entre los dos grandes escritores que tuvieron de común su amor por la historia de Madrid.Aclaradas ya las dudas cronológicas, razonables cuando se ignoraba la paternidad de su primer libro, es evidente que M. R. es el iniciador del moderno costumbrismo (v.) español, que trae su origen, por una parte, de una tradicional corriente nacional y, por otra, de modelos franceses muy en boga. Su formación y su temperamento le mantuvieron alejado del romanticismo, cuyos excesos satirizó en artículos muy conocidos, y le hicieron adoptar ante los problemas de su patria una postura distinta a la de Larra (v.), con quien coincidía, sin embargo, en la necesidad de asimilar del exterior todo aquello que resultara conveniente. Realista y práctico, es la encarnación del espíritu de la sociedad burguesa en que se desenvolvió toda su vida, y, sin tener ambiciones tampoco en el terreno literario, se conformó con ser un narrador ameno, claro y sencillo, lo que ha hecho que, con frecuencia, se le utilice como especialmente apto para la lectura por parte de estudiantes extranjeros que comienzan sus estudios de lengua española. En el plano sociológico, facilita un valioso testimonio de la vida de su época.V. t.: HUMORISMO IlJ. SIMÓN DÍAZ
BIBL.: R. DE MESONERO ROMANOS, Obras jocosas y satíricas del "Curioso Parlante", 4 vol. Madrid 1862; íD, Trabajos no coleccionados, 2 vol. Madrid 1903-05; íD, Obras, 8 vol. Madrid 1925-26; íD, Obras, 5 vol. ed. y est. prel. C. SECO SERRANO, Madrid 1967; E. COTARELO Y MORI, Bosquejo biobibliográfico de don Ramón de Mesonero Romanos, Madrid 1925; F. C. SAINZ DE ROBLEs, Ramón de Mesonero Romanos, est. prel. a su ed. de las Escenas Matritenses, Madrid 1945; M. SÁNCHEZ DE PALACIOS, Mesonero Romanos. Estudio y Antología, Madrid 1963; F. RoMERO, Mesonero Romanos, activista del madrileñismo, Madrid 1968
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.