Mesa, Juan de
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Biografía GER
Escultor e imaginero, n. en Córdoba en 1583. Entró de aprendiz en el taller sevillano de Juan Martínez Montañés (v.) en 1606, en el que permaneció durante cuatro años y medio. Trabajó de oficial con este maestro hasta 1615, independizándose después. Se casó en 1613. M. en Sevilla en 1627, siendo sepultado en la iglesia de S. Martín. Toda su labor es de imaginería y la mayor parte de ella con sentido procesional. Trabaja en madera y ésta policromada. La primera obra documentada es de 1615-16 en que ejecuta un S. José con el Niño de la mano para Fuentes de Andalucía (Sevilla), imagen que ya acredita su buena preparación y los caracteres montañesinos. En 1618 concierta una figura de S. Carlos Borromeo para el Hospital de la Paz, en Sevilla. En este mismo año hace la portentosa figura del Crucificado del Amor que se venera en la parroquia del Divino Salvador (Sevilla), tan fuerte y emocionante que puede considerarse como un Laocoonte cristiano y cabeza de una magistral serie de Crucificados, encargados por las cofradías como titulares. En 1619-20 realiza el Crucificado de la Conversión del Buen Ladrón de la cofradía de Montserrat. En el último año citado el de la Buena Muerte, que le encarga la Compañía de Jesús para su casa profesa sevillana y hoy es titular de la Cofradía de los Estudiantes, venerado en la capilla universitaria, escultura muy montañesina, portentosa, pero menos personal que las anteriores, acabada el siguiente año. También en 1620 realiza la maravillosa figura de Jesús Nazareno con la Cruz al Hombro, con título del Gran Poder, de gran devoción y popularidad, así como S. Juan Evangelista, de la misma cofradía, ambas de vestir. El Crucifijo de la catedral madrileña de S. Isidro es obra suya de 1621El siguiente año fue muy fecundo en su magistral producción, ya que durante él produjo su obra más perfecta y personal: el Crucificado de la Agonía, que recibe culto en la parroquia de S. Pedro en Vergara (Guipúzcoa); el de la Misericordia en la iglesia sevillana de S. Isabel, pleno de unción sagrada; las figuras de los S. Ignacio de Loyola y Francisco Javier para los jesuitas de El Puerto de Santa María (Cádiz); y el Jesús Nazareno de la Rambla (Córdoba), tan semejante al Gran Poder. Al año siguiente realizó el Crucificado de la Misericordia de la colegiata de Osuna (Sevilla) y contrató las bellísimas esculturas de la Virgen de las Cuevas y S. Juan Bautista, admiradas en el Museo de Bellas Artes, que entregó en 1624. Dos años más tarde nos legó el magnífico S. Ramón Nonnato, que también enjoya el citado museo. En 1627 otorgaba testamento y, entre sus cláusulas, manifiesta que tenía casi terminada la Virgen de las Angustias, con Jesús en sus faldas, venerada hoy en la iglesia cordobesa de S. Pablo, obra admirable de técnica y expresión
Es lógico que un artista tan importante y fecundo en su corta vida produjera más obras de las referidas por la documentación notarial. Tienen su estilo el Cristo yacente y la Virgen del Valle, titulares de dos cofradías sevillanas; las figuras de vestir de los santos jesuitas Pablo Miki, Diego Kisai y Juan de Foto (ca. 1627?), del museo sevillano; la singular y bellísima Cabeza degollada del Bautista, expuesta en la catedral (1625?); el delicado Niño Jesús de la Escuela Superior de Bellas Artes de S. Isabel de Hungría (1625?); los Crucificados de Las Cabezas de San Juan (Sevilla) hacia 1622 y el sevillano del Buen Fin; la Virgen (1624?) y el S. José del Convento de las Teresas, en Sevilla; y con menos probabilidades, pero siempre dentro de su círculo artístico, las figuras de S. Juan Bautista y S. Antonio, existentes respectivamente en el convento de S. María la Real y parroquial de S. Vicente, ambas en Sevilla; el S. José con Jesús en brazos (Guadalcanal, Sevilla) y Jesús Niño de Chamartín (Madrid)
Este imaginero, cuya personalidad ha sido valorada en estos últimos decenios por la investigación y la crítica, ocupa hoy lugar eminente en la escultura hispánica del Siglo de Oro, junto a Alonso Cano (v.), Francisco de Ocampo, Juan de Romeral y otros. Su tarea deriva directamente de la montañesina, aceptando fórmulas artísticas e iconográficas del llamado "dios de la madera", aunque prontamente emprende el despegue en busca de su propia personalidad, que halla con singulares perfiles. Presenta un naturalismo más acusado; intenso claroscuro; fuerza del dibujo y modelado; veraz anatomía, arrancada directamente del natural; y aguda unción religiosa, que. manifiesta el dolor de Cristo y de su Madre en los temas pasionistas. Crea un tipo de Crucificado inconfundible, cuya interpretación más personal y perfecta es el que se venera en Vergara (Guipúzcoa), y una versión de la Dolorosa, cuyo ejemplar es el de la Virgen cordobesa de las Angustias. En otros temas aflora la vida interior, cual en recursos expresivos de origen donatelliano; así se advierte en el magnífico Bautista del Museo sevillano. En él se da, pues, el tránsito del clasicismo montañesino a la interpretación barroca. Con justicia ha sido llamado "el imaginero del dolor"
J. HERNÁNDEZ DÍAZ
BIBL.: J. BERMEJO CARBALLO, Glorias religiosas de Sevilla, Sevilla 1882; J. GESTOso, Diccionario de artífices, 1, Sevilla 1899; J. HERNÁNDEZ DíAZ, Comentarios en torno a la figura del escultor luan de Mesa, 1583-1627, Sevilla 1933; ID, luan de Mesa, escultor, "Bol. de la R. A. Sevillana de Buenas Letras" (1941); ID, La Universidad Hispalense y sus obras de arte, Sevilla 1942; ID, Guía del museo de Bellas Artes de Sevilla, Sevilla 1967; ID, Estudios de iconografía sagrada, "Anales de la Univ. Hispalense"MESA ORIENTAL - MESALIANOS(1967); íD, Martínez Montañés y la escultura andaluza de su tiempo. Catálogo de la exposición celebrada en el Casón del Buen Retiro, Madrid 1969; M. E. GómEz MORENO, Escultura del siglo XVII, en Ars XVI, 1963; C. LópFz MARTíNEZ, Elogio del escultor Juan de Mesa y Velasco, Sevilla 1939; H. SANCHO CORBACHO, Imágenes de Jesús Nazareno y S. Juan Evangelista, de la cofradía del Gran Poder, "Rev. universitaria" (1930); 1. DELGADO ROIG, Los signos de la muerte en los Crucificados de Sevilla, Sevilla 1941
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