Merovingios II. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Se denomina arte merovingio el realizado en Francia mientras reinó la dinastía del mismo nombre, también llamada de los francos, y las en general consanguíneas que mantuvieron autoridad más o menos efectiva sobre Aquitania, Borgoña, Austrasia y BretañaComo era de esperar en una sociedad semiorganizada como la franca, las construcciones de orden civil casi se limitaban a las granjas, o palacios-granjas, vastas superficies muradas, que comprendían anchos patios, un aula regís y parece que una torre, quizá de oficio militar, todo ello realizado con vigas de madera. Era éste el tipo palacial improvisable sin dificultad por los pueblos invasores y nórdicos de cuyo advenimiento había resultado la dinastía. Que sus monarcas aprovechasen construcciones romanas más sólidas y suntuosas nos es atestiguado por más de una noticia. En todo caso, naturalmente, nada ha persistido de estas construcciones de madera, ya se tratase de granjas áulicas o de templos del mismo material. Pero, por fortuna, se conservan unos muy contados edificios religiosos, en general de carácter menor y accesorio, ya que en el s. XIX fue lamentablemente derribada la iglesia de Saint Généreux, en Deux Sévres, que parecía el templo más importante del grupo. A falta de ella, tan sólo conocida por un dibujo de Deveria, los monumentos que nos importan son los siguientes: el baptisterio de San Juan, en Poitiers; el de Riez; y las criptas de San Lorenzo de Grenoble, de Flavigny y de louarre, que consta de dos naves separadas por dos filas de tres columnas
Mucho más interesante es, en el s. VII, el baptisterio de San Juan, de Poitiers, en bastante buen estado de conservación. Su planta, muy sencilla, se organiza mediante un ábside central, acudado al exterior, y dos brazos como de crucero, quedando la piscina bautismal en la confluencia de los dos ejes. Los arcos con oficio constructivo en el interior son unos de medio punto y otros levemente peraltados, y la gran novedad es la aparición de capiteles tallados expresamente, y que con los de Grenoble bastan para dar idea de las buenas intenciones de la escultura merovingia. Aún más importancia tiene el uso de un elemento decorativo, el vano triangular, que debió emplearse abundantemente en la época, ya que también se advierte en los testimonios gráficos que se conservan en Saint Généreux y en los restos merovingios de un monumento menor, la iglesia de Cravant, donde se combinan con denticulados y paños romboidales, todo esto de considerable modestia conceptiva
Otro monumento notable es el baptisterio de Riez, de planta cuadrada, en la que se centran ocho columnas encapiteladas sosteniendo otros tantos arcos, sobre los que monta una cúpula de arcos cruzados por el centro. Aun dando por descontado que esta cúpula sea aditamento muy posterior, pudiérase creer que del s. X y verosímilmente de ascendencia española, el talante de la construcción no deja de recordar precedentes bizantinos, sobre todo ravenáticos, y supone el mayor alarde constructivo de la arquitectura merovingia. Otro monumento del s. VII, la cripta de San Lorenzo, en Grenoble, es interesante por atreverse a superponer dos pisos de columnas y por arrostrar mayores problemas de abovedamiento, pero sobre todo, por ofrecer, como en Poitiers, muy curiosos capiteles florales de tradición clásica, pero con figurillas animales en los ábacos. El último monumento merovingio, del s. VIII, es la cripta de Flavigny, mucho más tosca y ruda que las obras anteriores, pero, en todo caso, pugnando por hallar soluciones originales. Todo lo comentado no debe reputarse sino como residuo ocasional y excepcionalmente conservado de lo mucho que debió ser construido. Pero no conociendo, p. ej., ni el palacio de Attigny, cerca de Rethel, mandado edificar en el 647 por Clodoveo 11, ni la iglesia cruciforme de Clermont-Ferrand, ni otros muchos edificios hiperbólicamente alabados por el mismo tiempo, es inútil pretender formarse mejor idea de la arquitectura merovingia que la dada
El arte de los metales fue pujante, de acuerdo con el gusto común a todos los pueblos de las invasiones bárbaras. En el Museo de Louvre se conservan unas curiosas máscaras de plata repujada, de expresión muy hierática, que se consideran merovingias. Si es así, es innegable en su factura la supervivencia de modales técnicos y estilísticos procedentes del arte autónomo galo-romano, que por este tiempo prevalecía por más de un concepto. Ahora bien, son únicas y de difícil data. Por el contrario, quedan bien fechadas las espadas merovingias, y éstas constituyen un apartado interesante. La de Childerico (458481) o que se considera como tal, en el Louvre, es obra original y hermosa, de oro en la empuñadura y en la guarnición de la vaina, finamente decorado dicho metalcon incrustaciones de granates, e idéntica es la ornamentación de otras espadas, alguna casi idéntica a la comentada, que se conservan en el Museo de Saint-Germain-enLaye. No puede parecernos extraña esta riqueza en la labra de los metales preciosos si recordamos la leyenda de S. Eloy, orfebre de profesión y muy privado del rey Dagoberto 1 (628-638). La leyenda, preciosa por referirse a un santo artista, asegura que éste aprendió su oficio en Limoges -aunque es posible que el dato fuera añadido posteriormente, cuando cobró auge la especialidad de este centro- y que fabricó un trono áureo para el rey. Es imposible confirmar lo que haya de cierto en estas noticias, pero no cabe duda del predicamento que alcanzó la orfebrería en los s. VI y VII
Se evidencia cierta unicidad de técnica con lo visigodo, y la arqueta de S. Mauricio (660), en el Valais, constelada de filigrana y cabujones, podía muy bien pasar por obra hispana. No así el cáliz de Chelles, monótono y nada airoso. Pero donde es perfecta la identidad entre el arte visigodo, el merovingio y el de otros pueblos europeos más orientales es en el trabajo de líbulas y hebillas de cinturón, que los cementerios franceses de los s. VI y VII han proporcionado en generosas cantidades. Las fíbulas empleadas para abrocharse la túnica son de los tipos acostumbrados: las de remate circular o radial y las ornitológicas. Normalmente, de entre éstas, las aquiliformes son mucho menos ricas y más pequeñas que las visigodas, pero, en cambio, ofrecen mayor variedad en sus imágenes de aves vistas de perfil, lo que significa más fidelidad a los modelos originales nórdicos. Por el contrario, las hebillas de cinturón son casi intercambiables con las mejores visigodas halladas en Daganzo, Herrera del Pisuerga, etc., abundando en el mismo tipo, el de una chapa rectangular, por lo común adornada con nielados, o una gran hebilla ovalada. Otros broches de tipo circular son más característicamente merovingios
En cuanto a otras artes, es difícil conceder crédito a las referencias a revestimientos de mosaicos de cerámica y vidrio en las iglesias, ya que no nos ha llegado ningún fragmento, tampoco de pinturas murales. Se conservan miniaturas librarias en el Sacramentario de Gellone y en el de Gelasio, del s. VII (Bibl. Nacional de París y Vaticana), en el Paulo Orosio de la Bibl. de Laon, etc. En general, se trata de ornamentaciones coloreadas, casi siempre procurando eludir figuras animadas
J. A. GAYA NUÑO
BIBL.: E. SALIN, La civilisation mérovigienne, París 1950; J. HUBERT, Les origines de l’Art Frawais. L’Art en Gaule du IV’ au IX, siécle, París 1947; E. MÁLE, La fin du paganisme en Gaule et les plus anciennes basiliques chrétiennes, París 1950; M. REYMOND-CH. GIRAUD, La chapelle Saint Laurent á Grenoble, "Bulletin Archéologique", 1893, Y. CHRIST, L’Abaye Notre-Dame de Jouarre, París 1955
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