Merovingios I. Historia. HIST.
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Historia
Dinastía franca que reinó en la Galia desde el final del s. v hasta la mitad del s. viii, y que toma su nombre de Meroveo, supuesto antepasado de Clodoveo (v.)Historia política. La verdadera historia de los M. comienza de hecho con Childerico, que aparece hacia el 457 como jefe de un cuerpo de auxiliares francos del ejército romano en lucha contra los visigodos, en la región del Loira. Los hallazgos realizados en su tumba, en Tournai, permiten ver en él un reyezuelo local que ejercía su autoridad sobre una tribu de salios. Pero fue su hijo Clodoveo, rey en el 481 ó 482, quien aseguró el futuro de la dinastía. A la muerte de éste, en el 511, la mayoría de ta Galia estaba bajo la dominación de los francos (v.); sólo faltaban el reino burgundio (sobre el Saona y el Rin medio), la Provenza conquistada por Teodorico, la Septimania visigoda y la Bretaña céltica. Además, el bautismo de Clodoveo había asegurado a la monarquía la alianza de la Iglesia católica, principal fuerza política de aquel tiempo
La conquista franca continuó bajo los hijos de Clodoveo que se dividieron el reino a la muerte de su padre: Thierry (o Teodorico), rey de Reims, reinó sobre el nordeste de la Galia; Clodomiro, rey de Orléans, sobre el valle del Loira y Aquitania; Childeberto, rey de París, sobre el valle del Sena y Normandía; y Clotario, rey de Soissons, sobre las antiguas posesiones francas del norte de la Galia y de Bélgica. Llevaron a cabo varias alianzas y lucharon juntos. En el 532, Childeberto y Clodomiro atacaron el reino burgundio, vencieron al rey Segismundo y le arrojaron a un pozo junto con su mujer e hijos. Al año siguiente, el rey burgundio Gondebaud atacó y mató a Clodomiro; a continuación de este crimen, Childeberto y Clotario asesinaron a los hijos de Clodomiro y se dividieron sus posesiones. Pero el reino burgundio había sobrevivido. Al mismo tiempo, en el 537,los ostrogodos (v.) fueron expulsados de la Provenza. Pero el acontecimiento más importante fue la conquista de Germania (v.), realizada sobre todo por los reyes de Reims (y de Metz) Thierry y su hijo Teodoberto. Una vez vencidos por Clodoveo, los alamanes (v.) fueron aplastados militarmente y reducidos a la impotencia, mientras que el reino de los turingios (v. TuuuNGIA) era anexionado por los francos. Clotario I, que quedó como único rey en el 558, después de la muerte de sus hermanos y sobrinos, finalizó la conquista al someter a los bávaros; incluso llegó a la llanura de Panonia. Con excepción de las regiones del Noroeste (Sajonia y Frisia), toda Germania había caído en manos de los francos. Esta conquista de Germania constituye un hecho capital en la historia europea. Habiendo permanecido hasta entonces en un estado tribal, Germania se integra por primera vez en un vasto conjunto político, el de la monarquía franca. De ahora en adelante, vivirá en simbiosis con el resto de Europa
Si durante el reinado de Clotario (único rey del 558 al 561) el poderío franco alcanza algún apogeo, éste es de corta duración. A la muerte de Clotario, la Galia se divide entre sus cuatro hijos: Sigeberto I, Cariberto I, Gontrán y Chilperico I. Desde entonces el estado de división se convierte en norma, y, durante dos siglos, desde la muerte de Clotario a la caída de la dinastía, la Galia no conoce más que 10 años de unidad, en la época del "buen rey" Dagoberto I, entre el 629 y el 639. Estas divisiones sucesorias dan lugar a una nueva geografía política del país. Poco a poco se definen cuatro grupos territoriales: en el Nordeste, Austrasia (v.), rodeada de los valles del Mosa y del Rin y extendida ampliamente en Germania; en el Sudeste, Borgoña (v.), herencia del antiguo reino burgundio convertido en franco: en el Noroeste, Neustria (v.), cuyo nombre significa reino del Oeste; en el Sudoeste, Aquitania (v.) que, aunque sometida a los francos, no está totalmente asimilada, y donde los vascos o gascones ocupan vastos territorios al S del Garona (Gascuña)
Los dos reinos más poderosos de todos éstos, Neustria y Austrasia, se disputaron la hegemonía, lo que dio lugar a incesantes guerras, sangrientas y fratricidas, como la que enfrentó desde el 575 al 613 a Brunequilda de Neustria con Fredegunda de Austrasia, y luego con el hijo de ésta, Clotario II. Hubo un momento de calma con Dagoberto I (629-639). Este soberano, contrariamente a la tradición franca, eliminó a su hermano menor de la herencia paterna y restableció la unidad real de la Galia. Se acercó a sus gentes y tomó medidas severas contra los grandes que habían usurpado tierras reales. Sostuvo una incesante actitud defensiva en las fronteras. Rodeado de consejeros competentes, tales como S. Ouen, obispo de Rouen, y el orfebre S. Eloy, obispo de Noyon, adquirió fama por su sabiduría, a pesar de su disoluta vida privada y de su capacidad poco común. Pero Dagoberto no pudo más que retardar la decadencia merovingia. Sus hijos tenían solamente nueve y cinco años cuando murió. La mayoría de sus descendientes fueron niños o adolescentes, física y moralmente degenerados. Los últimos reyes M. estuvieron totalmente prisioneros de su aristocracia y privados por ésta de todo poder y riqueza. Responden a la clásica imagen de los "reyes holgazanes" que, según el historiador Eginardo, no poseían más que un solo dominio y de muy escasa renta, con una casa y algunos servidores, y que para desplazarse "se subían en un carro de bueyes, que un vaquero conducía a la moda campesina". La autoridad se centra entonces en manos de los mayordomos de palacio, jefes de la aristocracia, que dirigen toda la administración. En el s. VII, una familia de mayordomos del palacio de Austrasia se impuso poco a poco; a mediados del s. VIII, eliminó a los últimos M. y se atribuyó, con Pipino, el título real, fundando de este modo una nueva dinastía, la de los Carolingios (v.)
Instituciones y vida social. Originariamente, en la sociedad franca primitiva, el rey no es más que un jefe de guerra, que extiende su autoridad sobre una o varias tribus. Es elegido, en teoría por todos los guerreros libres, de hecho por sus compañeros de armas solamente, los leudes. Este carácter electivo de la realeza, que se mantiene, por ej., en la España visigoda, desaparece muy pronto en la Galia. Clodoveo fue un rey elegido, pero a partir de su muerte el trono se hizo hereditario. El poder del rey derivaba de la noción de ban (derecho de mandar, juzgar, castigar). Se trata de un poder absoluto; los únicos límites a la voluntad del soberano son el propio temor a perjudicarse o el miedo a ser asesinado por sus súbditos. Las rentas del rey son también ilimitadas. Mientras que los otros pueblos germánicos se instalan en tierras del Imperio, en virtud de tratados establecidos con Roma, el rey franco basa su reino en el derecho de conquista;él es propietario de su reino, y toda distinción del soberano entre dominio público y dominio privado desaparece. De este modo, el reino, propiedad de la familia del monarca, se divide después de su fallecimiento. El rey trata de sacar de este bien privado los máximos provechos posibles, y la administración del reino no es más que su imposición de unas privaciones. No es exagerado decir que la política económica de los reyes M. fue de rapiña. Ésta se manifiesta esencialmente en el establecimiento de innumerables peajes en los caminos, puentes, ríos, etc., o en el pillaje puro y simple con ocasión de expediciones guerreras
La aristocracia es cómplice y auxiliar del rey en la explotación sistemática del reino. La nobleza merovingia tiene un doble origen; comprende, por un lado, un grupo escogido de guerreros francos, compañeros de armas del rey (leudes); por otro, los supervivientes de la antigua aristocracia galo-romana que se apresuraron a colaborar con los nuevos señores; pero, de hecho, los dos grupos se fundieron pronto en uno solo. A la cabeza de esta aristocracia destaca la casta de los antrustiones, hombres de confianza del rey que le prestan un juramento de fidelidad personal y en contrapartida reciben su protección (o maimbour)
La nobleza dirige toda la administración, por lo demás muy reducida. La administración central estará en el s. vii a cargo de los mayordomos de palacio que, teniendo vara alta sobre los recursos reales, cada vez serán más importantes. La administración local se confiaba a los condes (v. CONDADO), que gozaban de una autoridad casi ilimitada en sus circunscripciones. Pero la fidelidad de esta aristocracia fue función de la liberalidad de los reyes, lo cual condujo a una rápida y completa ruina de la monarquía. Se conocen muy poco las capas inferiores de esta sociedad. Los esclavos parecen ser que todavía eran muy numerosos. Las causas de su reclutamiento estaban muy lejos de extinguirse. Se podía ser esclavo por consentimiento voluntario (cuando se era demasiado pobre, para asegurarse su propia subsistencia) o como consecuencia de una condena judicial. Las dos maneras principales de reclutamiento eran la guerra (en el 530, a la vuelta de una expedición a España, Childeberto I llevó a la Galia "grandes cantidades de esclavos, hombres y mujeres, atados de dos en dos como perros") y la trata de esclavos que proveía a ciertos lugares de comercio especializados en este negocio, como Verdún. Los hombres libres de inferior condición eran los colonos, en general antiguos pequeños propietarios reducidos a semiservidumbre. Los colonos no podían ser vendidos ni estar ligados, pero estaban ligados hereditariamente a las presuras (v.), que les confiaban los grandes propietarios
La sociedad merovingia estaba muy jerarquizada. Un abismo separaba las diferentes clases. Y una minoría de parásitos vivía de la explotación de una masa de miserables que subsistían en condiciones de vida aterradoras
Civilización. El declive de la vida urbana, que comienza en el s. iii, alcanza su punto más crítico en la época merovingia. Este fenómeno es relativamente menor en la Galia meridional, donde Burdeos y Marsella conservan una superficie de alrededor de 30 Ha., pero es más acusado en las regiones del Norte, que habían sido menos urbanizadas en la época romana; así, Soissons abarca un cuadrilátero fortificado de 400 por 300 m. París no es más que una aldea limitada por la isla de la Cité; el monasterio de Saint-Germain-des-Prés, fundado por Childeberto I, estaba construido, como indica su nombre, en pleno campo. La ciudad no subsiste más que por sus funciones militar (es ante todo un castrum fortificado) y religiosa (el obispo, defensor civitatis, es el primer personaje de la ciudad). La situación del campo no es mejor tampoco. La regla es la del gran dominio (villa) explotado en general por una mano de obra servil. Los rendimientos de los cereales son escasos e incluso irrisorios (del orden del 1,5 a 2,5 por 1, a veces menos). Las técnicas agrícolas, muy precarias (los instrumentos de labor son de madera, el metal está reservado para la fabricación de armas), no permiten cultivar más que una pequeña parte del territorio. El paisaje permanece como en la época celta; el bosque y los territorios habitados se limitan, la mayoría de las veces, a sitios aislados
Las condiciones de vida, extremadamente rudimentarias, se agravan por las calamidades que se abaten sobre los hombres de esta época. Las guerras prácticamente incesantes (entre reinos, entre poderes locales, entre ciudades, entre familias) arrasan el país; según el testimonio de Gregorio de Tours, Turena sufre los efectos de razzias diez veces entre el 573 y el 590. El hambre es endémica; el estudio de los esqueletos encontrados en los cementerios merovingios revela numerosos síntomas de raquitismo, debidos a una subalimentación crónica, y una mortalidad infantil muy grande. Las epidemias se abaten sobre las gentes; la peste del s. vi causó tantos estragos en Occidente como la famosa peste negra (v.) del s. XIV
Creencias e ideología. En estas condiciones, el rasgo más característico de los hombres de este tiempo es su pesimismo; los escritores de entonces deploraban la barbarie de un mundo encaminado según ellos a un fin próximo. La religión se centraba en el terror; al temor de Dios (el Dios de la cólera, el Dios vengador) se añadía el temor al diablo omnipresente, lo cual se traducía en manifestaciones mórbidas, como la posesión (v. POSESOS). La brutalidad de las costumbres era algo general, ácentuada sobre todo en la familia real. La historia de la dinastía M. es un conjunto de horrores, "un espectáculo de fieras", según palabras de A. Thierry. Pero el uso de la violencia está igualmente atestiguado en todos los grados de la sociedad e incluso codificado por la ley sálica, que autorizaba las venganzas privadas. A pesar de la conversión de Clodoveo, el paganismo conservó numerosos adeptos. El paganismo germánico importado por las invasiones o viejo paganismo autóctono resurgió a causa de los problemas y de la desorganización general del país. Los descubrimientos realizados en las sepulturas atestiguan el carácter casi general de ciertas prácticas paganas, tales como el empleo de amuletos, talismanes, etc. El cristianismo, contaminado a menudo por las creencias que intentaba combatir, seguía siendo una religión urbana; se difundía lentamente en el campo a través de parroquias rurales o de monasterios -de origen sobre todo irlandés (v. COLUMBANO, SAN)- que se fundaban en los "desiertos". El culto resaltaba sobre todo por la devoción a los santos y el apego, de carácter casi mágico, a sus reliquias. La unión entre lo espiritual y lo temporal era total; el rey o su mayordomo de palacio nombraban los cargos episcopales
Vida intelectual. Aunque a comienzos del s. VI el espíritu de las letras latinas sobrevive en los escritos de S. Avito, obispo de Vienne, o de S. Cesáreo (v.), obispo de Arlés, se constata un empobrecimiento constante de la cultura literaria, ligado a tina profunda decadencia de todas las formas de enseñanza. Entre los historiadores, solamente Gregorio de Tours (v.) merece mención. Su relato del reinado de Clodoveo es discutible para la crítica moderna, pero constituye una narración brillante y bieninformada de los acontecimientos de su época. La poesía está esencialmente representada por Venancio Fortunato, cuya obra, a pesar de su carácter artificial, es, sin embargo, muy superior a la de sus contemporáneos
PIERRE BONNASSIE
BIBL.: A. THIERRY, Récits des temps mérovingiens, París 1967; F. DE COULANGES, La monarchie tranque, en Histoire des institutions politiques de 1’ancienne France, 111, 2 ed. París 1905; M. PROu, La Gaule mérovingienne, París 1897; F. LOT, C. PFISTER y F. L. GANSHOF, Les destinées de 1’Empire en Occident de 395 á 888, en Histoire Générale: Histoire du Moyen Áge, dir. G. GLOTZ, 1, 2 ed. París 1940; E. SALIN, La civilisation mérovingienne, d’aprés les sépultures, les textes et le laboratoire, París 1950-59; C. LELONG, La vie quotidienne en Gaule á 1’époque mérovingienne, París 1963; L. MUSSET, Les invasions. Les vagues germaniques, París 1965; G. FoURNIER, Les Mérovingiens, París 1966
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