Mendizábal, Juan Álvarez
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Biografía GER
Político y financiero español; n. en Cádiz el 25 feb. 1790, y m. en Madrid en noviembre de 1853. Su verdadero nombre era Juan Álvarez Méndez, que él transformó en Mendizábal. Descendiente de judíos, sus padres fueron ropavejeros. Desde joven, entró en el mundo del comercio y las finanzas en el que demostró grandes dotes y aciertos tanto como empleado de banca como, posteriormente, en la administración militar durante la guerra de la Independencia (v.). Ambos cometidos desarrollaron sus cualidades y conocimientos haciéndole, en plena juventud, un excepcional conocedor de los problemas hacendísticos. Miembro masónico del Taller Sublime gaditano y activo liberal, ayudó al éxito y preparación del pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan (1820). Durante el trienio constitucional colaboró con el Gobierno, pero no aceptó ningún cargo oficialA consecuencia de la recuperación por Fernando VII (v.) de la plena soberanía en 1823, se vio obligado a emigrar a Inglaterra, donde hizo fortuna y estableció una importante casa comercial en Londres. Dada su buena posición y conocimientos del entorno económico, el Emperador de Brasil, Pedro I, le encargó la negociación de créditos para restablecer en el trono portugués a María II, misión que M. realizó con total éxito, lo que llevó a la reina a nombrarle primer ministro. Todo esto hizo que en España, donde mantenía contactos, aumentase su prestigio como hacendista, hasta el punto de que el conde de Toreno lo nombró ministro de Hacienda (1835), no obstante sus negativas. Se veía en M. al hombre capaz de salvar al país del caos hacendístico y revitalizar económicamente al ejército, enfrentado con los carlistas (v.), que estaban consiguiendo grandes triunfos, merced al genio militar de Zumalacárregui (v.) que, con su táctica de frentes definidos y objetivos limitados, dominaba a las tropas isabelinas
Una vez en el poder, en el que sustituyó interinamente a Toreno (15 sept. 1835-15 mayo 1836), M. realizó inmediatamente una serie de medidas, tajantes y revolucionarias para conseguir anular el déficit presupuestario y la catastrófica situación de la Deuda pública. Consistieron éstas, en lo esencial, en la desamortización (v.) y consiguiente puesta en el mercado de los bienes donados y vinculados a las órdenes religiosas, mediante tres decretos en 183536 por los que suprimía las órdenes religiosas, excepto las dedicadas a beneficencia y a formación de misioneros para Filipinas, declaraba sus bienes propiedad estatal y, finalmente, sacaba dichos bienes a pública subasta. También declaró de propiedad estatal algunos bienes del clero secular. En cuanto a la desamortización de los bienes no biliarios y de los mayorazgos, M. lo único que hizo fue restaurar decretos de desvinculación, facultando a sus propietarios la venta o enajenación en las condiciones y momento que desearan, pero no quedaban obligados a nada; en cambio, tocado de prejuicios anticlericales, empleó la violencia para la desamortización eclesiástica
Estas medidas, junto a otras encaminadas al mismo fin y sus conocimientos y contactos hacendísticos, pretendían paliar la crisis financiera del gobierno y movilizar la llamada "quinta de Mendizábal", que en parte, y coincidiendo además con la muerte de Zumalacárregui ante Bilbao, posibilitó un cierto afianzamiento del régimen liberal, aunque no evitó las expediciones carlistas. Como, no obstante, todo esto no fue suficiente, se vio obligado ante los numerosos gastos, agravados por la guerra, a recurrir a un empréstito de 120 millones de reales y a un anticipo forzoso de 200. Como ni aun así pudo salvarse el grave problema financiero del país, propuso nuevas medidas, contenidas en la Memoria que se publicó en 1837, año en que dejó el Ministerio de Hacienda (que había aceptado del Gobierno de Calatrava) después de graves enfrentamientos y disensiones. A pesar de todo, siguió interviniendo en política y volvió a ser nombrado ministro de Hacienda, aunque por poco tiempo, en 1843. Emigrado al subir al poder el Gobierno moderado del general Narváez (1844), regresó a España en 1847 para continuar su actuación política hasta que murió seis años después
La obra de M. contribuyó a la trasformación de la propiedad de la tierra en España. La desamortización eclesiástica fue la más espectacular, por razón del sujeto del despojo, la Iglesia, y por la forma injusta en que se llevó a cabo; pero la cuantía de la desamortización señorial y comunal era más considerable, si bien, por el modo distinto en que se hizo, los movimientos importantes de tierras no comenzaron hasta la segunda mitad del siglo. El efecto inmediato de la desamortización fue más bien la dilapidación del patrimonio y dotaciones eclesiásticas, enriqueciendo a unas pocas familias. Consiguió así que la burguesía, principal compradora de dichos bienes, defendiera la causa liberal y, en consecuencia, a Isabel II (v.) en el trono
V. t.: DESAMORTIZACIÓNJ. E. DE LA PEÑA GUTIÉRREZ
BIBL.: R. CARR, España 1808-1939, Barcelona 1969; A. LAZO DíAz, La desamortización de las tierras de la Iglesia en la provincia de Sevilla (1835-45), Sevilla 1970; R. GóMEz CHAPARRo, La desamortización civil en Navarra, Pamplona 1967
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