Medicina Social MEDICINA
Categoria:
Medicina
Aspectos clínicos. La M. s. es una especialidad de la Clínica médica. Está definida por su orientación al estudio de los fenómenos sociales implícitos en la enfermedad, con atención a la repercusión colectiva de ésta y a la que la misma colectividad ejerce sobre el hombre. Atiende, por tanto, al estudio de la enfermedad, individualmente, en tanto en cuanto ésta tiene una problemática repercusión sobre la colectividad y esta última, o dicho de otra forma, la Sociedad, la tiene sobre la génesis y el curso de la enfermedad.La M. s. acoge, sin modificarla, la totalidad de la proyección conceptual de la acción médica, en todo su significado y con sus múltiples implicaciones sociales, y lo hace desde su origen en un plano individual hasta sus más remotas repercusiones en el plano social. Por ello la acción clínica, que consideraba al individuo en aislada abstracción, se completa conceptuándolo también como ligado al medio, según un proceso de integración continua y progresiva. La trascendencia social que la enfermedad ha tenido siempre, determinante de que el quehacer del médico también haya sido habitualmente social, está esencialmente acusada en la actualidad ante estructuras sociales y órdenes económicos nuevos, que exigen de la M. la atención de los fines que determina el orden social.Paralelamente a la ampliación y perfeccionamiento de los medios técnicos, diagnósticos y terapéuticos, puestos a disposición del clínico, han aumentado, a consecuencia por una parte del más amplio alcance de la función médica -determinado por el desarrollo de la M. preventiva (v.)- y de otra por los cambios operados en un orden social, las obligaciones y responsabilidades del médico. Este necesita saber por qué, en qué medida y de qué forma ha de colaborar en una acción sanitaria y social colectiva, y la formación que recibe, sobre todo en la Universidad, ha de situarle en condiciones de asumir esta nueva responsabilidad.El concepto de M. s., que en Alemania parece surgir en directa derivación de los regímenes de Seguros sociales y que en los países anglosajones fue identificado con la llamada Sociología médica, se nos presenta en la actualidad como una etapa en la evolución de la Clínica médica. El diagnóstico social complementa el diagnóstico clínico; el tratamiento social ayuda en manera muy directa al estricto tratamiento médico; la higiene social consolida y robustece a la higiene individual y pública. A su través, el médico comprende mejor la mayor amplitud de las funciones que debe asumir en la actualidad, dándose cuenta de que sus inquietudes médicas individuales tienen también un alcance e intencionalidad colectivos.La M. s. completa la actuación médica individual con nuevas proyecciones que multiplican su eficacia y el grado de penetración social de la misma, aplicando una preceptiva general adaptada a las condiciones especiales de cada lugar. En su contenido, en su práctica y en el alcance de su enseñanza ofrece unas peculiaridades nacionales, muy relacionadas con el orden sanitario, social y económico de cada país, con su estructura social y política, con su historia y tradiciones y con la mayor o menor importancia de las enfermedades que caracterizan lo que podríamos llamar la Patología social de cada país, modificando, aunque no sustancialmente, la importancia y naturaleza de sus problemas médico-sociales.El acto médico es acto médico social; es individual, el enfermo es uno, pero esa unidad está situada en un medio colectivo que no puede dejar de ser considerado. Por ello en la formación del médico, se tiene en cuenta, cada vez más, la necesidad de colocarle en situación de que pueda valorar junto a las influencias del medio físico las del medio social, completando su sentido clínico con un preciso sentido ecológico que le permita el análisis de la interrelación del hombre y del medio, con sus elementos de orden físico, biológico y social, y entre estos últimos el análisis de los factores económicos, psicológicos, educativos, profesionales y sanitarios.Lo que la Sociedad pide hoy a la M. no puede quedar reducido al ámbito estricto de la relación médico-enfermo. Esta, sin perder su estructura, ha de ser completada por deberes colectivos para con la Sociedad, que recaen sobre el profesional de la M. y cada vez son más considerados en la organización de su enseñanza. La M. s., tanto en su contenido científico como en su práctica y enseñanza, ofrece un alcance demográfico, estadístico, antropológico, ecológico, higiénico y laboral.La M. s. mantiene estrechas relaciones con la Higiene (v.), lo cual no impide la delimitación conceptual de la misma. La higiene está en directa dependencia de las ciencias básicas, de la Química, de la Fisiología, de la Bacteriología, etc., lo que supone un grado de formación técnica en el higienista que vincula al laboratorio su puesto de trabajo. La M. s., en cambio, en la práctica de su quehacer ha de desenvolverse en la Clínica manteniendo estrecho contacto con otras Instituciones y Servicios sociales.Con frecuencia asistimos a la errónea confusión de los términos de M. s. y M. socializada, al referirse en este último caso a los Servicios sanitarios de los Seguros sociales (v. SEGURIDAD SOCIAL). Éstos, como cualquier otro Servicio clínico, están funcionalmente orientados a la asistencia de cada una de las personas que constituyen su campo de aplicación, naturalmente a través de una organización y planificación que hace posible esa asistencia. Esta, así como la asumida por cualquier otro organismo o institución o- la estrictamente privada, ha de incorporar estas proyecciones sociales implícitas en el contenido doctrinal de lo que llamamos M. s.La Medicina y la evolución social. La M., como actividad en su propia esencia social, no ha podido quedar al margen de esos procesos de cambio en el orden social a que venimos asistiendo, determinante en último extremo del tránsito de una Sociedad competitiva a una Sociedad cooperativa, en la que la salud y el bienestar de cada uno es hasta cierto punto incumbencia también de la misma Sociedad. Ese nuevo orden social, que se esboza, ha determinado también la quizá demasiado brusca sustitución de ideas clásicas de lo que se llama Beneficencia (v.) por ideas nuevas más violentas acerca de lo que realmente es la justicia (v.).No cabe duda que el más trascendente fenómeno con que se evidencian los nuevos órdenes sociales a que antes aludíamos está a nuestro entender representado por el nivel alcanzado por la socialización en el orden de la vida, con una marcada influencia sobre la M. y su ejercicio, en los que obligadamente ha supuesto modificaciones profundas, tanto en el saber como en las circunstancias que presidían la aplicación de este saber a través de la vida profesional del médico. Sin embargo, la incidencia de este fenómeno sobre la M. y su ejercicio no es expresión típica de un fenómeno social relacionado con la crisis de un orden social preestablecido, sino que esta evolución, por sí misma, representa la razón de ser de nuevos órdenes específicos. No es un azar que el progreso científico de la M., determinante por un lado de su gran eficacia actual y de otro de su elevado costo, vaya paralelamente acompañado de la configuración doctrinal del derecho a la asistencia como prerrogativa natural del hombre, y con ello del progresivo incremento del nivel de la socialización en el orden de la actividad profesional del médico.El rápido proceso de objetivación del saber médico, fundamentalmente motivado por las aportaciones técnicas de las ciencias básicas y más concretamente de la Física, la Química, la Biología y las Matemáticas, con un ofrecimiento constante de nuevas técnicas susceptibles de aplicación a la misión diagnóstica y terapéutica, ha determinado el indudable progreso de la M., que se ha traducido con carácter inmediato en la eficacia terapéutica de la misma.El progreso técnico de la M. ha dado origen al nacimiento de las Especialidades médicas y quirúrgicas, en número progresivamente creciente. Tanto en la clínica como en la investigación pura, el médico se ve obligado, por la complicación creciente de las técnicas y la dedicación que le exigen, a dominar sólo alguna de ellas, convirtiéndose en especialista. El médico que en el primer tercio del s. XX realizaba por sí mismo el intento de objetivar el proceso de enfermedad, partiendo de elementos fundamentalmente subjetivos, ha sido sustituido por el complejo engranaje que supone la m. en equipo, vinculada a la Institución hospitalaria, en la que un grupo de médicos, cada uno de ellos conocedor y artífice de una técnica determinada, colaboran solidariamente en el diagnóstico y la terapéutica. Esta integración de aptitudes, al mismo tiempo que potencia extraordinariamente la eficacia terapéutica de la M., ampliando sensiblemente el campo de sus posibilidades, determina ese considerable aumento del costo de la asistencia, como fenómeno de carácter universal que todos admitimos.Lo que en el s. XIX podía ser fácilmente resuelto a través de organizaciones benéficas y caritativas, entre otras razones, fundamentalmente, porque las clases sociales más diversas se igualaban ante la enfermedad en el momento terapéutico por la limitada eficacia del mismo, en la actualidad, al ser sustituida la escasa eficacia terapéutica de antaño por la verdaderamente asombrosa de la M. actual, hubiese determinado, en un orden social privatista, una discriminación asistencial condicionada por las posibilidades económicas del enfermo, en orden al sufragio de los enormes gastos de instalación y sostenimiento que supone el planteamiento asistencial de la M. de hoy. Por ello, paralelamente al progreso científico de la M. y como tendencia doctrinal de ámbito universal, empieza a consagrarse como regla absoluta el derecho del individuo a la protección de la salud a cargo de la colectividad nacional e incondicionalmente. También por ello, y como un síntoma más de una época perfilada por una marcada fenomenología de cambio social, ante una realidad económica social contraria a un sistema individualista, también el Estado español "socializa" una parte del ejercicio profesional de la M., creando con el carácter de Seguro Social en una primera etapa y ulteriormente al amparo del más amplio concepto de Seguridad Social (v.), el Seguro Social de Enfermedad, con un campo de aplicación progresivamente creciente.Con el nacimiento de los regímenes del Seguro de enfermedad, con su peculiar planificación asistencial, empieza a perfilarse cierta oposición entre la llamada M. privada y lo que erróneamente empieza a llamarse M. s. El profesional de la M., que concebía a ésta como el modo primario de su actividad en el seno de una sociedad de libre competencia, se vio protagonista de unas formas de ejercicio no muy definidas doctrinalmente y de aplicación progresivamente creciente y a expensas de anteriores formas tradicionales de ejercicio profesional. El médico, familiarizándose con los problemas que incorporan las nuevas formas de ejercicio profesional y consciente del tradicional sentido social de su ejercicio, comprende perfectamente hoy la necesidad de la paralela evolución del progreso técnico de la M. y de sus esquemas de aplicación sociológica, en los que se ha de buscar la unión entre la libertad y la eficacia.MANUEL EVANGELISTA
BIBL.: M. EVANGELISTA, Sobre el concepto de Medicina social, "Rev. de Med. de la Univ. de Navarra", VIII,2 (1964); íO, La problemática del acto médico. El trabajo en equipo. La Medicina y los médicos ante las nuevas tendencias y orientaciones sociales, "Rev. de Med. de la Univ. de Navarra", VII,3 (1963); F. GRUNDY y 1. M. MACKINTOSH, La enseñanza de la Higiene y de la Sanidad en Europa, "Organización Mundial de la Salud", 34 (1959); M. PFLANZ, Socialer wandel und krankhea. Stuttgart 1962
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