Medicina III. Medico. MEDICINA
Categoria:
Medicina
Las actividades profesionales del médico deben estar reguladas por sus conocimientos científicos y por unas normas morales y sociales. Es cierto que la M. es una ciencia propia e independiente, pues tiene un objeto formal propio; pero en aquellos casos en los que se plantee un conflicto entre M. y moral debe prevalecer ésta, ya que los principios en los que se basa deben informar toda actividad humana y en concreto el campo profesional (v. MORAL III, 3). Téngase en cuenta que estas exigencias de la moral no son algo nuevo; la profesión médica siempre se ha enorgullecido de poseer un elevado código de ética profesional; recuérdese, p. ej., el llamado "juramento hipocrático". La regla subjetiva de la moralidad de nuestras acciones -la conciencia (v.)no puede ser independiente de la regla objetiva que nos viene dada por la ley divina, por la ley eclesiástica o por la ley civil. De ahí se deduce la necesidad de la formación de la conciencia, ya que de lo contrario caeríamos en el subjetivismo de la moral de situación (v.). Un médico podría, p. ej., practicar una operación quirúrgica ilícita movido por una conciencia errónea; su responsabilidad moral dependerá de las causas de su error; si éste se debe a negligencia en el estudio de las normas de moral profesional, el médico será culpable, y su grado de culpabilidad dependerá del grado de negligencia.Deberes del médico. Toda moral profesional debe comenzar por subrayar la importancia de la formación científica. La primera obligación moral de todo profesional es ser competente. Y se comprende que la carencia de la ciencia necesaria para el cumplimiento de sus deberes no pueda suplirse con "buenas intenciones". En el campo de la M., la ignorancia pondría en peligro la vida humana, bien muy superior a todos los demás bienes temporales y de imposible restitución.Además, el médico en ejercicio está obligado en justicia a atender a sus clientes, cuando ellos requieran sus servicios. Esta obligación es grave, aun cuando admite parvedad de materia, y surge al aceptar a un enfermo como cliente. Problemas frecuentes se plantean en este terreno cuando existe un régimen de iguala o de seguro de enfermedad (v. MEDICINA SOCIAL), ya que en estos casos, como los honorarios no dependen del número de visitas, los enfermos suelen reclamar en exceso las atenciones del médico, o éste, a su vez, descuida en ocasiones el atenderles de modo debido. En todo caso el diferir una visita, porque el médico supone con razón que determinado enfermo puede esperar, o por exceso de trabajo, no sería falta alguna.Primum non nocere es uno de los viejos aforismos hipocráticos. El médico está obligado a emplear solamente aquellos tratamientos que, aparte de su eficacia, no puedan perjudicar. La responsabilidad de la utilización de una nueva droga corresponde en primer lugar a los investigadores, que estudian los efectos farmacológicos en el laboratorio, y a los organismos gubernamentales encargados de controlar la producción de nuevos específicos. La tragedia de la utilización prematura de la talidomida (v.) nos indica hasta qué punto se deben extremar las precauciones.En cuanto a los honorarios, se ha extendido mucho en ciertos sectores la práctica de recompensar económicamente a aquellos médicos que envían sus enfermos solicitando un análisis, radiografía, consulta, etc. Aun cuando la práctica en sí no sea inmoral, sin embargo, repugna a las normas deontológicas tradicionales, y puede serocasión de abusos; esta práctica, llamada dicotomía (v.), es, por lo menos, peligrosa.Por último, quizá convenga hacer notar que el avance de las ciencias de la materia durante el s. XIX ha tenido, como consecuencia desgraciada, el dar una importancia excesiva a los datos de laboratorio. En las últimas décadas, la M. ha descubierto que el hombre no sólo enferma a causa de agentes fisicoquímicos o bacteriológicos. La M. psicosomática (v.) y la M. de la persona han puesto de relieve que la enfermedad del hombre no es simplemente la alteración anatómica o funcional de un órgano, sino que hay un modo humano de enfermar que a su vez exige un tratamiento también humano. De ahí se desprenden buena parte de los problemas que se plantean en el campo de la M. socializada.J. LÓPEZ NAVARRO
BIBL.: J. PAQUIN, Morale e Medicina, Roma 1958; E. ARCUSA, Responsabilidad médica, Bogotá 1965; L. ALONSO MUÑOYERRO, Código de Deontología médica, 4 ed. Madrid 1956; íD, Moral médica en los sacramentos de la Iglesia, 4 ed. Madrid 1955; A. NIEDERMEYER, Compendio de Medicina pastoral, Barcelona 1955; CH. MCFADDEN, Ética y Medicina, Madrid 1958; F. PEIRó, Deontología médica, 6 ed. Madrid 1958; J. L. SORIA, Cuestiones de Medicina pastoral, Madrid 1973
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