Médicas, Guerras HIST.
Categoria:
Historia
Orígenes. No son sino un breve episodio en las relaciones greco-persas en el s. v a. C., pero el riunfo heleno, que impidió la creación de una satrapía persa en Europa, justifica la atención que la Historia le ha concedido. Es un conflicto entre dos mundos opuestos: un inmenso imperio frente a unas ciudades carentes casi de unión, despotismo frente a democracia, milicia con base en la caballería frente a un ejército de infantes. Las causas radican en el choque entre la política imperialista de los persas, aunque respetuosa en su trato a los sometidos, y el arraigado amor de los griegos a su libertad. Si a esto sumamos el favor de Ciro II el Grande (v.), en el s. vi a. C., para con los fenicios, que prosperaron a expensas del competidor jonio, la conquista de Egipto por Cambises II (525 a. C.) con repercusión en Naucratis, colonia jónica en el delta del Nilo, la toma de la colonia griega de Bizancio por Darío I el Grande cerrando su comercio con el mar Negro, el fracaso de la apertura económica en Escitia e incluso la intromisión persa en sus asuntos internos a través de los tiranos, se explica el suicida levantamiento jonio frente al todopoderoso persa.Fue el tirano de Mileto, Aristágoras, quien, en el 499 a. C., incitó al levantamiento, que se extendió por la costa provocando un movimiento de independencia que alcanzó incluso a Lesbos. El largo preparativo de reclutamiento persa permitió a Aristágoras pedir ayuda a Grecia, donde sólo respondieron la Atenas de Clístenes con 20 navíos -gesto opuesto al colaboracionismo de otros Alcmeónidas y que pronto cambió al ordenar Hiparco el retorno de las naves antes de ser aplastada la Jonia en el 494 a. C.- y Eritrea con cinco naves. En la Jonia (v.), se revivió la antigua confederación, victoria moral que permitió recuperar Bizancio, incendiar Sardes e incluso ensayar la jefatura única en Denys de Focea, pero la férrea disciplina impuesta por Aristágoras obligó a su deposición. La victoria naval persa en el islote de Lade y la destrucción de la cercana Mileto (v.) bastó para pacificar la costa este del Egeo, donde no se repuso el régimen tiránico sino que, por el contrario, se facilitó la vía democrática. Heródoto (v.), dorio de Halicarnaso, aunque escribió sus Historias en jonio, sólo tiene ojos para las victorias de Atenas y Esparta y olvida el deseo de independencia jonia, verdadero origen de la empresa. No hubo, pues, apoyo griego a la Jonia, pero el haber participado en los orígenes de la revuelta llevó a Darío, dolido por la afrenta de Sardes, a dar un castigo ejemplar, al tiempo que veía la posibilidad de añadir alguna nueva satrapía al imperio de sus mayores.Maratón. Es curioso comprobar que al igual que los persas, según Heródoto, tenían un concepto despectivo de los helenos, éstos sentían idéntico desprecio por los "bárbaros" persas. No se puede asegurar que Darío, en el 492 a. C., hubiese planteado la conquista de Grecia, pero los griegos sí ven la intentona de conquista del general persa Mardonio en Macedonia y Tracia como el primer fracaso del imperialismo persa en Europa. El interés persa en esa campaña debió de ser de mera preparación para la gran conquista. En Grecia, no había intención de hacer un frente común contra Persia, pues se sabía que la expedición iba dirigida contra Atenas y Eritrea; e incluso en Atenas (v. ATENAS III; 4-5) la disparidad de criterios entre los Alcmeónidas, los Pisistrátidas de Hiparco (v. PISÍSTRATO), partidarios de un enfrentamiento terrestre, y Temístocles (v.), patrocinador de una política naval, hacían aún más difícil la defensa. En el verano del 491 a. C., Artafernes y Datis dirigían respectivamente la flota y el ejército persas que, partiendo de Samos, sometió las Cícladas sin resistencia. Eritrea fue arrasada y sus habitantes llevados a Susa. Mientras, en Atenas, Milcíades el Joven consigue que se vote un decreto según el cual el ejército avanzando hacia el enemigo se le enfrentaría en campo abierto. Los tebanos hostilesles vuelven la espalda, los espartanos se abstienen con la excusa de sus fiestas de Carneia. Sólo 10.000 atenienses y 1.000 hoplitas platenses se enfrentaron a los persas. El lugar escogido fue la cerrada cabeza de playa de Maratón, a 32 Km. al NE de Atenas, donde se dificultaba la maniobra de la potente caballería persa. Inexplicablemente, la caballería persa no entró en combate; 6.000 muertos persas por 192 griegos sellaron la victoria de éstos (490 a. C.).Milcíades proyectó en seguida la toma de las Cícladas para arrebatar a los persas sus bases marítimas en el Egeo. Sin embargo, su fracaso en Paros (389 a. C.) facilitó la intriga de los Alcmeónidas y con ello su retirada práctica de la política. Su relevo en la política filonaval lo tomó Temístocles que, favorecido por el fortuito hallazgo de filones de plata en el Laurion y los 10 años de plazo que las revoluciones internas persas facilitaron, construyó una poderosa flota. En el 486 a. C., el ardiente y radical Jerjes I (v.), tras una minuciosa preparación, pasó el Helesponto sobre un puente de barcas construido entre Abidos y Sestos por el ingeniero griego Harpalo. Heródoto da la cifra de 1,8 millones de individuos de 46 naciones que componían el ejército. Suelen admitirse unos 200.000 hombres y 500 barcos, lejos de la obvia exageración del historiador. La mayor parte de los Estados septentrionales se humillaron. Otros, como Argos y Beocia, conservaron su neutralidad. Atenas y Esparta, independistas, se esforzaron por organizar la defensa en el congreso del 481 a. C. en Isthmo, donde quedó palpable la rivalidad interciudadana. Fallada la primera línea de defensa al pasarse al lado persa los tesalianos, lo que hizo pensar a Jerjes en una retirada hasta el istmo, se establecía una segunda en el desfiladero de las Termópilas, últimas pendientes del monte Eta, ensanchadas por los aluviones del Sperchiós. Asimismo otra defensa en el paso a la Dórida por Anopaia. De la defensa terrestre se encargó el espartano Leónidas con 7.000 hoplitas (de ellos 300 espartanos). La defensa marina la dirigió el también espartano Euribíades, aun cuando el mayor contingente de los 324 trirremes lo constituía la flota ateniense de Temístocles.Las Termópilas. En un principio, la Naturaleza apoyó al débil: la flota persa fue asolada por una galerna al S del cabo Magnesia. En las Termópilas, los ataques frontales fracasaron, pero no el envolvente por Anopaia tras la traición del malio Hidarnes. Todos los defensores del paso sucumbieron (julio 480 a. C.). El avance persa paralelo al costero de la flota hasta el Ática fue victorioso, pues salvo los fócidas que se retiraron a las montañas el resto de los helenos, incluidos los dorios, se les unieron. A petición de Temístocles, reforzada por el Areópago, los atenienses, que aumentaron con precipitación su flota, habían abandonado el Ática pasando por mar a Salónica y Egina. La pequeña defensa dejada en la Acrópolis cedió en pocos días, y sus templos fueron arrasados por el fanatismo de Jerjes, que así vengó el incendio de Sardes. Mientras, entre los fugitivos se habían impuesto los argumentos de Temístocles de defensa naval de la propia Salamina, cuya. defensa por lo angosto de su estrecho hacía inútil la superioridad numérica persa. Ante la negativa persa de penetrar y la desmoralización helena tras el incendio de Atenas, Temístocles planeó un golpe psicológico. Tras dejar sin protección el canal de entrada, hizo llegar a Jerjes un mensaje: "el temor ha hecho presa en los griegos y proyectan una precipitada huida".Platea y Micala. El deseo del Gran Rey de no dejar una sola nave intacta le hizo penetrar en la rada, donde el confusionismo de su angostura le llevó a una denigrante derrota. Como no podía ya atacar por mar, ni invernar en la desolada Ática, se retiró a Asia con la flor de su ejército. No obstante, dejó a Mardonio en la Tesalia, que de nuevo retornó a Atenas destruyendo incluso los edificios particulares antes de retornar a Beocia, estableciéndose a la orilla izquierda del Ásópos, en Platea, con el monte Citerón a sus espaldas. Allí se dirigió Pausanias con 100.000 hombres (40.000 hoplitas). La mala ejecución de la estrategia persa, en perfectas condiciones de emplazamiento, al no impedir el choque de ambas infanterías, acabó con una aplastante derrota persa (agosto 479 a. C.). Tebas, capital de Beocia, acusada de medizante, vio modificado su estatuto y perdió su dirección. La tradición coloca al día siguiente el triunfo naval de Leotíquides en Micala, cerca de la costa jonia, sobre la flota persa que había perdido el contingente fenicio y carecía de dirección. No se conocen detalles del hecho, pero sin duda la defección jonia favoreció el triunfo griego. Como consecuencia, Samos, Lesbos y Chíos entraron en la Confederación helénica, lo que supuso el dominio del mar por Atenas y por ende la hostilidad envidiosa de la también imperialista Esparta. Fracasó Jerjes en Europa, pero en Micala fueron planteados los gérmenes de un futuro conflicto civil heleno. Las negociaciones para una paz greco-persa no llegaron hasta la época de Pericles (v.), quien, aprovechando la pírricavictoria en Salamina de Chipre (449 a. C.) sobre la flota coaligada fenicio-cilicio-persa, envió al ilustre Calias a negociar con la debilitada persa de Artajerjes. Ignorado por algunos la conclusión de un tratado formal, el hecho es que desde entonces Persia reconocía expresamente la dominación ateniense del Egeo oriental y se distanció de la costa egea "tres jornadas de marcha tierra adentro". Grecia no fue invadida de nuevo hasta el s. XV.J. RODRÍGUEZ MÁRQUEZ
BIBL.: Fuentes: HER6DOTO, Historia, Sbros VI-IX. Estudios A. HAUVETTE, Herodote, historien des guerres Médiques, París 1894; C. N. RADOs, La bataille de Salamine, París 1915; A. BOUCHER, Marathon d’aprés Herodote, París 1920; G. GIANELLI, La Spedizione di Serse da Terma a Salamina, Milán 1924; E. M. WALKER, Cambridge Ancient History, Cambridge 1926; P. RousSEAu, La Gréce et L’Orient (des guerres médiques á la conquéte romaine), París 1928; A. R. BURLA, Persia and the Greeks, St. Martin’s 1962
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